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domingo, 1 de marzo de 2026

¿QUÉ OCURRE CON IRÁN?

Trump, Netanyahu y Jamanei sobre un mapa de Oriente Próximo


En la mañana del último día de febrero de 2026 las alarmas antiaéreas sonaron en las calles de Teherán. Poco después, comenzaron a escucharse fuertes explosiones en diversas zonas de la ciudad. Lo mismo ocurrió en otras ciudades del país, como Isfahán, Qom e Ilam. Los ciudadanos iraníes salieron a las calles mientras el gobierno les pedía que marchasen fuera de la ciudad ya que se preveían nuevos ataques. Se han reportado largas colas en los cajeros automáticos para sacar dinero en efectivo y en las gasolineras para llenar los depósitos de los vehículos.

El ataque fue coordinado por Israel y Estados Unidos y supone una escalada sin precedentes en Oriente Próximo. Se trata, en cualquier caso, de una operación largo tiempo esperada dados los últimos movimientos del gobierno de Estados Unidos. Desde hacía meses, la administración Trump estaba concentrando barcos de guerra en la región. El portaaviones estadounidenses Gerald Ford arribó al puerto de Haifa (Israel) hace un par de días y es previsible que siga navegando en dirección al Golfo Pérsico. No obstante, la fecha ha cogido a los medios internacionales y a la opinión pública por sorpresa porque continuaban las negociaciones entre las delegaciones de Estados Unidos y de Irán en Suiza para un nuevo acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Parecía que la vía diplomática seguía abierta pero, es cierto que, para entender cualquier acción de Estados Unidos, debemos tener presente el temperamento impredecible de Trump. 

El ataque norteamericano-israelí no responde ni a una emergencia humanitaria ni a un ataque preventivo. Todo el mundo conoce la debilidad del régimen teocrático de Irán y es fácil suponer que no estaba preparando un ataque contra intereses israelíes ni estadounidenses, así que la operación militar no se puede justificar de ese modo. La agresión israelí y estadounidense tampoco ha contado con la autorización de las Naciones Unidas y es contraria al derecho internacional, aunque, desde hace mucho tiempo, ambos tienen poca influencia frente a intervenciones unilaterales y agresiones militares de este tipo. Recordemos Ucrania en 2022, Gaza en 2023 y Venezuela hace tan solo unos meses.

El objetivo de Netanyahu y de Trump no es otro que rediseñar el tablero geopolítico de Oriente Próximo. Ambos líderes lo han reconocido abiertamente. El líder israelí lleva trabajando en este objetivo desde 2023. En este contexto, la República Islámica de Irán es una de las grandes piezas a destruir. Quieren acabar con el polémico programa nuclear iraní, debilitar también su arsenal de misiles balísticos que constituyen, quizá, la única amenaza iraní contra Israel y provocar la caída del régimen teocrático. Por eso, uno de los primeros objetivos fue el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. El complejo residencial del ayatolá fue bombardeado y Jamenei murió en el ataque según ha confirmado el propio gobierno iraní.

La intervención en Irán tiene el antecedente de la Guerra de los 12 Días (12-24 de junio de 2025), aunque aquella fue una acción más mesurada. Entonces, Israel atacó sólo instalaciones militares y nucleares en Irán, que respondió lanzando misiles sobre Israel, previa advertencia. El bombardeo estadounidense sobre la instalación nuclear de Fordow el 22 de junio amenazó con escalar aún más el conflicto, aunque finalmente se llegó a un alto el fuego. Ahora, la operación militar es de mayor envergadura y sus desenlaces aún están por descubrirse.

