Páginas

lunes, 5 de enero de 2026

¿CÓMO HA LLEGADO VENEZUELA HASTA AQUÍ?


La historia de América Latina en el siglo XX estuvo marcada por golpes de Estado y dictaduras militares. Los periodos democráticos fueron, en casi todos los países de la región, breves paréntesis de inestabilidad. Una excepción, durante muchas décadas, fue Venezuela, que disfrutó de un régimen constitucional basado en elecciones libres durante toda la segunda mitad del siglo. Pero Venezuela también es ejemplo de la debilidad de la democracia y de cómo puede destruirse un sistema constitucional de libertades en pocos años. Esto es lo que ocurrió desde 1998.

En 1957 cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Con el Pacto de Puntofijo se estableció un sistema democrático basado en el bipartidismo. Los dos partidos hegemónicos eran el COPEI (democristiano) y AD (socialdemócrata) que se alternaban en el gobierno de manera pacífica. El sistema establecido por la Constitución de 1961 garantizó la estabilidad política y las libertades básicas durante muchas décadas haciendo de Venezuela uno de los países más libres del continente. El país también se desarrolló de manera notable en la década de los 70 aprovechando sus inmensos recursos petrolíferos, que fueron nacionalizados en 1976.

Sin embargo, la situación comenzó a deteriorarse desde finales de los años 80. Se produjo un descenso de los precios del petróleo y, por tanto, los ingresos del Estado disminuyeron también. Esto aumentó la deuda externa y el paro se desbocó. El narcotráfico y la inseguridad ciudadana se convirtieron en los principales problemas. La corrupción política y administrativa desacreditó a los partidos tradicionales y hubo protestas masivas como "el Caracazo" (1989), en el que murieron unas 500 personas. La democracia venezolana hacía aguas.

El resultado de la crisis fue la ruptura del sistema de partidos y el surgimiento de alternativas populistas. Ya en 1993 ganó las elecciones Rafael Caldera, que no pertenecía a ninguno de los partidos tradicionales, aunque el régimen democrático resistió. Otro outsider, Hugo Chávez, quien había intentado dar un golpe de Estado en 1992, acabó ganando las elecciones en 1998 y se convirtió en presidente del país. Lo que él proponía era un cambio de régimen, derogando la Constitución de 1961, "una Constitución moribunda" según sus propias palabras, y convocando elecciones para una Asamblea Constituyente que elaborase una nueva, inspirada en los principios del bolivarianismo (espíritu del libertador Simón Bolívar) y en el Socialismo del siglo XXI. 

Así lo hizo. La Constitución de 1999 cambió el nombre del país. Ahora la denominación oficial sería República Bolivariana de Venezuela. El nuevo sistema era más autoritario y militarista, el papel del presidente se reforzó y el del parlamento (la Asamblea) se restringió. Las Fuerzas Armadas también se vieron reforzadas y se convirtieron en uno de los pilares del Chavismo. Frente a los tres poderes del Estado de las democracias liberales, se constituyeron cinco: legislativo, judicial, ejecutivo, ciudadano y electoral.

Chávez se centró en paliar la grave crisis fiscal en los primeros meses de mandato y obtuvo de la Asamblea poderes extraordinarios para tomar las medidas que fueran necesarias. Junto a medidas populistas de asistencia a las clases más desfavorecidas, el gobierno de Chávez llevó a cabo prácticas excluyentes que polarizaron la sociedad. Los partidos tradicionales, COPEI y AD, quedaron reducidos a la insignificancia, se limitó la libertad de prensa y se persiguió a los opositores. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que integraba a los diferentes grupos afines a Chávez, se convirtió en el partido hegemónico.

En la década de los 2000 hubo enfrentamientos y protestas por el autoritarismo de Chávez, como el "paro cívico nacional" de diciembre de 2001, la movilización general de abril de 2002 o un intento de golpe de Estado que contó con el apoyo de EE.UU. y España. Esto no impidió que Chávez fuese reelegido en sucesivas votaciones presidenciales, en 2000, 2006 y 2012, a pesar de la limitación de mandatos que imponía la Constitución de 1999. 

