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viernes, 14 de septiembre de 2012

HISTORIAS DE LA CORTE CASTELLANA II

"Tanto monta, monta tanto"

 
Tras la muerte del rey Enrique IV en 1474, la Infanta Isabel fue proclamada reina de Castilla. Sin embargo, no fue reconocida unanimemente y los partidarios de su sobrina Juana "la Beltraneja" ofrecieron resistencia.
 
La guerra civil de Castilla (1474 - 1479) fue mucho más que una simple contienda entre castellanos. Mientras las tropas aragonesas de Fernando (esposo de Isabel) apoyaban a la infanta, Portugal envió su apoyo a Juana (pues no debemos olvidar que la madre de "la Beltraneja" era portuguesa aunque la madre de Isabel también lo era...)
 
El Tratado de Alcaçovas firmado en 1479 puso fin a la guerra. En él se reconocía a Isabel como reina de Castilla y se delimitaban además las zonas de influencia en el Atlántico y en el norte de África (por entonces, no se repartía América que no había sido descubierta sino las Islas Azores, Madeiras, Canarias y todo lo que hubiese más allá del océano...)
 

Isabel había nacido en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) en 1451. Era la tercera hija de Juan II de Castilla con Isabel de Portugal y fue educada en la corte castellana de su hermano Enrique. Su matrimonio con Fernando de Aragón, heredero al trono en ese reino, supuso la unión de ambos estados penínsulares y el nacimiento de uno de los Estados-nación más antiguos de Occidente.
 
Madrigal de las Altas Torres (Ávila),
localidad donde nació la reina Isabel la Católica
 
Tras la muerte de Juan II de Aragón, Fernando también alcanzó el trono en ese reino y ambos (Isabel y Fernando) se convirtieron en reyes de Castilla y de Aragón, unificando bajo una misma dinastía los dos reinos. La "Concordia de Segovia" estableció la igualdad entre ambos cónyuges en el ejercicio del poder real, pacto que se sintetizó en el lema "tanto monta, monta tanto".
 
Los dos reinos obtuvieron la misma Monarquía pero siguieron conservando sus instituciones tradicionales y sus costumbres aunque la preeminencia de Castilla en el ámbito demográfico y económico era evidente, lo que se tradujo en una castellanización de Aragón (el efecto más claro es la difusión del Castellano por la Corona de Aragón).
 
En 1492, los ejércitos aragonés y castellano reconquistaron por fin el último reino islámico de la Península, el reino nazarí de Granada. Tras esa conquista, el Papa Borgia, Alejandro IV, otorgó a Isabel y Fernando (y a todos sus descendientes) el título de Reyes Católicos. Aquel mismo año, la empresa patrocinada por Isabel y liderada por Cristobal Colón descubría América y extendía los dominios de Castilla y Aragón al otro lado del Atlántico. Se estaba formando el Imperio Español y la mítica Hispania Unida estaba cada vez más cerca.
 
Los Reyes Católicos tuvieron cinco hijos: Juan (muerto en 1497), Isabel (muerta en 1498), Catalina (casada y divorciada después con Enrique VIII de Inglaterra), María (casada con Manuel I de Portugal) y la legítima heredera, Juana ("La Loca"), que desde pequeña dio muestras de locura y que se casó con Felipe de Habsburgo. Los dominios de la Monarquía de Isabel y Fernando se extendían también por Europa.
 
Isabel muiró en 1504 en la localidad castellana de Medina del Campo y desde entonces, su esposo Fernando actuó como regente en Castilla en nombre de su hija Juana a pesar de la oposición de la nobleza castellana (que temía la aragonización del reino). El 18 de marzo de 1506, el rey viudo contrajo matrimonio con Germana de Foix. En 1512, Fernando el Católico, con tropas castellanas anexionó el reino de Navarra con lo que cuatro de los cinco reinos penínsulares que había en 1474 se habían unido bajo una misma dinastía.

Fernando de Aragón falleció en 1516 cuando se disponía a emprender una nueva cruzada en Madrigalejo (Badajoz). Los restos de ambos, rey y reina, fueron enterrados en la Capilla Real de la catedral de su tan anhelada Granada.

Entonces dejaron dos reinos en una Monarquía aunque la dinastía cambió y los Trastámaras dieron paso a los Habsburgo (o Austrias, por su origen). El territorio de la actual España ya estaba unificado pero grandes convulsiones sufrió la corte castellana al perder a los Reyes Católicos...



(Continuará...)
 
