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domingo, 1 de marzo de 2026

¿QUÉ OCURRE CON IRÁN?

Trump, Netanyahu y Jamanei sobre un mapa de Oriente Próximo


En la mañana del último día de febrero de 2026 las alarmas antiaéreas sonaron en las calles de Teherán. Poco después, comenzaron a escucharse fuertes explosiones en diversas zonas de la ciudad. Lo mismo ocurrió en otras ciudades del país, como Isfahán, Qom e Ilam. Los ciudadanos iraníes salieron a las calles mientras el gobierno les pedía que marchasen fuera de la ciudad ya que se preveían nuevos ataques. Se han reportado largas colas en los cajeros automáticos para sacar dinero en efectivo y en las gasolineras para llenar los depósitos de los vehículos.

El ataque fue coordinado por Israel y Estados Unidos y supone una escalada sin precedentes en Oriente Próximo. Se trata, en cualquier caso, de una operación largo tiempo esperada dados los últimos movimientos del gobierno de Estados Unidos. Desde hacía meses, la administración Trump estaba concentrando barcos de guerra en la región. El portaaviones estadounidenses Gerald Ford arribó al puerto de Haifa (Israel) hace un par de días y es previsible que siga navegando en dirección al Golfo Pérsico. No obstante, la fecha ha cogido a los medios internacionales y a la opinión pública por sorpresa porque continuaban las negociaciones entre las delegaciones de Estados Unidos y de Irán en Suiza para un nuevo acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Parecía que la vía diplomática seguía abierta pero, es cierto que, para entender cualquier acción de Estados Unidos, debemos tener presente el temperamento impredecible de Trump. 

El ataque norteamericano-israelí no responde ni a una emergencia humanitaria ni a un ataque preventivo. Todo el mundo conoce la debilidad del régimen teocrático de Irán y es fácil suponer que no estaba preparando un ataque contra intereses israelíes ni estadounidenses, así que la operación militar no se puede justificar de ese modo. La agresión israelí y estadounidense tampoco ha contado con la autorización de las Naciones Unidas y es contraria al derecho internacional, aunque, desde hace mucho tiempo, ambos tienen poca influencia frente a intervenciones unilaterales y agresiones militares de este tipo. Recordemos Ucrania en 2022, Gaza en 2023 y Venezuela hace tan solo unos meses.

El objetivo de Netanyahu y de Trump no es otro que rediseñar el tablero geopolítico de Oriente Próximo. Ambos líderes lo han reconocido abiertamente. El líder israelí lleva trabajando en este objetivo desde 2023. En este contexto, la República Islámica de Irán es una de las grandes piezas a destruir. Quieren acabar con el polémico programa nuclear iraní, debilitar también su arsenal de misiles balísticos que constituyen, quizá, la única amenaza iraní contra Israel y provocar la caída del régimen teocrático. Por eso, uno de los primeros objetivos fue el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. El complejo residencial del ayatolá fue bombardeado y Jamenei murió en el ataque según ha confirmado el propio gobierno iraní.

La intervención en Irán tiene el antecedente de la Guerra de los 12 Días (12-24 de junio de 2025), aunque aquella fue una acción más mesurada. Entonces, Israel atacó sólo instalaciones militares y nucleares en Irán, que respondió lanzando misiles sobre Israel, previa advertencia. El bombardeo estadounidense sobre la instalación nuclear de Fordow el 22 de junio amenazó con escalar aún más el conflicto, aunque finalmente se llegó a un alto el fuego. Ahora, la operación militar es de mayor envergadura y sus desenlaces aún están por descubrirse.

La debilidad del régimen de los ayatolás en la región no se le escapa a nadie. Las milicias aliadas de Irán en la zona, los llamados "proxies", se encuentran desarticuladas tras las guerras de los años anteriores contra Israel. Hezbolá, que en otros momentos llego a ser una gran amenaza para Israel, hoy tiene una influencia meramente local en el sur del Líbano. Hamás sufrió un durísimo golpe durante la Guerra de Gaza (2023 - 2025). Siria fue aliada de Irán durante la dictadura de Al-Asad, pero el nuevo gobierno se ha distanciado de Teherán. Los hutíes de Yemen no representan una amenaza más allá del Mar Rojo y las milicias chiíes de Iraq no tienen una capacidad operativa relevante en la actualidad. A ello hay que sumar la indiferencia de la Rusia de Putin hacia su aliado histórico y el nuevo eje de naciones sunnitas aliadas (Turquía - Arabia Saudí - Pakistán) que supone un poderoso contrapeso al Irán chiita.

A nivel interno, la teocracia iraní se encuentra sumida en una profunda crisis. A la crisis económica que arrastra desde hace años por las sanciones internacionales hay que sumar el malestar ciudadano. Las masivas manifestaciones de protesta contra la dictadura de los últimos meses, ahogadas en sangre y con miles de muertos, ha sido una clara evidencia de ello. La muerte del líder supremo, el ayatolá Jamenei, de 86 años, supone un antes y un después en Irán. No cuenta con un sucesor claro y su desaparición provocará a medio plazo una lucha por el poder en el régimen iraní de consecuencias difíciles de prever. Debemos tener en cuenta, además, que en Irán existen numerosas facciones y grupos enfrentados cuya única unión es la lealtad al ayatolá. Trump ha llamado a la Guardia Revolucionaria iraní, auténtico soporte del régimen, a que deponga las armas y se rinda y a los ciudadanos iraníes a derribar al gobierno y tomar el control del país. Pero la fuerza represiva del régimen sigue intacta y es posible que, tras la eliminación de Jamenei, tomen el poder los sectores más radicales del régimen. 

Otro aspecto a tener en cuenta es la oposición interna, que se encuentra desunida y sin un líder claro que pueda aglutinar los apoyos necesarios para iniciar una transición a la democracia. En los últimos meses, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, depuesto por la Revolución Islámica de 1979, se ha erigido en la voz de los opositores. No obstante, se trata de un arribista que vive en Nueva York desde hace décadas, no conoce la realidad iraní y no dispone de fuerza ni apoyos en el interior del país. No es una alternativa realista a la teocracia. La transición a la democracia en Irán se antoja, por ello, una vía extremadamente arriesgada e impredecible, aunque todo esto importe poco a Netanyahu y Trump.

La respuesta de Irán al ataque ha sido inmediata. En Israel, se han escuchado explosiones tanto en Jerusalén como en Tel Aviv. El gobierno de Netanyahu ha pedido a sus ciudades que permanezcan en alerta ante posibles ataques. También han sido atacadas las bases militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico: en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudí. Estas instalaciones, resultado de acuerdos con los gobiernos anfitriones, son una pieza esencial de la influencia norteamericana en Oriente Próximo, así como para la protección de Israel. Por eso, Irán considera traidores a todos estos países de población musulmana y han sido bombardeados esta mañana. El gobierno de Teherán, no obstante, ha incidido en la idea de su defensa frente a la agresión externa y, consciente de su posición de inferioridad, se ha mostrado partidario de una desescalada. 

¿Y cuáles pueden ser las consecuencias del conflicto? Es difícil que ataques como los de esta mañana provoquen la caída del régimen iraní, incluso con la muerte del ayatolá. No obstante, una guerra duradera sería terrible tanto para Irán como para Israel por los efectos económicos, la inseguridad y el número de muertos. Los intereses estadounidenses y la bases militares en la región también pueden verse afectados. El propio Trump ha reconocido que puede haber bajas estadounidenses. Una escalada mayor implicaría una guerra regional abierta que afectaría a todos los países de la región. Irán, desde luego, es la parte más débil en esta coyuntura, más aún con la muerte del líder. Sus opciones de resistencia pasan por cerrar el Estrecho de Ormuz, por el que circula el 30% del petróleo mundial y forzar una crisis energética a nivel global mientras continúa negociando con Estados Unidos unas condiciones aceptables para su programa nuclear. De momento, siguen los bombardeos sobre las bases estadounidenses del Golfo Pérsico y sobre Israel. 

martes, 7 de noviembre de 2023

"DIRECTO AL CORAZÓN"


Hace algunos días informaba el Telediario del asesinato de un agricultor palestino a manos de un colono israelí en la ciudad de Nablus (Cisjordania). Según el reportero, era un ejemplo del aumento de la tensión en la zona desde el inicio de la guerra de Gaza en octubre de 2023. Los familiares del hombre mostraron a cámara el vídeo de lo sucedido como prueba de la veracidad de su relato. 

