Páginas

lunes, 5 de enero de 2026

¿CÓMO HA LLEGADO VENEZUELA HASTA AQUÍ?


La historia de América Latina en el siglo XX estuvo marcada por golpes de Estado y dictaduras militares. Los periodos democráticos fueron, en casi todos los países de la región, breves paréntesis de inestabilidad. Una excepción, durante muchas décadas, fue Venezuela, que disfrutó de un régimen constitucional basado en elecciones libres durante toda la segunda mitad del siglo. Pero Venezuela también es ejemplo de la debilidad de la democracia y de cómo puede destruirse un sistema constitucional de libertades en pocos años. Esto es lo que ocurrió desde 1998.

En 1957 cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Con el Pacto de Puntofijo se estableció un sistema democrático basado en el bipartidismo. Los dos partidos hegemónicos eran el COPEI (democristiano) y AD (socialdemócrata) que se alternaban en el gobierno de manera pacífica. El sistema establecido por la Constitución de 1961 garantizó la estabilidad política y las libertades básicas durante muchas décadas haciendo de Venezuela uno de los países más libres del continente. El país también se desarrolló de manera notable en la década de los 70 aprovechando sus inmensos recursos petrolíferos, que fueron nacionalizados en 1976.

Sin embargo, la situación comenzó a deteriorarse desde finales de los años 80. Se produjo un descenso de los precios del petróleo y, por tanto, los ingresos del Estado disminuyeron también. Esto aumentó la deuda externa y el paro se desbocó. El narcotráfico y la inseguridad ciudadana se convirtieron en los principales problemas. La corrupción política y administrativa desacreditó a los partidos tradicionales y hubo protestas masivas como "el Caracazo" (1989), en el que murieron unas 500 personas. La democracia venezolana hacía aguas.

El resultado de la crisis fue la ruptura del sistema de partidos y el surgimiento de alternativas populistas. Ya en 1993 ganó las elecciones Rafael Caldera, que no pertenecía a ninguno de los partidos tradicionales, aunque el régimen democrático resistió. Otro outsider, Hugo Chávez, quien había intentado dar un golpe de Estado en 1992, acabó ganando las elecciones en 1998 y se convirtió en presidente del país. Lo que él proponía era un cambio de régimen, derogando la Constitución de 1961, "una Constitución moribunda" según sus propias palabras, y convocando elecciones para una Asamblea Constituyente que elaborase una nueva, inspirada en los principios del bolivarianismo (espíritu del libertador Simón Bolívar) y en el Socialismo del siglo XXI. 

Así lo hizo. La Constitución de 1999 cambió el nombre del país. Ahora la denominación oficial sería República Bolivariana de Venezuela. El nuevo sistema era más autoritario y militarista, el papel del presidente se reforzó y el del parlamento (la Asamblea) se restringió. Las Fuerzas Armadas también se vieron reforzadas y se convirtieron en uno de los pilares del Chavismo. Frente a los tres poderes del Estado de las democracias liberales, se constituyeron cinco: legislativo, judicial, ejecutivo, ciudadano y electoral.

Chávez se centró en paliar la grave crisis fiscal en los primeros meses de mandato y obtuvo de la Asamblea poderes extraordinarios para tomar las medidas que fueran necesarias. Junto a medidas populistas de asistencia a las clases más desfavorecidas, el gobierno de Chávez llevó a cabo prácticas excluyentes que polarizaron la sociedad. Los partidos tradicionales, COPEI y AD, quedaron reducidos a la insignificancia, se limitó la libertad de prensa y se persiguió a los opositores. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que integraba a los diferentes grupos afines a Chávez, se convirtió en el partido hegemónico.

En la década de los 2000 hubo enfrentamientos y protestas por el autoritarismo de Chávez, como el "paro cívico nacional" de diciembre de 2001, la movilización general de abril de 2002 o un intento de golpe de Estado que contó con el apoyo de EE.UU. y España. Esto no impidió que Chávez fuese reelegido en sucesivas votaciones presidenciales, en 2000, 2006 y 2012, a pesar de la limitación de mandatos que imponía la Constitución de 1999. 

Gracias a los beneficios que reportaba la exportación de petróleo, a través de la petrolera estatal PDVSA (Petróleos De Venezuela S.A.), el gobierno de Chávez llevó a cabo reformas encaminadas a reducir la pobreza y a extender la alfabetización de la sociedad y el acceso a la sanidad pública. Durante algunos años, Chávez gozó de cierto prestigio internacional y extendió su influencia a otros países de América Latina como Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa) y Nicaragua (Ortega). Además, se convirtió en soporte de la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Parecía el triunfo del Socialismo del siglo XXI frente al imperialismo yankee

Todo cambió en marzo de 2013, cuando falleció Hugo Chávez a consecuencia de un cáncer. Su sucesor fue Nicolás Maduro, que ganó las elecciones por estrecho margen. A partir de entonces, sin el carisma y la astucia política de su antecesor, Maduro se enfrentó a una grave crisis social, económica y política que lo llevó al aislamiento internacional y a prácticas cada vez más autoritarias. La caída de los precios del petróleo provocaron una crisis económica muy profunda. Las protestas aumentaron conforme lo hacía también la represión. En 2013, la coalición opositora ganó por primera vez las elecciones a la Asamblea Nacional, aunque el Tribunal Supremo anuló sus funciones apuntalando el poder omnímodo del presidente.

