Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Historia Contemporánea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia Contemporánea. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de mayo de 2026

LO QUE DEJÓ EL INGLÉS EN HUELVA

Muelle sobre el Tinto (Huelva)

Los ingleses se sorprendieron del aguardiente que bebían los trabajadores españoles de las Minas de Riotinto. Aquel brebaje, mezcla de agua de un manantial con alcohol de alta graduación era realmente fuerte incluso para los británicos, acostumbrados al whisky. Los británicos la llamaron "Man's Water", es decir, "Agua de Hombre", porque había que ser realmente duro para soportarla. Los españoles adoptaron el nombre, aunque lo adaptaron a su pronunciación no sin añadirle cierta gracia andaluza. Al aguardiente acabaron llamándolo "manguara".

El legado inglés en Huelva es abundante y, quizá, constituya la principal de las muchas atracciones de esta provincia. Tanto en la capital, junto a la ría del Tinto, como en los pueblos de la cuenca minera, la huella de los anglosajones es más que evidente. Atraídos por la riqueza minera, desembarcaron hacia 1873, tras la fundación, en Londres, de la "Río Tinto Company Limited", una empresa destinada a la explotación de los yacimientos de cobre, plata y hierro. Aquellas minas ya habían sido explotadas desde la antigüedad, junto con las próximas de Almadén de la Plata, en la vecina provincia de Sevilla, y los ingleses no desaprovecharon la oportunidad que les brindó la liberalización de las minas por parte del gobierno español. 

La inversión de la compañía británica transformó por completo la comarca minera de Riotinto y la propia ciudad de Huelva. Modernizaron las explotaciones mineras, introdujeron importantes avances técnicos, construyeron una línea férrea de más de 80km de longitud y edificaron barrios enteros de casitas de estilo inglés tanto en Riotinto como en la capital. Hoy, los restos de aquella explotación son, sin duda, uno de los mejores ejemplos de arqueología de la Revolución Industrial en España, así como la muestra de la enorme dependencia de las inversiones extranjeras, sobre todo inglesas, francesas y belgas, que tuvo la industria española en sus orígenes. 

Vías férreas y ferrocarriles antiguos en las Minas de Riotinto

Minas de Riotinto es un municipio constituido a mediados del siglo XIX que conserva en su trama urbana las características propias de las poblaciones mineras. Allí construyó la "Río Tinto Company Limited" un barrio para sus trabajadores, con casas al estilo victoriano. Se trata del barrio de Bellavista que aún hoy conserva el encanto exótico de un trozo de Inglaterra dentro de un pueblo andaluz. La Casa 21, convertida en un museo y en un atractivo turístico, puede visitarse previo paso por taquilla. Junto al barrio inglés aún se erige un humilde monolito deteriorado por el tiempo en honor a los mineros ingleses que murieron combatiendo por su patria en la Primera Guerra Mundial. A pocos pasos del monumento uno puede visitar una de las minas a cielo abierto más grandes de Europa, la "Corta Atalaya", que aún produce cobre.

En las explotaciones mineras, los ingleses introdujeron innovaciones cuyos restos son visibles en la actualidad, como las potentes locomotoras de fabricación británica que arrastraban vagones cargados de mineral. Los restos de las naves, las montañas de escoria del mineral, las vías férreas que atraviesan el paisaje y los puentes de hierro hoy oxidado muestran la huella de los ingenieros y mineros anglosajones. Aún se pueden apreciar, incluso, los restos de los poblados que construyeron junto a las minas para acoger a los trabajadores  que se deslomaban en las explotaciones: El Valle, La Atalaya, La Naya, etc. En aquellos poblados, expuestos a la contaminación y los peligros de la mina, vivieron durante décadas los mineros españoles y portugueses que la explotaban bajo órdenes inglesas.

