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jueves, 27 de mayo de 2021

TRAIDORES A LA REPÚBLICA

 Sanjurjo y el resto de golpistas en el banquillo de los acusados después de la Sanjurjada. Dio igual.
 
El 10 de agosto de 1932 se produjo el primer intento de rebelión militar contra la Segunda República, el régimen democrático instaurado en España en abril de 1931. Su protagonista fue el director general de Guardia Civil, José Sanjurjo, quien, si en 1931 no le había negado su apoyo al régimen republicano facilitando su triunfo, dieciséis meses después estaba decidido a emular a Primo de Rivera y sustituir el régimen constitucional por una dictadura militar que acabase con la conflictividad social y el desorden.

El caso es que la algarada militar, mal preparada y peor ejecutada, fue un auténtico fracaso en toda España. Las únicas ciudades donde triunfó fueron Madrid y Sevilla, adonde había acudido Sanjurjo junto con algunos fieles, para liderar desde allí la insurrección. Ninguna otra ciudad ni región de España secundó el golpe así que el gobierno republicano pudo controlar fácilmente la situación. Ante el fracaso de la "Sanjurjada", como se conoció enseguida la intentona golpista, el general fue detenido cuando intentaba huir en automóvil a Portugal. 

De acuerdo con las leyes de la República española, Sanjurjo fue juzgado y condenado a muerte por rebelión militar, pero el gobierno republicano-socialista, liderado por Manuel Azaña, decidió conmutarle la pena por la cadena perpetua en un intento de evitar que se convirtiese en un mártir para los monárquicos y los derechistas. La clemencia del gobierno estuvo justificada y Sanjurjo pasó algunos años en prisión, en Santoña y en Cádiz.

En noviembre de 1933 se celebraron nuevas elecciones generales y se produjo un vuelco electoral. La coalición de partidos de derechas CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) obtuvo la victoria, seguida del Partido Radical (ahora centrista) de Alejandro Lerroux. Aunque Lerroux fue el encargado de formar gobierno, el apoyo de la CEDA de José María Gil Robles fue fundamental para la estabilidad del ejecutivo.

La situación política cambió por tanto, y esto benefició al golpista Sanjurjo que esperaba en la cárcel de Cádiz. El gobierno radical-cedista preparó una Ley de Amnistía que extinguía los delitos de sedición y de rebelión cometidos con anterioridad al tres de diciembre de 1933, entre ellos los cometidos por muchos derechistas y monárquicos que se había opuesto a la república democrática cuando gobernaban las izquierdas. José Sanjurjo era, por supuesto, uno de ellos. Ahora, las derechas, perdonaban aquellas intentonas golpistas protagonizadas por los suyos

Así que el antiguo jefe de la Guardia Civil salió de la cárcel y marchó al exilio. Se instaló cómodamente en Estoril, desde donde siguió conspirando contra la República esperando una mejor ocasión para alzarse. Aquella Ley de Amnistía, aprobada a pesar del aposición del presidente Niceto Alcalá Zamora, fue un auténtico atropello a las leyes republicanas. El gobierno radical-cedista aprovechó su mayoría en las Cortes para extinguir los delitos que sus partidarios había cometido contra la propia República. El presidente Alcalá-Zamora, que consiguió que la Ley de Amnistía impidiese a Sanjurjo volver al ejército, era el único que al parecer respetaba el imperio de la ley.

La guardia civil conduce a los insurrectos asturianos rendidos después de la revolución de Asturias.

En octubre de 1934, estalló lo que la historiografía conoce como Revolución de Asturias. Fue sin duda una cruenta insurrección protagonizada por comunistas, anarquistas y socialistas que se alzaron contra la República "burguesa" para proclamar un Estado Socialista de inspiración soviética. En otras palabras, en aquel otoño, la CNT, la FAI, el PSOE y la UGT (entre otros partidos y sindicatos) se alzaron contra la Segunda República española. Es de sobra sabido que la reacción del gobierno de Lerroux fue brutal, enviando al general Franco al frente de las tropas coloniales a sofocar la insurrección. Unas 20.000 personas fueron ejecutadas en Asturias sin juicio previo.

Mientras tanto y aprovechando la confusión, Lluís Companys, a la sazón presidente de la Generalitat, proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española que no existía (porque la Segunda República no era federal). El gobierno de Lerroux acabó suspendiendo el Estatuto de Autonomía de Cataluña y encarcelando al gobierno autonómico después de algunos combates en las calles de Barcelona. Lluís Companys fue encarcelado, igual que destacados dirigentes de izquierdas como Largo Caballero y Manuel Azaña, acusados de alentar la rebelión asturiana.