La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad en las calles y los cortes de suministro eléctrico se convirtieron en problemas cotidianos con los que debían lidiar los venezolanos. Estos factores, junto con la represión política, provocaron en la última década una migración masiva hacia otros países. Más de siete millones de venezolanos viven en la actualidad fuera de su patria, principalmente en Colombia, Perú, Estados Unidos y España. El gobierno de Estados Unidos impuso sanciones cada vez más duras al gobierno de Venezuela.

La oposición, por su parte, ha estado muy dividida en cuanto a la estrategia a seguir para derrocar a Maduro. Capriles optó por la vía electoral y se presentó a las elecciones en 2012 y 2013, aunque fue derrotado. Juan Guaidó se proclamó presidente interino en 2019 invocando un artículo de la constitución. Aunque fue reconocido por unos cincuenta países, su influencia se fue debilitando hasta desaparecer. Leopoldo López y María Corina Machado han protagonizado los últimos intentos de derrocar a Maduro utilizando la vía electoral y la presión internacional, pero sus resultados han sido, hasta ahora, limitados.

En la últimas elecciones presidenciales, en julio de 2024, Nicolás Maduro resultó reelegido una vez más, aunque bajo acusaciones de fraude electoral. La oposición, liderada por Leopoldo López, obtuvo, al parecer, más votos, pero no se le permitió acceder al poder. Maduro ha intensificado en los últimos tiempos la represión contra los opositores, con detenciones arbitrarias y limitando aún más la disidencia política. Los contactos con el narcotráfico, una de las principales fuentes de ingresos, también han contribuido al descrédito del gobierno de Maduro. La insuficiencia de servicios públicos básicos, la inseguridad, la pobreza y la emigración son los principales problemas a los que se ha enfrentado últimamente Venezuela. 

Después de la intervención militar de Estados Unidos y el arresto de Nicolás Maduro, en enero de 2026, queda por decidir el futuro del país. Muchos esperan que el régimen colapse y se abra una etapa de transición para restablecer la democracia, pero los riesgos son grandes. La oposición se encuentra dividida y no hay consenso sobre la estrategia a seguir. Una gran parte del oficialismo no está dispuesto a ceder el poder y permitir elecciones auténticamente libres. Las mafias y grupos criminales, así como las milicias armadas desde los tiempos de Chávez pueden desestabilizar el país. La incertidumbre es grande y nadie sabe hacia dónde caminará Venezuela. Y es que al final, la democracia es algo valioso, pero débil, y resulta más fácil destruir que reconstruir.



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Bolívar, Chávez, Maduro y Machado sobre el mapa de Venezuela. 

sábado, 3 de enero de 2026

¿POR QUÉ TRUMP HA ATACADO VENEZUELA?


En la madrugada del 2 al 3 de enero, el gobierno de EE.UU. lanzó un ataque militar rápido contra Venezuela. En la incursión aérea, los aviones norteamericanos bombardearon algunas bases militares venezolanas y capturaron al presidente de la república, Nicolás Maduro, y a su esposa. Como informó horas después el presidente estafounidense, ambos fueron llevados presos en un barco de la marina a Nueva York, donde serán juzgados.

Todo el mundo esperaba un ataque así desde hacía semanas. Donald Trump había ordenado la eliminación de narcolanchas en el Mar Caribe como parte de su campaña contra el narcotráfico. Además, había desplegado la mayor flota de guerra nunca antes vista en aguas caribeñas. Washington había acusado al gobierno de Nicolás Maduro de patrocinar el narcotráfico y beneficiarse de él, provocando, en ultima instancia, un problema de salud pública y de inseguridad en muchas ciudades de EE.UU. Así que aquí tenemos el pretexto para la operación militar en Venezuela. 

Históricamente, las intervenciones de Estados Unidos en América Latina han sido constantes. El gobierno de Washington ha visto Sudamérica como su patio trasero, donde podía intervenir a su antojo sin que nadie lo impidiese. Por eso, desde el siglo XIX, ha derribado gobiernos contrarios a sus intereses, ha patrocinado golpes de Estado e incluso ha desplegado tropas en otros países. En su comparecencia posterior al ataque sobre Venezuela, Trump recordó y alabó la Doctrina Monroe (1823), que se ha resumido tradicionalmente en el axioma "América para los americanos" y que da a Estados Unidos la legitimidad para intervenir en todo el continente.

Como ejemplos de esta política intervencionista podemos citar el apoyo y la colaboración de la CIA en los golpes de Estado de Augusto Pinochet en Chile en 1973 y de Rafael Videla en Argentina en 1976 para derribar gobiernos izquierdistas e instaurar dictaduras militares. También, la detención del presidente panameño Noriega el 3 de enero de 1990 (curioso), acusado de narcotráfico por Estados Unidos. Su arresto se produjo en el marco de la invasión del país por las fuerzas estadounidenses. La operación militar sobre Venezuela no es, por tanto, algo aislado en la historia de Estados Unidos y, probablemente, no sea el último episodio del imperialismo yankee en la región. 