En la grabación, realizada con un teléfono móvil, se podía ver a tres colones israelíes entrando en el olivar del palestino. Uno de los judíos iba armado con un fusil. Después de destruir algunos olivos, cuando el campesino les increpó, el judío disparó, sin mediar palabra, a sangre fría en el pecho del hombre, que murió de inmediato. En la secuencia siguiente, se observaba al agricultor palestino, ensangrentado, tendido en el suelo, mientras sus familiares trataban de auxiliarlo sin éxito. Aquel hombre tenía esposa y varios hijos. Cuando la mujer fue a pedir explicaciones a la casa de los colonos, le amenazaron y le escupieron.  

Las incursiones judías en tierras palestinas debían de ser frecuentes, pero hacía mucho tiempo que no llegaban a esa brutalidad. Con toda impunidad, los colonos judíos entran en las tierras de los palestinos y destruyen su modo de vida. En otras palabras, les hacen la vida imposible hasta que se ven obligados a marcharse a otro lugar. La violencia ha alcanzado en los últimos días niveles que hacía años que no se veían. Y parece que da lo mismo si la perpetran los palestinos contra los israelíes que los judíos contra los palestinos. La violencia es violencia siempre. 

Esta noticia es de esas que hielan a uno el alma cuando las escucha. Entre otras razones porque se salen del relato oficial de buenos y malos que estamos acostumbrados a escuchar. De hecho, en un conflicto así, no suele haber buenos y malos. Casi todos luchan por sobrevivir. Muestran el lado humano de la barbarie, el día a día de la guerra. Pero algunas imágenes causan tal impacto que se quedan en la retina durante años. Incluso, de por vida. Es como si apuntasen directamente al corazón de uno.

Esta noticia me hizo recordar otras imágenes que vi hace muchos (demasiados) años en un periódico. Una secuencia de fotografías terrorífica que nunca se me fue del todo del recuerdo. De esas que dejan tanta huella que, incluso, después de muchos años las tienes presentes, como si las hubieses visto ayer. Eran otras imágenes que van directas al corazón. Que agitan la conciencia.  

Era 2004, yo apenas un adolescente, y estaba acostumbrado a ojear el periódico 'ABC' que compraba cada día mi abuelo. Cuando llegaba a casa del instituto y esperaba la hora de comer, me entretenía pasando sus hojas. Habitualmente prestaba atención a la programación de televisión para ese día y a la tira de 'Cándido' que publicaba cada día Mena en las páginas finales del diario. Lo demás rara vez atraía mi interés. Pero el 12 de febrero de 2004, esta secuencia de fotografías que llevaba en la portada me impresionó:

Detalle de la portada de 'ABC' del 12 de febrero de 2004. 
Se puede consultar aquí.


Con el titular 'Directo al corazón', mostraba el momento exacto de la muerte de un ciudadano en Gaza. Un soldado israelí le había disparado en el corazón, según decía el texto. En aquellos momentos, la Franja de Gaza estaba ocupada por Israel (la abandonaría en 2005). Aquel hombre recibió un disparo en el pecho en plena calle. En las primeras imágenes camina intentando tapar la hemorragia con las manos. En la foto más grande se observa a sus compañeros auxiliándolo instantes antes de que se desplome muerto, como podemos ver en las últimas instantáneas. Son unas fotos de 2004, pero podrían ser de ayer.

Recuerdo perfectamente la conmoción que me causaron esas imágenes. Me recuerdo observando una y otra vez la portada del periódico y leyendo a conciencia el breve texto que las acompañaba. Recuerdo a mí yo de trece años impresionado por aquella muerte retratada en cada instante, el rostro de la víctima, la desesperación de sus compañeros. En aquel momento yo sabía poco del conflicto de Palestina, pero aquella noticia me dejó tal huella que aún la recuerdo. Desde entonces, algunas veces, venía a mi cabeza aquel hombre sin nombre, pero cuya muerte fue retratada por un reportero.

El otro día mi memoria la recuperó, una vez más, después de ver la noticia del agricultor palestino y el colono israelí. Son historias gemelas aunque con diecinueve años de diferencia. Casi dos décadas han transcurrido entre el gazatí víctima del francotirador y el cisjordano asesinado en el olivar. Dos décadas en las que parece que nada ha cambiado en Palestina, donde la muerte, el odio y la venganza son el pan de cada día. 

Creí que no encontraría nunca la portada, de la que desconocía por completo la fecha. Creí que no volvería a ver esas fotografías tan terribles. Pero internet, la Hemeroteca digital del 'ABC' y un poco de paciencia hacen milagros. Te permiten viajar a momentos del pasado, puedes recuperar incluso lo que crees irrecuperable. Busqué la portada con un poco de temor por las sensaciones que podía despertarme de nuevo. Pero al verla, no sentí lo mismo que aquel muchacho de catorce años que la vio por primera vez. Al final, el tiempo y la vida hacen a uno más duro, más frío. Nos acostumbramos a ver con indiferencia las tragedias que nos llegan de otros lugares del mundo. 

lunes, 16 de agosto de 2021

UN PAÍS INDOMABLE

BOSQUEJO DE LA HISTORIA DE AFGANISTÁN


Arriba: bandera de Afganistan. Abajo: izq. muyahidines en los años 80; der. montañas del Hindu Kush


La historia de Afganistán ha estado condicionada desde antiguo por varios factores. Desde un punto de vista geográfico, el país está dominado por el macizo del Hindu Kush, una amplia cordillera con profundos valles y altas montañas (más de 6.000 metros en algunos puntos). Esto ha dificultado tradicionalmente la integración de los pueblos afganos y las comunicaciones en el país. La organización social, por otra parte, es fundamentalmente tribal, lo que ha impedido la implantación de un gobierno central eficaz. En Afganistán viven diferentes etnias: pastunes, uzbekos, tayikos, etc.

Todas las potencias extranjeras que han intentado conquistar las tierras de Afganistán desde la antigüedad han fracasado. Fracasaron las falanges macedonias de Alejandro Magno en el siglo IV a.C.; las huestes musulmanas de los Omeyas en el siglo VIII; y el moderno ejército británico en el XIX. También la URSS tuvo dificultades cuando sus tropas intervinieron para apoyar al gobierno comunista de Kabul en 1979. Afganistán es una ratonera porque es prácticamente imposible dominar un terreno tan abrupto habitado por gentes acostumbradas a la guerra.

Y es que la guerra va indisolublemente unida a Afganistán. El país lleva más de cuarenta años sumido en diversos conflictos que han hecho imposible el desarrollo económico y social. La invasión soviética se prolongó hasta 1989 y fracasó porque los soldados de la URSS y del gobierno comunista afgano fueron hostigados incesantemente por los muyahidines en una guerra de guerrillas interminable. Los muyahidines recibieron apoyo financiero y armamentístico de algunos países árabes y de EE.UU. 

Con la retirada de los soviéticos y el hundimiento de la república comunista no llegó la paz. Afganistán se sumió en una larguísima guerra civil entre las distintas facciones muyahidines. El país se dividió en diferentes regiones controladas por señores de la guerra y bandas de criminales dedicadas a la rapiña. Entre esos grupos emergió uno que no era muyahidín: el talibán. Los "talibanes" (como se les conoce en Occidente) fueron en origen un grupo de jóvenes estudiantes vinculados al ejército paquistaní y caracterizados por una ideología fundamentalista islámica. Pretendían purificar el país y eliminar los males provocados por la dominación socialista y la presencia occidental durante las décadas anteriores.

En 1996, los talibanes se hicieron con el control de amplias zonas del país y ocuparon la capital, Kabul. Bajo el liderato del misterioso Mulá Omar, enseguida implantaron un Emirato Islámico y trataron de consolidar su poder. La implantación de la Sharía o Ley Islámica en su forma más estricta caracterizó el gobierno talibán que convirtió Afganistán en un régimen de terror. 

Se prohibió la música y los bailes así como el teatro y el cine; también se eliminó el consumo de alcohol y tabaco; y la ropa occidental fue censurada. Los hombres debían llevar barba y el pelo corto, y debían vestir a la manera tradicional. Las mujeres sufrieron la peor parte y fueron sometidas a los hombres: se las expulsó de las escuelas y se las recluyó en casa; debían ir cubiertas hasta los tobillos con el burka y no podían salir solas a la calle. El adulterio y la homosexualidad se penalizaron con la muerte y el método más habitual de ejecución fue la lapidación. Cualquier actividad de disfrute fue prohibida porque contravenía las leyes del Islam.

