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jueves, 6 de agosto de 2026

MARRUECOS: EL PROBLEMA DEL FLANCO SUR


España tiene un problema en su flanco sur. Los acontecimientos ocurridos a finales de julio en la ciudad autónoma de Ceuta no son, desde luego, una crisis migratoria sino un nuevo órdago de Marruecos a España. El uso de migrantes es uno más de los múltiples instrumentos en las modernas guerras híbridas del siglo XXI. Y el gobierno de Rabat lo ha utilizado una vez más para presionar al español y evidenciar la vulnerabilidad de la frontera española de Ceuta y Melilla.

Pongámonos en contexto. El Estado marroquí fue constituido en 1956 tras su independencia de España y Francia. Desde entonces, la monarquía alauita ha desarrollado un plan expansionista que incluyó, entre otras acciones, la anexión del Sáhara Occidental en 1975 tras la Marcha Verde. Territorio, por cierto, que sigue pendiente de descolonizar. El irredentismo marroquí reclama también zonas marítimas en el Atlántico, corredores comerciales en el Mediterráneo y África y las posesiones españolas en el norte de este continente: algunos islotes deshabitados y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. En 2002, el desembarco de tropas marroquíes en el islote Perejil, bajo soberanía española, fue un aviso de la agresividad de Marruecos. Los pleitos por los límites marítimos en los alrededores de las Islas Canarias o la construcción del megapuerto de Nador que rivalizará con Algeciras y Valencia son otros ejemplos. Rabat nunca ha ocultado sus aspiraciones expansionistas sobre Ceuta y Melilla. 

Debemos tener en cuenta que Ceuta y Melilla no son consideradas colonias por parte de las Naciones Unidas ya que la presencia española se remonta a los siglos XV y XVI y hoy disfrutan de una amplia autonomía. Hasta hace poco tiempo, nadie cuestionaba su sobarenía más allá del ultranacionalismo marroquí. La frontera entre ambas ciudades y Marruecos es la única frontera terrestre entre la Unión Europea y África y, en la actualidad, es absolutamente permeable pues los marroquíes no necesitan visado para cruzarla y entrar en territorio español. Numerosos trabajadores cruzan diariamente la valla procedentes de las localidades marroquíes de alrededor. El control fronterizo se realiza en las conexiones aéreas y marítimas entre las ciudades y el resto de España. Esto ha favorecido la interrelación de ambas ciudades con su entorno cercano, así como el desarrollo económico en la zona.

Desde el punto de vista migratorio, ambos enclaves son, por supuesto, lugares calientes. La valla separa dos mundos completamente diferentes en cuanto a nivel de desarrollo económico y social. Son, además, la puerta de entrada a Europa desde África. Desde hace décadas, la Unión Europea y España han externalizado la gestión de las oleadas de migrantes. Marruecos, igual que otros países extraeuropeos como Turquía, reciben ayudas de la UE para contenerlos. En este sentido, el Estado marroquí tiene todos los medios necesarios para evitar asaltos a la valla de Ceuta y de Melilla. El problema es que Marruecos no es un socio fiable. El gobierno de Mohamed VI mantiene una actitud ambivalente con España y utiliza a los migrantes como un instrumento de presión para conseguir ventajas políticas y comerciales con España y con la Unión Europea. En otras palabras, Rabat permite que miles de migrantes asalten Ceuta y Melilla cuando le da la gana.

Esto deja en una situación de debilidad absoluta a ambos enclaves pues su seguridad acaba dependiendo de Marruecos que, además, no reconoce la soberanía española. Marruecos no es tampoco una democracia sino una satrapía en la que el monarca Mohamed VI posee enorme capacidad de decisión en todos los ámbitos y controla las principales empresas del país mientras el grueso de la población vive en la pobreza. Un ejemplo significativo de todo ello es la construcción del estadio de fútbol Hassan II en Casablanca que está financiado parcialmente con capitales españoles y europeos. Tendrá una capacidad para 115.000 espectadores, el más grande de África, y pretende reemplazar al Santiago Bernabéu en la Copa del Mundo de 2030, que tiene previsto celebrarse en Portugal, España y Marruecos. España está alimentando al monstruo que amenaza con devolarlo.

Por otro lado, Marruecos ha estrechado lazos con Estados Unidos e Israel. Trump no oculta sus simpatías por el reino alauita. Ha reconocido el Sáhara Occidental como una provincia marroquí y ha intensificado la venta de armas a Marruecos. Rabat ha dado el nombre del presidente de Estados Unidos a la autovía que une el país con el Sáhara Occidental. Algo parecido ocurre con Israel desde los Acuerdos de Abraham, impulsados por Trump. La normalización de relaciones entre ambos países ha llevado a Tel Aviv a reconocer la soberanía marroquí en el Sáhara. El Mossad ha suministrado equipamiento militar y servicios de inteligencia al ejército marroquí que, como es fácil suponer, se está armando hasta los dientes. Hace días leí en un periódico que el Ejército de Tierra español cuestionaba ya en un informe la superioridad militar española sobre Marruecos en caso de conflicto. Ahí es nada.

Justo en el momento de mayor acercamiento entre Marruecos y Estados Unidos e Israel, se produce el mayor distanciamiento entre ambas potencias y España. El gobierno de Pedro Sánchez se ha esforzado en los últimos meses en mantener una postura más autónoma en cuestiones internacionales y especialmente crítica con las acciones de Israel en Gaza y con la Guerra de Irán. A pesar de que Estados Unidos y España son aliados y ambos son miembros de la OTAN, Trump no oculta sus simpatías hacia nuestro vecino del sur y sus desavenencias con el gobierno de Madrid. El asalto a la valla de Ceuta fue aprovechado también por la Administración Trump a nivel interno para justificar su durísima política anti-inmigratoria y para advertir de lo que podría ocurrir en la frontera con México si se relaja. Por cierto, el paraguas protector de la OTAN no incluye las ciudades de Ceuta y Melilla por encontrarse en África y no en el continente europeo, así que los aliados no tienen obligación de socorrer a España en caso de ataque a dichas ciudades.

Israel, por supuesto, también está usando el incidente en Ceuta para cuestionar la legitimidad de la política internacional del gobierno de España. Acusa a España de colonizar territorios que son marroquíes (a la sazón, Ceuta y Melilla), mientras critica las acciones israelíes en Palestina. En redes sociales, además, boots vinculados al Estado sionista están difundiendo mensajes sobre la debilidad del gobierno español ante lo que está ocurriendo. Éste es, en definitiva, otro instrumento más de la guerra híbrida a la que hemos aludido. También hay numerosas cuentas en árabe que están difundiendo mensajes falsos sobre las posesiones españolas en el norte de África cuestionando su soberanía. Hay quien dice que el Mossad pudo estar vinculado de alguna manera con el asalto a Ceuta de finales de julio.