¿Qué ha motivado realmente el ataque contra Venezuela? Desde luego, a nivel ideológico, la República Bolivariana de Venezuela ha estado siempre en las antípodas del capitalismo estadounidense. Tanto Chávez como Maduro se presentaron como los enemigos del imperialismo yankee. Los gobiernos de Washington impusieron sanciones y embargos a los venezolanos poco después de la llegada al poder de Chávez en 1998. La deriva cada vez más autoritaria del gobierno de Maduro ha aportado legitimidad a una intervención en nombre de la libertad y la democracia, aunque ambos conceptos importen poco al presidente Trump.

Lo ocurrido en Venezuela es, sin duda, una demostración de poderío militar de Trump, algo típico en una coyuntura internacional dominada por dirigentes fuertes y autoritarios, como Putin en Rusia y Xi Jimping en China. Lo hemos visto en Ucrania, en Gaza, en Irán, ahora en Venezuela y, quizá lo veamos en Taiwán y en otras partes del mundo en un futuro más o menos próximo. Es una muestra de imperialismo, una agresión sin legitimidad según el derecho internacional. Se ha violado la integridad territorial y la soberanía de Venezuela, aunque su objetivo sea el derrocamiento de una dictadura como la de Maduro.

Trump quiere, además, consolidar la esfera de influencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, frente a otras potencias como Rusia y, especialmente, China, que están tratando de penetrar en América estrechando lazos políticos y comerciales con algunos países latinoamericanos. El régimen de Maduro en Venezuela es aliado de Rusia e Irán. Tras el derrocamiento de Maduro, Washington espera que caigan otros regímenes antiestadounidenses en la región, que dependían de la asistencia venezolana, como los de Cuba y Nicaragua. 

La injerencia de Trump en Sudamérica se ha manifestado de diversas maneras en el año 2025. Cambió de nombre al Golfo de México, recortó la ayuda a Colombia tras la victoria de un candidato izquierdista en las presidenciales y subió los aranceles a Brasil tras la condena al expresidente Bolsonaro. También ha sido evidente la influencia de Trump en las elecciones de Argentina, Chile y Bolivia, donde han ganado los candidatos derechistas, sus favoritos. Trump estrena 2026 dando un paso más en esta política de injerencias.

En su comparecencia en Mar-a-Lago (Florida), el presidente de EE.UU. dejó también claro que "el negocio del petróleo ha sido un desastre en Venezuela" y afirmó que compañías estadounidenses irían allí a organizar la exportación de crudo. Venezuela tiene la mayores reservas petrolíferas del mundo y se trata de un petróleo de buena calidad, así que las motivaciones energéticas también están detrás de esta operación militar. No obstante, no podemos explicar sólo la intervención militar por el petróleo porque Estados Unidos tiene reservas propias suficientes, aunque sí le interesa controlarlo y evitar que caiga en manos chinas o rusas.

En cualquier caso, ninguna de estas causas explica por si sola la intervención de Trump en Venezuela. Como suele ocurrir con cualquier acontecimiento, son un montón de factores los que confluyen en un momento concreto para que éste se produzca. La personalidad impredecible, irresponsable y contradictoria del propio Trump, que acaba de indultar al narcotraficante hondureño Juan Orlando Hernández mientras persigue a Maduro, también se debe tener en cuenta. Lo que no está del todo claro son las consecuencias que todo esto tendrá en la región, en Venezuela y, sobre todo, en la vida de los venezolanos. Y no olvidemos que es esto, al final, lo realmente importante. 



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Donald Trump colocando la bandera de Estados Unidos sobre el mapa de Venezuela.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

CAUSAS Y EFECTOS

UN RECUERDO DE MI 2025


Llevo varios días dando vueltas a la entrada de final de año, a qué contar y cómo contarlo. Tengo la aplicación de notas de mi teléfono llena de frases sueltas, ideas inconexas que se me han ido ocurriendo en las últimas semanas. Algunas incluso las tengo apuntadas en una de mis libretas sin que les haga mucho caso. No encuentro el hilo conductor que pueda unirlas, que dé sentido a todo. Podría hablar de muchas cosas, pero me es difícil resumir este año y es que, pensándolo bien, quizá no deba resumirlo, quizá no deba contar nada.

El otro día, en el metro de Madrid, me fijé en la gente que viajaba a mi alrededor. Un chico escuchaba música con los auriculares, absorto en sus pensamientos. A su lado, una pareja charlaba animada y repasaba sus planes para fin de año. Más allá, varios viajeros solitarios miraban sus móviles sin levantar la mirada, casi sin pestañear. Sólo uno, el del fondo, esperaba paciente sin recurrir a su teléfono, sin entretenerse con él. "Resulta valiente y atrevido no mirar el móvil cuando vas solo, ¿verdad?" me susurró mi compañera. Llevaba razón.

Todos vivían sus vidas, sus peripecias cotidianas más o menos afortunadas. Todos han tenido en este año experiencias más o menos felices, desgracias más o menos trágicas. Y yo pensaba en todo ello mientras escribía algunas ideas en mi teléfono, como hago siempre. Aquellos eran semejantes a mí, nadie es demasiado diferente a cualquier otro, todos experimentamos todo tipo de sentimientos en los días que hacen un año. Así que nada es lo suficientemente emocionante como para ser contado. O quizá sea al revés, quizá todos hayamos vivido algo que merezca ser contado, quién sabe.