 

sábado, 17 de julio de 2021

LOS MONJES DE MIRAFLORES

Retablo mayor, obra de Gil de Siloé


En 1441, el rey de Castilla Juan II de Trastámara cedió a la Orden de la Cartuja un palacio que su padre, Enrique, había construido en el bosque de Miraflores, cerca de Burgos. Bajo la protección de la Corona, los cartujos iniciaron la construcción de un monasterio y una iglesia con la dirección de Juan de Colonia. Los trabajos se iniciaron en 1454, año de la muerte del rey, y se prolongaron hasta 1488, ya durante el reinado de Isabel "la Católica".

Cuando uno entra en el monasterio se da cuenta rápidamente que la impronta de la reina Isabel se encuentra en todos lados. La reina católica patrocinó las obras y protegió a los monjes cartujos confiándoles la custodia del lugar donde estarían enterrados sus padres y su hermano. Y es que Isabel escogió el lugar como panteón familiar. La Cartuja de Miraflores es, por ello, mucho más que un monasterio: es el templo donde descansan los restos de Juan II de Castilla, su segunda esposa Isabel de Portugal y el primogénito Alfonso, apodado por la historiografía "el de Ávila".


Detalles de los sepulcros y del retablo


Juan II no tuvo un reinado fácil pues hubo de hacer frente a la guerra civil protagonizada por distintas facciones nobiliarias entre 1437 y 1455. Además, la política de la Corona estuvo mediatizada por la enorme influencia de Álvaro de Luna, favorito del rey. Por su parte, Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan II, sufrió durante sus últimos años de vida graves trastornos mentales que la llevaron a recluirse en Arévalo. Y el infante Alfonso, "el de Ávila", también sufrió los intentos de dominación de la intrigante nobleza castellana, siendo proclamado rey precisamente en Ávila frente a su hermanastro Enrique IV. Su temprana muerte en julio de 1468, con apenas quince años, abrió las puertas a su hermana Isabel para reclamar la corona del reino.

El maravilloso retablo que el escultor Gil de Siloé realizó para la iglesia de la Cartuja de Miraflores es la muestra del amor de la reina Isabel por sus padres y su hermano. Se trata de un retablo gótico realizado en madera de nogal, dorada y policromada. Para su elaboración, se empleó parte del oro que Cristóbal Colón trajo de América después del descubrimiento.

El retablo es un enorme y refinado tapiz que despliega un complejo programa iconográfico. Destaca la gran corona de ángeles que forma una gran Hostia Sagrada en torno al centro del retablo, donde se encuentra Cristo en la Cruz. También están representados Dios Padre, el Espíritu Santo, la Virgen María, San Juan, San Pedro y San Pablo, María Magdalena y San Juan Bautista que flanquean la cruz. Los evangelistas, algunas escenas de la vida y pasión de Cristo, así como imágenes de otros santos, completan la detallada obra que deslumbra a cuantos visitan la Cartuja.


Vistas interiores y exteriores de la Cartuja de Miraflores


A los pies del retablo se encuentran los sepulcros de los padres de Isabel, que son también obra de Gil de Siloé. A su izquierda, podemos contemplar el del infante Alfonso, con una escultura del difunto en actitud orante. Los sepulcros, elaborados en alabastro de Guadalajara, presentan casi tanto detalle como el retablo y son un alarde de la exuberancia y riqueza del arte gótico isabelino, de finales del s. XV. 

Desde hace más de quinientos años, los monjes cartujos de Miraflores custodian los sepulcros tal y como la reina Isabel les confió. Allí protegen también la obra maestra del escultor castellano Gil de Siloé, el tesoro de la cartuja. Medio milenio de oración y contemplación; generaciones y generaciones de monjes dedicados a la protección y conservación del lugar. Aún hoy, en el siglo XXI, quince cartujos continúan la labor. Toda una eternidad. 


1) "La Crucifixión" de Joaquín Sorolla; 2) "La Anunciación" de Berruguete; 3) Cáliz donado por Juan II a los monjes cartujos; 4) Réplica del retrato de Isabel "la Católica"; 5) Vista exterior del templo.



