Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de mayo de 2025

LAS CAMPANAS DE SAN PEDRO


El plano cenital permitía observar una imagen perfecta, casi simétrica: la plaza abarrotada y el ataúd del papa difunto en el centro, ante el altar, pero mirando a los fieles. A su derecha, jefes de Estado y de gobierno de decenas de países. A su izquierda, los cardenales llamados a elegir un nuevo pontífice en los próximos días. El cirio pascual, símbolo de la resurrección y la vida eterna, proyectaba, con la luz de la mañana, una sombra alargada a la diestra del féretro. Las campanas tocaban a difunto. 

Todo el funeral del Papa Francisco estuvo repleto de símbolos e imágenes potentes. Nada fue dejado al azar, todo estaba medido al milímetro. La Plaza de San Pedro, delimitada por la fabulosa columnata diseñada por Bernini, se convirtió, de nuevo, en el centro del mundo. El planeta dirigió, como tantas veces, sus miradas a Roma y la Iglesia Católica demostró, una vez más, su maestría en el uso de la imagen, los símbolos y la teatralidad. Así lo ha hecho desde hace milenios, y así lo hace en pleno siglo XXI.


El escenario es colosal, apoteósico. La basílica de San Pedro del Vaticano fue concebida en el siglo XVI para mostrar el poder y la magnificencia de los papás, de los sucesores de San Pedro. El proyecto original fue obra de Miguel Ángel, pero la fachada cuadrangular, soberbia y arrogante, la culminó Carlo Maderno entrado el siglo XVII. Y allí, en aquella basílica que es una pequeña ciudad-Estado santo enclavado en una gran urbe histórica, tienen lugar acontecimientos que atrapan la atención del mundo. ¡Qué mejor marco para espectaculos igual de fabulosos!

Otra imagen de varios días antes mostraba la hilera de fieles católicos entrando en el templo más grandioso de la Cristiandad para dar su último adiós al papa. El contraste era de una belleza increíble. La pequeñez y la humildad del ataúd con el cuerpo inerte del pontífice contrastaba con los imponentes muros de la basílica y la belleza abrumadora del catafalco de bronce que diseñó también Bernini para indicar el lugar exacto de la tumba de San Pedro. El cuerpo del papa es lo temporal, lo efímero, lo insignificante. La basílica es lo que permanece, lo eterno, lo inmortal. Más de 200.000 personas entraron en sólo tres días en San Pedro para despedir al sumo pontífice.

El poder del detalle, de la fotografía cuidada, tomada desde el ángulo preciso para mostrar sólo y nada más lo que uno quiere mostrar es evidente en cada una de estas imágenes. La superioridad estética de Roma, de la Ciudad del Vaticano y de la Iglesia Católica fue clara en los funerales del papa muerto y lo será, de nuevo, en la elección y presentación al mundo del nuevo vicario de Dios en la Tierra tras la celebración del cónclave. El espectáculo de colores, formas, gestos, el olor a incienso y el repique de las campanas de la basílica crean una atmósfera visual, de olores y de sonidos que envuelve al creyente y al ateo de forma irremediable. Todo forma parte del ritual, de la teatralidad religiosa y del poder de la Iglesia.


Y ahora recuerdo quizá la mejor fotografía del papa Francisco, tomada, igualmente, en la Plaza de San Pedro, a finales de marzo de 2020, cuando media Europa estaba confinada por la pandemia de coronavirus. El pontífice subía en soledad la escalinata de San Pedro, para oficiar una misa dirigida a todo el mundo, aunque la plaza estaba por completo vacía. Era una noche lluviosa y oscura en Roma, las sombras lo invadían todo. Francisco subía con dificultad los peldaños mojados de la escalera; el agua sobre la plaza creaba un juego místico de luces y reflejos. La soledad de aquel momento contrataba con las multitudes que suelen llenar el lugar y, precisamente en esa soledad estaba la singularidad del momento. Un escalofrío recorre a quien ve la instantánea. Francisco rezó esa tarde por todos los enfermos. 