En la aplicación de notas de mi teléfono también hay apuntes sobre las entradas que pusieron fin al año 2024 y empezaron 2025. La razón es que, curiosamente, ambas hablan de experiencias que se han vuelto a repetir en los últimos días, como si 2025 hubiese sido, en cierto modo, cíclico, aunque las repeticiones se hayan vuelto con el tiempo más especiales, más perfectas. En los últimos días regresé a la Tienda de los Deseos, en la madrileña calle de la Escalinata, a reclamar los sueños del año que entra después del éxito del que acaba; y la música de Shinova ha estado presente, como ocurrió hace un año, en estas últimas semanas. Si lo pienso con pausa, en realidad, no puedo entender mi 2025 sin las canciones de esta banda vizcaína.

Y es que hace sólo unos meses hubiese creído imposible una noche como la del 27 de diciembre. Una noche que, por cierto, resume un año al completo. Si en el 2024 descubrí a Shinova, las canciones del grupo han puesto la banda sonora a mi 2025. Cada momento del año, cada recuerdo, bueno o malo, me viene a la mente con una de sus estrofas, con un pedazo de sus canciones. El 27 de diciembre, el grupo llenó el Movistar Arena de Madrid. Y estuve allí junto a mi persona del año, sin la que tampoco puedo explicar estos últimos doce meses.

En mis anotaciones en el móvil tenía muchas ideas sobre Shinova, sus canciones y los significados de éstas, pero ahora, a 31 de diciembre, no creo que nada de eso sea demasiado interesante. Lo más poderoso de sus temas es, sin duda, el papel de lo cotidiano, de la anécdota como inicio de una historia: el álbum, el café en el avión, el rugido de los claxons, el saxofón de la avenida. Sus versos son capaces de transportar a cualquiera a cualquier lugar. Quizá sea esto y nada más lo que haga especial la música de Shinova. Y no es poco.

Como dice una de sus canciones, titulada "Los días que vendrán", hoy podría recordar aquí la noche especial de un día de abril (muy especial, de hecho) o podría hablar sobre lo ocurrido en las ya lejanas en el tiempo Fiestas de San Juan (que no fue poco) y sobre los deseos cumplidos del comienzo del año que ahora termina o aquellos anhelos que quedan aún por cumplir. Pero no lo creo necesario; no creo que a nadie interese todo esto. Al final, todos tenemos vidas semejantes, no hay nada especial en la mía o eso me parece a mí.

En el concierto del pasado sábado, Shinova olvidó interpretar una canción cuyo estribillo esperaba con avidez porque hubiese resumido mi año en sólo cuatro palabras. Supongo que no se pueden cantar todas las canciones en apenas dos horas de actuación. La estrofa en cuestión, del tema "Doce meses", dice así: "En el año más extraño de mi vida / hubo un eclipse de sol, / cien mil especies extinguidas / y gritos de revolución, / pero yo sólo recuerdo tu voz". Ahí está el sentido a todo lo ocurrido.

De aquella noche recuerdo, sin embargo, los versos de otra canción que había escuchado multitud de veces, pero que mi mente nunca se había parado a entender y nunca había retenido. Estos versos pueden servir, sin duda, de inicio para el nuevo año, para un nuevo comienzo. La estrofa de "Ovnis y estrellas" dice: "Intentaré aceptar causa y efecto / sin alimentar demonios hambrientos / y ordenar los momentos / hasta encontrarme aquí, justo aquí". En nuestras vidas insignificantes, poco especiales, esto serviría a cualquiera. Para mí, Shinova nos anima a asumir lo que venga, entendiendo sus causas y consecuencias, a superar miedos e intentar encontrarnos a nosotros mismos, a pesar de todo. Es un buen propósito de año nuevo, ¿no creéis?


Concierto de Shinova, Movistar Arena (Madrid), 
27 de diciembre de 2025

domingo, 28 de diciembre de 2025

LOS COLORES DE LO COTIDIANO


Una ciudad tiene muchos colores, muchas tonalidades, realmente es como un caleidoscopio, un crisol de luces y brillos diferentes. Por ello, existen muchas maneras de observar el paisaje urbano, de mirar el entorno, de contemplar las formas de la ciudad, de descubrir sus detalles y matices. Y es que uno puede encontrar secretos cotidianos prestando un poco de atención a lo que tiene a su alrededor, a los colores que están por todos lados, que lo impregnan todo.

Eso es lo que hicimos mi compañera y yo este fin de semana en Madrid. Nos propusimos un reto. Es una forma de hablar porque, en realidad, fue ella quien me lo propuso a mí. El caso es que  acordamos que cada uno debía tomar nueve fotografías en las que predominase un solo color para, después, componer un collage con ellas. Se trataba, en definitiva, de una forma diferente de explorar una ciudad que conocemos, de acercarnos a ella de otra manera. El primer día, los colores elegidos fueron azul y rojo; el segundo, verde y amarillo; y el tercero (el día de regreso), naranja y morado.

