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viernes, 12 de junio de 2015

EL HISTOMAPA

LA HISTORIA DEL MUNDO EN UN VISTAZO


Hace unos días, mientras navegaba por la red, encontré por casualidad este eje cronológico que hoy reproduzco aquí. Está en inglés y lleva por título "The Histomap, es decir, "El Histomapa". Como bien señala, consiste en la representación del poder relativo de los grandes Estados de los últimos 4.000 años de Historia de la Humanidad.

Se trata de una interesante propuesta que nos lleva en un viaje de miles de años, desde el año 2.000 a.C. hasta 1920 d.C. aproximadamente. Podemos observar como las naciones, representadas con distintos colores, aumentan su poder frente a otras potencias y los disminuyen. Una nación es más poderosa cuanto más ancha sea su franja de color en el mapa. No obstante, en el mapa no se aclara qué se entiende por poder: ¿puede ser poder político?; ¿y poder económico?; ¿o influencia cultural?; ¿o quizás extensión territorial?



Hay varios aspectos que me gustaría comentar. En primer lugar, es necesario aclarar que el mapa muestra el poder relativo de estados contemporáneos. Es decir, no podemos comparar el poder de Estados que no coincidieron en el tiempo. Sólo así se entiende que la anchura de la línea de color de los EE.UU. (en azul, abajo a la izquierda) sea la mitad de ancha que, por ejemplo, la línea del Imperio de Alejandro Magno (en verde, arriba a la izquierda). Obviamente, no se pueden comparar el poder de ambas potencias pero sí podemos concluir que el Imperio de Alejandro Magno fue en su día más poderoso en comparación con sus naciones vecinas y enemigas de lo que en la actualidad es EE.UU. con respecto al resto de naciones del planeta.

Del mismo modo, destaca igualmente el enorme poder que tenía el Imperio Romano (en rosa, en el centro del mapa) entre los años 150 a.C. y 200 d.C. en comparación con el resto de potencias de su época. De hecho, podemos deducir, a juzgar por el mapa, que el Imperio Romano es el Estado más poderoso que ha existido a lo largo de la Historia, aunque como se observa, fue perdiendo progresivamente fuerza. Y es que, el mapa también representa el surgimiento, el crecimiento, el esplendor y el declive de las naciones. Como si fuesen seres biológicos, nacen, crecen, envejecen y mueren. Sólo una nación se ha mantenido a lo largo de los últimos 4.000 años (que se dice pronto): es China, representada a la derecha del mapa, en naranja. Su poder con respecto al resto de potencias se ha mantenido más o menos constante aunque en los últimos siglos, con el surgimiento de nuevos países, se ha visto progresivamente reducido.

Finalmente, quería destacar lo relativo a nuestro país. El mapa sitúa los orígenes de España hacia el año 1000 d.C. y la presenta con una fina línea amarilla pegada a Francia (en rosa) cuyo origen se sitúa - siempre según el mapa - hacia el 900 d.C. El poder de España va creciendo hasta alcanzar el máximo entre 1450 y 1700, periodo de máximo esplendor del Imperio Español. Sin embargo, es curioso que, el poder de España en esa época fuese similar al de Francia, Inglaterra, Holanda o Suecia a juzgar por la anchura de esa línea. Esa teoría no es la admitida tradicionalmente ya que en el siglo XVI e incluso en el siglo XVII, la Monarquía Hispánica era mucho más poderosa que cualquier otro de los países europeos. Esto se puede comprobar con las sucesiva alianzas que debían establecer estos para enfrentarse a la Monarquía de los Habsburgo. En el mapa, por el contrario, se la representa como una más de las naciones europeas que estaban aumentado su poder en ese momento.

En 1700, según el mapa, Inglaterra era mucho más poderosa que España pero, en realidad, en aquel entonces, España era aún la nación más poderosa y extensa del mundo aunque ya se encontraba en decadencia. Esto nos permite deducir que el mapa no sirve para comparar los poderes con exactitud y no destaca por su rigurosidad. Más bien, el interés de este gráfico radica en la posibilidad de observar de un vistazo la evolución de las grandes potencias mundiales en los últimos 4.000 años, como hemos dicho al principio.

El mapa fue elaborado por John B. Sparks en 1931 y publicado, por primera vez, en el revista estadounidense Rand McNally. Posteriormente realizó dos histomapas más, relacionados con las religiones y con la evolución de la Humanidad. A pesar de sus deficiencias y errores manifiestos, debidos al intento de plasmar de forma sintética miles de años de compleja Historia, el Histomapa no deja de ser un instrumento curioso.