Ambos incidentes fueron contra el gobierno radical-cedista (legítimamente elegido en las urnas) y contra la propia Segunda República (un régimen plenamente democrático). Aquellas algaradas se saldaron con más de 30.000 encausados, muchos de ellos pasaron largo tiempo en las cárceles.

Después, cuando se volvieron a celebrar elecciones, en febrero de 1936, el Frente Popular, la coalición de partidos de izquierdas integrada por pequeños partidos republicanos, partidos nacionalistas catalanes, el Partido Comunista y el Partido Socialista (y que contaba con el apoyo de los anarquistas), llevó en su programa como objetivo prioritario la amnistía para los represaliados por los sucesos de octubre de 1934. Se proponían extinguir los delitos cometidos por aquellos que se habían sublevado contra la propia República en Asturias y en Cataluña. Ahora eran las izquierdas las que pasaban por alto cualquier ordenamiento jurídico y proponían olvidar los delitos de los suyos

Es conocido que el Frente Popular ganó aquellas elecciones del 16 de febrero de 1936, las últimas democráticas que iba a haber en España en muchas décadas. Inmediatamente después de la formación del gobierno y en un ambiente de conflictividad social creciente que rozaba la insurrección popular, la comisión permanente de las Cortes republicanas votó por unanimidad una nueva Ley de Amnistía que, en efecto, hacia borrón y cuenta nueva con aquellos que habían intentado derribar la República española en 1934. 

Querría recalcar lo de "por unanimidad" porque, en la comisión permanente de las Cortes, donde el Frente Popular tenía mayoría, hasta la CEDA votó a favor de olvidar los delitos que se habían cometido contra su propio gobierno. Se repuso a Lluís Companys como presidente de la Generalitat y se restableció la autonomía de Cataluña. Con esta Ley de Amnistía, se pretendía satisfacer el clamor del pueblo y lograr la tan ansiada paz social que, sin embargo, no llegaría.

En aquel régimen republicano nacido en la urnas en 1931 y perfectamente legítimo, tanto los partidos de izquierda como los de derecha manifestaron un desprecio absoluto por el Estado de Derecho. Las leyes de amnistía de 1934 y de 1936 supusieron sendas patadas al imperio de la ley en la España republicana. La CEDA buscaba beneficiar a los militares golpistas de la Sanjurjada (los suyos) y el Frente Popular buscó resarcir a los "heroicos revolucionarios" de Asturias (los suyos). Pero tanto los militares golpistas como los insurrectos de Asturias y de Cataluña pretendían derribar el régimen político que ahora les perdonaba.

La CEDA vio legítima la intentona golpista de Sanjurjo y compañía y el Frente Popular la insurrección asturiana. Pero ambos fueron gravísimos intentos de subvertir el orden constitucional de 1931 y acabar con el propio régimen republicano. Con estos antecedentes y este comportamiento bochornoso de unos y otros, ¿quién entonces podría pedir respeto hacia una República democrática vapuleada y vilipendiada por unos y por otros?
 
 
Manuel Azaña junto a altos mandos militares, entre ellos Francisco Franco (a su izquierda). ¿Quién podría pedir respeto para una República vilipendiada por todos?


domingo, 16 de mayo de 2021

HISTORIA DE AYER



Los historiadores llaman Historia Actual al estudio del periodo del pasado más próximo al presente, habitualmente los últimos treinta o cuarenta años. De este periodo, la memoria se confunde con la Historia porque aquellos que vivieron en ese tiempo lo pueden contar hoy. Para ellos, los acontecimientos históricos son recuerdos personales. Si no me creéis, preguntad a vuestros padres sobre el gobierno de Felipe González, o sobre la fotografía de las Azores que se hizo Aznar. Recordarán con facilidad, también, el inicio de la Crisis Económica de 2008, la llamada Gran Recesión. Bueno, en realidad, de esto probablemente también te acuerdes tú.

En 1982, el Partido Socialista ganaba las elecciones generales y su secretario general, Felipe González, fue elegido presidente del gobierno. Culminaba la Transición y la democracia se consolidaba definitivamente. No había vuelta atrás. Felipe González gobernó el país durante catorce años, nada más y nada menos. “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió” dijo un eufórico Alfonso Guerra cuando se constituyeron las Cortes después de las elecciones.