Una vez decididos los colores, la obsesión inicial nos llevó a hacer fotos a todo lo que contuviese dichos tonos, a cualquier objeto que encontrábamos, por insignificante que fuese: una bolsa de basura tirada con desgana en la acera, la barandilla sucia del metro, el rótulo oxidado de una tienda. Pero, a medida que pasaban las horas, que hacíamos más y más instantáneas con los teléfonos móviles, nuestros ojos se volvieron más selectivos, más agudos, y comenzaron a fijarse en elementos urbanos que encierran gran belleza, aunque pasen desapercibidos en la frenética y apabullante cotidianeidad.

El rojo se escondía en el logotipo del restaurante donde comimos un menú del día y en los cochecitos de hojalata expuestos en el escaparate de una juguetería próxima. También en una coqueta panadería y en la fachada del Teatro Albéniz, en pleno barrio de La Latina. El rojo lo inunda todo y más en la Navidad. El azul apareció de improviso en las sillas metálicas de un bar de la Calle de Cádiz, en las fundas protectoras para  móviles que se vendían en una tienda cerca de la Puerta del Sol y en las estanterías de la Librería Lasai. Por supuesto, también en el famoso cielo de Madrid, presidido aquella tarde por la luna creciente de final de año. Aquí están los resultados:


Algo más difíciles de cazar fueron los colores del segundo día: amarillo y verde. Más aún cuando, en pleno diciembre, muchos árboles ya no lucen el colorido de otras estaciones. Pero estos colores se encuentran también en lugares dispares y aquí está lo que conseguimos fotografiar: las frutas y las verduras de una tienda de barrio, los portales de los edificios de la Calle Alcalá, algunas estaciones de metro decoradas con llamativos tonos o las hojas de los arboles que, a pesar del invierno y del frío, se resisten a caer. Incluso en un cuadro erótico colgado en los muros de un restaurante encontramos el verde o en la lámpara que alumbraba el local descubrimos el amarillo. Sólo es cuestión de observar, de dejar al lado la indiferencia, la apatía. Sólo era cuestión de mirar alrededor.


Y el último día el reto se complicó un poco más. En realidad, nunca fue del todo complicado. Los colores, naranja y morado, no son tan frecuentes y resultan escurridizos de encontrar. Además, era el día de regreso a casa, así que la cacería debía hacerse en poco tiempo. ¿Qué probabilidades hay de que un coche morado te adelante en mitad de la autovía? ¿Y de encontrar unos buzones naranjas en el edificio junto a nuestro hotel? Casualidades que hacen la vida más entretenida si uno presta algo de atención. Incluso en el pequeño pueblo de Medinaceli, donde hicimos un alto en nuestro camino, uno puede encontrar el morado y el naranja si afina la vista: en la señal que indica el famoso arco romano, en un tobogán para niños, en las flores que adornan una fachada, en los muros de una casita.


He aquí una lección que he aprendido estos días. Uno puede pasar por los lugares con apatía y desinterés, puede caminar por una calle larga sin mirar alrededor, sin que nada ni nadie le diga nada y no le ocurrirá nada. Pero también puede uno dar un largo paseo por el centro de una gran capital, deteniéndose cada pocos pasos para contemplar el espectáculo cotidiano que exhibe la ciudad en cada instante, en cada rincón, en cada esquina y disfrutar de esa belleza cotidiana, sutil y aguda. Es ahí, en las pequeñas cosas, en los detalles más insignificantes, en lo cotidiano, donde uno puede encontrarle sentido a todo.






*La idea del reto es de Lita, igual que las mejores fotos y los mejores collages. ¡Gracias!

sábado, 6 de diciembre de 2025

EL PEZ DE LA CALLE DEL PEZ


¿Por qué la calle se llama Calle del Pez? Ésta fue la pregunta que nos surgió mientras comíamos en una conocida hamburguesería en el centro de Madrid. Una de esas dudas ridículas que aparecen de manera inesperada en mitad de una conversación sobre otros temas más trascendentales. Estábamos sentados en una mesa junto a la cristalera del establecimiento en la Calle del Pez. Aquella callejuela cercana a la Gran Vía y a la Plaza de España conserva, sin embargo, cierto encanto castizo propio de Malasaña, bien condimentado, eso sí, con modas alternativas, vestimentas hipsters y bicicletas.

Buscamos en internet y acabamos consultando a Chat GPT, que, últimamente, se ha convertido en el amigo sabelotodo, el amigo que nunca se equivoca (o eso pensamos ingenuamente). Por supuesto, nos dio no una sino dos respuestas. La primera correspondía a la realidad histórica: en aquella calle había, en el siglo XVII, una casa solariega que tenía un pez tallado en su fachada. Era el emblema de los Vargas, una familia adinerada que tuvo allí su residencia. La segunda era una leyenda, una historia entrañable de esas que son difíciles de olvidar.

En esa calle, nos dijo la Inteligencia Artificial, existía una fuente pública donde, de manera inexplicable, habitaba un único pez que resistía a todo tipo de infortunios: el frío del invierno, el calor del verano y las perrerías de los vecinos que lo molestaban o lo intentaban pescar. Incluso llegaron a sacarlo del agua en una ocasión, pero al día siguiente volvió a aparecer en la fuente como si nada hubiese sucedido. El pez se convirtió en un símbolo de resistencia, de fortaleza frente a los contratiempos. La fuente fue conocida como la del pez que nunca muere y, al final, en su honor, aquella estrecha calle acabó convirtiéndose en la Calle del Pez.