Aquellas imágenes no fueron tomadas al azar. Nada fue casualidad. Todo estaba bien medido. Aquella misa, aquel rezo fue retransmitido a todo el planeta. El espectáculo ayuda a transmitir el mensaje. La religión necesita símbolos, imágenes icónicas, y la de aquel día fue abrumadora. A la izquierda de la poderosa foto, en la penumbra, la silueta de Cristo en la cruz recordaba dónde se encuentra el principio y el final de todo. Las campanas de San Pedro también repicaron aquel día.

domingo, 4 de diciembre de 2022

"SI EL CORAZÓN NO RIMA CON LA REALIDAD..."


El tren comienza a detenerse y muchos pasajeros se levantan presurosos preparándose para descender al andén. "Mira este párrafo y aplícatelo" me pide mi amiga, que me conoce bien, mientras lo señala con el dedo índice:

"Recobra la cordura y emplázate a ti mismo, despierta y ten en mente que eran sueños los que te turbaban; vuelve a mirar las cosas despierto, como las mirabas antes." (Libro VI, 31)

Nos miramos a los ojos y después reímos. Sólo nosotros sabemos por qué. Tenemos que levantarnos para recoger el equipaje y bajar del tren. El libro que hemos estado ojeando al final del trayecto y al que pertenece el párrafo lo he comprado esa mañana. Es un clásico, "Meditaciones" de Marco Aurelio, el emperador-filósofo romano (s. II d.C.). Mientras desciendo por las escalerillas, repaso en silencio esas palabras. Es curioso, los fantasmas que atormentan nuestras mentes en el siglo XXI son idénticos a los de hace mil ochocientos años. 

En ocasiones la realidad que uno vive y la que su mente imagina están separadas por un abismo infinito. Nuestro pensamiento discurre por lugares oscuros y tan solo se cruza con la realidad mundana en momentos concretos, cuando ponemos los pies en el suelo y despertamos. Son sueños, temores e ilusiones que te trastornan con insistencia, pero que no existen. Precisamente por eso son tan perturbadores. Te atacan en los momentos ociosos, de silencio y soledad. Y desaparecen después.

Marco Aurelio es considerado uno de los llamados "buenos emperadores" de Roma. "Si un hombre tuviera que determinar el periodo de la historia universal durante el cual la situación de la raza humana fue más feliz y próspera, sin duda señalaría el que transcurrió entre la muerte de Domiciano y el acceso al poder de Cómodo" dejó escrito el historiador Edward Gibbon. El reinado de Marco Aurelio está dentro de ese periodo y quizá en ningún otro momento de la Roma imperial se recuperó para los romanos la ilusión de la vieja República como en ese tiempo. 

Todo era, no obstante, una mera ilusión. El emperador filósofo se pasó gran parte de su reinado en una guerra sin fin en las fronteras del imperio. Hubo de enfrentarse a los partos, a los cuados, a los marcómanos y a los lombardos. Y Marco Aurelio, a pesar de su fama de emperador justo y hombre bueno, no dudó en reprimir cruelmente a las tribus germanas que cruzaron el Danubio. 

En ese ambiente bélico en los confines del imperio, el emperador escribió sus "Meditaciones". Son un conjunto de reflexiones para sí mismo; una especie de enseñanzas sobre su deber como hombre, como romano y como gobernante. También hay referencias a la vida, al amor, a las ilusiones y a la muerte. Son ideas aprendidas durante toda su vida que el emperador se negaba a olvidar y por eso puso por escrito. Hoy constituyen uno de los libros de referencia del pensamiento estoico.

A juzgar por lo que escribió, el gran anhelo de Marco Aurelio fue dedicar su gobierno a mejorar la vida de los ciudadanos del imperio; pero la realidad era muy distinta. Su mente creaba estos sueños, mientras él descansaba en su tienda en un inhóspito bosque junto al Danubio y sus legiones batían a los bárbaros. La realidad y los sueños no encajaban. Sabía que la razón le obligaba a afanarse en ganar la guerra y lo demás debía esperar. (Y espero tanto que al final no lo pudo realizar).

¡Cuántas veces nuestros anhelos no encajan con la realidad que nos rodea! ¡Cuántas veces soñamos más de lo debido! En ese párrafo de las "Meditaciones", Marco Aurelio se pide a sí mismo detenerse a pensar, abrir los ojos y actuar con inteligencia. Entonces, la bruma que rodea a los sueños levantará y todo se verá con mayor claridad. Quizá, si nos centramos en las cosas pequeñas de nuestra vida diaria, el camino se despejará al final y aquellos sueños lejanos se transformen en realidades concretas alcanzables. 