Y esas palabras fueron ciertas. La década y media que va desde 1982 hasta 1996 supuso un salto adelante para España en numerosos ámbitos: la economía, la sociedad y las relaciones internacionales. España se convirtió en un país desarrollado y moderno y pudo mostrar al mundo entero cuánto había cambiado desde la muerte del dictador en 1975. Claro está, el gobierno de Felipe González también tuvo sombras, entre ellas la corrupción.

Poco después de llegar al poder, el PSOE hizo lo que había prometido: convocar un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte. España había ingresado en esta organización militar poco antes, durante el gobierno de Calvo Sotelo y el PSOE se opuso a su ingreso. Ahora, en el gobierno, Felipe González pidió el sí a la permanencia. Y ganó el SÍ. Así cambian las cosas cuando uno está en el poder.




En 1986, España entró en las Comunidades Europeas, la futura Unión Europea. Por fin, España se sumaba al tren de la modernidad. En el Palacio Real de Madrid, Felipe González firmó meses antes el tratado de adhesión. El ingreso del país en el club europeo era la culminación de muchas esperanzas y anhelos y, también la garantía de que no había marcha atrás. España había dejado de ser la marginada, la diferente.

Años después, los españoles pudieron mostrar sus logros al mundo en dos acontecimientos planetarios que se celebraron en 1992: la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. La primera línea de ferrocarril de alta velocidad, el AVE, que unía Madrid y Sevilla, supuso un hito y evidenció la modernidad de España.

También los Juegos Olímpicos de Barcelona, que fueron un éxito organizativo. Estuvieron plagados de momentos emocionantes, como el desfile del equipo olímpico español cuyo abanderado fue el príncipe Felipe (hoy rey Felipe VI) o el encendido del pebetero. El momento en el que el arquero lanzó la flecha que encendió la llama del estadio olímpico permanece imborrable en la memoria de todos cuantos lo presenciaron.



En 1996, se produjo de nuevo el relevo en el gobierno. Por primera vez, ganó las elecciones el Partido Popular, un partido de centro derecha liderado por José María Aznar. Se consolidaba de esta forma la alternancia en el poder que pasaba, ahora, de la izquierda a la derecha.

El país no sólo vivió éxitos, también miedo. El terrorismo etarra no dejó de golpear a los españoles. El punto de inflexión fue el verano de 1997. ETA secuestró al joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, con el objetivo de chantajear al gobierno. Amenazaron con matarlo si el gobierno no trasladaba a los presos de la banda a las cárceles del País Vasco. El gobierno no cedió y los terroristas cumplieron su amenaza. Miguel Ángel Blanco fue asesinado. Este crimen hizo que los vascos, por primera vez, superaran el miedo y rechazaran a ETA. Fue el Espíritu de Ermua.

En 2002, España acogió una nueva moneda: el Euro. Una moneda común en toda Europa que simbolizaba la concordia en el Viejo Continente. Era la garantía de la paz. Era también el tiempo de las vacas gordas, del auge de la construcción y del crecimiento económico desenfrenado.



Poco tiempo después, Aznar decidió unir los destinos de España a los planes de George Bush y Tony Blair. En la famosa foto de las Azores, los tres mandatarios decidieron invadir Iraq, como parte de la Guerra Contra el Terrorismo lanzada por EE.UU. después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El 11 de marzo de 2004 fue el día de la infamia. Varias bombas explotaron en cuatro trenes de cercanías que entraban en las estaciones de Madrid. Causaron 192 muertos. Fue el mayor atentado terrorista de la Historia de España, perpetrado por yihadistas de Al-Qaeda. El terrorismo islamista golpeaba a España. No era la primera vez, y desgraciadamente tampoco fue la última. En 2017, Barcelona y Cambrils también sufrieron ataques con estas características.

Tres días después de los atentados de marzo de 2004 se celebraron elecciones generales y los socialistas volvieron a recuperar el gobierno, ahora liderados por José Luis Rodríguez Zapatero. La legislatura se caracterizó por los grandes avances en política social, que convirtieron a España en pionera, por ejemplo, en el matrimonio homosexual. También se aprobó una nueva ley del aborto y un cheque bebé, para ayudar a las familias con los hijos.