Más información en:


Para ver el mapa con todo detalle:

viernes, 20 de febrero de 2015

EUROPA, "COMO DEBERÍA SER"

MAPA DE LOUIS PAUL BÉNÉZET PARA ELIMINAR LAS TENSIONES ÉTNICAS EN EUROPA (1918)






Este mapa fue elaborado por el escritor y maestro estadounidense Louis Paul Bénézet (1876 - 1961) en 1918, cuando la Primera Guerra Mundial se encontraba en sus últimos momentos. Fue publicado en un libro titulado "La Guerra Mundial y lo que viene detrás" en el que afirmaba que la contienda había sido provocada por el expansionismo alemán pero también por las tensiones étnicas causadas por la permanencia de minorías dentro de países o imperios más amplios. Proponía el autor que se reestructuraran las fronteras de Europa para construir Estados - Nación estables que eliminasen la inestabilidad étnica, igual que se iba a hacer en Oriente Próximo tras la desintegración del Imperio Otomano.

Ahora, casi cien años después, y desde una perspectiva histórica, la idea del maestro norteamericano no parece descabellada porque, si comparamos su mapa con el actual mapa político Europeo, podemos comprobar que Bénézet no andaba desencaminado. Fijémonos detenidamente:

El autor propone la existencia de países que en 1918 no existían y que alcanzaron la independencia a finales del siglo XX como Eslovenia (1), la República Checa (24) y Eslovaquia (25). Otros alcanzaron la independencia poco después de acabada la Primera Guerra Mundial y por tanto, cuando Bénézet hizo el mapa, no sabía que esto iba a suceder. Es el caso de Polonia (26), Hungría (23), Finlandia (29) las Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia y Lituania, en el nº 27), que Bénézet las incluye en una misma nación, o el Reino de Serbios y Croatas, luego Yugoslavia (22).

Otros, en cambio, como Rumanía (21), Bulgaria (20), Albania (17) y Grecia (18) ya eran Estados independientes antes de la Gran Guerra. En el caso de los países escandinavos, llama la atención la ampliación de Dinamarca hacia el sur, con la incorporación de los ducados Schleswig y Holstein (7) como efectivamente ocurrió tras la Guerra. Noruega (32) y Suecia (31) ya eran Estados independientes pero destaca la propuesta de otro Estado más al norte, Laponia (30).

En Europa Occidental el autor propone cambios interesantes. Alemania (3) incluiría los Sudetes (hoy de la República Checa), Austria y la mitad oriental de Suiza; en definitiva, todos los territorios con población germana. Francia (12) incluiría la mitad occidental suiza, francófona, por lo que la Confederación Helvética desaparecería completamente. Sólo quedaría independiente el valle de los Alpes donde se hablaba (y se habla) el Romanche (2).

Italia (16) incluiría el Bajo Tirol y Trieste en el Adriático que efectivamente adquirió tras la Guerra. Bélgica quedaría dividida en dos: Flandes (5) al norte y Valonia (4) al sur; mientras Holanda (6) se mantendría independiente. Curiosamente, España (15) se mantendría inalterable excepto por la independencia de los vascos (13) cuyo Estado incluiría las (entonces) Provincias Vascongadas y el País Vasco Francés. España en cambio, incorporaría la mitad occidental de la isla de Cerdeña que Bénézet juzgaba con rasgos lingüísticos y culturales españoles. Portugal (14) permanecería inalterada.

Cabe destacar asimismo Turquía (19) que perdería parte de la Tracia oriental y también algunas zonas de la costa oeste de Asía Menor a favor de Grecia. Curiosamente, el Tratado de Sèvres (1920) proponía estas pérdidas pero posteriormente fueron  recuperadas por Turquía.

Finalmente, llama la atención la división del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Irlanda (10), que alcanzó la independencia en 1921, aparecía en este mapa de 1918 como propuesta de Estado. Inglaterra (9) retendría Irlanda del Norte por su afinidad religiosa y por la considerable población inglesa asentada en esa zona como finalmente ocurrió generando no pocos problemas. Escocia (8) y Gales (11) aparecen también como países independientes, incluyendo, éste último el Ducado de Cornualles. El Reino Unido quedaría por tanto disuelto.

Bénézet se adelantó a los tiempos proponiendo este mapa pero efectivamente, la historia le daría la razón varias décadas después. El mapa llevaba por título "Europe as it should be", "Europa como debería ser", curioso...





Los mapas de antes y después de la Primera Guerra Mundial pueden consultarse aquí.



viernes, 26 de septiembre de 2014

UN MOSAICO EN LOS BALCANES

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS II


Fronteras en la Península de los Balcanes tras la Primera Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial supuso, como vimos, la desintegración del viejo Imperio Austro-Húngaro de los Habsburgo. Las derrotas militares, el bloqueo económico, las penurias que atravesó la población y la lucha de las distintas nacionalidades por su independencia provocaron el desmoronamiento de la monarquía dual. 