Viviendas de estilo victoriano en el Barrio Bellavista (Riotinto)

De hecho, los restos de aquellas paupérrimas aldeas, igual que algunas fotografías que se conservan en el Museo Minero, muestran el contraste entre la opulencia y la comodidad de las viviendas de los trabajadores ingleses y la insalubridad de las chozas de los portugueses y españoles. Aquello, más que una inversión, suponía la colonización británica del lugar. No había igualdad, sino, más bien, una clara jerarquía de clases. No es de extrañar que estallasen protestas como la de 1888, conocido como "el año de los tiros", o la huelga de 1920, cuando la explotación de las minas se detuvo durante un año. No hace falta decir que todos estos disturbios sufrieron una brutal represión por parte de las autoridades españolas. Aún se recuerdan en las calles de Riotinto.

El ferrocarril de vía estrecha que unía las minas con el puerto de Huelva es otro de las grandes huellas que dejó el inglés en la zona. La línea comenzaba en Riotinto y Nerva y discurría hacia el sur, paralela al Tinto, buscando la salida al mar, a los cargueros que llevarían el mineral a Inglaterra. Los ingleses construyeron el Muelle del Tinto, una imponente estructura de hierro y madera que penetra en la ría de Huelva formando un gran arco. El embarcadero, de dos niveles, era la prolongación de la vía férrea y permitía exportar el mineral de cobre extraído más de ochenta kilómetros tierra adentro. En el año 2003 fue declarado Bien de Interés Cultural y hoy es, quizá, el símbolo del auge económico de Huelva y su provincia, además de un estupendo paseo junto a la ría.

Foto de las chozas para mineros portugueses en las minas de Riotinto, finales del siglo XIX (Museo Minero)

Los ingleses también dejaron, por supuesto, parte de su cultura. Los deportes anglosajones, el críquet, el bádminton, el tenis y el fútbol, comenzaron a ser practicados por los onubenses. Uno de los primeros clubes de fútbol en España fue el ya extinto "Río Tinto Football Club" en el que jugaban los trabajadores de las minas. En Riotinto hubo también canchas de tenis y de críquet en las que los ingleses se entretenían en sus ratos libres. Los españoles acabaron imitándolos. En diciembre de 1889 se fundó el "Huelva Recreation Club" que hoy es el "Recreativo de Huelva", el equipo de fútbol decano en España. Por cierto, el "Recre" es también Bien de Interés Cultural por todos estos motivos y cuenta con secciones de rugby y bádminton, en honor a sus orígenes.

El acta de fundación del "Recreativo de Huelva" se firmó en el Hotel Colón, en el centro de la capital onubense, propiedad, también, de la compañía inglesa de las minas de Riotinto. Aquel hotel fue concebido como un alojamiento perfecto para los directivos de la empresa inglesa y también como símbolo del IV Centenario del Descubrimiento de América en la ciudad de Huelva. Fue el primer hotel de España que contó con baños privados en las habitaciones para los huéspedes, toda una modernidad en la época.

Un simple paseo tranquilo por las calles de la Huelva actual, la del siglo XXI, la turística y multicultural, mirando alrededor y sabiendo lo que se ve puede dar, en fin, una pistas de aquel legado inglés. Próximo a la calles comerciales del centro, el llamado Barrio Obrero, o Barrio "Reina Victoria", con sus calles ordenadas en una cuadrícula y sus casitas de baja altura destinadas a acoger cada una a una familia, es también un retazo de la presencia inglesa en la vieja Onuba a finales del siglo XIX y principios del XX. Igual ocurre con los majestuosos edificios modernistas y eclécticos que flanquean las calles comerciales y que hoy se encuentran, en su mayoría, en proceso de restauración. Aquellos edificios, de formas elegantes y colores llamativos, recuerdan a la próspera burguesía onubense, enriquecida gracias al comercio de minerales, que comenzó a imitar las formas de vida, las costumbres y los caprichos del inglés. Eso sí, sin perder nunca el carácter andaluz pues nunca un onubense prefirió el "fish and chips" al choco. 

Entrada al Barrio Obrero o Barrio Reina Victoria (Huelva)

lunes, 5 de enero de 2026

¿CÓMO HA LLEGADO VENEZUELA HASTA AQUÍ?