El crecimiento económico se truncó en septiembre de 2008, con la quiebra del banco estadounidense Lehman Borthers. Dice el dicho “Cuando América estornuda, Europa se constipa” y buen catarro cogió España en aquel momento. El desempleo aumentó hasta niveles desorbitados. Numerosos bancos estuvieron al borde de la quiebra. Muchas empresas cerraron y la industria de la construcción, uno de los motores de la economía del país, se fue a pique. Prima de Riesgo, Rescate, Troika u Hombres de Negro se convirtieron en términos muy usados entonces.

Al mismo tiempo, los españoles también disfrutamos de alegrías y satisfacciones. En el verano de 2010, la selección española de futbol ganó su primer mundial. ¿Quién dijo que los españoles nunca íbamos a ganar una gran competición en fútbol? Y en 2011, ETA, acosada por la policía y desacreditada completamente, decidió anunciar el final del terrorismo. Se disolvería en 2018.

También en 2011, El Partido Popular volvió a ganar las elecciones y Mariano Rajoy se convirtió en Presidente del Gobierno. A la grave crisis económica, que no aflojaba, se sumaron escándalos de corrupción política y el desprestigio de las instituciones del Estado. Surgieron nuevos partidos políticos, como Podemos y Ciudadanos, que ofrecieron alternativas al bipartidismo tradicional.

En junio de 2014, el rey Juan Carlos abdicó la corona en su hijo, el príncipe Felipe. El nuevo rey fue proclamado por las Cortes el 19 de junio de 2014. “Una Monarquía renovada para un tiempo nuevo” afirmó en su discurso de proclamación.

Pero los problemas continuaron, ahora en Cataluña, donde, desde 2015, el independentismo ganó fuerza. Incluso se llegaron a organizar varios referéndums de independencia que fracasaron. El último precipitó la suspensión de la autonomía de Cataluña por parte del gobierno de Mariano Rajoy y el encarcelamiento de los miembros de la Generalitat que no se habían fugado. Eran ecos del pasado.

En 2018, por primera vez en la Historia de España, salió adelante una moción de censura. El gobierno de Mariano Rajoy fue derribado y Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista, ocupó la presidencia del gobierno. La inestabilidad se mantuvo, no obstante. Se celebraron elecciones generales en abril de 2019 y se repitieron en noviembre. Finalmente, en enero de 2020 se produjo otro acontecimiento histórico en la democracia española: vio la luz el primer gobierno de coalición, integrado por el PSOE y Podemos.

A partir de finales de febrero de 2020 se ha producido algo que nadie esperaba. España se ha visto afectada por un mal procedente de muy lejos, un virus originario de China. En marzo, el gobierno se vio obligado a declarar el Estado de Alarma y decretar el confinamiento obligatorio de toda la población. Más de 23.000 personas han perdido la vida a causa del virus y el impacto para la economía española va a ser enorme. “Nos encontramos ante la mayor crisis desde la Guerra Civil” dijo el presidente Sánchez en un discurso.

Hemos llegado al presente, a tu momento, a vuestro momento. La Historia a partir de aquí no está escrita y sois vosotros quienes la escribiréis. No son tiempos fáciles, pero nadie dijo que fuera fácil. Los ecos del pasado resuenan una y otra vez y nos enfrentamos, además, a nuevos retos fruto de la globalización y un mundo desigual. Vivimos tiempos convulsos, de sacrificio y esfuerzo, pero también los hubo en el pasado. Si algo enseña la Historia es que todo, por terrible que sea, termina, lo que queda son las lecciones que debemos recordar.





domingo, 2 de mayo de 2021

¿UN SORIANO EN LA EXPEDICIÓN DE MAGALLANES?



En el año 1993, resaca de los fastos por el quinto centenario de la expedición colombina, la revista "Celtiberia", editada por el Centro de Estudios Sorianos, publicó un artículo titulado "Lista documentada de pasajeros sorianos a Indias (1492 - 1599)". En ella, el investigador Emilio F. Ruiz hace una relación de los valientes sorianos que se embarcaron en Sevilla rumbo al Nuevo Mundo en un largo siglo XVI: unos trescientos sesenta y seis en total.

Hace unos días estuve consultando este listado, fundamentado y con referencias a las fuentes primarias, y encontré un nombre que me llamó la atención: Luis de Vendaño. Según la breve nota biográfica que incluye, era natural de Deza (Soria) y embarcó como grumete en la expedición de Magallanes en 1519. Dio la vuelta al mundo porque hizo la primera parte del viaje en la "San Antonio" y, posteriormente, en la "Victoria", nao en la que volvería a España en 1522. 