Antes de acabar la guerra, en 1917, las minorías étnicas que se encontraban bajo el trono de Viena habían formado gobiernos en el exilio. Tal fue el caso de los polacos, los eslavos y los checos. En octubre de 1918, cuando la guerra ya estaba perdida, el Reino de Hungría, una de las dos entidades de la monarquía dual, proclamaba su independencia de Austria. El Imperio de Carlos I se partió literalmente por la mitad (ver mapa antes de la guerra aquí). 

Austria se encontraba pues sola y completamente derrotada al final de 1918, cuando la guerra terminó. La negativa del emperador a aceptar la nueva situación hizo que fuese derrocado por los republicanos austriacos que se manifestaban en Viena y al año siguiente, la Asamblea Nacional Austriaca privó a los Habsburgo de todos sus derechos sobre el trono de Austria y confiscó su fortuna. Una de las dinastías más antiguas de Europa, que había gobernado medio continente, perdía su última corona.

El 12 de noviembre de 1918, Austria proclamaba oficialmente la república con la intención de unirse a Alemania. Sin embargo, el Tratado de Paz de Saint Germain de 1919, impidió la unión y certificó la derrota completa de Austria.

Austria se convertía así en una pequeña república democrática enclavada en el centro de Europa y sin salida al mar. Extensos territorios de la antigua entidad de Cisleithania, además de los de Hungría, fueron segregados de la nueva república: Bohemia, Moravia, Silesia, Galitzia, el Tirol, Istria, etc. La pérdida del 75% de los territorios del Imperio y la reducción de la población (de 51'4 millones en 1914 a apenas seis en 1919) causó graves problemas económicos de los que tardó en recuperarse.

Sólo tras la concesión de un crédito por parte de la Sociedad de Naciones en 1922 y la creación de un nuevo sistema monetario en 1924, Austria empezó a consolidarse. Sin embargo, los problemas sociales y políticos nunca se marcharon del todo y hacia 1927 la inestabilidad política se hizo crónica, decantándose los austriacos por un sistema autoritario en 1933.


Por lo que respecta al antiguo Reino de Hungría, en 1918, la llamada "revolución Aster" posibilitó que el conde Mihàly Károlyi se hiciese con el poder. El 16 de noviembre de 1918 se proclamó la república pero ésta sufrió importantes conflictos territoriales puesto que los checos (independizados de Austria), ocuparon Eslovaquia y formaron una entidad geopolítica completamente nueva: la República de Checoslovaquia. Mientras, Rumanía invadía Transilvania (hasta entonces parte de Hungría, dentro del Imperio)  y los serbios, Croacia y Bosnia, configurando así el nuevo Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia).

El Tratado de Trianón de 1920 certificó la pérdida de estas regiones que suponían dos tercios del antiguo territorio de Hungría. El impacto de estos recortes territoriales sobre la economía húngara fueron más grandes aún que los que tuvo sobre el sentimiento de humillación en la sociedad magiar. A partir de entonces se abrió un convulso periodo caracterizado por la inestabilidad política. El gobierno de izquierdas configurado tras la revolución dio paso a un gobierno de derechas y nacionalista y en 1920 Hungría volvió a ser una monarquía.

Mientras Austria y Hungría habían sido entidades históricas (hay antecedentes de estas naciones en la Edad Media), Checoslovaquia por su parte no contaba en 1918 con ningún antecedente en la Historia Europea. Se configuró como un país completamente nuevo, como hemos dicho. La unión de checos y eslovacos fue posible gracias al Tratado de Pittsburgh, firmado por ambos gobiernos en el exilio en Estados Unidos (1918).

Sin embargo, Checoslovaquia no consiguió crear una conciencia nacional en el nuevo país cuya población, por otra parte, estaba compuesta por diversas etnias. Checos y eslovacos suponían sólo el 60% de la población del país, mientras dentro de sus fronteras convivían también húngaros, ucranianos, polacos y alemanes. Precisamente, la presencia de abundante población alemana en los Sudetes, deseosa de unirse a Alemania, sería (como todos sabemos) la perdición de la joven república en los años treinta.

Por su parte, los problemas sociales, políticos y económicos también afectaron al nuevo Estado eslavo que fue proclamado el 1 de diciembre de 1918 bajo el nombre de Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos. El viejo sueño serbio de unificar a todos los eslavos del sur se cumplió dando lugar a una monarquía bajo la corona de Pedro I, que en 1929 tomó el nombre de Yugoslavia. La debilidad del nuevo reino fue provocada por la supremacía de los serbios sobre el resto de pueblos eslavos (croatas, bosnios, eslovenos, etc.), lo que daría lugar a no pocos problemas en el siglo XX.