Nos quedamos pensando en el animalillo débil, pero resistente, mientras mirábamos el exterior desde la cristalera. Centenares de viandantes con vestimentas variopintas caminaban de un lado al otro, indiferentes a lo que sucedía a su alrededor. Era aquel un día soleado de noviembre, pero terriblemente gélido, aunque el frío no privaba a la capital del barullo que siempre inunda sus calles. Decidimos que, cuando terminásemos de comer, buscaríamos el relieve del pez esculpido en la piedra, pues, según la información que encontramos, aún se conservaba en la fachada del edificio que ocupa el lugar de la antigua casona de los Vargas.

Salimos de la hamburguesería un rato después y subimos por la Calle del Pez ávidos de encontrar el famoso relieve. Las aceras se estrechaban tanto en algunos tramos que caminábamos mi amiga y yo uno detrás del otro. El espacio lo ocupaban los coches, las motos y algunas bicicletas. A un lado de la calle, arbolillos escuálidos parecían resistir, como el pececillo, los infortunios de su existencia en la gran ciudad. Al otro, un edificio destartalado había sido adornado con botellas de plástico pintadas con distintos colores y pantalones viejos colgados de los balcones. Enfrente, había una tienda de cuadros artesanales en los bajos de un edificio rehabilitado. Supongo que el precio de esos apartamentos estaría por las nubes. Un poco más allá, encontramos un popular restaurante de tortillas de patata; la clientela hacía cola pacientemente para conseguir un hueco y taponaba la estrecha acera. Muchas cosas y todas bizarras en la Calle del Pez, pero, del relieve del pescadito, ni rastro. No había forma de encontrarlo. 

Dimos unos pasos más hacia arriba, un poco desanimados ante nuestra búsqueda infructuosa. No había forma de localizar el pez y nuestro amigo, el Chat GPT, se manifestaba incapaz de chivarnos el lugar exacto en el que se encontraba. Mirábamos una y otra vez hacia arriba, hacia la parte alta de los bloques de pisos, buscábamos en Internet y reformulábamos la pregunta a la Inteligencia Artificial confiando en que, al modificar las palabras, el algoritmo fuese capaz de encontrar una respuesta, pero nada. Sólo al final, cuando ya estábamos a punto de darnos la vuelta, de desistir, divisamos nuestro pececillo en el esquinazo de un edificio. Allí estaba, en efecto, pequeña e insignificante, la silueta del pez que resistía a todo o el recuerdo de la familia Vargas que da nombre a la calle. Cada uno, lo que prefiera.

Le hicimos unas fotos al relieve amarillento de la fachada, la foto era la prueba de nuestra pesca, de nuestro hallazgo. Una de ellas ilustra está entrada. Luego nos marchamos apresuradamente porque se acercaba la hora del grandioso espectáculo para el que teníamos entradas aquella tarde. De camino al teatro, recordé durante algunos segundos uno de los versos de la canción de Sabina que habla de Madrid: "Donde el mar no se puede concebir". Y pensé en el pez de la Calle del Pez, que vivía tan lejos del mar, en aquella fuentecilla, una vida de penurias, pero resistía a todo. El pez logró lo imposible, logró lo que nadie pensaba que lograría, algo tan sencillo y tan difícil al mismo tiempo: vivir. Y aquel empeño, lo consiguió con creces porque lo hizo inmortal. Y es que, si lo pensamos bien, aún hoy vive el pez en aquella calle del centro de Madrid. 

El pez de la Calle del Pez 

lunes, 17 de noviembre de 2025

¿CELEBRAR 50 AÑOS DE LIBERTAD?


Durante todo el año 2025, el gobierno de España ha organizado diversos actos para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Franco. Los eventos se enmarcan dentro del programa "España: 50 años en libertad" y se han intensificado en las últimas semanas, culminando el 20 de noviembre, fecha de la muerte del dictador. No se descarta, sin embargo, que se prolonguen en los meses siguientes. A propósito de estos acontecimientos, quería compartir algunas reflexiones.

Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975, después de semanas de agonía, en la ciudad hospitalaria "La Paz", en Madrid. En aquel momento, el Estado franquista se encontraba sumido en una profunda crisis debido a numerosos factores, pero continuaba funcionando. El sistema represivo seguía siendo eficaz y los pilares del régimen estaban intactos: el ejército, la Iglesia, el partido único, etc. Los partidos, sindicatos y asociaciones de la oposición (el antifranquismo) no tenían la fuerza suficiente para propiciar la caída de la dictadura. No habían tenido esa capacidad nunca y en noviembre de 1975 todo seguía igual.

Por ello, no tiene ningún sentido celebrar la democracia en España en torno a la fecha de la muerte de un dictador que, sin embargo, murió en la cama y fue enterrado con honores en un mausoleo. Nunca temió ser derrocado ni expulsado de España. El antifranquismo nunca tuvo fuerza para amenazar la dictadura. No hubo una revolución democrática ni un alzamiento que terminase con el régimen, como sí ocurrió, por ejemplo, en Portugal con la Revolución de los Claveles en abril de 1974. En noviembre de 1975, la dictadura en España permanecía íntegra, aún después de la muerte del dictador. ¿Qué estamos conmemorando, entonces?