¿Y qué hace mientras tanto el gobierno español? Intenta solventar la situación sin ofender demasiado a Marruecos y evitando acusar directamente al gobierno de Rabat de lo ocurrido en Ceuta. Esta actitud inocente ha llevado a algunos miembros del gobierno a decir que Marruecos es un buen amigo y un socio fiable, a pesar de todo. Desde hace muchas décadas, la actitud del gobierno de Madrid hacia el vecino del sur es, en cierta forma, sumisa e imprudente. Se evita cualquier provocación que pueda irritar a Rabat. ¿Por qué si no el rey Felipe VI no ha visitado nunca Ceuta y Melilla? Se sigue enviando ayuda a Marruecos a pesar de que es manifiesto que se utiliza para fines diferentes a los acordados y no se condena nunca ninguna acción del gobierno marroquí en cualquier ámbito, como la constante vulneración de los derechos humanos de los opositores. El gobierno de Pedro Sánchez incluso admitió que la única salida para el problema del Sáhara Occidental era la autonomía dentro del reino marroquí, un giro en la línea política de Madrid desde la Marcha Verde. Y es que con el gobierno alauita hay que andar con mucho cuidado. Algunos dicen que la reciente visita del presidente del gobierno a Argel, rival tradicional de Marruecos en el norte de África, ha irritado tanto al gobierno de Mohamed VI que ha desencadenado la crisis de Ceuta.

¿Y la Unión Europea? ¿Qué actitud ha adoptado en todo esto? Como siempre, ni está ni se la espera. El apoyo por parte de los países (en teoría) amigos de la Unión Europea ha sido escaso. Algunos amenazaron con expulsar a España del Espacio Schengen que permite la libre circulación de personas entre los miembros. Tal fue el caso de Italia y de Finlandia. Otros han mostrado cierto apoyo a España aunque con críticas veladas, como Francia y Portugal. La mayoría se ha mantenido distante y no se han pronunciado en demasía. La Comisión Europea tampoco ha acusado directamente a Marruecos para no provocar más a la fiera. Recordemos, no obstante, que España sí participa en las operaciones militares de disuasión en Europa del Este, en apoyo de sus aliados, a pesar de que aquel frente le queda demasiado lejos.

Recuerdo que, cuando la Guerra de Ucrania acababa de estallar, hablábamos en una clase de 2°Bachillerato sobre sus causas y consecuencias. Debatíamos también sobre la postura que debía adoptar España al respecto, si debía apoyar sin fisuras a sus aliados en un frente que le pilla demasiado lejos, como es Europa Oriental, o si, por el contrario, debía distanciarse prudentemente de un lugar que no le importa demasiado. Al final de la clase, cuando estaba a punto de terminar, yo les abrí un nuevo escenario: ¿No deberíamos estar más preocupados por Marruecos que por Rusia? ¿Y si al sátrapa de Marruecos se le antoja invadir Ceuta y Melilla? ¿Estamos preparados para una guerra abierta? Los alumnos me miraron un poco atónitos porque nunca se lo habían planteado. En aquella ocasión yo tampoco ahondé más en el tema porque el timbre del final de la sesión acaba de sonar. Ahora recuerdo sin embargo, aquella conversación. Desde luego, España tiene un problema en su flanco sur. 



Quizá esta imagen generada con IA sirva para resumir los vicios de la Monarquía de Mohamed VI

martes, 21 de mayo de 2024

A VECES PARECER ESTÚPIDO NO ES SUFICIENTE



- Sólo he enviado unos céntimos para pagar los cuidados de mi hijo enfermo.

- Eso no es cierto: su Majestad tiene cientos de millones de dólares en bancos suizos, lo dicen los informes de la embajada - respondió el oficial del ejército rebelde. 

Halie Selassie, emperador de Etiopía, miraba a los soldados con aparente perplejidad e inocencia, como si no entendiese lo que le estaban diciendo. Permanecía impasible, recto, enfundado en su uniforme militar. No volvió a pronunciar una palabra ni intentó defenderse. Estaba convencido de que no tenía motivo, de que no había hecho nada malo. Prefirió retirarse a sus habitaciones privadas a meditar. O a dormir la siesta.

Eran los últimos días de agosto de 1974, parte del ejército etíope se habían rebelado contra el emperador y la monarquía absoluta estaba derrumbándose. El negus, un anciano de ochenta y dos años, contemplaba cómo sus altos dignatarios eran destituidos y encarcelados, acusados de corrupción. Su palacio en Addis Abeba cada vez estaba más vacío y ya nadie respetaba su figura, otrora casi divina. Todo estaba perdido aunque él no se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo. O, mejor dicho, no quería hacerlo. 

No nos engañemos: nadie es tan estúpido para no darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, de las consecuencias que tienen sus actos. Da igual que seas el emperador de un reino perdido en África o un ciudadano del siglo XXI. Otra cosa es que juguemos a la ambigüedad, a emborronarlo todo para confundir al otro; que finjamos que no entendemos nada, que todo nos pilla desprevenidos. Y en esto Halie Selassie era un maestro. Se presentaba como el honesto padre protector de su pueblo, preocupado por el desarrollo del reino, convencido ingenuamente de que todo marchaba bien, de que sus súbditos vivían felices, de que el país estaba desarrollándose. La realidad, por supuesto, era distinta.

Parecía no conocer los males que sacudían Etiopía. Encerrado en su palacio de Addis Abeba, no sabía que cientos de miles de sus súbditos morían cada año víctimas del hambre. Tampoco que había provincias del imperio en continua rebelión, donde señores de la guerra campaban a sus anchas. Y desconocía también la corrupción que pudría la administración del reino. Cuando algún periodista extranjero le preguntaba por estos temas, el negus se limitaba a no contestar. Si algún funcionario respondía por él, la fórmula más usada era "es un tema de máxima preocupación para el emperador".  

El emperador era un astuto embaucador. No hablaba en las reuniones, audiencias y banquetes, se limitaba a escuchar chismes, delaciones y quejas. La indiferencia, el fingido desinterés era otro rasgo de su comportamiento. Luego actuaba en su propio beneficio, para consolidar su poder. Los funcionarios y oficiales de palacio vivían en una incertidumbre constante, sin saber cuál sería el siguiente movimiento de su Majestad Imperial. Era impredecible. Podía destituirlos en cualquier momento o incluso mandarlos encarcelar. 

El emperador se situaba por encima de los rifirrafes ministeriales, de los errores del gobierno. Él no tenía culpa de nada, si es que ocurría algo malo, pues también se ponían en duda los informes y las noticias sobre la hambruna en tal provincia o la inseguridad en tal región. En otras palabras, se cuestionaba la verdad, lo evidente.