Y la naturaleza humana no cambia por mucho que pase el tiempo. Da igual en qué momento de la historia nos encontremos porque siempre tenemos los mismos temores, los mismos sueños, la misma desazón. Da igual que nos encontremos a orillas del Danubio guerreando contra los sármatas y los lombardos que en un tren de vuelta a casa en 2022. Aquellas reflexiones que Marco Aurelio dejó plasmadas en su obra para no olvidar jamás se repiten con frecuencia en otros momentos y lugares.

Mientras pienso todo esto, subo al autobús para continuar el viaje. Entre el murmullo de las conversaciones del resto de pasajeros, presto atención a la música que está sonando dentro del autocar. Es la última canción de Joaquín Sabina. Repite con insistencia, una y otra vez, la misma idea:

"Si el corazón no rima con la realidad, 
cambio de rumbo, sintiéndolo mucho." 

 
 

lunes, 21 de noviembre de 2022

METAMORFOSIS


Diocleciano descendiendo del carruaje.

Después de dos largos años de intensa lucha en los confines del mundo romano, Diocleciano logró restaurar el poder imperial, pero en ese tiempo no prestó atención, ni un solo minuto, a los cristianos. Cuando, en el 287, estableció su residencia definitiva en Nicomedia, el emperador pudo contemplar una basílica cristiana construida en la colina opuesta a su palacio. Soplaban vientos de cambio en el imperio.

Para muchos historiadores, la decadencia de Roma comenzó en el siglo III, después del año de los cinco emperadores (193 d.C.). Para algunos, Roma nunca se recuperó de aquella crisis. A pesar de los intentos del algunos emperadores, como Diocleciano, por recuperar el orden, su poder se fue debilitando en un proceso agónico que culminó en el 476 cuando el último emperador, Rómulo Augústulo, fue depuesto por el godo Odoacro. La estructura política de Roma desapareció para siempre en el Mediterráneo occidental, no así en el oriental, donde el Imperio bizantino sobrevivió otros mil años.

Cierto es que podemos considerar el siglo III como un siglo de crisis en el que Roma hubo de enfrentarse a fabulosos retos que la sometieron a una terrible presión. A las guerras constantes contra las tribus bárbaras en el limes se sumaron las luchas entre distintas facciones políticas en el seno del imperio. Y a todo ello, la emergencia de una nueva religión: el cristianismo. No obstante, algunos de estos retos no eran nuevos. Los romanos estaban acostumbrados a enfrentase a los bárbaros del norte, los primitivos pueblos que vivían allende el Rin y el Danubio, desde hacía siglos. 

La inestabilidad política se agudizó en ese periodo. En apenas medio siglo se sucedieron 25 emperadores y la mayoría desaparecieron en situaciones violentas. Cualquier romano del año 200 añoraba la época de Marco Aurelio (169 - 180), el último gran emperador. Habían pasado los tiempos de los buenos gobernantes, de la pax romana y de la prosperidad económica. Lo que se abría ante sus ojos era una incógnita, algo nuevo.

Para nosotros, una crisis es algo negativo, un momento de dificultades. Pero una crisis es también un periodo de cambio, de transformación. Sin duda, debemos entender el siglo III como una metamorfosis en el viejo imperio. La Roma que salió de aquella mutación fue muy distinta a la que el emperador Augusto concibió en los albores del siglo I, pero no por ello podemos considerarla peor.

Antes del siglo III, el Imperio romano era la unión de remotos territorios que tenían poco en común. Era un imperio de ciudades, donde la civilización no alcanzaba a las comunidades rurales. Tan solo las provincias ribereñas del Mediterráneo podían considerarse plenamente integradas en la estructura política y económica romana. En contra de la creencia común, el latín aún no se había extendido más allá de algunas ciudades y pervivían tradiciones prerromanas por doquier. Algunos historiadores, como Peter Brown, consideran que fue a partir del siglo III cuando la lengua latina se extendió por completo en el imperio, gracias a una nueva élite social que emergió de la crisis y a la expansión de la nueva religión cristiana.