Gracias a los beneficios que reportaba la exportación de petróleo, a través de la petrolera estatal PDVSA (Petróleos De Venezuela S.A.), el gobierno de Chávez llevó a cabo reformas encaminadas a reducir la pobreza y a extender la alfabetización de la sociedad y el acceso a la sanidad pública. Durante algunos años, Chávez gozó de cierto prestigio internacional y extendió su influencia a otros países de América Latina como Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa) y Nicaragua (Ortega). Además, se convirtió en soporte de la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Parecía el triunfo del Socialismo del siglo XXI frente al imperialismo yankee

Todo cambió en marzo de 2013, cuando falleció Hugo Chávez a consecuencia de un cáncer. Su sucesor fue Nicolás Maduro, que ganó las elecciones por estrecho margen. A partir de entonces, sin el carisma y la astucia política de su antecesor, Maduro se enfrentó a una grave crisis social, económica y política que lo llevó al aislamiento internacional y a prácticas cada vez más autoritarias. La caída de los precios del petróleo provocaron una crisis económica muy profunda. Las protestas aumentaron conforme lo hacía también la represión. En 2013, la coalición opositora ganó por primera vez las elecciones a la Asamblea Nacional, aunque el Tribunal Supremo anuló sus funciones apuntalando el poder omnímodo del presidente.

La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad en las calles y los cortes de suministro eléctrico se convirtieron en problemas cotidianos con los que debían lidiar los venezolanos. Estos factores, junto con la represión política, provocaron en la última década una migración masiva hacia otros países. Más de siete millones de venezolanos viven en la actualidad fuera de su patria, principalmente en Colombia, Perú, Estados Unidos y España. El gobierno de Estados Unidos impuso sanciones cada vez más duras al gobierno de Venezuela.

La oposición, por su parte, ha estado muy dividida en cuanto a la estrategia a seguir para derrocar a Maduro. Capriles optó por la vía electoral y se presentó a las elecciones en 2012 y 2013, aunque fue derrotado. Juan Guaidó se proclamó presidente interino en 2019 invocando un artículo de la constitución. Aunque fue reconocido por unos cincuenta países, su influencia se fue debilitando hasta desaparecer. Leopoldo López y María Corina Machado han protagonizado los últimos intentos de derrocar a Maduro utilizando la vía electoral y la presión internacional, pero sus resultados han sido, hasta ahora, limitados.

En la últimas elecciones presidenciales, en julio de 2024, Nicolás Maduro resultó reelegido una vez más, aunque bajo acusaciones de fraude electoral. La oposición, liderada por Leopoldo López, obtuvo, al parecer, más votos, pero no se le permitió acceder al poder. Maduro ha intensificado en los últimos tiempos la represión contra los opositores, con detenciones arbitrarias y limitando aún más la disidencia política. Los contactos con el narcotráfico, una de las principales fuentes de ingresos, también han contribuido al descrédito del gobierno de Maduro. La insuficiencia de servicios públicos básicos, la inseguridad, la pobreza y la emigración son los principales problemas a los que se ha enfrentado últimamente Venezuela. 

Después de la intervención militar de Estados Unidos y el arresto de Nicolás Maduro, en enero de 2026, queda por decidir el futuro del país. Muchos esperan que el régimen colapse y se abra una etapa de transición para restablecer la democracia, pero los riesgos son grandes. La oposición se encuentra dividida y no hay consenso sobre la estrategia a seguir. Una gran parte del oficialismo no está dispuesto a ceder el poder y permitir elecciones auténticamente libres. Las mafias y grupos criminales, así como las milicias armadas desde los tiempos de Chávez pueden desestabilizar el país. La incertidumbre es grande y nadie sabe hacia dónde caminará Venezuela. Y es que al final, la democracia es algo valioso, pero débil, y resulta más fácil destruir que reconstruir.



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Bolívar, Chávez, Maduro y Machado sobre el mapa de Venezuela. 

sábado, 3 de enero de 2026

¿POR QUÉ TRUMP HA ATACADO VENEZUELA?


En la madrugada del 2 al 3 de enero, el gobierno de EE.UU. lanzó un ataque militar rápido contra Venezuela. En la incursión aérea, los aviones norteamericanos bombardearon algunas bases militares venezolanas y capturaron al presidente de la república, Nicolás Maduro, y a su esposa. Como informó horas después el presidente estafounidense, ambos fueron llevados presos en un barco de la marina a Nueva York, donde serán juzgados.

Todo el mundo esperaba un ataque así desde hacía semanas. Donald Trump había ordenado la eliminación de narcolanchas en el Mar Caribe como parte de su campaña contra el narcotráfico. Además, había desplegado la mayor flota de guerra nunca antes vista en aguas caribeñas. Washington había acusado al gobierno de Nicolás Maduro de patrocinar el narcotráfico y beneficiarse de él, provocando, en ultima instancia, un problema de salud pública y de inseguridad en muchas ciudades de EE.UU. Así que aquí tenemos el pretexto para la operación militar en Venezuela. 