Pero todo era una patraña. Halie Selassie había construido un régimen autocrático en torno a su persona. Él decidía todo en Etiopía desde que subió al trono en 1930. Él sabía todo lo que ocurría en su reino. Él nombraba a los gobernadores de las provincias. Él elegía a los funcionarios de la administración del Estado. De él dependía la policía, el ejército, la educación, la sanidad. Era imposible que no se diese cuenta de la corrupción, del hambre, pero nunca asumió ninguna responsabilidad sobre los males que consumían su reino. Actuaba sin dar cuenta a nadie, sin importarle nada, sólo la lealtad a su persona. Todo en beneficio propio. Pero cuando todo acabó, cuando su obra saltó por los aires, quiso que lo vieran como un anciano inocente engañado por todos.

Halie Selassie, negus de Etiopía, inspirador del movimiento rastafari en Jamaica, murió en 1975, pero podría ser el arquetipo de ciudadano del siglo XXI. Individualista, caprichoso, excéntrico, incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos. Mostraba interés con la indiferencia. El desinterés no era más que desprecio hacia los otros, desdén, ingratitud hacia el leal, al incondicional, a quien permanecía a su lado.  

Su comportamiento no era claro ni preciso, sino desdibujado, ambiguo. Todo era un sí, pero no; un quizá; una posibilidad remota. Nada era seguro, nada estaba definido. El emperador no tomaba decisiones, ni siquiera en los momentos críticos, las dilataba en el tiempo. Como una avestruz, escondía la cabeza ante los conflictos, no daba la cara. Y, por supuesto, no le importaban sus súbditos que lo respetaban, que lo veneraban. Exactamente igual que al individuo del siglo XXI, que actúa sin importarle el daño que puede causar al otro, al compañero, al amigo, a quien le quiere.

La imagen de anciano afable, pero ingenuo, encerrado en la candidez de un mundo perfecto aislado del exterior es también similar a la de muchos hoy. La ignorancia, el desconocimiento, la torpeza o incluso la estupidez se usan para justificar cualquier comportamiento, cualquier error; y para no asumir el estropicio hecho al prójimo. Pero a veces, la estupidez no es suficiente. A veces, la ingenuidad o la ignorancia acaban colmando la paciencia del perjudicado, del campesino hambriento. Ya lo hemos dicho: nadie es tan estúpido para no darse cuenta de lo que ocurre en el mundo, en su mundo. Y al final las mentiras no valen, los cuentos cansan y la gente se harta.

Halie Selassie fue depuesto por el ejército revolucionario en septiembre de 1974. No se puede engañar a todos todo el tiempo. La paciencia tiene un límite y el sufrimiento, también. A veces, un basta hace saltar todo por los aires y ya no hay marcha atrás, la mentira se derrumba. Al final nadie se creía ya la supuesta honradez del emperador, todos sabían que era el artífice del gobierno corrupto y depravado que había gobernado Etiopía durante casi medio siglo. 

Dando una muestra más de fingida candidez, afirmó en aquellos momentos críticos de la historia etíope: "si la revolución es buena para el pueblo, estoy a favor de la revolución". Y sumido en este juego, acabó perdiendo el juicio. Cuando murió, unos meses después, lo hizo creyendo firmemente que seguía siendo emperador de Etiopía, que su mundo extravagante y estúpido era real y que todos sus actos habían sido correctos. Pero su pueblo, misérrimo y hambriento, había dicho basta.


Halie Selassie, último emperador de Etiopía

jueves, 12 de agosto de 2021

LAS CONSECUENCIAS DE ANNUAL

EL DESASTRE DE ANNUAL, 100 AÑOS DESPUÉS (EPISODIO 5)


Desembarcó de Alhucemas (1925)

Que un ejército colonial europeo sufriera una derrota no era algo excepcional. El ejército inglés las había sufrido en Sudáfrica y Sudán y también el italiano en su intento de conquista de Abisinia (Etiopía) en 1896. Lo excepcional fue el impacto que la derrota española en Annual tuvo sobre la vida política y social de la metrópoli y sus consecuencias en el devenir histórico del siglo XX. Y es que no podemos entender la historia de España del pasado siglo sin tener en cuenta la Guerra de Marruecos y el Desastre militar de 1921.

Los historiadores hablan de unos 10.000 muertos españoles en el verano de 1921. La mayoría eran soldados que habían marchado a África obligados y que no sabían muy bien por qué luchaban, aunque también debemos contar entre las víctimas comerciantes y campesinos con sus familias a los que el desastre militar cogió desprevenidos y no pudieron llegar a Melilla. Aquellos soldados, reclutados por el sistema de quintas, pertenecían en su mayoría a familias pobres, porque los ricos podían librarse de cumplir con la patria pagando una redención en metálico. El golpe emocional de miles de familias, que no sabían dónde estaban sus hijos, fue enorme y duró años. Muchas nunca recuperaron sus cuerpos.

El gobierno de Maura envío a Melilla a un general encargado de recopilar información para esclarecer las responsabilidades de lo ocurrido. El elegido fue el general Juan Picasso (tío de quien después sería uno de los mejores pintores de todos los tiempos). Picasso permaneció en Melilla más de un año elaborando un expediente en el que desgranaba de una forma lúcida y certera las causas del descalabro militar y señalaba a sus responsables. Entre ellos destacaban varios nombres: el general Fernández Silvestre (fallecido en la tragedia), el general Navarro (preso de los indígenas) y el general Berenguer (alto comisario en el Protectorado). 

General Juan Picasso

El Desastre causó un hondo sentimiento de humillación en el ejército cuyos generales, además, creían que el gobierno había socavado su prestigio. La frustración de la derrota envalentonó a los altos mandos, que se obsesionaron con el desquite, la venganza, sobre los rifeños. En el otoño de 1921 se lanzaron varias ofensivas para recuperar territorios y las tropas españolas actuaron sobre los rifeños con una violencia inusitada, similar a la que los rebeldes habían mostrado anteriormente. La brutalidad se volvió a repetir, esta vez desde el bando contrario, y los generales no quisieron frenarla ni pudieron ocultarla.

Al mismo tiempo, en el Congreso de los Diputados, algunos partidos políticos (republicanos, nacionalistas y el PSOE) pidieron una comisión de investigación que arrojase luz sobre las responsabilidad políticas del Desastre. El gobierno de Allendesalazar dimitió el 14 de agosto de 1921 y el rey decidió encargar la formación de uno nuevo a Antonio Maura. Fue Maura quién tuvo que afrontar las consecuencias políticas inmediatas del Desastre, como hemos visto. Estaba claro que las implicaciones políticas del quebranto del ejército español en Marruecos eran profundas y durarían años.