Bulgaria, que se había unido a los imperios centrales durante la guerra también sufrió las consecuencias de la derrota. El Tratado de Neuilly supuso la pérdida de la Tracia Occidental, que pasó a Grecia, y dejó a los búlgaros sin salida al Mar Egeo, aunque conservaron el acceso al Mar Negro. Finalmente, Rumanía amplió su territorio incorporando Transilvania (arrebatada a Hungría) y los territorios de Besarabia (actual Moldavia), que antes pertenecían al Imperio Ruso y contenían importante población rumana.

En 1914 el Imperio Austro-Húngaro daba cobijo bajo la capa del emperador de Viena a más de cuarenta millones de habitantes, de diferentes etnias y religiones, y configuraba un extenso mercado común. La desintegración de la monarquía dual de los Habsburgo dinamitó su territorio y trazó fronteras nacionales en aquellos lugares donde antes se comerciaba sin dificultad. El impacto económico de este proceso fue enorme y dramático, lastrando durante décadas la economía de las pequeñas naciones nacidas tras 1918. A partir de entonces, lo único que unió a estos pueblos fueron las caudalosas aguas del Danubio que, como una metáfora, atraviesan los Balcanes desde Austria al Mar Negro recordando la historia común de los pueblos que allí habitan.








 Más entradas sobre la Primera Guerra Mundial aquí

   


viernes, 23 de noviembre de 2012

LA ISLA QUE NO EXISTE


Hace cientos de años que toda la tierra está descubierta. Y cuando digo toda la tierra es toda la Tierra (con mayúscula). En los siglos XVI, XVII y XVIII, el sueño de todo geógrafo o explorador era llegar a un lugar (a poder ser con tierra firme) donde nadie antes hubiese llegado, descubrir nuevas islas, nuevos continentes, selvas tropicales, mares cristalinos y plantar allí su bandera. Y con un poco de suerte dar el nombre a aquel lugar para toda la posteridad. Hoy ya no nos podemos dedicar a ser exploradores de lugares desconocidos porque sencillamente todo está más que visto. El ser humano ha llegado hasta el último confín del Planeta. Quizá, aquellos intrépidos, fueron los que pusieron la primera piedra de la Aldea Global en la que vivimos hoy.

Pero no nos desesperemos. Si no podemos emular a Colón, Magallanes o el Capitán Hook y no es posible descubrir nuevas tierras, siempre podremos encontrar islas que no existen. Y leéis bien: ISLAS QUE NO EXISTEN.

El periódico australiano Sydney Morning Herald publicó hace unos días una noticia que ha dado la vuelta al mundo: “Científicos de la Universidad de Sydney han demostrado que una isla del Mar del Coral no existe”. La isla en cuestión tiene el nombre de Sandy y aparece en muchísimas cartas de navegación, mapas, etc. Incluso si ahora pones en Google Earth “Isla Sandy” lo más probable es que no salga nada… En realidad es tan insignificante que el buscador te lleva a una ciudad de EE.UU. Hay que saber dónde buscarla para encontrarla pero en ese buscador sí aparece.

El caso es que la isla no existe. Lo han descubierto porque una carta de navegación de un buque mostró una profundidad de 1.400 metros en el lugar donde los mapas señalaban la existencia de la isla. Y esto no puede ser claro, lo lógico es que la profundidad vaya disminuyendo conforme nos acercamos a tierra. Cuando llegamos a ella, la profundidad se convierte en altura.

Después, los investigadores de diversas universidades de Australia viajaron allí y observaron que no había nada más que agua y el gobierno francés, quien debería tener jurisdicción sobre esa isla dado que se encontraría en aguas de Nueva Caledonia tampoco tiene constancia de que existiera. ¿Pero qué ha pasado con la isla?

Vivimos en un momento en el que están de moda los cataclismos globales en los que desaparece la tierra firme, sólo queda agua y las montañas y los bosques se hunden (sólo hay que poner Antena 3 los jueves a las diez y media…). Pero es improbable (por no decir imposible) que algo así haya ocurrido con la Isla Sandy.

No obstante, una isla puede hundirse. De hecho, los atolones se forman por el hundimiento del volcán central pero este no es el caso de Sandy. Lo más probable es que se produjese un error al recoger información de las islas del Pacífico para hacer los mapas y planisferios mundiales. Fijaos que existen cientos de miles de islas en el Pacífico así que lo que pudo suceder es que una la contaran dos veces ¿no? Después todos los mapas que tomaron como fuente esa información cometieron el error (entre ellos Google maps y Google Earth).

Desde luego es una historia curiosa sobre la Cartografía (que es una ciencia humana y por tanto tiene errores). Los seres humanos hemos llegado hasta un punto en el que ya no nos vale descubrir nuevas tierras, sino que tenemos que descubrir tierras que no existen.
Mirad en este mapa de Google Earth tomado el 23 de noviembre de 2012 en el que... ¡¡aún aparece la Isla de Sandy!!