La historia de América Latina en el siglo XX estuvo marcada por golpes de Estado y dictaduras militares. Los periodos democráticos fueron, en casi todos los países de la región, breves paréntesis de inestabilidad. Una excepción, durante muchas décadas, fue Venezuela, que disfrutó de un régimen constitucional basado en elecciones libres durante toda la segunda mitad del siglo. Pero Venezuela también es ejemplo de la debilidad de la democracia y de cómo puede destruirse un sistema constitucional de libertades en pocos años. Esto es lo que ocurrió desde 1998.

En 1957 cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Con el Pacto de Puntofijo se estableció un sistema democrático basado en el bipartidismo. Los dos partidos hegemónicos eran el COPEI (democristiano) y AD (socialdemócrata) que se alternaban en el gobierno de manera pacífica. El sistema establecido por la Constitución de 1961 garantizó la estabilidad política y las libertades básicas durante muchas décadas haciendo de Venezuela uno de los países más libres del continente. El país también se desarrolló de manera notable en la década de los 70 aprovechando sus inmensos recursos petrolíferos, que fueron nacionalizados en 1976.

Sin embargo, la situación comenzó a deteriorarse desde finales de los años 80. Se produjo un descenso de los precios del petróleo y, por tanto, los ingresos del Estado disminuyeron también. Esto aumentó la deuda externa y el paro se desbocó. El narcotráfico y la inseguridad ciudadana se convirtieron en los principales problemas. La corrupción política y administrativa desacreditó a los partidos tradicionales y hubo protestas masivas como "el Caracazo" (1989), en el que murieron unas 500 personas. La democracia venezolana hacía aguas.

El resultado de la crisis fue la ruptura del sistema de partidos y el surgimiento de alternativas populistas. Ya en 1993 ganó las elecciones Rafael Caldera, que no pertenecía a ninguno de los partidos tradicionales, aunque el régimen democrático resistió. Otro outsider, Hugo Chávez, quien había intentado dar un golpe de Estado en 1992, acabó ganando las elecciones en 1998 y se convirtió en presidente del país. Lo que él proponía era un cambio de régimen, derogando la Constitución de 1961, "una Constitución moribunda" según sus propias palabras, y convocando elecciones para una Asamblea Constituyente que elaborase una nueva, inspirada en los principios del bolivarianismo (espíritu del libertador Simón Bolívar) y en el Socialismo del siglo XXI. 

Así lo hizo. La Constitución de 1999 cambió el nombre del país. Ahora la denominación oficial sería República Bolivariana de Venezuela. El nuevo sistema era más autoritario y militarista, el papel del presidente se reforzó y el del parlamento (la Asamblea) se restringió. Las Fuerzas Armadas también se vieron reforzadas y se convirtieron en uno de los pilares del Chavismo. Frente a los tres poderes del Estado de las democracias liberales, se constituyeron cinco: legislativo, judicial, ejecutivo, ciudadano y electoral.

Chávez se centró en paliar la grave crisis fiscal en los primeros meses de mandato y obtuvo de la Asamblea poderes extraordinarios para tomar las medidas que fueran necesarias. Junto a medidas populistas de asistencia a las clases más desfavorecidas, el gobierno de Chávez llevó a cabo prácticas excluyentes que polarizaron la sociedad. Los partidos tradicionales, COPEI y AD, quedaron reducidos a la insignificancia, se limitó la libertad de prensa y se persiguió a los opositores. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que integraba a los diferentes grupos afines a Chávez, se convirtió en el partido hegemónico.

En la década de los 2000 hubo enfrentamientos y protestas por el autoritarismo de Chávez, como el "paro cívico nacional" de diciembre de 2001, la movilización general de abril de 2002 o un intento de golpe de Estado que contó con el apoyo de EE.UU. y España. Esto no impidió que Chávez fuese reelegido en sucesivas votaciones presidenciales, en 2000, 2006 y 2012, a pesar de la limitación de mandatos que imponía la Constitución de 1999. 

Gracias a los beneficios que reportaba la exportación de petróleo, a través de la petrolera estatal PDVSA (Petróleos De Venezuela S.A.), el gobierno de Chávez llevó a cabo reformas encaminadas a reducir la pobreza y a extender la alfabetización de la sociedad y el acceso a la sanidad pública. Durante algunos años, Chávez gozó de cierto prestigio internacional y extendió su influencia a otros países de América Latina como Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa) y Nicaragua (Ortega). Además, se convirtió en soporte de la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Parecía el triunfo del Socialismo del siglo XXI frente al imperialismo yankee. 