Había quien, desde algunos partidos políticos, desde algunos periódicos y desde algunos cafés señalaba incluso más arriba. El dedo acusador apuntaba al propio Alfonso XIII, amigo personal del general Silvestre y quien, al parecer, le ánimo en su temeraria ofensiva en el Rif oriental. Arturo Barea, en su obra "La forja de un rebelde" dice que el monarca envío un telegrama a Silvestre el día que este tomó Annual y le felicitó diciéndole "¡Vivan tus cojones!". También dice Barea que corrían rumores en Madrid de que, cuando el rey fue informado del Desastre militar y el elevado número de muertos, respondió "La carne de gallina es barata".

Se trata de una visión literaria del Desastre que no es rigurosa en absoluto, pero lo que sí es cierto es que Annual agudizó la crisis en la que estaban sumidos el régimen político de la Restauración y la monarquía de Alfonso XIII. Al desprestigio del sistema se sumó el desprestigio del Ejército que ya hemos mencionado y la indignación de la opinión pública española. Si esta había respondido con patriotismo inmediatamente después de la tragedia, rápido empezó a impacientarse cuando vio las dificultades que seguían teniendo las tropas españolas para recuperar el terreno perdido. 

En 1923, cuando iban a conocerse los resultados de la investigación de Picasso y su famoso Expediente iba a ver la luz, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado en Barcelona y Alfonso XIII le entregó el gobierno. De inmediato se suspendió la Constitución, cerraron las Cortes y se desarticularon los partidos políticos. El Expediente Picasso se guardó en un cajón. Uno de los objetivos del dictador fue pacificar de una vez por todas el Protectorado. Y lo hizo gracias a la colaboración francesa, que permitió al ejército español ejecutar con éxito el primer desembarcó naval de la historia: el Desembarco de Alhucemas, el 8 de septiembre de 1925. Abd el Krim acabó entregándose a las tropas francesas poco después y el Protectorado fue, por fin, plenamente controlado. La República del Rif se extinguió. 

Por último, en aquella larga guerra, que se dio por concluida en la tardía fecha de 1927, se forjaron los militares que después jugarían un papel destacado en la Historia de España. Sanjurjo, Goded, Franco y Millán Astray son solo cuatro ejemplos. Estos generales aprendieron en Marruecos una forma de hacer la guerra caracterizada por la brutalidad y la barbarie y formaron a sus tropas, las mejor preparadas y equipadas de todo el ejército español, en el arte de la guerra colonial. El desprecio por el poder civil y su superioridad sobre el militar los llevaría poco después, a intervenir en la vida política española. Fueron ellos quienes dieron el golpe de Estado contra la República el 18 de julio de 1936 y desencadenaron, con ello, la Guerra Civil. Pero esta es otra historia.  

Millán Astray y Franco

lunes, 9 de agosto de 2021

MONTE ARRUIT

EL DESASTRE DE ANNUAL, 100 AÑOS DESPUÉS (EPISODIO 4)



Puerta principal de Monte Arruit

La historia de Monte Arruit es la más terrible dentro de las terribles historias del Desastre de Annual. Es una historia de desesperación, de traición, de violencia, de crueldad. Monte Arruit es el símbolo de la debacle española en el Protectorado Marroquí y del ensañamiento de los rifeños sobre unas gentes rendidas, sin posibilidad de defensa. Aquel fuerte en mitad del Rif se convirtió en una ratonera, en un infierno del que fue imposible escapar.

Tras el Desastre de Annual, el 22 de julio de 1921, las posiciones españolas en el este del Rif fueron cayendo una tras otra. El general Silvestre estaba desaparecido y su ejército no era más que un montón de soldados desarmados y exhaustos que solo buscaban refugio. La desorganización española provocó además la sublevación de casi todas las cabilas rifeñas, incluso aquellas que habían permanecido leales hasta entonces. Abd el Krim, el líder de los rifeños, trató de crear un ejército poderoso y articular políticamente un Estado independiente de España y Francia: la República del Rif. Mientras otros líderes rifeños tan solo buscaban la venganza y la humillación de los españoles, Abd el Krim tuvo problemas para controlar a quienes, dentro de sus filas, pretendían ir por libre.

A principios de agosto, Zeluán y Nador habían caído en manos rebeldes después de una dura resistencia española. Si exceptuamos Melilla (que no pertenecía al Protectorado por ser plaza de soberanía española desde el siglo XV), tan solo Monte Arruit continuaba bajo control colonial. Allí se encontraban refugiadas miles de personas; no sólo soldados sino también campesinos, colonos y comerciantes, junto con sus familias. Tras el desastre militar, habían abandonado sus tierras por temor a los rifeños y habían encontrado refugio en Monte Arruit. El fuerte, superpoblado, estaba también sitiado por los rebeldes, que impedían la salida de los españoles y la entrada de refuerzos.

Soldados españoles escriben a sus familias.

Durante muchos días los españoles resistieron tras la empalizada. La falta de agua y de víveres se intentó paliar desde Melilla enviando bloques de hielo y alimentos por aire. Los pilotos de los aviones que tenían que lanzarlos pocas veces conseguían acertar dentro del fuerte así que la ayuda era escasa. Algunas veces, los más intrépidos realizaban salidas furtivas en busca de algo que comer y de agua. La aguada era una tarea peligrosa porque ponía a los españoles en el punto de mira de los rifeños. Muchos murieron tiroteados buscando agua fuera de Monte Arruit.

Los más optimistas esperaban que el general Berenguer, desde Melilla, enviase refuerzos militares para liberar la posición. El "Telegrama del Rif", el periódico más influyente de Melilla no dejaba de anunciar una y otra vez la pronta llegada de esos refuerzos, pero los sitiadores sabían la verdad y se burlaban desde fuera de la empalizada. Nadie iba a mandar refuerzos a Monte Arruit. Los españoles oían las burlas y las mofas rifeñas desde el interior del fuerte, algo que aumentaba su desesperación.

Hacia el 8 de agosto, el general Berenguer dio autorización al general Navarro (máxima autoridad en Monte Arruit) para que negociase la rendición de la plaza ante los rifeños. Era algo arriesgado porque los bereberes acostumbraban a no respetar los acuerdos de rendición y masacraban a los rendidos como habían hecho en Nador y en Zeluán. Pero no había otra opción si querían sobrevivir. Los líderes rifeños accedieron a negociar y se llegó rápido a un acuerdo de capitulación: se permitiría a los españoles salir del fuerte a condición de que estos abandonasen las armas. Algunos españoles, entre ellos el general Navarro, serían custodiados por los rifeños como garantía de la operación. Así se hizo.