Afganistán se convirtió también en refugio de numerosos grupos terroristas como Al-Qaeda. En suelo afgano, esta organización tenía bases de entrenamiento. A pesar de ir en contra de los preceptos del Islam, los talibanes permitieron también la producción y la exportación de opio. No obstante, los talibanes nunca controlaron por entero el país. Eran muy fuertes en las montañas del sur, fronterizas con Paquistán, pero su poder era casi nulo en el norte, donde algunos poderosos muyahidines y señores de la guerra se unieron en la Alianza del Norte para hacer frente al gobierno talibán de Kabul.

Que el gobierno talibán daba cobijo a importantes organizaciones terroristas y criminales no era ningún secreto en los albores del siglo XXI. De hecho, en 1998, después de los atentados contra las embajadas de EE.UU. en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), Washington bombardeó campos de entrenamiento terroristas en suelo afgano. El 11 de septiembre de 2001, Al-Qaeda, liderada por Osama bin Laden, perpetró el mayor ataque terrorista en la historia de EE.UU. Como respuesta, el presidente de EE.UU. George W. Bush lanzó su famosa "guerra contra el terror" y en octubre de ese mismo año, la OTAN, con la autorización de las Naciones Unidas, invadió Afganistán.

En coordinación con la Alianza del Norte, liderada por el señor de la guerra Abdul Rashid Dostum, las tropas internacionales realizaron varias ofensivas en suelo afgano y en noviembre de 2001 tomaron Kabul. El gobierno talibán se desmoronó, pero la paz, una vez más, no se logró. Durante veinte años, las tropas internacionales permanecieron en suelo afgano intentando mantener la estabilidad en el país y combatiendo a los talibanes, que se replegaron al sur, escondiéndose en las montañas fronterizas con el vecino Paquistán.

Se estableció una república al estilo occidental en cuyo gobierno tomaron parte antiguos muyahidines aliados de EE.UU. y de la OTAN: Hamid Karzai se convirtió en presidente del país; Dostum ocupó diversos cargos y alcanzó la vicepresidencia en 2014. Los ejércitos extranjeros entrenaron y equiparon al nuevo ejército afgano. Se persiguió a los grupos terroristas (Bin Laden fue eliminado por fin por las tropas americanas en 2011 en Abbottabad - Paquistán -). Se potenció al mismo tiempo la educación y  la situación de las mujeres y de las niñas mejoró algo. Se construyeron carreteras y puentes para mejorar las comunicaciones. En definitiva, durante veinte años se intentó impulsar el progreso económico y social del país.

Pero las amenazas fueron demasiado grandes. La corrupción rampante del gobierno y la administración afganas lastraron el funcionamiento del nuevo Estado. La violencia se perpetuó. Más de 4.000 soldados extranjeros (en su mayoría estadounidenses, pero también de otras naciones) murieron en combates contra los insurgentes talibanes. Y en el mundo, otros actores reclamaron la atención de las potencias ocupantes. El mundo en 2021 no es igual que el de 2001. Los intereses que llevaron a EE.UU. y la OTAN a Afganistán son diferentes a los de hoy en día. Para Washington no vale la pena seguir gastando dinero y hombres en una guerra sin fin en un país en el fin del mundo.

Por eso, el presidente Biden anunció hace unos meses que las tropas estadounidenses abandonarían Afganistán antes del 11 de septiembre de 2021. En su repliegue paulatino, los talibanes han tomado ventaja de sus posiciones y han ganado progresivamente más fuerza en numerosas provincias. En realidad nunca se fueron del todo de las zonas rurales y su influencia siempre fue decisiva en muchas regiones. Ahora simplemente han decidido retomar el poder por completo a pesar de que se habían iniciado unas supuestas negociaciones de paz con el gobierno legítimo. La legitimidad la da de nuevo la fuerza. El ejército afgano, desintegrado en pocos días, abrió las puertas de Kabul a los talibanes el 15 de agosto y el Emirato islámico fue proclamado de nuevo.

Afganistán es conocido como "la tumba de los imperios" por lo inhóspito de sus tierras y el belicoso carácter de sus gentes. Ahora el país queda otra vez a su suerte, a la deriva, ante un futuro muy incierto. Los talibanes han prometido una mayor moderación que en la anterior etapa pero está por ver que cumplan su promesa. También está por ver que sean capaces de asentar un gobierno en un país caótico e indomable.

martes, 12 de marzo de 2019

EL LÍBANO ENTRE ENEMIGOS

De las actuales costas del Líbano partieron haci casi tres mil años los navegantes fenicios que, buscando metales, fundaron la ciudad de Gadir al otro lado del Mediterráneo. También salieron de allí los que fundaron Cartago, la ciudad que rivalizó durante décadas con Roma por el control del Mediterráneo Occidental. Y es que el Líbano y Fenicia casi (pero no) son sinónimos. Las famosas ciudades que todos repetimos de memoria, Biblos, Tiro y Sidón, se encuentran en el Líbano.

La historia de este pequeño pedazo de tierra, situada entre tres continentes, es convulsa. Asirios y judíos. Hititas y egipcios. Filisteos y cananeos. Griegos y persas. Romanos y partos. Bizantinos y árabes. Turcos y cruzados. Muchos imperios se han disputado durante siglos las tierras que hoy son el Líbano. Con ello podemos entender que hoy el país sea un crisol de culturas y religiones.

Con el demembramiento del Imperio Otomano en 1918, tras la Primera Guerra Mundial, Francia ocupó el Líbano. Se independizó plenamente a finales de 1946 aunque los franceses procuraron dejar allí unas estructuras políticas más o menos estables. En 1926 se redactó una Constitución que, con numerosas modificaciones ha llegado a la actualidad. El Pacto Nacional de 1943 estableció un equilibrio político entre cristianos y musulmanes. Así, el Presidente de la República siempre debe ser cristiano; el Presidente del Gobierno, musulmán suní; y el Presidente del Parlamento, musulmán chií.

Desde los años 50, la situación del país se fue polarizando: los cristianos del norte, más prósperos y pro-occidentales; y los musulmanes del sur, más pobres y alineados con los árabes. En todo caso, el Líbano fue durante las décadas centrales del siglo XX la "Suiza del Próximo Oriente" por sus pujantes finanzas y su estabilidad política.

En 1953 hubo una breve guerra civil que cesó con la intervención de EE.UU. La llegada de refugiados palestinos al sur del Líbano exacerbó las tensiones sectarias. Sólo una administración militar impidió que el pequeño país se dividiese en dos en 1969. La guerra civil se reanudó en 1975 y ese mismo año, Siria inició la ocupación militar de su vecino. La presencia siria en el Líbano duraría más de treinta años. En 1976 las luchas se detuvieron momentáneamente por la mediación de la Liga Árabe. Para entonces, Beirut y otras ciudades habían sido parcialmente destruidas y atrás quedaba la prosperidad económica del país. 

En 1982, las cosas se volvieron a torcer. Tras el intento de asesinato de uno de sus embajadores en Beirut, Israel lanzó una operación militar a gran escala para ocupar el país. Se la conoció como "Operación Galilea". El verano de ese mismo año fue elegido presidente el cristiano Bechir Gemayel (pro-israelí) pero fue asesinao antes de que pudiese tomar posesión del cargo. En venganza, la milicia Falange Cristiana Maronita entró en los campos de refugiados palestinos de Beirut occidental y masacró a cientos de personas. A este suceso se le conoce como Masacre de Sabra y Chatila y fue declarado genocidio por la ONU.

"No judíos han matado a no judíos, ¿qué culpa tiene Israel en esto?" dijo descaradamente el primer ministro de Israel. La Falange Cristiana Maronita era aliada de Israel y actuaba en connivencia con Tel-Aviv.

Al año siguiente, por mediación de Naciones Unidas se iniciaron las conversaciones de paz. Israel aceptó replegarse manteniendo ocupada una zona en el sur del país. En 1988 volvió a estallar la lucha entre milicias cristianas y el grupo radical chií Hezbolá, aliado de Siria. Al año siguiente, por si fuera poco, el gobierno cristiano, inició una "guerra de liberación" contra Siria. En 1991 Siria aceptó replegarse pero no lo hizo por lo que el Líbano permaneció ocupado por dos potencias extranjeras: Israel y Siria.