Las turbulencias hicieron emerger una nueva élite social y política alejada de la tradicional aristocracia romana. Ahora eran los guerreros, aquellos que habían labrado su destino en la guerra, en las dificultades, quienes emergieron como la nueva clase dirigente. El propio Diocleciano procedía de una familia muy humilde (su padre era un liberto) y se hizo con el poder gracias al apoyo de sus tropas en la frontera norte. Cualquier romano de los siglos I y II se hubiese llevado las manos a la cabeza ante un hecho semejante.

Esa nueva élite vivía en todo el imperio, no sólo en Roma. Roma ya no era la capital sagrada de los siglos pasados. Muchos senadores sólo habían visitado Roma una vez en su vida y muchos generales que dirigieron el imperio desde los campos de batalla del Rin y del Danubio no la pisaron nunca. Pero, por contra, el imperio del siglo IV era más compacto y uniforme que el del siglo I y el sentimiento de romanidad también se ha extendido, igual que la lengua latina.

El imperio, además, basculaba ya irremediablemente hacia el este, hacia las regiones más desarrolladas y dinámicas el Mediterráneo oriental. La influencia de las provincias del este, de cultura helénica y donde no se hablaba latín sino griego, era enorme. El oeste era más primitivo y arcaico. Constantinopla se erigiría pronto como la "nueva Roma", y otras ciudades, sobrepobladas y abigarradas, recuperaron el esplendor de épocas pasadas: Atenas, Alejandría, Antioquía, etc.

Y a todo ello se sumó la expansión del cristianismo. Los siglos III y IV asistieron al triunfo definitivo de la nueva religión sobre el paganismo tradicional. Durante largos decenios convivieron los grupos paganos con los grupos cristianos, más vigorosos. La revitalización de la cultura clásica griega y latina se cubrió, poco a poco, con el barniz de la nueva religión. Al principio, los revolucionarios monoteístas fueron perseguidos; luego fueron tolerados. Cuando, hacía el 312, Constantino I se convirtió al cristianismo, el triunfo de la nueva fe fue definitivo. Los romanos de las clases medias y altas se identificaron con la nueva religión que brindaba certezas en un mundo cada vez más incierto.

Este renovado imperio prolongó su existencia durante más de cien años en el Mediterráneo occidental y sobrevivió en oriente, en torno a Constantinopla, durante otro milenio. El Imperio oriental resistió las incursiones de los migrantes germánicos mientras el oeste, más dividido social y políticamente, sucumbió en el 476. Pero todo ello fue ya en el siglo V, doscientos años después de que Diocleciano contemplara la basílica cristiana frente a su palacio en Nicomedia.

En el siglo III, las circunstancias históricas provocaron la metamorfosis del Imperio romano. El resultado de esta transformación fue un imperio renovado que alumbraría rápido las dinámicas que caracterizarían la Edad Media en Europa. Surgió una élite guerrera y localista que sustituyó a la vieja aristocracia romana; la expansión del latín y el cristianismo homogeneizaron la sociedad del imperio; y los cambios políticos permitieron que el Estado sobreviviera en el Mediterráneo oriental hasta la caía de Constantinopla en poder de los turcos en la lejana fecha de 1453. En otras palabras, durante la crisis del siglo III, Roma no hizo otra cosa que adaptarse a los nuevos tiempos.


Una mujer toca los restos del Coloso de Constantino (Roma).



"O tempora, o mores"

(¡Qué tiempos, qué costumbres!)

M. T. Cicerón (s. I a.C.). 




lunes, 18 de agosto de 2014

2,000 YEARS OF THE DEATH OF EMPEROR AUGUSTUS



Augustus, the first emperor of Rome


During the year 2014 Europe has celebrated several anniversaries of important historical events which took place in our continent. Everybody knows that the First World War began a hundred years ago because there have been many TV programmes and political events about that. Furthermore, 2014 is also the 75th anniversary of the beginning of the Second World War and the 25th anniversary of the fall of the Berlin Wall (it was happened in 1989). But, unfortunately, its unknown for most of the people the anniversary of the death of the first Roman emperor, Augustus, on 19th August 14 AD

Gaius Octavius was born in Rome in 63 BC and he was adopted by his great-uncle Julius Caesar who chose him as his heir in 45 BC. The following year, in 44 BC, Julius Caesar was assessinated by several senators. One of the Caesar's generals, Mark Antony, ordered the murders to leave Rome. However, Octavius, 19 years old, decided to recover his uncle's rights to rule the Republic of Rome and this fact caused problems with Mark Antony.