Todo cambió en marzo de 2013, cuando falleció Hugo Chávez a consecuencia de un cáncer. Su sucesor fue Nicolás Maduro, que ganó las elecciones por estrecho margen. A partir de entonces, sin el carisma y la astucia política de su antecesor, Maduro se enfrentó a una grave crisis social, económica y política que lo llevó al aislamiento internacional y a prácticas cada vez más autoritarias. La caída de los precios del petróleo provocaron una crisis económica muy profunda. Las protestas aumentaron conforme lo hacía también la represión. En 2013, la coalición opositora ganó por primera vez las elecciones a la Asamblea Nacional, aunque el Tribunal Supremo anuló sus funciones apuntalando el poder omnímodo del presidente.

La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad en las calles y los cortes de suministro eléctrico se convirtieron en problemas cotidianos con los que debían lidiar los venezolanos. Estos factores, junto con la represión política, provocaron en la última década una migración masiva hacia otros países. Más de siete millones de venezolanos viven en la actualidad fuera de su patria, principalmente en Colombia, Perú, Estados Unidos y España. El gobierno de Estados Unidos impuso sanciones cada vez más duras al gobierno de Venezuela.

La oposición, por su parte, ha estado muy dividida en cuanto a la estrategia a seguir para derrocar a Maduro. Capriles optó por la vía electoral y se presentó a las elecciones en 2012 y 2013, aunque fue derrotado. Juan Guaidó se proclamó presidente interino en 2019 invocando un artículo de la constitución. Aunque fue reconocido por unos cincuenta países, su influencia se fue debilitando hasta desaparecer. Leopoldo López y María Corina Machado han protagonizado los últimos intentos de derrocar a Maduro utilizando la vía electoral y la presión internacional, pero sus resultados han sido, hasta ahora, limitados.

En la últimas elecciones presidenciales, en julio de 2024, Nicolás Maduro resultó reelegido una vez más, aunque bajo acusaciones de fraude electoral. La oposición, liderada por Leopoldo López, obtuvo, al parecer, más votos, pero no se le permitió acceder al poder. Maduro ha intensificado en los últimos tiempos la represión contra los opositores, con detenciones arbitrarias y limitando aún más la disidencia política. Los contactos con el narcotráfico, una de las principales fuentes de ingresos, también han contribuido al descrédito del gobierno de Maduro. La insuficiencia de servicios públicos básicos, la inseguridad, la pobreza y la emigración son los principales problemas a los que se ha enfrentado últimamente Venezuela. 

Después de la intervención militar de Estados Unidos y el arresto de Nicolás Maduro, en enero de 2026, queda por decidir el futuro del país. Muchos esperan que el régimen colapse y se abra una etapa de transición para restablecer la democracia, pero los riesgos son grandes. La oposición se encuentra dividida y no hay consenso sobre la estrategia a seguir. Una gran parte del oficialismo no está dispuesto a ceder el poder y permitir elecciones auténticamente libres. Las mafias y grupos criminales, así como las milicias armadas desde los tiempos de Chávez pueden desestabilizar el país. La incertidumbre es grande y nadie sabe hacia dónde caminará Venezuela. Y es que al final, la democracia es algo valioso, pero débil, y resulta más fácil destruir que reconstruir.



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Bolívar, Chávez, Maduro y Machado sobre el mapa de Venezuela. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

¿CELEBRAR 50 AÑOS DE LIBERTAD?


Durante todo el año 2025, el gobierno de España ha organizado diversos actos para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Franco. Los eventos se enmarcan dentro del programa "España: 50 años en libertad" y se han intensificado en las últimas semanas, culminando el 20 de noviembre, fecha de la muerte del dictador. No se descarta, sin embargo, que se prolonguen en los meses siguientes. A propósito de estos acontecimientos, quería compartir algunas reflexiones.

Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975, después de semanas de agonía, en la ciudad hospitalaria "La Paz", en Madrid. En aquel momento, el Estado franquista se encontraba sumido en una profunda crisis debido a numerosos factores, pero continuaba funcionando. El sistema represivo seguía siendo eficaz y los pilares del régimen estaban intactos: el ejército, la Iglesia, el partido único, etc. Los partidos, sindicatos y asociaciones de la oposición (el antifranquismo) no tenían la fuerza suficiente para propiciar la caída de la dictadura. No habían tenido esa capacidad nunca y en noviembre de 1975 todo seguía igual.

Por ello, no tiene ningún sentido celebrar la democracia en España en torno a la fecha de la muerte de un dictador que, sin embargo, murió en la cama y fue enterrado con honores en un mausoleo. Nunca temió ser derrocado ni expulsado de España. El antifranquismo nunca tuvo fuerza para amenazar la dictadura. No hubo una revolución democrática ni un alzamiento que terminase con el régimen, como sí ocurrió, por ejemplo, en Portugal con la Revolución de los Claveles en abril de 1974. En noviembre de 1975, la dictadura en España permanecía íntegra, aún después de la muerte del dictador. ¿Qué estamos conmemorando, entonces?

A pesar de todo lo dicho, en aquellos momentos, la crisis del régimen era profunda, entre otras razones, por el declive biológico y la desaparición del propio dictador. El franquismo era una dictadura personalista así que era difícil que sobreviviese a la muerte de Franco. Las tensiones internas dentro del franquismo habían aumentado también en los años anteriores: mayor movilización social, creciente oposición en algunos ámbitos (como la Universidad) y mayor actividad terrorista de grupos como ETA y GRAPO. La oposición se había comenzado a reorganizar tímidamente en torno a dos partidos, el PCE y el PSOE, que, no obstante, carecían de fuerza para desestabilizar la dictadura. 

Por otro lado, cada vez más sectores reclamaban la apertura del régimen, su liberalización en mayor o menor grado. Los aperturistas (democristianos, conservadores y liberales tradicionales) estaban tomando posiciones para, llegado el momento, jugar sus cartas. Tan sólo los inmovilistas, "el Bunker", apostaban por el mantenimiento de la dictadura sin ningún cambio. Esto se antojaba imposible a todas luces porque la sociedad española de los años 70 era una sociedad moderna y abierta al exterior, más liberal en sus costumbres, en su estilo de vida y en sus principios y valores. Los españoles se habían modernizado y europeizado; querían democracia y la dictadura suponía un corsé de otro tiempo que había que eliminar.

Además, el contexto internacional era proclive al establecimiento de democracias, como había ocurrido en Portugal y en Grecia en 1974. España era la última dictadura de Europa Occidental. La Tercera Ola Democratizadora, que afectaría después a Latinoamérica y los países comunistas, sería imparable. La pérdida del Sáhara Occidental ante Marruecos después de la "Marcha Verde", unas semanas antes de la muerte de Franco, fue otro síntoma de la descomposición progresiva del régimen y la crisis económica derivada de la subida de los precios del petróleo desde 1973 añadía incertidumbre a una situación ya de por sí delicada.

Aún con todo esto, el 20 de noviembre de 1975, la dictadura de Franco seguía en pie y es probable que hubiese resistido un tiempo si el nuevo jefe de Estado, el rey Juan Carlos, lo hubiese deseado aún a riesgo de jugarse a la postre la corona y la cabeza. Y es que el ejército, baluarte de la dictadura, había sido leal a Franco hasta el final y lo era también al nuevo rey. La mayor parte de los militares recelaban de cualquier democratización. Por eso, creo que no hay nada que celebrar en el medio siglo de la muerte del dictador. Su muerte fue simplemente una ventana de oportunidad para iniciar la Transición a la democracia, el principio del fin de la dictadura, pero sólo el principio del fin. Nadie podía prever el futuro y las cosas en la Transición podían haber salido de otra manera. Muchos, en aquellos momentos de incertidumbre hace 50 años, temían una nueva guerra civil que sumiese a España en el caos y la anarquía.