La situación comenzó a estabilizarse en 1992 con el apoyo de las fuerzas de paz de la ONU. Las milicias cristianas fueron desarticuladas y, ante la desaparición de sus aliados, Israel abandonó el sur del Líbano en el año 2000. No ocurrió lo mismo con Siria, que siguió presente en el país, ni con sus grupos islamistas afines, como Hezbolá, que consiguió crear una especie de Estado dentro del Estado libanés (controla escuelas y un canal de televisión propio).

En 2005, después del asesinato del primer ministro al-Hariri, miles de libaneses se manifestaron pidiendo la retirada de las tropas sirias. Asad, el dictador sirio, anunció que así lo haría. En 2008, sin embargo, Israel volvió a invadir el sur del Líbano, una zona controlada por Hezbolá. Tel-Aviv acusaba a los islamistas de lanzar ataques contra el norte de Israel. La operación fue corta y los resultados escasos porque Hezbolá resistió el avance israelí.

Hoy el Líbano ha recuperado la prosperidad económica que tuvo otrora. Sin embargo, la situación social no es buena y el Estado sigue sufriendo numerosas tensiones. A los cientos de miles de refugiados palestinos que acoge el Líbano desde hace cicuenta años debemos sumar los millones de sirios que, huyendo de la guerra en su país, han cruzado la frontera. Sólo un dato puede ayudarnos a entender la tensa situación social de hoy en día: el Líbano tiene seis millones de habitantes (dato de 2016) y da cobijo a nada menos que 1,6 millones de refugiados sirios. 

sábado, 15 de agosto de 2015

"NUNCA MÁS DEBEMOS REPETIR LA DEVASTACIÓN DE LA GUERRA"

Shinzo Abe, primer ministro japonés, 14 de agosto de 2015


Ayer, Japón y otros países asiáticos conmemoraron el final de la Segunda Guerra Mundial, del que se cumple ahora el 70º aniversario. El primer ministro nipón, Shinzo Abe, pronunció un discurso en el que, una vez más, pidió perdón por los desmanes cometidos por los ejércitos japoneses durante la guerra. Prometió, además, que Japón no volvería a repetir agresiones como aquellas y recordó el compromiso de su país con la paz.

En algunos países asiáticos que, entonces, fueron invadidos por los ejércitos nipones, como China, Corea del Sur o Filipinas, la réplica no se hizo esperar. Mandatarios de éstos y otros países han acusado al primer ministro Abe de falta de sinceridad en sus disculpas. Piden a las autoridades japonesas que asuman realmente la culpabilidad de su país, reconozcan las terribles atrocidades cometidas y visiten los memoriales a las víctimas (algo que nunca ha hecho un primer ministro japonés). [ver la noticia aquí y aquí]

Desde 1995, casi todos los primeros ministros japoneses han pedido perdón por la responsabilidad de Japón en la guerra. Una culpabilidad que no se puede negar. Ahora bien ¿es necesario seguir pidiendo perdón, setenta años después del final de la guerra, por aquellas atrocidades? El 57% de la población japonesa cree, a día de hoy que su país ya ha pedido perdón suficientes veces y empiezan a verlo como un acto de humillación. Por su parte, en países como China y Corea del Sur, se cree que Japón aún no ha reparado los daños morales causados en la Segunda Guerra Mundial. Tanto es así que la invasión japonesa de sigue distorsionando hoy la relaciones entre estos países y Japón.

Desde mi humilde punto de vista, esta situación roza, en la actualidad, lo absurdo. No cabe duda de que el militarismo y el expansionismo japonés fueron dos de las causas principales de la Segunda Guerra Mundial y los desencadenantes directos de la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Tampoco hay duda de las atrocidades cometidas por los ejércitos japoneses en China, Corea, Filipinas o Indonesia: ejecuciones masivas, campos de concentración y de exterminio, violaciones, destrucción de campos de cultivo, etc. Pero, a pesar de todo, no debemos olvidar que la sociedad japonesa también sufrió durante la guerra y después de ella. Y tampoco podemos ni debemos obviar las tremendas atrocidades cometidas por los Estados Unidos y las otras potencias aliadas sobre los japoneses.

No se trata de dudar de la culpabilidad de Japón - igual que de Alemania - en la guerra, puesto que hacerlo sería, sencillamente, increíble. Se trata de ampliar la visión y de verlo todo con perspectiva. 

Vamos a comparar datos (todos ellos terribles): Alemania asesinó a casi 6 millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, en los seis años de contienda. En ese mismo periodo 2'5 millones de japoneses murieron en la guerra. Sólo el 6 de agosto de 1945, en la ciudad de Hiroshima, murieron 140.000 civiles japoneses tras la caída de la bomba atómica. Tres días después, lo hicieron otras 70.000 en Nagasaki y en los meses siguientes las cifras de muertos ascendieron a 180.000 y 140.000 muertos respectivamente a causa de la radiación. ¡Sólo en tres días murieron más de 200.000 japoneses! [ver crónica de aquellos días aquí]

Estados Unidos que, dicho sea de paso, fue uno de los grandes artífices de la victoria aliada en la guerra, nunca ha pedido perdón por el lanzamiento de aquellas bombas atómicas. Nunca se ha arrepentido de la muerte de cientos de miles de mujeres, niños y ancianos, no combatientes. La única diferencia entre Japón y EE.UU. es que el segundo país lo hizo en nombre de la libertad, la paz y la democracia. Pero las atrocidades son las mismas.

En el artículo titulado "Las bombas de Hiroshima y Nagasaki" que forma parte del brillante libro "Memoria del mal, tentación del bien" [puede leerse íntegro aquí], el filósofo Tzevetan Todorov reflexiona sobre los paralelismos existentes entre las atrocidades cometidas por los ejércitos del Eje y las atrocidades cometidas por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. La conclusión a la que llega no es definitiva pero puede resumirse en que la única diferencia entre las atrocidades cometidas por ambos bandos fue el fin último; en las potencias del Eje el objetivo era exterminar al enemigo para crear la sociedad perfecta de acuerdo con la ideología de sus líderes; en las potencias aliadas el objetivo era terminar la guerra, alcanzar la paz y consolidar la libertad y la democracia. Pero las atrocidades y los muertos, en ambos bandos, son los mismos.

Reflexiona además sobre las razones que llevaron a EE.UU. a lanzar las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y a causar cientos de miles de muertes inútiles. En agosto de 1945, aunque los ejércitos japoneses seguían combatiendo, la guerra estaba próxima a su fin pues el avance de EE.UU. en el Pacífico era imparable. El Imperio nipón se derrumbaba y, por si fuera poco, la URSS le acababa de declarar la guerra. Según el autor búlgaro, EE.UU. usó las bombas para demostrar su poder a la URSS - cuando la rivalidad entre ellas ya se vislumbraba - y como forma de probar un invento que habían creado para ser empleado. En ningún caso su utilización se puede justificar en el deseo de terminar la guerra inmediatamente, pues esto se produciría en cualquiera de los casos.

Se puede ver al leer su reflexión que EE.UU. causó cientos de miles de muertes en balde porque, simplemente, no eran necesarias para terminar la guerra inmediatamente. Por esas muertes, ningún presidente de EE.UU. ha pedido perdón. La razón es también muy simple: EE.UU. ganó la guerra y lo hizo en nombre de la paz, la libertad y la democracia. Y nadie se atreve a exigirles que lo hagan porque parece que no tienen por qué (y quizá no lo tengan).

Aquí parece cumplirse el principio falsamente atribuido a Nicolas Maquiavelo de que "el fin justifica los medios". La inmediata rendición de Japón justificó aquellos cientos de miles de muertes en Hirsohima y Nagasaki a principios de agosto de 1945. Pero, insisto, esas muertes no dejan de ser una atrocidad como las cometidas por Japón durante la guerra.