Octavius and Mark Antony were forced to come to an agreement when some of the murders of Caesar take control of the Eastern provinces of Rome. Both Octavius and Mark Antony, together with Marcus Lepidus formed the Second Triumvirate in 43 BC. They defeated the republicans (name to refer the murders of Caesar) and divided the territories ruled by Rome: Mark Antony received the Eastern provinces and the Gaul, Octavius take control of Italy and the Western provinces (after that, he also received the Gaul) and Lepidus was in charge of the African provinces.

In spite of this agreement, Octavius could take Roma under his control. In 33 BC, he was elected consul whereas Mark Antony fell in love with the queen of Egypt, Cleopatra. Octavius took advantage of this situation because his sister was the Mark Antony's wife so he used this excuse to declare war on Mark Antony's territories. He persuaded the Roman Senate of the bad intentions of Mark Antony who, according to Octavius, wanted to separte the Eastern provinces from the rest of the Roman Empire. Even Lepidus supported the Octavius' theory so everybody in Rome thought that the general wanted to destroy the Republic.

Octavius organised a navy steered by Agripa which defeated Mark Antony and Cleopatra in the Battle of Actium in 31 BC. Mark Antony and Cleopatra ran away but then, they comitted suicide. The following year, Octavius conquered Egypt and, after driving Lepidus into exile, he united all the Roman territories in his hands. Octavius ruled over the whole Empire but the Empire didn't exist yet because it was still a Republic!

Some years later, in 27 BC, the Senate elected Octavius as Augustus (which means venerable or majectic) and Princeps (the first citizen of Rome). Finally, he was elected Emperor of Rome. But, why?

Octavius had lived in a caotic Rome where several generals (such as Pompeius or his father Julius Caesar) had wanted to take the Republic under their control but this had caused cruel civil wars. He realised that it was necessary to take the power without destroying the rights of the Senate, the Army and the people of Rome. And Octavius did it: he brought peace to Rome and he respected the privileges of all different groups of Roman society.

Because of that, Augustus was considered the Emperor of Peace and the Saviour of Rome. He transformed the old Republic and adapted its institutions to new circumstances. He reorganized the Roman government, the provinces and the tax system. He also ordered Roman citizens to respect the old customs and the Roman religion. One of the main aims of the Augustus' government was to bring peace to all the provinces of Rome. He also conquered new territories which were annexed to the Empire, such as the Northern lands of Hispania. Peace brings progress, prosperity and wealth to Rome so this period is called "Pax Augusta".

Augustus respected the rights of the Army and increased the salary of the soldiers. He created a permanent Army of twenty eight legions and used the Caesar's system to distribute fields among veterans. Augustus also had good realtions with the Senate in spite of being firmly controlled by the Emperor because the aristocracy kept his privileges.

The time of Augustus was also brilliant in culture, literature and economy after the caos caused by the civil war. When he died, 2,000 years ago, on 19th August 14 AD, the Roman Empire (it was already a real Empire) was consolidated and the following two centuries were really brilliant. His stepson, Tiberius, inherited the Empire and he tried to keep on the way of government created by his father although it was not an easy work and he found some problems.

Nowadys, Octavius Augustus is thought to be the creator of the Roman Empire and this is the reason why Italy and Europe remember the anniversay of his death.   



Ruins of Imperial Rome
    

miércoles, 25 de diciembre de 2013

CUANDO EL AÑO COMENZABA EL 1 DE MARZO

¿Cuál es el origen de nuestro calendario? ¿Por qué el año comienza el día 1 de enero y no otro día? ¿Por qué hay doce meses y no trece? Todas las respuestas a esas preguntas se encuentran en la historia que pretendo contaros hoy. Una historia en la que nuestra tierra, la Península Ibérica, tuvo mucho que ver.