Para saber más:

sábado, 15 de septiembre de 2012

HISTORIAS DE LA CORTE CASTELLANA III


Juana, la reina loca de Castilla

Como conté en la entrada anterior, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, tuvieron cinco hijos. Los hijos mayores  murieron siendo jóvenes, algo habitual en la época (finales del siglo XV y principios del XVI):
 
  • Isabel, casada con Alfonso de Avis primero y con Manuel I de Portugal después. Falleció en 1498.
  • Juan, casado con Margarita de Habsburgo y heredero al trono, murió en 1497.
  • Juana, casada con Felipe de Habsburgo.
  • Catalina, que contrajo matrimonio con el rey de Inglaterra Enrique VIII (Tudor). Después se divorciaron.
  • María que se casó con Manuel I de Portugal (tras la muerte de su hermana Isabel, claro.)
Incluso el nieto de los Reyes Católicos, Miguel que habría heredado Castilla, Aragón y Portugal ya que era hijo de Isabel, murió en 1500. Sólo quedarón Juana, Catalina y María. Juana tendría que heredar la corona por ser la mayor de las tres.
 
Desde pequeña, la Infanta Juana había mostrado un complejo carácter que rozaba la locura. De hecho, entre el pueblo era conocida como Juana "La Loca". Con dieciséis años, los reyes, concertaron su matrimonio con Felipe de Habsburgo, duque de Borgoña e hijo del emperador Maximiliano (del Sacro Imperio Romano Germánico).
 

Juana la Loca
Al conocerse, la pareja real se enamoró perdidamente y se casaron en la Catedral de San Rombout de Malinas, en Flandes. Tuvieron varios hijos: Leonor, Carlos, Isabel, Fernando, María y Catalina. Sin embargo la Corte flamenca era muy distinta a la puritana Corte castellana donde se había educado Juana, y la vida de Felipe, llena de fiestas y excesos, provocó unos profundos celos en su esposa. Celos que se transformaron en una auténtica patología mental.
 
La muerte de sus hermanos, la convirtió en heredera a la Corona de Castilla y Aragón así que ambos, Juana y Felipe, viajaron a la Península para cumplir los deseos de su madre Isabel que deseaba que ella fuera la heredera y reinase junto a su padre Fernando de Aragón y su esposo Felipe de Borgoña (que la cuidarían y decidirían por ella debido a su locura). Se acordó en la Concordia de Salamanca.
 
Tras la muerte de Isabel, Felipe y Fernando se enfrentaron por la regencia de Castilla hasta que el segundo se retiró a su reino, Aragón, dejando a Felipe el trono castellano. Pero la muerte de Felipe en 1506 en Burgos, agudizó los problemas mentales de la viuda Juana que se empeñó en trasladar su cuerpo ¡¡hasta Granada!! y acompañarlo en todo momento. No se separó del ataud nunca hasta que le dio sepultura.
 
Como la locura de Juana era evidente, el cardenal Cisneros y el rey Fernando acordaron ejercer la regencia conjunta sobre Castilla y encerrar a la reina ausente en Tordesillas en 1509. Siete años después murió Fernando y su nieto Carlos (hijo de Juana) heredó Castilla y Aragón.
 
La reina madre, Juana, continuó encerrada. Aunque el Levantamiento Comunero de 1520 la proclamó reina de nuevo, se negó a apoyar a los insurrectos contra su propio hijo. Al final de su vida sólo fue visitada por el propio emperador Carlos y por Francisco de Borja (futuro santo). Murió en 1555 con setenta y seis años de edad. Llevaba cuarenta y seis recluida en Tordesillas.
 
Por entonces, la península y la vieja Castilla habían cambiado mucho y ahora era la mayor potencia militar y económica de Occidente gracias a las riquezas que llegaban de América.
 
 
Información extraída de "Atlas Ilustrado de los Reyes y Reinas de España" (Varios Autores), Ed. Susaeta.

lunes, 8 de junio de 2020

"DOÑA ISABEL LA CATÓLICA DICTANDO SU TESTAMENTO"


  • Autor: Eduardo Rosales
  • Estilo: Romanticismo, Historicismo (s. XIX)
  • Año: 1864




Esta obra es la más famosa del siglo XIX español y encumbró a la fama a su autor, Eduardo Rosales. Se expuso en la Exposición Nacional de 1864. Desde un punto de vista artístico debemos destacar:
  • El gran realismo atmosférico de la pintura de Rosales, herencia de Velázquez.
  • Su capacidad para representar la oscuridad de la alcoba de la reina Isabel “la Católica” en el Castillo de la Mota (Valladolid).
  • La destreza para iluminar el rostro de la reina, entre sábanas blancas, frente al resto de personajes que están en la penumbra.