No pretendo pedir aquí que EE.UU. pida perdón por aquellas muertes; ni excusar a Japón de los desmanes cometidos por sus ejércitos en China, Corea, Filipinas o Indonesia. Simplemente pretendo abrir un poco los ojos para dejar de pensar como hace setenta años. Japón fue culpable de la guerra (como Alemania) y lo pagó con creces (como Alemania). EE.UU. y sus aliados ganaron la guerra en nombre de la paz y la libertad pero eso no oculta que también cometiesen atrocidades y desmanes sobre sus enemigos. Por todo ello, las palabras del primer ministro Abe en su discurso de ayer, "nunca más debemos repetir la devastación de la guerra" no sólo implican a Japón...

domingo, 29 de marzo de 2015

FLAVIO JOSEFO HABLÓ DE JESÚS

LA HISTORIA DEL "TESTIMONIUM FLAVIANUM"


Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo - el Mesías -. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Éste lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha dejado de crecer.

Ant., XVIII, iii, 3.



Las palabras que acabáis de leer son el único testimonio no cristiano sobre Jesucristo que se escribió en el siglo I d.C. Fue escrito hacia el año 93 de nuestra era por el historiador judío Flavio Josefo y durante muchos años ha estado envuelto en gran polémica ya que algunos investigadores niegan su autenticidad. En cualquier caso, las palabras que Flavio Josefo dedica a Cristo no dejan de ser fascinantes y en cierto sentido, enigmáticas.

Nacido en Judea hacia el año 37 d.C., Flavio Josefo pertenecía a una familia de estirpe sacerdotal emparentada con la realeza. Vivió en una época convulsa en la que los judíos se rebelaron en numerosas ocasiones contra el poder de Roma. En el año 64, tras una revuelta judía, Flavio Josefo se trasladó a Roma para pedir al emperador Nerón la liberación de sus compatriotas encarcelados. Fue inmediatamente apresado aunque algunos meses después salió de prisión y volvió a Palestina.

En el año 66, estalló una nueva rebelión contra Roma y Flavio Josefo se convirtió en uno de sus líderes. Fue de nuevo capturado y llevado ante la presencia del general Vespasiano. Viendo la valentía del general romano, Josefo predijo que pronto se convertiría en emperador. Posteriormente fue encarcelado pero en el año 69, cuando Vespasiano efectivamente se hizo con el poder imperial, fue de nuevo liberado y llegó a ser favorito de la dinastía Flavia, de la que tomó su nombre (antes se llamaba únicamente Josefo).

En el año 71, el emperador Tito, hijo de Vespasiano, le concedió una pensión vitalicia y una casa en Roma a donde se trasladó el historiador. Allí escribió "Las Antigüedades de los Judíos", una obra en la que relata la historia del pueblo judío con afán de objetividad y rigor. Esto, sin embargo, le supuso (obviamente), enfrentarse a los judíos que rápidamente lo acusaron de traidor a su causa por haber establecido amistad con Roma.

En el capítulo XVIII de ese libro se encuentra el "Testimonium Flavianum", diez líneas que hablan de la crucifixión de Jesús y de los cristianos. Es el único testimonio pagano que habla de la vida de Cristo, si bien es verdad que otros autores, como Tácito, también lo nombran en sus obras. Son apenas diez u once líneas en las que relata brevemente la Pasión, muerte y resurrección de Cristo pero alguno autores han argumentado que la obra pudo haber sido falsificada por los cristianos, que introdujeron (según está teoría) las menciones a la divinidad de Jesús.

Otros autores sin embargo, defienden su autenticidad. Al parecer, durante su estancia en Roma, Flavio Josefo pudo haber tenido acceso a los archivos imperiales en los cuales habría leído informes sobre las revueltas producidas en Palestina inmediatamente después de la ejecución y posterior resurrección de Jesús.

No deja de ser una anécdota interesante que un historiador pagano que vivió medio siglo después de Jesucristo mencione a Éste con tanta claridad en una obra que pretende ser una Historia de los judíos. También debemos destacar que gracias al "Testimonium Flavianum", la obra de Josefo se ha conservado debido al interés de los cristianos en preservarlo.

También tienen tiene algo de profético ya que en la última línea dice: "... la tribu de los cristianos (...) no ha dejado de crecer". En la actualidad, casi dos mil años después de aquellos hechos, más de dos mil millones de personas en todo el mundo, profesan la religión de aquel "hombre sabio".


Flavio Josefo (37 - 100 d.C.)



*Flavio Josefo escribió otras obras como "Las Guerras de los Judíos" y "Contra Apión" durante su estancia en Roma. Murió allí en el año 100 d.C.

viernes, 5 de diciembre de 2014

LOS VENCEDORES NO EUROPEOS

EL DESTINO DE LOS VENCEDORES (II): EE.UU. Y JAPÓN



Vista aérea del distrito financiero de
Manhattan (Nueva York) en 1922



La Guerra de 1914 dejó un claro vencedor: Estados Unidos. Su intervención en la guerra había sido completamente decisiva y los aliados debían la victoria al gigante americano. El presidente Wilson se había convertido además en el arquitecto del orden internacional de posguerra. Sus catorce puntos brindaban la posibilidad de crear un futuro en paz.

Sin embargo, en 1919, la tras la firma de los numerosos tratados de paz, la situación a ojos de los políticos estadounidenses distaba mucho de estar resulta. El congreso de EE.UU. estaba inquieto ante posibles restricciones a su política exterior que los acuerdos podían suponer, incluida la nueva Sociedad De Naciones (SDN) impulsada precisamente por el presidente Wilson.

En 1920 el Congreso debía ratificar el Tratado de Versalles y su ingreso en la Sociedad de Naciones pero se negó a hacerlo. En su lugar, el sucesor de Wilson, W. G. Harding, buscó la firma de acuerdos de paz bilaterales con las antiguas potencias centrales. De esta forma, se volvía a la política de no intervención en los asuntos europeos que se mantuvo hasta bien entrada la década de los treinta.

A nivel interno, los años veinte fueron de gran estabilidad política y social y de gran progreso económico. La modernización de la producción industrial provocó el descenso de los precios y esto elevó el poder adquisitivo de los americanos. El nivel de vida aumentó, igual que la riqueza, lo que contribuyó al desarrollo del consumo. Se extendieron las formas de ocio: el cine, el teatro, la radio, la televisión, el fútbol, etc. Se celebraban diariamente fiestas y reuniones en las que los nuevos ricos exhibían las fortunas acumuladas en pocos años. Es la época que se conoce como "los felices años veinte".

También es una década de gran conservadurismo y xenofobia. El Ku Klux Klan triunfó sobre todo en las zonas rurales de EE.UU. donde la población veía con desdén a los inmigrantes africanos y sudamericanos que llegaban al país buscando un futuro mejor. En 1920 se promulgó, por otra parte, la "ley seca" que prohibió el consumo del alcohol e incentivó el contrabando ilegal de bebida alcohólicas. La ley se derogó en 1933.

"Los felices años veinte" llegaron a su fin en octubre de 1929 cuando la sobrevalorización de las acciones de las empresas se detuvo y la burbuja se pinchó. Su valor empezó a caer en picado arruinando a numerosos inversores y llevando a la quiebra a miles de empresas. El desempleo aumentó hasta los 15 millones de parados y la prosperidad de los años anteriores se esfumó por completo. La crisis económica se extendió por todo el mundo y sólo se superó tras la Segunda Guerra Mundial.

Al otro lado del Pacífico, Japón amplió su área de influencia tras la Primera Guerra Mundial gracias al control de las antiguas colonias alemanas en el Océano Pacífico: las islas Marshall, las Carolinas, las Palau y las Marianas. Además la Sociedad de Naciones transfirió a Japón la administración de Tsingtao, en China, aunque en 1922 fue devuelto al gobierno de Pekín.

Japón firmó varios tratados con otras potencias para asegurar el respeto al statu quo en el Pacífico y en Asia. El Tratado de las Cuatro Potencias, firmado con Francia, Gran Bretaña y EE.UU. garantizó las posesiones de esos países en el Pacífico. Por el Tratado de las Nueva Potencias, Japón garantizó la independencia de China.

Por otro lado, tras la guerra el sistema político fue democratizado parcialmente. El electorado se multiplicó por diez y en 1924 podían votar 14 millones de japoneses. En 1925 se introdujo el sufragio universal pero esta democratización no impidió que a lo largo de los años veinte las fuerzas ultranacionalistas e imperialistas alcanzasen el control del gobierno y del propio emperador a través del "Consejo de Estado secreto" y el "Senado militar".