Hay, sin duda, otras fechas que tienen un mayor simbolismo para celebrar la democracia. Pienso, por ejemplo, en las elecciones generales del 15 de junio de 1977, las primeras democráticas desde 1936; o la aprobación de la Constitución por el pueblo español en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Aquella Constitución sí enterró definitivamente el franquismo y estableció una democracia parlamentaria homologable al resto de países de Europa Occidental. Y es que, de hecho, la Transición está llena de otros hitos que merecen ser recordados y celebrados: la legalización del Partido Comunista de España (PCE) el 9 de abril de 1977 (el "Sábado Santo rojo"), la firma de los Pactos de la Moncloa, símbolo del consenso entre los partidos, el 25 de octubre de 1977; el intento fallido de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981 (23-F) o, incluso, el restablecimiento del gobierno autonómico de Cataluña el 29 de septiembre de 1977.

Cualquiera de estas fechas tiene mayor calado democrático que la muerte del dictador. Cabe preguntarnos, entonces, qué intereses políticos tiene el gobierno de España para conmemorar ésta y no otras fechas. Desde luego, aquello de "España: 50 en libertad" es una falacia, porque, hace medio siglo, España no gozaba de libertad. Empezaría a disfrutar de ella un tiempo después (¿desde 1977 o 1978?) como resultado de una difícil Transición, llena de peligros y tensiones, pero caracterizada por la férrea voluntad de unos y otros de construir una auténtica democracia. Quizá sea esto, y no los muerte del tirano, lo que merezca la pena ser recordado y celebrado.



lunes, 14 de abril de 2025

20 NOTAS SOBRE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA


1. El 14 de abril de 1931 fue proclamada la Segunda República Española. A primera hora de la mañana se izó la bandera republicana en Éibar y, poco después, en Madrid y Barcelona. El rey abandonó el país y se constituyó un Gobierno Provisional.

2. Alfonso XIII había unido los destinos de la Monarquía a los de la dictadura de Miguel Primo de Rivera cuando apoyó su golpe de Estado en 1923. Muchos se apartaron de la monarquía y comenzaron a apoyar el cambio de régimen. La impopularidad de la Monarquía quedó de manifiesto en las elecciones locales del 12 de abril de 1931.

3. A comienzos de los años 30, la República era sinónimo de democracia, progreso y justicia social. La Monarquía, por el contrario, se asociaba con la dictadura. La llegada de la República se produjo en paz y fue recibida con euforia y esperanza. La apodaron "La Niña Bonita".

4. A finales de 1931 se promulgó la Constitución republicana. Era un texto progresista y avanzado, pero no logró el apoyo de los partidos de derecha, que prometieron reformarla cuando alcanzasen el poder.

5. En los debates constitucionales, los temas más polémicos fueron las relaciones Iglesia-Estado, la organización territorial del país y el sufragio femenino. La diputada Clara Campoamor defendió el derecho al voto para las mujeres. Las mujeres ejercieron por primera vez su derecho al voto en España en las elecciones de 1933.

6. La República puso en primer plano problemas que ya existían en la sociedad española desde principios del siglo XX: el anticlericalismo, los nacionalismos periféricos, el problema del campo, la lucha revolución - contrarrevolución, etc.

7. Los sectores conservadores recibieron la República con escepticismo aunque no se opusieron a ella en un primer momento: la Iglesia, el Ejército, la burguesía, los terratenientes, etc. La animadversión de estos sectores creció con el tiempo.

8. El periodo republicano (en tiempos de paz) se puede dividir en 4 etapas: A) El Gobierno Provisional (1931), B) El Bienio Reformista (1931 - 1933), C) El Bienio Rectificador (1933 - 1935) y D) El Gobierno del Frente Popular (1936).

9. Entre 1931 y 1933 la República trató de impulsar una gran transformación del país tanto a nivel institucional como social. Se pretendió modernizar España con medidas de hondo calado: impulso a la educación, separación Iglesia-Estado, estatuto de autonomía para Cataluña, reforma agraria, reforma del ejército, etc.

10. Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña fueron las figuras clave de la República durante el Gobierno Provisional y el Bienio Reformista. Alcalá Zamora, presidente de la República entre 1931 y 1936, era de derechas y católico. Azaña, presidente del consejo de ministros entre 1931 y 1933, era de izquierdas.