Vista aérea del fuerte

Los españoles (soldados, civiles, mujeres, niños, ancianos) abandonaron todo lo que tenían dentro del fuerte y salieron desarmados. Cuando estaban fuera, sin posibilidad de retorno ni de defensa, las harkas bereberes les atacaron. Fue una masacre de una brutalidad nunca vista. Los harkeños se ensañaron con los españoles hasta límites inimaginables. Algunos fueron degollados salvajemente, otros fueron ejecutados por la espalada, algunos fueron mutilados, otros arrastrados cientos de metros por las ásperas laderas del Rif. No hubo ninguna posibilidad de escapar. Miles de personas perecieron allí mismo después de haberse rendido. Los rebeldes rifeños remataron a los que aún permanecían con vida y se ensañaron con los cadáveres. Fue un espanto, el infierno en la tierra. El general Navarro y otros altos mandos españoles, que habían sido apartados por los rifeños antes de la matanza, presenciaron el horror. Ellos sobrevivieron pero perdieron su libertad durante años porque fueron tomados como prisioneros de guerra y conducidos a Axdir.

Pocos llegaron con vida a Melilla y los que lo hicieron relataron estremecidos lo que había ocurrido. Monte Arruit marcó el final de la tragedia de una forma que pocos pudieron imaginar. La totalidad de las posiciones española en el Rif se perdieron, pero Melilla consiguió salvarse gracias a que las numerosas tropas enviadas desde la Península y desde el oeste del Protectorado tomaron rápido el Monte Gurugú y otras posiciones cercanas. Esto alivió la situación en la plaza y dio un respiro al ejército español.

Campamento del fuerte de Monte Arruit

En la Península, la opinión pública, conmocionada por lo ocurrido, pidió una respuesta contundente al gobierno. La sociedad española era fundamentalmente pacifista y anticolonialista, pero las matanzas de Annual y Monte Arruit hicieron aflorar el sentimiento nacionalista y el orgullo patrio: había que vengar las tropelías de los bárbaros bereberes. Por eso, durante semanas, el general Berenguer y otros militares de prestigio, como Millán Astray (fundador del Tercio de Extranjeros), prepararon la ofensiva para recuperar los territorios perdidos, aunque ésta se retrasó hasta el otoño.

Abd el Krim, que no dio autorización para la matanza de Monte Arruit, también se sobrecogió por lo ocurrido. No obstante, aprovechó la debilidad española y se afanó por reforzar su autoridad sobre todas las cabilas del Rif y obtener ingresos gracias al rescate de los prisioneros españoles (entre ellos el general Navarro). La República del Rif (1921 - 1926) nacía en medio de una guerra que había supuesto la humillación de los españoles.

Durante meses, Monte Arruit quedó abandonado. Cuando fue recuperada la plaza, en octubre, los españoles pudieron ver el horror que se había producido: centenares de cadáveres se encontraban aún allí, muchos desmembrados y otros calcinados. Los rifeños los habían abandonado para que fueron devorados por las alimañas y sus cuerpos se pudrieran bajo el sol abrasador de África. Era el último episodio de la infamia.

Tres mil españoles fueron asesinados en aquella jornada del 9 de agosto de 1921. Tres mil vidas perdidas por la traición de los rebeldes rifeños.


El lugar de la tragedia, meses después.

viernes, 6 de agosto de 2021

HÉROES Y FRACASADOS


EL DESASTRE DE ANNUAL, 100 AÑOS DESPUÉS (EPISODIO 3)


Soldados españoles dispuestos a embarcar hacia el Protectorado marroquí. Ellos fueron los auténticos héroes.


En la mañana del 22 de julio de 1921, mientras el general Silvestre contemplaba desde su tienda en el campamento español de Annual el penoso espectáculo de la retirada de sus tropas, fue consciente de sus errores. Veía a sus soldados huir sin orden en dirección al este mientras los rebeldes rifeños les daban caza y en su mente se repetía una y otra vez el error que había cometido. En realidad había cometido varios errores, imperdonables todos ellos, que iban a costarle la vida. El primero había sido planificar una ocupación rápida del territorio sin asegurar las posiciones militares ni las lealtades rifeñas. El segundo lo había cometido esa misma mañana: ordenar la retirada sin planificarla debidamente y sin garantizar la protección de sus hombres.

Para muchos estrategas militares, una de las maniobras más complicadas es precisamente la retirada de las tropas porque se debe las debe proteger mientras se repliegan en riguroso orden. Si el orden y la protección no se garantizan es probable que la retirada se convierta en una desbandada, en un "sálvese quién pueda" que lleve a la disolución de las tropas. Eso fue precisamente lo que ocurrió aquella calurosa mañana de julio en Annual. Silvestre dudó al tomar la decisión de repliegue, no informó a sus oficiales con tiempo y, cuando lo hizo, estos no sabían qué órdenes transmitir a sus tropas. Los soldados españoles finalmente huyeron abandonando sus armas y convirtiéndose en presa fácil para el enemigo. Abd el Krim no podía creer lo que estaba presenciando: un ejército europeo moderno de miles de soldados se diluía ante sus ojos incrédulos. La victoria rifeña era clara, rápida e inesperada.

Silvestre pagó con su vida los errores que había cometido. No sabemos si se suicidó o fue ejecutado por los rebeldes. Su cuerpo nunca apareció. Pero antes de morir, se aseguró de meter a su hijo en un coche rápido que lo llevase seguro hasta Melilla. Él sí se salvó. Mientras tanto, los soldados españoles corrían por las ásperas colinas del Rif y se despeñaban por los secos barrancos. Trataban de llegar a Melilla o a cualquier campamento español en donde les diesen protección.

En sólo unos días todas las posiciones españolas en el Rif oriental cayeron una detrás de otra. El general Felipe Navarro se convirtió en la máxima autoridad española tras la muerte de Silvestre, pero Navarro no supo asumir la responsabilidad que le tocaba. Tomo otra decisión errónea, de esas que son difíciles de explicar: ordenó la evacuación de Dar Drius, un campamento que podía haber sido defendido porque tenía garantizado el suministro de agua, de víveres y de armas. Allí podían haberse reorganizado las tropas españolas para hacer frente a los harkeños, pero Navarro decidió replegarse hacia Melilla. Lo pagaría con su libertad días después.

Así pues, a finales de julio, los soldados españoles que habían sobrevivido a la matanza rifeña pululaban por el Rif oriental desesperados, aterrados, sedientos, hambrientos y axfisiados por el calor de la canícula. Algunos llegaron a Melilla, donde se encontraba el general Berenguer dispuesto a reorganizar las tropas. Melilla acogía ahora a unos 48.000 habitabtes, cuando su población normal rondaba los 20.000. Otros, menos afortunados, se refugiaron en los fuertes de Monte Arruit, Zeluán y Nador.

Carga de caballería de las tropas de Fernando Primo de Rivera, según Ferrer-Dalmau.