A pesar de todo lo dicho, en aquellos momentos, la crisis del régimen era profunda, entre otras razones, por el declive biológico y la desaparición del propio dictador. El franquismo era una dictadura personalista así que era difícil que sobreviviese a la muerte de Franco. Las tensiones internas dentro del franquismo habían aumentado también en los años anteriores: mayor movilización social, creciente oposición en algunos ámbitos (como la Universidad) y mayor actividad terrorista de grupos como ETA y GRAPO. La oposición se había comenzado a reorganizar tímidamente en torno a dos partidos, el PCE y el PSOE, que, no obstante, carecían de fuerza para desestabilizar la dictadura. 

Por otro lado, cada vez más sectores reclamaban la apertura del régimen, su liberalización en mayor o menor grado. Los aperturistas (democristianos, conservadores y liberales tradicionales) estaban tomando posiciones para, llegado el momento, jugar sus cartas. Tan sólo los inmovilistas, "el Bunker", apostaban por el mantenimiento de la dictadura sin ningún cambio. Esto se antojaba imposible a todas luces porque la sociedad española de los años 70 era una sociedad moderna y abierta al exterior, más liberal en sus costumbres, en su estilo de vida y en sus principios y valores. Los españoles se habían modernizado y europeizado; querían democracia y la dictadura suponía un corsé de otro tiempo que había que eliminar.

Además, el contexto internacional era proclive al establecimiento de democracias, como había ocurrido en Portugal y en Grecia en 1974. España era la última dictadura de Europa Occidental. La Tercera Ola Democratizadora, que afectaría después a Latinoamérica y los países comunistas, sería imparable. La pérdida del Sáhara Occidental ante Marruecos después de la "Marcha Verde", unas semanas antes de la muerte de Franco, fue otro síntoma de la descomposición progresiva del régimen y la crisis económica derivada de la subida de los precios del petróleo desde 1973 añadía incertidumbre a una situación ya de por sí delicada.

Aún con todo esto, el 20 de noviembre de 1975, la dictadura de Franco seguía en pie y es probable que hubiese resistido un tiempo si el nuevo jefe de Estado, el rey Juan Carlos, lo hubiese deseado aún a riesgo de jugarse a la postre la corona y la cabeza. Y es que el ejército, baluarte de la dictadura, había sido leal a Franco hasta el final y lo era también al nuevo rey. La mayor parte de los militares recelaban de cualquier democratización. Por eso, creo que no hay nada que celebrar en el medio siglo de la muerte del dictador. Su muerte fue simplemente una ventana de oportunidad para iniciar la Transición a la democracia, el principio del fin de la dictadura, pero sólo el principio del fin. Nadie podía prever el futuro y las cosas en la Transición podían haber salido de otra manera. Muchos, en aquellos momentos de incertidumbre hace 50 años, temían una nueva guerra civil que sumiese a España en el caos y la anarquía.

Hay, sin duda, otras fechas que tienen un mayor simbolismo para celebrar la democracia. Pienso, por ejemplo, en las elecciones generales del 15 de junio de 1977, las primeras democráticas desde 1936; o la aprobación de la Constitución por el pueblo español en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Aquella Constitución sí enterró definitivamente el franquismo y estableció una democracia parlamentaria homologable al resto de países de Europa Occidental. Y es que, de hecho, la Transición está llena de otros hitos que merecen ser recordados y celebrados: la legalización del Partido Comunista de España (PCE) el 9 de abril de 1977 (el "Sábado Santo rojo"), la firma de los Pactos de la Moncloa, símbolo del consenso entre los partidos, el 25 de octubre de 1977; el intento fallido de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981 (23-F) o, incluso, el restablecimiento del gobierno autonómico de Cataluña el 29 de septiembre de 1977.

Cualquiera de estas fechas tiene mayor calado democrático que la muerte del dictador. Cabe preguntarnos, entonces, qué intereses políticos tiene el gobierno de España para conmemorar ésta y no otras fechas. Desde luego, aquello de "España: 50 en libertad" es una falacia, porque, hace medio siglo, España no gozaba de libertad. Empezaría a disfrutar de ella un tiempo después (¿desde 1977 o 1978?) como resultado de una difícil Transición, llena de peligros y tensiones, pero caracterizada por la férrea voluntad de unos y otros de construir una auténtica democracia. Quizá sea esto, y no los muerte del tirano, lo que merezca la pena ser recordado y celebrado.



viernes, 31 de octubre de 2025

LA RUTA DE LA SORIA CRIMINAL

RUTA POR LA CRÓNICA NEGRA DE SORIA. FESTIVAL DE LAS ÁNIMAS (OCTUBRE DE 2025)


La Alameda de Cervantes nos ofrece un paisaje multicolor a finales de octubre. Las hojas anaranjadas, rojizas y amarillas inundan el suelo y las copas de los árboles cada vez más desnudas, y el ambiente es húmedo, frío, pero acogedor. Anochece pronto así que la ruta sobre los crímenes más célebres cometidos en Soria comienza a las cinco de la tarde. Bien lo recordaré siempre, porque, días antes, perdimos la oportunidad al presentarnos media hora después, creyendo equivocadamente que la hora de inicio era otra.