El origen de los meses que tenemos hoy en nuestro calendario, es romano. La leyenda nos dice que al principio de la Monarquía Romana, en el siglo VIII a.C. aproximadamente, los romanos dividían el año en diez meses. Así, el primero era Martius, el mes de Marte; el segundo era Aprilis, el mes de las flores; después Maius (de Maia), Junius (de Juno), Quintilis, Sextilis, September, October, November y December. Algunos de los nombres derivaban de un dios y otros de su posición en el calendario.

También dice la tradición que hacia el 713 a.C. el rey romano Numa Pompilio (el sucesor de Rómulo) añadió dos meses más al final del año: Januarius (mes del dios Jano) y Februarius (mes de las hogueras). De esta forma, el año pasaba a tener 355 días frente a los 304 anteriores y se establecía una correlación adecuada entre los meses y las estaciones. Y es que las estaciones tenían una gran importancia en la civilización romana porque de ellas dependían las cosechas y las conquistas. 

El año empezaba el 1 de marzo, el mes en el que comenzaba el buen tiempo, se abrían los pasos entre montañas al derretirse las nieves y las legiones romanas podían reanudar sus expediciones de conquista. El 1 de marzo también se nombraba a los cónsules, los máximos jefes militares, y el cargo duraba doce meses (hasta el 1 de marzo siguiente). Para los autores romanos, Marzo era el mes en el que la Historia recuperaba su ritmo después del letargo invernal. Las guerras de conquista duraban mientras lo hacía el buen tiempo, por eso el primer mes estaba dedicado al dios de la guerra, Marte.

Pero al comenzar la conquista de Hispania se produjo un pequeño desajuste. La Península se encontraba a varias semanas de travesía en barco desde Italia. Si los cónsules eran nombrados el 1 de marzo, cuando querían llegar a Tarraco era principios de mayo. Después debían  asumir el mando y organizar los ejércitos con lo que la actividad de conquista sólo se ponía en marcha hasta bien entrado julio. Desde marzo a julio había un tiempo valioso en el que no se conquistaba por los preparativos y después las expediciones resultaban cortas: de julio a octubre o noviembre cuando volvía el mal tiempo y las guerras se interrumpían.

En diciembre de 154 a.C. las legiones romanas habían llegado a los pies de la muralla de Numancia, ciudad celtíbera que oponía gran resistencia. Además, los lusitanos estaban protagonizando una serie de revueltas en la provincia Ulterior. Los cónsules de ese año no podían hacer nada por el mal tiempo en la Península y había que esperar a los nuevos, nombrados el 1 de marzo, que llegarían a Hispania en julio del año siguiente. Demasiado tiempo desaprovechado. 

Se sabía que cuatro meses (de julio a octubre) no iban a ser suficientes para acabar con las Guerras Celtibéricas y Lusitanas. El Senado romano decidió aprovechar el buen tiempo desde marzo a julio para llevarlas a cabo. Se decidió entonces adelantar el comienzo del año al 1 de Januarius (enero en castellano). Los cónsules serían nombrado en Roma ese día, cogerían el barco rumbo a Tarraco semanas después y para el 1 de marzo (comienzo del buen tiempo) ya estarían listos para reanudar la guerra. De esta forma se aprovechaban todos los meses de bueno tiempo (entre marzo y octubre). Y así fue. Desde entonces, todos los años comienzan el 1 de enero.

Pero la Historia da muchas vueltas y no todos los países modernos adoptaron el 1 de enero como "Año Nuevo" a la vez. A comienzos del siglo XVI lo hicieron Francia, España y los reinos italianos;  Rusia lo adoptó en 1700 y el Reino Unido y sus colonias lo hicieron en 1752. Antes comenzaba para los anglosajones el 25 de marzo, nueve meses antes del día de Navidad. 


Calendario sobre un monolito de piedra de época romana.


En cualquier caso, la historia del comienzo del año el primero de enero tuvo mucho que ver con el tiempo atmosférico, con la guerra... y con Hispania.


jueves, 6 de septiembre de 2012

ROMA TRADITORIBUS NON PRAEMIAT

 

La Historia y la Leyenda

 
Estamos en el año 150 a. C., toda Hispania está ocupada por los romanos… ¿toda? ¡Ni mucho menos! Desde que hacia el 200 a. C. las primeras legiones romanas entraron en la Península por Ampurias sólo habían conseguido avanzar dificultosamente por el este y el sur. Entonces establecieron dos provincias: la Ulterior y la Citerior.
 