Uno de los pocos héroes del Desastre fue el general Fernando Primo de Rivera, hermano de quien después sería dictador, al frente del regimiento de cazadores de Alcántara. Con la caballería protegió la retirada de las tropas españolas hasta Dar Drius, primero; y, posteriormente, hasta Batel. Sus hombres realizaron varias cargas contra los harkeños, que contaban con mejor armamento. Este armamento, incluida la artillería, había sido incautado a los españoles en Annual. Era rizar el rizo del Desastre. La mayor parte de los hombres de Primo de Rivera murió en aquella operación pero su sacrificio ayudó a salvar a muchos que corrían indefensos en dirección a ninguna parte. Primo de Rivera moriría poco después, el 6 de agosto de 1921, a consecuencia de la gangrena producida por la amputación de un brazo tras resultar herido.

Puerta principal del fuerte de Monte Arruit

A principios de agosto, tan solo los fuertes de Monte Arruit, Zeluán y Nador seguían en manos españolas pero las condiciones eran pésimas. Las tres posiciones se encontraban aisladas y asediadas por los harkeños y el general Berenguer, desde Melilla, no se encontraba en condiciones de enviar refuerzos a socorrerlas. Los problemas eran los de siempre: falta de agua, de alimentos, de medicinas y de munición. Las tres posiciones estaban abandonadas a su suerte, nadie iba a ir a ayudarlas.

Nador y Zeluán cayeron los días 2 y 3 de agosto respectivamente, después de una resistencia agónica. Los harkeños pasaron a todos los soldados españoles por las armas aún después de haberse rendido. Por su parte, Monte Arruit continuó resistiendo durante unos días. El fuerte estaba superpoblado porque acogía no solo a soldados sino también a familias de colonos españoles instalados en el Protectorado que, tras el Desastre, habían abandonado sus tierras buscando refugio en Monte Arruit. Así pues, los defensores de aquel lugar no eran solo militares sino también campesinos, comerciantes, mujeres, ancianos y niños. En alguna ocasión, los españoles de Melilla les lanzaron desde los aviones algunos suministros, incluyendo bloques de hielo, pero no era suficiente para mantener a una población al borde de su capacidad de resistencia. Los días pasaban y, aunque algunos confiaban en la llegada victoriosa del ejército español para liberar la plaza, la mayoría admitía que aquello nunca iba a producirse. En este contexto, el general Berenguer dio autorización al general Navarro para que negociase la capitulación con los harkeños y rindiese el fuerte. Era 8 de agosto.

Rebeldes rifeños en una asamblea.

domingo, 1 de agosto de 2021

MELILLA EN PELIGRO

EL DESASTRE DE ANNUAL, 100 AÑOS DESPUÉS (EPISODIO 2)

Melilla en 1921


La noche del 27 de julio de 1921 el terror se apoderó de Melilla. Aunque las autoridades pedían calma a la población, era claro que la ciudad estaba en peligro. Desde el puerto y las calles céntricas se escuchaban las detonaciones y las ráfagas de disparos en los montes cercanos y el resplandor del fuego que arrasaba el monte Gurugú se veía desde todos lados. Al miedo contribuía también la total oscuridad en la que se sumía la ciudad cada noche para evitar ser blanco de los proyectiles lanzados por los rebeldes rifeños.

En aquellos días de finales de julio, la ciudad norteafricana que había estado bajo soberanía española desde hacía más de cuatrocientos años estaba a punto de perderse. Nadie podía dar una explicación acertada en aquellos momentos de confusión, pero estaba claro que se había producido un desastre militar en algún lugar del protectorado y la ciudad española estaba sufriendo las consecuencias. 

En los días anteriores habían llegado a la plaza algunos soldados horrorizados y exhaustos que contaban las atrocidades que se estaban cometiendo, pero los relatos eran confusos e incompletos. También llegaban refugiados españoles que vivían en zonas del protectorado bajo administración colonial y que huían por el avance de los rebeldes. La ciudad, que contaba habitualmente con 20.000 habitantes, ahora tenía más del doble. No se sabía nada del general Fernández Silvestre, jefe de la Comandancia militar de Melilla, que había partido al frente. Nadie sabía que a esas alturas ya no había frente de guerra.

El desastre militar se había producido en la mañana del 22 de julio en Annual, un lugar que dista unos cien kilómetros al oeste de Melilla, en dirección a Alhucemas. Allí se había concentrado un numeroso contingente de tropas españolas dirigido por el general Silvestre. Y allí habían acudido también varias harkas rifeñas lideradas por Mohamed Abd el Krim. La situación de los españoles no era buena, aislados, sedientos por falta de agua y hambrientos, pero su posición podía defenderse aunque iba a ser un combate duro. En vez de resistir, Silvestre dio inexpliclamente la orden de retirada. En la mañana del 22 de julio, ante el avance de la harkas, miles de soldados españoles salieron en desbandada del campamento de Annual, sin orden ni disciplina. Los rifeños lo tuvieron muy fácil para darles caza y matar a casi todos. La maniobra española se convirtió en un "sálvese quién pueda". El propio Silvestre, artifice de semejante error, murió allí y su cuerpo nunca fue encontrado. Algunos dicen que fue acribillado por los harkeños, otros dicen que se suicidó.

Retirada de los españoles de Annual


En cualquier caso, la estrategia militar que siguió el general Fernández Silvestre desde su llegada a Melilla en 1920 fue temeraria e imprudente. El general Berenguer, desde Ceuta, estaba poniendo en marcha la eficaz estrategia de la "mancha de aceite" que consistía en dominar el territorio marroquí de forma paulatina combinando acertadamente acciones militares con la negociación, los acuerdos y la corrupción de las élites rifeñas. Por el contrario, Silvestre se propuso dominar el protectorado rápidamente intensificando las acciones militares lo que le llevó a enemistarse con los líderes rifeños, entre ellos Abd el Krim, que hasta entonces había colaborado con los españoles. La estrategia de Silvestre constía en avances militares rápidos asegurando las posiciones con blocaos y campamentos. El problema era que había que mantener esas posiciones, que no eran autosuficientes, y el suministro de agua, alimentos y municiones se hacía por medio de convoyes. Pronto los rebeldes se dieron cuenta de que atacando los convoyes debilitaban al ejército español. Y así lo hicieron.

La mecha de la rebelión prendió después del bombardeo del zoco de Axdir en la primavera de 1921. Murieron mujeres, ancianos y niños en una acción española difícil de entender. Las cabilas rifeñas que habían resistido al avance del ejército europeo se aliaron en torno a Abd el Krim y organizaron ejércitos, llamados harkas. La respuesta rifeña se produjo en julio de 1921: atacaron y tomaron las posiciones españolas de Abarrán e Igueriben, cerca de Annual. Los españoles sufrieron importantes bajas. También intentaron tomar Sidi Dris, pero el ejército de Silvestre mantuvo el fuerte a duras penas.