Históricamente, las intervenciones de Estados Unidos en América Latina han sido constantes. El gobierno de Washington ha visto Sudamérica como su patio trasero, donde podía intervenir a su antojo sin que nadie lo impidiese. Por eso, desde el siglo XIX, ha derribado gobiernos contrarios a sus intereses, ha patrocinado golpes de Estado e incluso ha desplegado tropas en otros países. En su comparecencia posterior al ataque sobre Venezuela, Trump recordó y alabó la Doctrina Monroe (1823), que se ha resumido tradicionalmente en el axioma "América para los americanos" y que da a Estados Unidos la legitimidad para intervenir en todo el continente.

Como ejemplos de esta política intervencionista podemos citar el apoyo y la colaboración de la CIA en los golpes de Estado de Augusto Pinochet en Chile en 1973 y de Rafael Videla en Argentina en 1976 para derribar gobiernos izquierdistas e instaurar dictaduras militares. También, la detención del presidente panameño Noriega el 3 de enero de 1990 (curioso), acusado de narcotráfico por Estados Unidos. Su arresto se produjo en el marco de la invasión del país por las fuerzas estadounidenses. La operación militar sobre Venezuela no es, por tanto, algo aislado en la historia de Estados Unidos y, probablemente, no sea el último episodio del imperialismo yankee en la región. 

¿Qué ha motivado realmente el ataque contra Venezuela? Desde luego, a nivel ideológico, la República Bolivariana de Venezuela ha estado siempre en las antípodas del capitalismo estadounidense. Tanto Chávez como Maduro se presentaron como los enemigos del imperialismo yankee. Los gobiernos de Washington impusieron sanciones y embargos a los venezolanos poco después de la llegada al poder de Chávez en 1998. La deriva cada vez más autoritaria del gobierno de Maduro ha aportado legitimidad a una intervención en nombre de la libertad y la democracia, aunque ambos conceptos importen poco al presidente Trump.

Lo ocurrido en Venezuela es, sin duda, una demostración de poderío militar de Trump, algo típico en una coyuntura internacional dominada por dirigentes fuertes y autoritarios, como Putin en Rusia y Xi Jimping en China. Lo hemos visto en Ucrania, en Gaza, en Irán, ahora en Venezuela y, quizá lo veamos en Taiwán y en otras partes del mundo en un futuro más o menos próximo. Es una muestra de imperialismo, una agresión sin legitimidad según el derecho internacional. Se ha violado la integridad territorial y la soberanía de Venezuela, aunque su objetivo sea el derrocamiento de una dictadura como la de Maduro.

Trump quiere, además, consolidar la esfera de influencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, frente a otras potencias como Rusia y, especialmente, China, que están tratando de penetrar en América estrechando lazos políticos y comerciales con algunos países latinoamericanos. El régimen de Maduro en Venezuela es aliado de Rusia e Irán. Tras el derrocamiento de Maduro, Washington espera que caigan otros regímenes antiestadounidenses en la región, que dependían de la asistencia venezolana, como los de Cuba y Nicaragua. 

La injerencia de Trump en Sudamérica se ha manifestado de diversas maneras en el año 2025. Cambió de nombre al Golfo de México, recortó la ayuda a Colombia tras la victoria de un candidato izquierdista en las presidenciales y subió los aranceles a Brasil tras la condena al expresidente Bolsonaro. También ha sido evidente la influencia de Trump en las elecciones de Argentina, Chile y Bolivia, donde han ganado los candidatos derechistas, sus favoritos. Trump estrena 2026 dando un paso más en esta política de injerencias.

En su comparecencia en Mar-a-Lago (Florida), el presidente de EE.UU. dejó también claro que "el negocio del petróleo ha sido un desastre en Venezuela" y afirmó que compañías estadounidenses irían allí a organizar la exportación de crudo. Venezuela tiene la mayores reservas petrolíferas del mundo y se trata de un petróleo de buena calidad, así que las motivaciones energéticas también están detrás de esta operación militar. No obstante, no podemos explicar sólo la intervención militar por el petróleo porque Estados Unidos tiene reservas propias suficientes, aunque sí le interesa controlarlo y evitar que caiga en manos chinas o rusas.

En cualquier caso, ninguna de estas causas explica por si sola la intervención de Trump en Venezuela. Como suele ocurrir con cualquier acontecimiento, son un montón de factores los que confluyen en un momento concreto para que éste se produzca. La personalidad impredecible, irresponsable y contradictoria del propio Trump, que acaba de indultar al narcotraficante hondureño Juan Orlando Hernández mientras persigue a Maduro, también se debe tener en cuenta. Lo que no está del todo claro son las consecuencias que todo esto tendrá en la región, en Venezuela y, sobre todo, en la vida de los venezolanos. Y no olvidemos que es esto, al final, lo realmente importante. 



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Donald Trump colocando la bandera de Estados Unidos sobre el mapa de Venezuela.