El emperador Hiroito, el día de su coronación


Aunque el emperador Hirohito fue coronado en 1928, desde hacía años, el verdadero gobierno se encontraba en el ejército y en las fuerzas nacionalistas. En los años treinta, los grupos patrióticos y antidemocráticos vaciaron de contenido en sistema parlamentario lo que avocó a Japón a un régimen militar, imperialistas y nacionalistas en el que ni si quiera el emperador tenía poder para cambiar el rumbo.

El gobierno militar japonés ordenó la invasión de Manchuria en 1931 y la región fue convertida en el Estado títere de Manchukuo (el nombre japonés para esa región china) en pocos meses.  Japón continuó su política expansiva en los años siguientes lo que le llevó a ocupar la provincia de Tehol y la ciudad de Shanghai en 1935 tras brutales campañas que dejaron cientos de miles de muertos.

Progresivamente, Japón abandonó los acuerdos internacionales de posguerra y se acercó a las potencias fascistas. En 1933, la Sociedad de Naciones se negó a reconocer el Estado de Manchukuo y acto seguid Japón abandonó la organización. La política impulsada desde Tokio, autenticamente kamikace, llevó al Japón a una guerra contra China y a choques armados con Gran Bretaña y Francia en el Pacífico. Era el preludio de una nueva guerra, cuya dimensión no conocida hasta entonces, acabaría arrasando al Imperio del Sol Naciente unos años después.

Soldados japoneses en Manchuria (China)



*Más entradas sobre la Primera Guerra Mundial aquí.

viernes, 3 de octubre de 2014

LA NUEVA REPÚBLICA TURCA

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS (III)


Turquía según el Tratado de Sèvre (1920)

En noviembre de 1918, el Imperio Otomano se encontraba derrotado y ocupado militarmente por las potencias aliadas (franceses, británicos, griegos e italianos, principalmente). El viejo imperio que había atemorizado durante tantos siglos a la Cristiandad estaba ahora en vías de desintegración: los árabes querían independizarse, igual que los armenios y los kurdos; mientras que Mesopotamia y la franja sirio-palestina estaban controladas por los aliados. Igual ocurría en el corazón del imperio, en Anatolia, donde las convulsiones políticas, sociales y económicas iban a cambiar el destino de los turcos.

La resistencia la régimen califal de Estambul se organizó el 23 de julio de 1919 en el congreso nacionalista celebrado en Erzerum. Allí se formó el Partido Nacionalista Turco, liderado por Mustafá Kemal, que estableció su cuartel general en Ankara, en el centro de Anatolia. El cinco de octubre de ese año, los nacionalistas (o kemalistas) derrocaron el régimen de autocrático del sultán (que sólo conservó su autoridad religiosa) y convocaron elecciones. La victoria aplastante del partido de Kemal le dio fuerza para emprender la reforma del Estado.

El primer obstáculo al que tuvo que enfrentarse fue la situación heredada de la guerra. En 1920, el Tratado de Sèvres, firmado con las potencias vencedoras, fragmentó el territorio otomano y lo repartió entre diversas potencias:
  • Gran Bretaña adquirió Mesopotamia, muy rica en petróleo. la región pasó a llamarse Iraq. También controló Palestina (donde se proyectó la creación de un Estado Judío por la Declaración de Balfour) y Transjordania (actual Jordania).
  • Francia recibió Siria (que incluía el actual Líbano).
  • Armenia (cuya población tanto había sufrido durante la guerra) se constituyó como un Estado independiente en el este del Imperio.
  • Grecia recibía la Tracia Oriental (excepto la ciudad de Estambul) y una franja costera en el oeste de Anatolia.
  • La zona de los estrechos quedaba internacionalizada, permitiendo la libre entrada y salida de barcos desde el Mar Negro.
  • El Kurdistán se constituía como entidad autónoma en el sureste del Imperio.
Además, extensas regiones que, según el tratado, pertenecían al nuevo Estado Turco, permanecieron ocupadas militarmente por las fuerzas aliadas: Francia mantenía la región de Cilicia, y en el sur de Anatolia, una franja costera era controlada por los ejércitos italianos. El Imperio Otomano estaba siendo troceado y repartido como un pastel en una boda (vean cómo quedaba Turquía según el Tratado de Sèvres en el mapa superior).


El gobierno de Mustafá Kemal inició entonces una serie de ofensivas diplomáticas y militares para restituir los territorios turcos en Anatolia. Esta contienda, que tuvo lugar entre mayo de 1919 y octubre de 1923, es conocida como "Guerra de Independencia Turca". El primer éxito fue el reconocimiento de las fronteras por parte de la Unión Soviética, deseosa de ser reconocida en el panorama internacional.

Posteriormente, en 1921, los turcos expulsaron a los ejércitos franceses de Cilicia y de la franja norte de Siria que volvieron a estar en poder del gobierno otomano. También fueron expulsados los italianos y los griegos de Anatolia. La guerra entre turcos y griegos fue realmente cruel. Los griegos reclamaban tanto la costa occidental de Anatolia, como la Tracia Oriental e incluso la ciudad de Estambul (antigua Constantinopla) pero los otomanos expulsaron a las fuerzas helenas de todos esos territorios. Incluso la población de origen griego asentada durante siglos en esas zonas fue forzada a emigrar para evitar reclamaciones futuras.

Por supuesto, el gobierno de Kemal eliminó la autonomía de los kurdos. También la recién creada república de Armenia, en teoría apoyada por las potencias aliadas, sucumbió ante el avance de los ejércitos nacionalistas turcos. Armenia fue ocupada y repartida entre otomanos y soviéticos.


Guerra de Independencia Turca y formación de la nueva república tras el Tratado de Lausana (1923)







Las fuerzas aliadas se vieron obligadas a admitir los avances militares turcos y firmaron con el gobierno de Kemal la Paz de Mudanya el 11 de octubre de 1922. Un año después, el Tratado de Lausana reconocía internacionalmente el nuevo Estado Turco y las fronteras que han perdurado hasta la actualidad (vean la reestructuración de las fronteras en el segundo mapa).

Desde la victoria de los kemalistas en las elecciones de 1919, el sultán Mehmed VI apenas tuvo influencia y capacidad de decisión en los asuntos políticos. En 1922, Kemal, quien había establecido su gobierno en Ankara, abolió el sultanato y fue elegido primer presidente turco. Posteriormente, eliminó también el califato (nótese la diferencia: sultanato hace referencia al poder político mientras que califato se refiere al poder religioso). El 29 de octubre de 1923, Kemal proclamaba la República Turca, dando muerte definitivamente al viejo Imperio Otomano. Entonces, trasladó su capital de Estambul (donde había estado la corte de los sultanes) a Ankara, en el centro de Anatolia.

En los quince años posteriores, el gobierno nacionalista de Kemal, transformó completamente la política, la sociedad y la economía turcas. En 1925 se reformó la vestimenta, prohibiendo el uso del velo a las mujeres y el fez a los hombres con el objetivo de occidentalizar la imagen de los turcos. Se adoptó el calendario gregoriano, el sistemas métrico decimal y el alfabeto latino, que sustituyó al árabe usado hasta entonces.

En materia judicial, se adaptaron los sistemas jurídicos de Suiza, Alemania e Italia. También se introdujo el matrimonio monógamo, prohibiendo la poligamia (tan común en otros tiempos) y se estableció la igualdad social de ambos sexos. En 1930, se concedió a las mujeres, por primera vez en un país musulmán, el derecho a votar y en 1934, se les permitió ser funcionarias.

Mustafá Kemal murió en 1938 y se le honró con el apodo de "Atatürk" o "Padre de los turcos". En los años siguientes, sus sucesores siguieron la política de modernización de Turquía que la convirtió en una república estable y en una potencia regional con gran influencia en los Balcanes y en Oriente Próximo.






*Más entradas sobre la Primera Guerra Mundial aquí.
  


jueves, 12 de junio de 2014

LA GUERRA DE LOS CINCO CONTINENTES

LOS FRENTES SECUNDARIOS (TERCERA PARTE)



Guerrero de la etnia africana askari montado a caballo. Su colaboración fue decisiva para la conservación del África Oriental Alemana en manos de los germanos hasta 1918.