Aunque el ejército rifeño se había formado improvisadamente, contó con importantes ventajas como la ferocidad de sus combatientes, el fervor religioso de la Yihad contra los cristianos y el conocimiento del terreno. El ejército colonial español, en teoría moderno y disciplinado, estaba formado por miles de jóvenes reclutados a la fuerza utilizando el sistema de quintas y obligados a combatir, sin entrenamiento previo, lejos de sus casas en una guerra que no les interesaba. La estregia de los harkeños, basada en hostigar incesantemente a los españoles y cortarles el suministro de agua y alimentos, hizo estragos entre las tropas de Silvestre.

Las mulas llevaban agua a las posiciones españolas en el Rif


Bajo el sol abrasador africano, con un calor axfisiante y si agua, los españoles resistían como podían en los precarios blocaos diseminados por el Rif. Los blocaos no eran más que diminutos fuertes aislados que necesitaban del suministro de agua y víveres por los convoyes. Si los convoyes eran atacados y el agua y los víveres no llegaban, los blocaos estaban perdidos, y sus defensores también. Abd el Krim aprovechó esta estrategia que no suponía ningún riesgo para los rifeños y causaba importantes daños a los españoles.

Después de la desbandada de Annual, todas las posiciones españolas en el Rif oriental se derrumbaron. Se inició una retirada caótica y desordenada hacia Melilla. Por las tierras inhóspitas del Rif deambulaban los matrechos soldados españoles que habían abandonado sus armas y sólo querían llegar a la plaza. Mientras, los harkeños de Abd el Krim les persiguieron y dieron caza. Algunos consiguieron refugiarse en Monte Arruit, Nador y Zeluán, donde parecía que las tropas españolas estaban reorganizándose.

En Melilla, los efectos del Desastre se hicieron notar pronto. Pocos días después desembarcó en el puerto el general Berenguer, máxima autoridad del protectorado, para asumir personalmente la dirección de las operaciones. El gobierno de Madrid envío numerosos contingentes de tropas para defender la plaza. Annual había caído y el ejército de Silvestre estaba desaparecido, pero Melilla debía defenderse a toda costa.


Varias banderas de la Legión desembarcan en Melilla dirigidas por Millán Astray. Julio de 1921


miércoles, 28 de julio de 2021

LA AVENTURA COLONIAL EN EL RIF (1906 - 1920)

EL DESASTRE DE ANNUAL, 100 AÑOS DESPUÉS (EPISODIO 1)


La zona de influencia en el norte de Marruecos que consiguió España en 1906, después de sucesivas negociaciones, no fue la muestra del poder que conservaba el país en el plano internacional sino todo lo contrario. Fue la constatación de una evidencia: el poco peso de España en Europa hizo que a las grandes potencias no les importase en absoluto su dominio sobre una pobre e inhóspita región al otro lado del estrecho de Gibraltar.

En la Conferencia de Algeciras (1906), Reino Unido, Francia y España acordaron establecer un protectorado franco-español en Marruecos. A Londres no le gustaba la idea de que Francia ocupase el norte de África y rivalizase con ellos por el control del estrecho de Gibraltar así que propuso la entrega de la región del Rif a España. El gobierno español aceptó sin dudarlo porque pretendía recuperar el prestigio militar perdido después del Desastre del 98 así como evitar la posibilidad de que Francia controlase las zonas fronterizas con Ceuta y Melilla.


Mapa del Protectorado español en Marruecos.

Pero España no estaba preparada para una empresa colonial como aquella. En realidad, España no estaba preparada para ninguna acción militar del tipo que fuese. El Desastre del 98 y la consiguiente pérdida de las últimas colonias en América y el Pacífico había sido el resultado de una errada política internacional basada en el retraimiento impulsada por Cánovas del Castillo desde los inicios de la Restauración en 1875. España no tenía aliados sólidos y, por si fuera poco, su Ejército estaba mal organizado, mal equipado y mal entrenado. Las armas eran antiguas, había un exceso de oficiales y el grueso de las tropas lo conformaban soldados obligados en el sorteo de las quintas. Las quintas eran muy impopulares.

El rey Alfonso XIII (apodado por algunos "el Africano"), el gobierno, los generales del Ejército y algunos grandes empresarios vieron en el Protectorado español en el norte de Marruecos una oportunidad de gloria militar, de prestigio y de fortuna. Se habían descubierto además algunas minas en las montañas del Rif que hicieron a muchos soñar con un nuevo El Dorado en el norte de África. Pero para lograr la explotación económica de la región y la obtención de beneficios primero había que someter a los belicosos rifeños, los habitantes del Rif que se habían opuesto desde tiempos inmemoriales a cualquier autoridad política  que consideraban extranjera.

Las operaciones militares españolas en el Rif se demoraron hasta 1909, lo que es una muestra más lo costoso que iba a ser controlar la zona. Fue el gobierno de Antonio Maura (precisamente uno de los políticos que menos entusiasmo mostraba por la aventura colonial) quien decidió la intervención militar presionado por el gobierno Francés, que había iniciado la expansión en su zona. Como era de esperar, el reclutamiento de reservistas en Barcelona para ser enviados a Marruecos provocó manifestaciones en la capital catalana. Más aún cuando los primeros contingentes españoles en el Rif fueron masacrados por los rifeños en la batalla del Gurugú y en el Barranco del Lobo, cerca de Melilla. Murieron más de 150 soldados españoles en julio de 1909.

El resultado de aquel desastre militar fue la famosa Semana Trágica de Barcelona, que comenzó el 26 de julio con una huelga general contra el gobierno. Las mujeres de los reservistas que estaban a punto de embarcar en el puerto de la ciudad condal para marchar a una guerra que les era ajena se amotinaron e iniciaron una insurrección que se prolongó una semana y terminó con la caída del gobierno de Maura. La empresa colonial en Marruecos estaba empezando a salir cara.

Las operaciones militares en Marruecos se suspendieron durante algún tiempo y se retomaron de forma muy tímida combinando la negociación, la corrupción y las acciones bélicas. La aventura colonial iba a suponer, también importantes cambios en el Ejército ya que los militares que hacían su carrera en Marruecos lograban ascensos más rápidos que aquellos que permanecían en la Península. La escisión de los Africanistas y los Juntistas resquebrajó al Ejército español. Los segundos incluso se amotinaron en 1917 (las famosas Juntas de Defensa) pidiendo cambios al gobierno en la política de promoción militar que hasta entonces premiaba más los éxitos militares que la antigüedad.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, las operaciones militares en el protectorado se volvieron a suspender a pesar de que España no participó en la contienda europea. Se retomaron tras la guerra, de nuevo siguiendo la estela de Francia que, victoriosa tras la guerra, había enviado grandes contingentes militares a su zona de Marruecos. Durante la guerra, sin embargo, el Ejército español no se había modernizado - su estructura seguía obsoleta y las armas eran antiguas - pero el gobierno de Madrid se decidió a acelerar el control del Rif. 