11. En 1933, Manuel Azaña dimitió como presidente del consejo de ministros tras el incidente de Casas Viejas (Cádiz). Fueron asesinados veintiséis campesinos a manos de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto. Estos sucesos mostraron el desencanto de los jornaleros con la reforma agraria de la República.

12. Entre 1933 y 1935 gobernó Alejandro Lerroux, del Partido Radical (de centro), con apoyo de la CEDA de Gil Robles (derechas). A este periodo de gobierno derechista se le conoce como Bienio Rectificador porque se deshicieron muchas de las reformas del bienio anterior.

13. En octubre de 1934, el gobierno de Lerroux tuvo que hacer frente a una insurrección en Asturias. "La Revolución de Asturias" fue apoyada por socialistas, comunistas y anarquistas. Pretendían acabar con la república liberal e instaurar un régimen socialista. La represión, a cargo del general Franco, fue durísima y se saldó con 2000 muertos.

14. Al mismo tiempo, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La Segunda República no era federal, sino "integral". Tras algunos combates en Barcelona, el gobierno suspendió la autonomía de Cataluña y encarceló a Companys.

15. Escándalos de corrupción, como el del Estraperlo, hicieron caer el gobierno de Lerroux. Antes que entregar el gobierno a la CEDA, el presidente Alcalá Zamora prefirió disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones para febrero de 1936.

16. En las elecciones de 1936, una gran coalición de partidos de izquierdas, el Frente Popular, obtuvo la victoria. Alcalá Zamora fue destituido y Azaña ocupó la presidencia de la República. Santiago Casares Quiroga se situó frente del gobierno. Se retomaron y aceleraron las reformas del primer bienio, pero en un ambiente de creciente crispación política y social.

17. Entre febrero y julio de 1936, unas 500 personas fueron asesinadas en España por motivos políticos. José Antonio Primo de Rivera, líder Falange Española de las JONS (fascista), lanzo la "dialéctica de los puños y las pistolas". Los partidos y sindicatos obreros (PSOE, UGT, PCE, FAI y CNT) también se radicalizaron y apostaron ya por una revolución social.

18. El 18 de julio de 1936, una parte del ejército se sublevó contra el régimen republicano. Los militares tomaron el control en la mitad del país. En la otra mitad, la República resistió. El fracaso de la República para mantener el orden y el fracaso del golpe de Estado, liderado por altos mandos militares como Mola, Queipo de Llano, Franco y Cabanellas, condujo a una guerra civil que se prolongó hasta 1939.

19. En 1939, ninguna de las democracias establecidas en Europa después de la Primera Guerra Mundial seguía en pie, con la única excepción de Checoslovaquia. El miedo a la expansión del comunismo y el auge del fascismo llevaron al establecimiento de regímenes autoritarios en casi todos los países. En España, la derrota de la República en la guerra llevó al establecimiento de la dictadura personalista del general Franco.

20. El régimen republicano de 1931 era comparable a cualquier democracia actual de Europa Occidental. La vigente Constitución de 1978 se basa en gran parte en la Constitución de 1931. La Segunda República fue la primera experiencia auténticamente democrática de la historia de España.



Celebración de la proclamación de la Segunda República. 
Madrid, abril de 1931

jueves, 1 de agosto de 2024

LA CAPITAL DE UNA PROVINCIA VACÍA (1975 - 2020)

SORIA EN EL SIGLO XX. UNOS APUNTES (3)


Evolución de la población de Soria provincia y ciudad (nº de habitantes)

Hacia 1950, la provincia de Soria alcanzó los 161.000 habitantes, su máximo histórico, mientras que la ciudad tenía unos 16.000. Cincuenta años después, sin embargo, la provincia rondaba los 90.000 mientras la ciudad tenía una población de unos 40.000. En otras palabras, en medio siglo, nuestra provincia perdió ¡el 45% de su población!