Y es en un lugar remoto de la provincia Ulterior donde se sitúa la historia que pretendo contaros. Bueno, en realidad es más bien una leyenda… una leyenda con mucha Historia.
 
Hacia el año 150 a. C., las legiones romanas se encontraron en su tarea por conquistar Hispania con unos pueblos muy belicosos que no se dejaron dominar fácilmente. Uno de esos pueblos eran los lusitanos. Entre ellos, destacaba un militar de rango menor, que podría haber sido antes un humilde pastor, cuyo nombre era Viriato.
 
Por aquel entonces, eran destinados a la Península Ibérica numerosos pretores que gobernaban las provincias sin otro afán que enriquecerse. Uno de esos pretores era Servio Sulpicio Galba que fue nombrado gobernador de la Ulterior. Su crueldad aumentaba conforme aumentaba su poder. Deseaba acabar con los lusitanos rápidamente. Para ello ideo un plan genial: ofrecer a los lusitanos tierras a cambio de armas y cuando estuvieran reunidos e indefensos masacrarlos.
 
Así fue. La mayor parte de los lusitanos concentrados murió en aquella “batalla”. Pero unos pocos sobrevivieron. Entre ellos se encontraba Viriato. Fue entonces cuando se erigió en verdadero líder de un grupo más o menos grande de rebeldes que fue aumentando con las victorias llegando a alcanzar el millar de combatientes. Su táctica de guerra era simple pero eficaz: ataques relámpago y guerra de guerrillas evitando siempre el enfrentamiento directo con Roma.
 
Las victorias lusitanas se sucedieron una tras otra. Al desaparecido Galba sucedieron como gobernadores de la Ulterior otros. Tales fueron el pretor Vetilio (147 a. C.) que a pesar de su impecable táctica fue capturado y ejecutado y Plautio Hipseo (146 a. C.) que corrió similar suerte.
 
El avance de los lusitanos dirigidos por Viriato era imparable manteniendo en jaque a todas las legiones romanas de la provincia hispana de la Ulterior e incluso al Senado de Roma. Desde allí, desde Roma, decidieron enviar a Hispania al cónsul (con poderes superiores al pretor) Q. Fabio Máximo Emiliano que consiguió derrotar a Viriato por primera vez. Era el año 145 a.C.
 
Tras Fabio, se sucedieron otros gobernadores como Q. F. Masimo Serviliano que consiguieron con mucho esfuerzo debilitar poco a poco a las tropas de Viriato. En el 139 llegó a la Ulterior el gobernador Servilio Cepión que se encargaría de aniquilar al líder lusitano. Para ello se valió de otro engaño: contrató a unos subordinados de Viriato llamados Audax, Ditalco y Minuro para que lo asesinasen mientras dormía. El plan se cumplió y Viriato fue asesinado. Sus funerales siguiendo el ritual celta incluyeron la incineración del cuerpo, numerosos sacrificios de caballos y combates entre sus hombres en su honor.
 
Tras su muerte, el ejército lusitano se desintegró perdiéndose toda resistencia al avance de Roma. No obstante, el senado romano no concedió la victoria a Cepión por valerse de un engaño y Audax, Ditalco y Minuro aunque probablemente no fueron ejecutados, tampoco recibieron la recompensa. Porque como todos sabemos: “Roma no paga a traidores”; “Roma traditoribus non praemiat”.
 
Por cierto, los lusitanos se vestían con mantos de lana y usaban una lanza y un escudo circular como armas. Por lo que respecta a la vida de su líder Viriato podemos decir que se acabó casando con la hija de un rico llamado Astolpas.
 
Por lo que respecta a sus costumbres, numerosos autores afirman que Viriato se encontraba a medio camino entre un humilde pastor, un guerrillero, un general lusitano y un bandolero. Se dice de él que dormía poco y siempre estaba alerta. Pero esto ya forma parte de la leyenda…
 
 
"La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos",
 José de Madrazo Agudo hacia 1807.
Museo del Padro (Madrid)
 
  • Quesada F (2011). Viriato, un héroe para Hispania en “La Aventura de la Historia” nº 148.
  • Bajo, F.; Cabrero, J. y Fernández, P (2008). “Historia Antigua III (Historia de Roma)”. UNED Editorial.