La escena representa uno de los momentos clave de la Historia de España. Antes de morir, en noviembre de 1504, la reina Isabel de Castilla dicta su testamente en el que, ante la locura de su heredera, doña Juana, nombra a su esposo Fernando de Aragón, regente y gobernador de Castilla hasta que su nieto, Carlos tenga edad para reinar. El notario mayor del reino transcribe las palabras de la reina en un documento que, posteriormente, firmará.

Eduardo Rosales incluye algunos errores históricos que conviene señalar. Representa a Juana “la Loca” a la izquierda de pie, junto a su padre Fernando de Aragón que aparece sentado. Sin embargo, la heredera de Isabel no se encontraba en aquellos momentos junto a su madre en Castilla sino en los Países Bajos. Juana viajó a Catilla junto a su esposo Felipe “el Hermoso” posteriormente, tras conocer el fallecimiento de su madre y su proclamación como reina. Por tanto, no estuvo presente en la firma del testamento. Tampoco hay constancia de que el arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros estuviese presente en ese momento ya que no residía en la Corte.






Hay muchas entradas sobre la reina Isabel "la Católica" y sobre su reinado en el blog. Aquí tienes unas cuantas:

jueves, 13 de septiembre de 2012

HISTORIAS DE LA CORTE CASTELLANA I

La lucha por el trono de Castilla

 
El rey Juan II de Castilla (reinó entre 1406 y 1454)  tuvo tres hijos: Enrique, Isabel y Alfonso. A su muerte, le sucedio su primogénito que se convirtió en Enrique IV. El rey se enfrentó en diversas ocasiones al favorito de su padre Álvaro de Luna hasta que consiguió su muerte.
 
Enrique IV se caso primero con Blanca de Navarra pero al no poder darle un hijo, la repudió. Después contrajo matrimonio con Juana de Portugal, sin embargo el rey seguía sin tener descendencia y en las villas castellanas comenzaron a llamarlo "El Impotente". Finalmente, con su segunda mujer tuvo una hija, Juana, llamada a ser Reina de Castilla.
 
Enrique IV, "el Impotente"
Por aquel entonces, Enrique IV tenía otro favorito, Beltrán de la Cueva. Muchos rumores se difundieron sobre el privado del rey: su posible homosexualidad y relación con el propio rey, relaciones con la reina Juana de Portugal, etc. Sin embargo, la más grave fue el bulo nunca comprobado sobre la paternidad de la futura reina, Juana. La posibilidad de que la heredera no fuera hija del rey provocó gran curiosidad entre el pueblo y temor en la nobleza así que a la niña le apodaron Juana "la Beltraneja" (hija del tal Beltrán).
 
 
La nobleza de Castilla ante semejante posibilidad se apresuro a desacreditar a la pequeña Juana y a proclamar al Infante Alfonso (hermano de Enrique IV) heredero al trono. Es lo que se conoce como "la farsa de Ávila" ya que algunos nobles incluso "certificaron" que Juana no era hija del rey, algo que en la época no era posible asegurar.
 
En todo caso, el Infante Alfonso murió a las pocas semanas de ser proclamado sucesor y el rey, presionado por la nobleza, temeroso de que el rumor fuera cierto y sin ninguna otra salida, firmó el Tratado de los Toros de Guisando (Ávila) donde reconocía a su hermana, la Infanta Isabel, como heredera al trono. Corría el año 1468.
 
Así fue como Isabel, en principio sin posibilidad de ser reina de Castilla, fue reconocida como heredera al trono. Entonces su matrimonio se convirtió en un tema de gran trascendencia. Entre los pretendientes se encontraban D. Pedro Girón, maestre de Calatrava, Alfonso V de Portugal (que haría realidad la unión dinástica de Castilla y Portugal) y Fernando de Aragón, heredero al trono de la Corona de Aragón.
 
El rey Enrique deseaba que Isabel se casara con el rey de Portugal para unir los dos mayores reinos peninsulares, pero la interesada escogió a Fernando de Aragón. La boda se celebró el 19 de octubre de 1469 en Valladolid.
 
El rey enfurecido revocó el Pacto de los Toros de Guisando y reconoció de nuevo a su hija Juana como heredera al trono. Se formaron entonces dos grupos: aquellos que apoyaban a Juana "la Beltraneja" y los que apoyaban a la Infanta Isabel.
 
La repentina muerte del rey Enrique IV en 1474 fue la chispa que prendió el polvorín. Castilla estalló en una guerra civil entre las dos facciones y donde tenían intereses otros reinos como Aragón y Portugal.

 
 
Continuará...