La Guerra de 1914 no fue la primera en la que los territorios coloniales de las potencias europeas se vieron afectados y las múltiples contiendas libradas en Europa durante los siglos XVIII y XIX había evidenciado el trascendental papel de las colonias en las épocas bélicas. Pero ninguna otra guerra había tenido la dimensión de la Primera Guerra Mundial. Nunca antes una contienda originada en el Viejo Continente se había extendido por todo el planeta, afectando a miles de millones de personas de todas las etnias, lenguas y nacionalidades (lee sobre los países que entraron en la guerra aquí). 

Entre 1914 y 1918, las potencias coloniales europeas lucharon en todos los mares y en todos los continentes excepto en la Antártida. Los primeros meses de la guerra fueron especialmente intensos, con episodios bélicos desarrollados en lugares remotos, a miles de kilómetros de distancia de Europa.

En el Mar Negro, acorazados alemanes con bandera turca atacaron a la armada rusa (leer más aquí). No lejos de allí, en el Mediterráneo, los puertos franceses del norte de África fueron bombardeados por los cruceros germanos. Finalmente, en las islas del Pacífico, donde el II Reich tenía intereses y no quería perder su influencia, también hubo incursiones alemanas. 

El día de Todos los Santos de 1914 (1 de noviembre), los alemanes destruyeron una escuadra de cruceros británicos en Coronel, frente a las costas de Chile. La batalla no ofreció episodios heroicos sino estrategias poco brillantes pero efectivas, como fue norma en toda la guerra naval. En la batalla de Todos los Santos, los cinco acorazados teutones derrotaron a los cuatro británicos en una breve pero eficaz maniobra. Hubo tres heridos alemanes y más de mil seiscientos muertos británicos.

Un mes después, el ocho de diciembre de 1914, la estrategia fue repetida, esta vez por los británicos, que derrotaron a los alemanes en la batalla de las Islas Malvinas, junto a las costas de Argentina. Precisamente, la escuadra germana que había salido victoriosa de Coronel (dos cruceros acorazados y tres cruceros ligeros) fue derrotada por una flota británica compuesta por ocho navíos. 1871 marineros alemanes perecieron por diez muertos británicos.

Japón también se unió a la guerra naval de las potencias de la Entente en 1914 como su primer aliado independiente ultramarino, debido a que Alemania no estaba dispuesta a renunciar a su área de influencia en la región china de Tsingtao. La guerra se extendía por Asia y el Pacífico, donde los alemanes mantenían el control de numerosas islas (Palaos, Carolinas, Marianas, etc.) así como una parte de la isla de Papúa (la Nueva Guinea Alemana.

Pero la contienda también alcanzó al continente africano que estaba repartido entre las potencias coloniales europeas. Las naciones de la Entente lucharon por las posesiones coloniales alemanas. En los primeros años de la guerra conquistaron Togo, Camerún y el África Sudoccidental alemana. Los germanos lograron conservar el África Oriental Alemana hasta el final de la guerra en 1918. Los ejércitos coloniales alemanes contaron con la colaboración de los guerreros askari y otros soldados indígenas. 

Y, por primera vez en la Historia, la guerra también se hizo en el aire. Los alemanes utilizaron el zépelin o dirigible mientras que los ingleses usaron aeroplanos de pequeño tamaño. Las bombas eran lanzadas con la mano por los pilotos que luchaban entre sí sobre el propio frente terrestre.

La magnitud global de la Primera Guerra Mundial 
(pincha sobre el mapa para verlo ampliado). 


Crónicas anteriores sobre la Primera Guerra Mundial aquí

viernes, 9 de mayo de 2014

LA GRAN CALAMIDAD ARMENIA (1914 - 1923)

EL PRIMER GENOCIDIO DE LA HISTORIA                           

LOS FRENTES SECUNDARIOS (SEGUNDA PARTE)

Para entender esta historia quizá te interese leer antes la situación del Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial aquí.



La Gran Calamidad, como llaman los armenios a las masacres que sufrieron a manos de los soldados turcos a partir de 1914, es quizá uno de los episodios más dramáticos de la Primera Guerra Mundial y probablemente uno de los más desconocidos.

A principios del siglo XX los armenios eran una minoría próspera dentro del Imperio Otomano. Lejos quedaban los tiempos en los que formaron un reino independiente ya que desde la formación del Impero Otomano (siglo XV) habían quedado integrados en su seno y eran relativamente bien tratados por la mayoría turca musulmana. Debemos tener en cuenta que en pleno siglo XVI, mientras judíos y musulmanes eran expulsados de los reinos cristianos occidentales, como España, Francia o Portugal, el Imperio Turco era un crisol de culturas en el que, al menos, los armenios (cristianos) eran tolerados.

Durante el siglo XIX, mientras las minorías griega y eslava luchaban por la independencia en los Balcanes, al oeste del Imperio; los armenios permanecían relativamente tranquilos en la zona oriental. Es cierto que eran cristianos y culturalmente diferenciados de los turcos pero de momento no habían reclamado la independencia y eran considerados "orientales", es decir, alejados de las ideas de libertad e independencia que florecían en Europa. 

Pero eso no significaba que no empezasen a tomar conciencia de su identidad. A partir de 1880, con el empuje del liberalismo que soplaba desde Europa (muchos armenios viajaban a Londres y París), surgieron diversas sociedades secretas en Anatolia Oriental (en las provincias del Este del Imperio Otomano) tales como "Los defensores de la Madre Patria" o "La Federación Revolucionaria Armenia" (o "Dashnak").

Por mucho que en general la población armenia fuese pacífica y estuviese integrada medianamente bien en la sociedad turca, surgieron algunos radicales que buscaban una insurrección independentista en el interior del Imperio al tiempo que recibían la ayuda de algunas potencias extranjeras. Claro está, estos hechos empezaron a inquietar a los turcos que veían a los armenios como los aliados de los enemigos extranjeros. Y no nos engañemos, aunque la población armenia había sido "tolerada" hasta entonces, los turcos los miraban con desdén y los llamaban despectivamente "gavur" o "kafir" (infiel). Por eso, los radicales del partido "Jóvenes Turcos" poco necesitaron para desencadenar la persecución contra esta comunidad.

Desde luego, en vísperas de la Gran Guerra, las masacres estaban gestándose. El diplomático británico C. Elliot envió una carta al gobierno británico en la que explicaba lo que estaba sucediendo con los armenios:

"La buena posición de los armenios en Turquía había dependido en gran medida del hecho de que eran orientales y estaban exentos de la tintura de la cultura europea que es común entre griegos y eslavos. Pero ese rasgo se esta diluyendo: se introducen la educación europea, se leen libros europeos, etc. Los turcos piensan que es clara la intención de desmembrar lo que queda del Imperio Otomano y de crear un Reino Armenio..."

Y en cierto sentido esa era la intención: crear un reino armenio independiente con los territorios del Este del Imperio Otomano y que las potencias europeas les ayudasen. Así se puede entender que los nacionalistas turcos los viesen como un aliado de sus enemigos dentro de su propia casa. 

Cuando comenzó la Gran Guerra y el Imperio Otomano se alió con las potencias centrales, Rusia atacó la frontera del Cáucaso y penetró en las tierras otomanas que concentraban a la mayor parte de la comunidad armenia. Rusia impulsó algunas reformas liberalizadoras en los territorios turco-armenios que ocupaba y se presentaron ante los armenios como los libertadores. 

Cuando en 1915, muchos jóvenes armenios expresaron abiertamente sus simpatías hacia los rusos, los turcos llegaron a la conclusión de que sólo una medida radical podían impedir la colaboración entre rusos y armenios: la deportación masiva de la población armenia hacia Mesopotamia y Siria. 

Entre los días 23 y 24 de abril de 1915 fueron detenidos, deportados y ejecutados toda la casta intelectual  armenia con el objetivo de eliminar toda posibilidad de liderazgo entre la comunidad cristiana. A partir de entonces, una eterna caravana hacia los desiertos avanzó lentamente. Nadie hizo nada para pararlo y el mundo sabía lo que estaba sucediendo. "Que la denominación armenia sea borrada" decía el titular de un diario de la época sobre las intenciones de los turcos...

Las rutas de la muerte estaban planificadas. Dado que no se podían malgastar municiones porque estaban destinadas a la guerra, los soldados turcos recibieron instrucciones precisas: los armenios que se dirigiesen (forzosamente) al norte se ahogarían en el Mar Negro; los del centro de Anatolia se adentrarían en el desierto sirio para morir de sed, de cansancio o de hambre. Sus cuerpos se arrojarían a  pozos y serían quemados.