Me extrañó que no hubiese oído ni leído su nombre antes a pesar de que en la ciudad de Soria se han celebrado en los últimos años algunas exposiciones y conferencias sobre la Primera Vuelta al Mundo con motivo del quinientos aniversario del inicio de la expedición en 2019. Nadie nunca mencionó que un soriano fuese uno de los dieciocho marinos que culminaron aquella odisea. ¡Otro gran olvidado de la Historia!

El caso es que decidí contrastar la información de Emilio F. Ruiz con otras investigaciones más recientes. Desde hace algunos años, gran parte de la documentación sobre el viaje de Magallanes y Elcano está disponible en la web "Ruta Elcano", del ingeniero e investigador Tomás Mazón Serrano. En ella se puede consultar el listado completo de los miembros de la tripulación así como su suerte en la travesía.

Al consultar los nombres de los dieciocho afortunados que llegaron a Sanlúcar de Barrameda en 1522 me llevé el primer chasco. Como temía, Luis de Vendaño no se encuentra en la lista lo que implica que aquel hombre, fuese quien fuese, no llegó abordo de la "Victoria" a España. Consultando el listado de tripulantes, tampoco hay ningún Vendaño sino un Avendaño, natural de "Deca" (?), Pontevedra (Galicia). Indudablemente son la misma persona pero el origen es distinto. 

¿De dónde procedía Luis de Avendaño? Según la relación de Emilio F. Ruiz, de Deza, un pueblecito de la provincia de Soria, limítrofe con Zaragoza. Según el listado de Tomás Mazón y de otras fuentes que he podido consultar en una rápida búsqueda por internet, procedía de la comarca de Deza, situada en Pontevedra. El apellido no suena muy soriano sino, más bien, gallego, pero quién sabe.

Sabemos que Luis de Avendaño consiguió un puesto en la tripulación de la expedición porque otro marinero, Domingo, natural de Montesinos, fue rechazado por ser portugués. Así que Luis de Avendaño consiguió embarcar como grumete en la "San Antonio". En el registro de inscripción figura el nombre de sus padres, "hijo de Martín de Vendaño y Catalina", así como su lugar de origen, "Deca, que es Galicia".

No sabemos lo que llevó al investigador Emilio F. Ruiz a considerar que nuestro marino era en realidad soriano porque en los propios datos que se tomaron en el momento de la inscripción queda claro que procede de Galicia. En cualquier caso, a veces las informaciones son erróneas y las deducciones de los historiadores... también. 

Parece claro, por tanto, que el marino Luis de Avendaño no era, en realidad, de la Deza soriana sino de la Deza pontevedresa, una comarca situada en el corazón de Galicia (escrita "Deça" en gallego). ¿Y cuál fue el destino del grumete? 

Según Tomás Mazón, permaneció durante toda la expedición en la nao "San Antonio", lo que contradice también las notas de Emilio F. Ruiz, quien afirma que volvió en la "Victoria". Además, la "San Antonio" corrió una peculiar suerte puesto que desertó de la expedición durante la exploración del hoy llamado Estrecho de Magallanes. Así lo cuenta Antonio de Pigafetta en su crónica del viaje:

"zarpó enseguida y reforzó las velas sin querer esperar al segundo (navío), pues quería adelantarle, porque el piloto tenía la intención de aprovecharse de la oscuridad de la noche para deshacer el camino recorrido y volverse a España por la misma ruta que acabábamos de hacer... La San Antonio por la noche dio la vuelta y se dio a la fuga por el mismo estrecho..."

Así que nuestro hombre no llegó a atravesar siquiera el Estrecho de Magallanes y, mucho menos, dio la vuelta al mundo. Volvió a España abordo de la nao "San Antonio" por el Océano Atlántico mientras el resto de la expedición se internaba en el Pacífico. No sabemos más del destino de aquel hombre, valiente como todos ellos, pero que no era soriano ni dio la vuelta al mundo.




Bibliografía:

Emilio F. Ruiz: "Lista documentada de pasajeros sorianos a Indias (1492 - 1599)" en Celtiberia, nº 85 - 86, Centro de Estudios Sorianos, 1993. Págs. 31 - 70.

Tomás Mazón Serrano: Elcano. Viaje a la Historia. Ed. Encuentro, 2020.

Tomás Mazón Serrano: "Ruta Elcano", web, 2020. 


Para saber más: 

La historia de Juan Sebastián Elcano: "Primus Circumdedisti me".