En 1919, el general Dámaso Berenguer fue nombrado nuevo Alto Comisario de España en el Protectorado de Marruecos. Poco más de un año después, en 1920, su amigo el general Manuel Fernández Silvestre, tomó posesión de la Comandancia General de Melilla. Los dos eran muy diferentes (Berenguer pausado y prudente, Silvestre temerario e irreflexivo), pero ambos compartían un claro objetivo: pacificar la zona y afianzar definitivamente el control español sobre la región del Rif. 

Izq.: General Berenguer; Der.: General Fernández Silvestre



Para leer más:

martes, 30 de diciembre de 2014

CRÓNICA DEL AÑO 2014



Han pasado catorce años desde que comenzó el siglo XXI y el tercer milenio de nuestra era y el mundo es hoy mucho más inestable y peligroso. La Humanidad también ha cambiado; se ha vuelto mucho más salvaje e impredecible. Los acontecimientos que han llenado los días de este año que ahora termina, el 2014, dan buena cuenta de ello.

El año comenzó con el recrudecimiento de la crisis política en Ucrania que dejó, el 22 de enero, cinco muertos en las calles de Kiev. Los manifestantes proeuropeos pidieron la dimisión del presidente Victor Yanukovich, prorruso; y lo consiguieron en febrero cuando dimitió y huyó de Kiev. Sin embargo, mientras la crisis política se solucionaba en la capital de la joven república, las regiones del este, con importante población rusófona, estallaron en rebeldía. A mediados de marzo, la península de Crimea aprobaba en un referéndum ilegal y fraudulento su incorporación a Rusia. Nada ni nadie podía impedirlo y el acontecimiento recordaba a la carrera hacia el Mar Negro protagonizada por Rusia en el siglo XIX.

A pesar de que la comunidad internacional (EE.UU. y la UE) aprobaron sanciones contra Rusia, el presidente Vladimir Putin mantuvo el rumbo. Nadie se atrevió a impedirlo y la anexión de Crimea se presentó como un hecho consumado. Mientras, en las regiones del este de Ucrania, los rebeldes prorrusos iniciaron una cruenta guerra civil con el objetivo de conseguir la independencia de las autoproclamadas repúblicas de Lugansk, Dontesk y Jarkov. Las elecciones generales, celebradas en mayo, no solucionaron la situación y el gobierno de Kiev sigue combatiendo a los rebeldes, que reciben el apoyo encubierto de Moscú.

Pero este cruel conflicto fue eclipsado en julio por otro. El Oriente Próximo saltó de nuevo por los aires: aprovechando la guerra civil en Siria, que ya se ha cobrado más de 200.000 muertos, el grupo terrorista "Estado Islámico" ha implantado un régimen de auténtico terror y ha destruido la frontera que separaba Siria de Iraq. Éste último país, sumido en una crisis política desde la invasión americana en 2003, ha visto cómo los fundamentalistas islámicos se hacían con el control de todo el noroeste del país y entraban en Mosul. En julio, el líder de los yihadistas, Abu Bakr Al-Baghdadi, se autoproclamaba califa de todos los musulmanes y exponía su proyecto: unificar todos los territorios musulmanes bajo un nuevo Califato.

Los ataques aéreos de una coalición encabezada por los EE.UU. y algunos países europeos no han debilitado a los yihadistas del "Estado Islámico" que siguen aterrorizando al mundo entero con las decapitaciones de rehenes occidentales. Los más terribles y crueles episodios que nuestra mente alcanza a imaginar se están produciendo entre los ríos Tigris y Eúfrates. No debemos olvidar tampoco la enésima guerra en Gaza que causó lo destrucción de la ya de por sí paupérrima franja. En agosto Israel inició una ofensiva en represalia al asesinato de tres jóvenes judíos en junio. La guerra causó más de 2.100 muertos palestinos y 70 israelíes.

La tercera mirada nos lleva inevitablemente a África: la epidemia de ébola, desatada en diciembre de 2013, ha causado casi 7.000 muertes. Liberia, Sierra Leona y Guinea Konakry son los países más afectados y la epidemia es allí incontrolable. También se ha extendido a otros países de la región como Senegal, Malí y Nigeria e incluso ha habido casos aislados en Occidente, como en EE.UU. y en España, donde el contagio de una enfermera que había atendido a un misionero repatriado, provocó gran temor entre la opinión pública. Pero lo peor de todo es que, una vez más, se ven las diferencias entre el primer y el tercer mundos: aquí, en los países desarrollados, sólo prestamos atención a las naciones pobres cuando el problema nos salpica a nosotros.

A nivel nacional, el 2014 ha sido el año de la abdiación del rey Juan Carlos I, el dos de junio. Tras treinta y nueve años de reinado, el monarca dejó paso a su hijo, que fue proclamado rey por las Cortes Españolas y reinará con el nombre de Felipe VI. La nueva etapa en la Corona deberá ser mucho más transparente y ejemplar que en los últimos años, sobre todo si quiere ganarse el apoyo de la opinión pública.

En España, el 2014 ha sido el enésimo año de la crisis económica que, a pesar de la recuperación de los datos macroeconómicos, sigue atenazando a millones de españoles. También ha sido el año de la corrupción política que ha salpicado a todos y cada uno de los partidos políticos que han tenido o tienen acceso al poder. El 2014 termina con cierta incertidumbre política ya que parece que el mal llamado "bipartidismo" se está resquebrajando ante la aparición de ciertos partidos de izquierda radical. Por primera vez desde 1978, la sombra amenazante de la inestabilidad política y la ingobernabilidad del país se cierne sobre España. Y por último, el 14 también ha sido el año del referendum de autodeterminación de Cataluña que al final no fue nada más que un fracaso estrepitoso de aquellos que lo impulsaron.

Un año más se termina y con el cientos de momentos y de instantes. El año 14 también ha sido el del centenario de la Gran Guerra, el del setenta y cinco aniversario de la Segunda Guerra Mundial y el veinticinco de la Caída del Muro de Berlín, que aquí hemos recordado. El 2014 también pasará a la Historia por ser el año en que el Papa consiguió que EE.UU. estableciese relaciones diplomáticas con la Cuba de los Castro.

El 1 de enero 2015 no será muy diferente del 31 de diciembre de 2014. De hecho, ninguno de los conflictos aquí recordados se acabará al mismo tiempo que el año 2014; Ucrania seguirá en guerra, el "Estado Islámico" seguirá matando y el ébola continuará cobrandose miles de víctimas en África.


Os dejo aquí la canción con la que termino este año: "El Universo sobre mí" de Amaral:




¡Feliz año nuevo 2015 a todos!

viernes, 6 de diciembre de 2013

MUERE NELSON MANDELA






Muere Nelson Mandela, el hombre que cambió el destino de Sudáfrica. La Historia y la Humanidad están en deuda con él.