La debilidad del régimen de los ayatolás en la región no se le escapa a nadie. Las milicias aliadas de Irán en la zona, los llamados "proxies", se encuentran desarticuladas tras las guerras de los años anteriores contra Israel. Hezbolá, que en otros momentos llego a ser una gran amenaza para Israel, hoy tiene una influencia meramente local en el sur del Líbano. Hamás sufrió un durísimo golpe durante la Guerra de Gaza (2023 - 2025). Siria fue aliada de Irán durante la dictadura de Al-Asad, pero el nuevo gobierno se ha distanciado de Teherán. Los hutíes de Yemen no representan una amenaza más allá del Mar Rojo y las milicias chiíes de Iraq no tienen una capacidad operativa relevante en la actualidad. A ello hay que sumar la indiferencia de la Rusia de Putin hacia su aliado histórico y el nuevo eje de naciones sunnitas aliadas (Turquía - Arabia Saudí - Pakistán) que supone un poderoso contrapeso al Irán chiita.

A nivel interno, la teocracia iraní se encuentra sumida en una profunda crisis. A la crisis económica que arrastra desde hace años por las sanciones internacionales hay que sumar el malestar ciudadano. Las masivas manifestaciones de protesta contra la dictadura de los últimos meses, ahogadas en sangre y con miles de muertos, ha sido una clara evidencia de ello. La muerte del líder supremo, el ayatolá Jamenei, de 86 años, supone un antes y un después en Irán. No cuenta con un sucesor claro y su desaparición provocará a medio plazo una lucha por el poder en el régimen iraní de consecuencias difíciles de prever. Debemos tener en cuenta, además, que en Irán existen numerosas facciones y grupos enfrentados cuya única unión es la lealtad al ayatolá. Trump ha llamado a la Guardia Revolucionaria iraní, auténtico soporte del régimen, a que deponga las armas y se rinda y a los ciudadanos iraníes a derribar al gobierno y tomar el control del país. Pero la fuerza represiva del régimen sigue intacta y es posible que, tras la eliminación de Jamenei, tomen el poder los sectores más radicales del régimen. 

Otro aspecto a tener en cuenta es la oposición interna, que se encuentra desunida y sin un líder claro que pueda aglutinar los apoyos necesarios para iniciar una transición a la democracia. En los últimos meses, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, depuesto por la Revolución Islámica de 1979, se ha erigido en la voz de los opositores. No obstante, se trata de un arribista que vive en Nueva York desde hace décadas, no conoce la realidad iraní y no dispone de fuerza ni apoyos en el interior del país. No es una alternativa realista a la teocracia. La transición a la democracia en Irán se antoja, por ello, una vía extremadamente arriesgada e impredecible, aunque todo esto importe poco a Netanyahu y Trump.

La respuesta de Irán al ataque ha sido inmediata. En Israel, se han escuchado explosiones tanto en Jerusalén como en Tel Aviv. El gobierno de Netanyahu ha pedido a sus ciudades que permanezcan en alerta ante posibles ataques. También han sido atacadas las bases militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico: en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudí. Estas instalaciones, resultado de acuerdos con los gobiernos anfitriones, son una pieza esencial de la influencia norteamericana en Oriente Próximo, así como para la protección de Israel. Por eso, Irán considera traidores a todos estos países de población musulmana y han sido bombardeados esta mañana. El gobierno de Teherán, no obstante, ha incidido en la idea de su defensa frente a la agresión externa y, consciente de su posición de inferioridad, se ha mostrado partidario de una desescalada. 

¿Y cuáles pueden ser las consecuencias del conflicto? Es difícil que ataques como los de esta mañana provoquen la caída del régimen iraní, incluso con la muerte del ayatolá. No obstante, una guerra duradera sería terrible tanto para Irán como para Israel por los efectos económicos, la inseguridad y el número de muertos. Los intereses estadounidenses y la bases militares en la región también pueden verse afectados. El propio Trump ha reconocido que puede haber bajas estadounidenses. Una escalada mayor implicaría una guerra regional abierta que afectaría a todos los países de la región. Irán, desde luego, es la parte más débil en esta coyuntura, más aún con la muerte del líder. Sus opciones de resistencia pasan por cerrar el Estrecho de Ormuz, por el que circula el 30% del petróleo mundial y forzar una crisis energética a nivel global mientras continúa negociando con Estados Unidos unas condiciones aceptables para su programa nuclear. De momento, siguen los bombardeos sobre las bases estadounidenses del Golfo Pérsico y sobre Israel. 

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