El Genocidio Armenio (1914 - 1923)


Por supuesto, hubo también abusos "fuera" de los planes oficiales: los soldados turcos violaron a las mujeres armenias, hicieron abortar a las embarazadas, raptaron a las niñas para venderlas como esclavas para los harenes de los magnates turcos, se confiscaron sus propiedades, etc.

Esa visión es realmente cruel y apunta a una intencionalidad clara por parte de las autoridades otomanas que habrían ordenado el aniquilamiento de la raza armenia. Desde esta perspectiva hubo una Genocidio. Sin embargo, las fuentes turcas (y el gobierno turco actual) niegan la intencionalidad de las masacres. Admiten que hubo deportaciones pero afirman que fueron tanto de armenios como de turcos para alejarlos del frente de guerra.

Y es probable que la perspectiva turca tenga algo de verdad. A las embajadas de Estambul llegó el siguiente mensaje el 18 de octubre de 1915: 

"Se teme que Constantinopla (Estambul) se quede sin suministro de harina por lo que no es seguro que se pueda garantizar el suministro de pan a los armenios de la zona oriental durante todo el invierno".

Desde luego la situación del conjunto de la población del Imperio (cristiana o musulmana) fue dramática durante toda la Primera Guerra Mundial. Cientos de miles de turcos murieron de hambre y de las enfermedades que se extendían por las principales ciudades. Cientos de miles de armenios perecieron de igual forma pero parece que a parte de estas muertes (hasta cierto punto normales en un guerra) hubo un plan premeditado para aniquilar a la comunidad armenia, sospechosa de colaboración con el enemigo ruso y por supuesto, acusada de querer desmembrar lo que quedaba del Imperio.

Después de la guerra, el 16 de diciembre de 1918, se emitió un decreto en Turquía , impulsado por la Entente, mediante el cual se investigarían las crueles matanzas y se juzgaría a los ejecutores. Se prohibió el partido de los "Jóvenes Turcos" y se intentó restablecer la concordia entre turcos y armenios. Sin embargo, el 24 de abril de 1919, mientras se celebraba en Estambul una misa en memoria de los muertos armenios, en las privincias orientales se les seguía persiguiendo sin ningún impedimento. Las masacres no acabaron con la Guerra sino que se prolongaron hasta 1923.

Se estima que entre 800.000 y 2.000.000 de armenios perecieron en aquellos dramáticos años. Pero Turquía se niega a reconocer las matanzas y muchos países aún las cuestionan. Sin embargo, sus efectos son evidentes puesto que las relaciones entre la moderna República de Armenia (independizada de la URSS en 1991) y la República de Turquía, cien años después del Genocidio, siguen si tener relaciones diplomáticas. A pesar de ser vecinos.

Cada 24 de abril, Armenia celebra el día del Genocidio. La Gran Calamidad, como la llaman ellos, que puso ser el primer genocidio de la historia y sin embargo, pocos saben que ocurrió.






*Más historias de la Primera Guerra Mundial aquí. 


viernes, 25 de abril de 2014

EL DERRUMBE DEL IMPERIO OTOMANO

LOS FRENTES SECUNDARIOS (PRIMERA PARTE)

*Antes de leer esta entrada quizá quieras saber la evolución histórica del Imperio Otomano desde finales del siglo XIX hasta 1914.

Al comenzar la Guerra Mundial, el gobierno de Estambul pretendió al principio, mantener la neutralidad puesto que su situación política era muy delicada. Años antes había comenzado la regeneración política liderada por los Jóvenes Turcos. Sin embargo, Turquía no era ajena a las tensiones en Europa, sobre todo en las fronteras con Rusia (el Caúcaso) y en los Balcanes y el temor al imperio de los zares hizo que se decidiese a entrar en la contienda. En noviembre de 1914, a instancias del ministro de Guerra, Enver Pasha, el Imperio Otomano entró en la guerra del lado de los Imperios Centrales.

Las autoridades turcas movilizaron los ejércitos y pocos días después, la armada otomana atacó los barcos franceses e ingleses del Mar Negro al mismo tiempo que recibía ayuda de Alemania (barcos de guerra y armamento). Pero, a pesar del apoyo germano, al "enfermo de Europa" se le abrieron tres frentes de guerra que no iba a ser capaz de dominar:

El Imperio Otomano durante la
Primera Guerra Mundial (1914 - 1918)

El primero de ellos, y más importante, fue el frente del Caúcaso contra Rusia cuyos ejércitos penetraron profundamente en territorio turco sin que las tropas del Sultán de Estambul pudiesen hacerles frente. Los turcos se limitaron a poner en práctica la estrategia de "tierra quemada", es decir, destruir todo aquello que se fuesen a encontrar los rusos antes de su llegada. Esto implicó la deportación masiva de armenios, sospechosos de colaboración con los rusos, hacia las tierras áridas del norte de Mesopotamia. El conocido como Genocidio Armenio se prolongó más allá del fin de la Gran Guerra y será tratado en una entrada más adelante.

Quizá uno de los episodios más dramáticos de la intervención otomana en la Gran Guerra sea, junto con el Genocido armenio, la Batalla de Gallípoli. El control de los estrechos que separan el Mar Negro del Egeo (Dardanelos y Bórforo) cobró especial relevancia hacia 1915 porque a través de ellos los aliados pretendían suministrar armas a Rusia y obtener a cambio trigo. Los estrechos eran el corazón del Imperio Otomano y por eso, si franceses e ingleses los dominaban, no sólo conseguirían abrir la "Sublime Puerta" (entiéndase Constantinopla) sino que asestarían a Turquía el golpe definitivo.

La ofensiva aliada consiguió desembarcar en la Península de Gallípoli, en el extremo suroeste de las tierras bañadas por los estrechos. Sin embargo, la respuesta turca fue rápida y los aliados sólo pudieron ocupar una pequeña porción de terreno en torno a la Bahía de Suvla y el Cabo de Helles. Durante tres meses se prolongó la batalla sin que los aliados consiguiesen avanzar, en parte por la mala planificación de las ofensivas. Finalmente, en enero de 1916, casi un año después del desembarco, franceses e ingleses se retiraron. En las batallas habían perecido 252.000 británicos, casi 50.000 franceses y 253.000 soldados turcos.

 
Batalla de Gallípoli (febrero de 1915 - enero de 1916)

Mientras tanto, en el frente del Caúcaso, los rusos lanzaban continuas ofensivas imparables para los turcos. Sin embargo, a partir de 1917, tras el estallido de la Revolución Rusa, los turcos consiguieron recuperar el terreno perdido pero a costa de retirar sus tropas de otros frentes. Esta circunstancia provocó que poco a poco el Imperio Otomano se desmembrase ante las ofensivas aliadas y la rebelión de los pueblos árabes.

El segundo frente fue la Franja Sirio-Palestina y las costas bañadas por el Mar Rojo. Los británicos atacaron desde Egipto mientras los franceses lo hacían desde el Mar Mediterráneo. En esta ofensiva se hizo famoso el agente británico Lawrence de Arabia que instigó la sublevación de las tribus árabes contra el control otomano. Los británicos combinaron la ayuda económica a estos pueblos con estímulos políticos.

Las poblaciones árabes cortaron los suministros y las vías de comunicación del ejército de Estambul y de esta forma, Arabia, con ayuda británica, consiguió liberarse del poder turco. En 1917, la Declaración de Balfour prometió a los judíos un Estado propio en una parte de Palestina y tras la derrota de las potencias centrales, Gran Bretaña y Francia ocuparon toda la región.

El tercer frente turco fue Mesopotamia donde, por primera vez en la Historia, cobró especial relevancia el control de los yacimientos de petróleo. Los británicos desembarcaron en la desembocadura del Tigris-Éufrates y lanzaron sucesivas ofensivas. La primera, entre 1915 y 1916 fracasó por la mala planificación de los aliados y la respuesta otomana, pero las siguientes (en 1917 y 1918) permitieron a los británicos controlar todo el actual Iraq.

En 1918 el Imperio Otomano se desmoronaba en todos sus frentes. Los ataques aliados en Palestina y Mesopotamia, junto con la rebelión árabe y la mala situación económica sumieron a Turquía en el caos. Por todo ello, meses antes de que la guerra concluyese en Centroeuropa, Estambul pidió el cese de hostilidades y la firma de un armisticio. Era el fin del Imperio Otomano.




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