Javi, uno de los guías oficiales de la ciudad, nos espera en el atrio de la ermita de la Virgen de la Soledad. Allí, la tradición dice que la cofradía de la Vera Cruz enterraba a los malhechores ajusticiados. Al parecer, las ejecuciones se realizaban en el Campo de la Verdad y, de noche, alumbrados con antorchas, los cuerpos eran traídos hasta aquí en un cortejo fúnebre solitario y vergonzoso. Aquí dicen que está enterrada la bella reina de Tardajos, quien, junto a su amante, planeó y llevó a cabo el asesinato de su esposo a mediados del siglo XIX.

Un rato después, junto a la maqueta de Soria, descubrimos otros casos inquietantes. Uno de ellos es la leyenda de la cueva junto al Duero en la que, en el siglo XVIII, murió Juan Zampoña en extrañas circunstancias. Las ruinas románticas de San Nicolás también guardan un secreto: las pinturas del asesinato de Thomas Becket en la Inglaterra del siglo XII. ¿Qué hace representado en Soria un episodio de la historia de Inglaterra? Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII, debe tener mucho que ver con ello.

"Si a Soria vas, en Soria morirás" nos contó nuestro guía que le dijo una hechicera a don Garcilaso, uno de los hombres de confianza del rey Alfonso XI de Castilla. Pero dio igual, porque su señor lo mandó a la capital del alto Duero para reclutar tropas y enfrentarse a don Juan Manuel. Los sorianos, tozudos defensores de sus fueros y privilegios, se negaron creyendo que Garcilaso quería convertirse en señor de la ciudad. Y ante la insistencia del oficial real, le acabaron dando muerte en el convento de San Francisco. Corría el año 1325.

Subimos por la calle Puertas de Pro, la vía extramuros que unía las principales puertas monumentales de la muralla medieval. El sol se escondía sin remedio y empezaba a soplar el viento. El ambiente agradable de antes se volvía más y más frío recordándonos que el invierno estaba por venir. La ruta nos llevó hasta la imponente iglesia de Santo Domingo y, después, hasta el palacio de la familia Marichalar, en la calle Aduana Vieja. Los faroles se encendieron poco a poco a nuestro paso porque la noche avanzaba, y con ella la oscuridad.

Allí, nuestro guía relató otro episodio de la crónica negra de Soria: el asesinato de Hernán Martín de San Clemente, fiel de la ciudad, y su hijo Alonso. Todo ocurrió la fría noche del 9 de enero de 1459 por orden del alcaide de la fortaleza, Juan de Luna, quién quería subir los impuestos a los sorianos. El fiel, defensor de los privilegios recogidos en el fuero, se negó en rotundo y el vil alcaide se vengó de una forma cruel e inhumana. Aún hoy se recuerda la muerte violenta de los fieles en la misa de difuntos, cada uno de noviembre, en la iglesia de Santo Domingo.

En la Plaza Mayor aguardaba el árbol con la cinta azul de Beatriz que Alonso fue a recoger al Monte de las Ánimas según la leyenda de Bécquer. Es uno de los símbolos del Festival de Ánimas que se celebra estos días en Soria, un festival basado en la Literatura que comenzó hace unos cuarenta años como una actividad didáctica de la Escuela de Adultos y se ha convertido, gracias al empeño y la dedicación de muchos, en unos de los acontecimientos culturales más importantes que se celebran cada año en la ciudad. El turismo de las Ánimas deja un beneficio de unos dos millones de euros en Soria cada octubre.

Nuestro guía nos explica que la última ejecución en Soria se realizó en febrero de 1955 en el actual Palacio de la Audiencia. El reo fue el autor del crimen de Ribarroya, culpable de violar y asesinar a una niña de trece años. Fue ajusticiado a garrote vil por el verdugo titular de Madrid, Antonio López Sierra, "el Corujo". Estábamos junto a la iglesia de La Mayor, donde Machado y Leonor contrajeron matrimonio, y recordamos entonces la Leyenda de Alvargonzález, uno de los poemas más hermosos del poeta sevillanos. Y recordamos también, su certera moraleja: para ganar, hay que estar dispuesto a perder.

La ruta terminó junto al antiguo convento de Santa Clara. Aquel soberbio edificio del siglo XVI ha sido iglesia, cuartel, prisión y, ahora, el Ayuntamiento lo ha convertido en un flamante centro cultural. Sus paredes guardan también historias de dolor, como las de los 3.000 prisioneros que permanecieron largo tiempo allí durante la Guerra Civil española. Javi nos cuenta también la historia del niño patriota que, durante la Guerra de Independencia, asesinó a un soldado francés, en un acto de rabia y valentía a partes iguales, asumiendo su terrible castigo.

Ya era noche cerrada. La luna lucía su halo blanquecino que anunciaba frío y lluvia, aunque el cielo estaba en aquellos momentos despejado. Allí, en el parque de Santa Clara nos despedimos. La ruta por la Crónica Negra de la ciudad nos dio una lección: la historia de Soria también oculta crímenes, asesinatos, odio y venganza. Me acordé entonces de los versos que Machado dedicó a los sorianos a comienzos del siglo XX: "Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, capaz de insanos vicios y crímenes bestiales".


Hasta la fabulosa portada de Santo Domingo esconde crímenes.