Esta tragedia demográfica es el gran acontecimiento histórico del siglo XX en Soria. La provincia se ha convertido en un desierto demográfico, con una densidad de población inferior a los 10 habitantes por km2, comparable a la de la Laponia finlandesa o las cumbres escandinavas. Pero si la despoblación en aquellas latitudes obedece a factores naturales, la de Soria se debe a factores puramente humanos.

Desde mediados del siglo XX, se produjeron importantes avances en la agricultura y la ganadería: la concentración parcelaria, la mecanización, el uso de fertilizantes y pesticidas, la introducción de nuevos cultivos, etc. Esto redujo la necesidad de mano de obra y generó un excedente de población que se desplazó a las ciudades en busca de nuevas oportunidades laborales en la industria y los servicios. A este movimiento migratorio se le conoce como éxodo rural.

El problema de la provincia de Soria fue la inexistencia de un polo de atracción de esa población procedente del campo. La ausencia de industria en la capital era casi absoluta y no había un centro industrial en toda la provincia. La ciudad de Soria acogió a parte de la población sobrante del campo, pero no pudo acoger a toda, que acabó en provincias cercanas como Zaragoza o Madrid o en otras más alejadas, pero muy dinámicas económicamente como las provincias vascas o Cataluña. 

La despoblación es el gran problema de nuestra ciudad y nuestra provincia en la actualidad. Va unida irremediablemente a otros fenómenos demográficos como el envejecimiento de la población (la edad media de la población en Soria es de unos 47 años y más del 21% de la población tiene más de 65) y la reducida tasa de natalidad. Aunque a comienzos del siglo XXI, la llegada masiva de población inmigrante extranjera supuso un repunte en la tasa de natalidad y en el crecimiento de la población, no fue un cambio de tendencia. 

Hoy, la sociedad soriana es comparable a la del resto de España o a la Europea, que presentan los mismos rasgos si bien, en Soria, el envejecimiento de la población es más acusado. Las principales causas de muerte en la actualidad están relacionadas con esto: enfermedades cardíacas y cáncer. El COVID-19 causó en Soria el 8% de las muertes en el año 2022 según el Instituto Nacional de Estadística (INE). 

La vida cultural de la ciudad sigue siendo muy dinámica. Numerosas instituciones organizan actividades culturales como el Museo Numantino, el Casino Amistad-Numancia, la Biblioteca Pública, el Campus Duques de Soria de la Universidad de Valladolid, los institutos públicos de la ciudad o el propio Ayuntamiento. Tres fiestas han sido declaras de interés turístico regional: las Fiestas de San Juan, la Semana Santa y el Festival de las Ánimas. 

El Collado con tráfico rodado (años 70 u 80)

A nivel urbanístico, desde los años 80 se han producido varios fenómenos. Por un lado, el desplazamiento de la población a los barrios periféricos. Por otro lado, la progresiva peatonalización del centro histórico y, por último, la conservación del patrimonio histórico artístico para potenciar la llegada de turistas. Aunque la provincia de Soria sigue siendo en la actualidad una de las que menos visitantes recibe, el turismo constituye una importante actividad económica.

En las últimas décadas, han crecido los barrios residenciales de la periferia de la ciudad mientras el centro perdía población. En los años 70 y 80 crecieron El Calaverón y el barrio de Los Pajaritos. En los 90, la expansión urbana se produjo en las antiguas Eras de Santa Bárbara (entorno al hospital), al norte de la ciudad. En las últimas décadas se ha urbanizado la U25 y Los Royales. A ellos debemos sumar la urbanización Camaretas, en el próximo término municipal de Golmayo.

En relación a la peatonalización del centro histórico, en los años 80 se peatonalizaron la Plaza Mayor y el Collado. A estas calles se sumaron la calle Marqués de Vadillo y la Plaza de Herradores en los años 90. Por último, en los últimos años se han peatonalizado la Plaza Mariano Granados y el Espolón que, con la construcción del aparcamiento subterráneo en esta zona, se ha convertido en la mayor transformación urbanística de la ciudad en las últimas décadas. Ahora, el eje central de la ciudad, que une el Alto de la Dehesa o la fuente de los surtidores con la Plaza de San Pedro, es peatonal. Este espacio se reserva al viandante, a actividades turísticas, culturales y comerciales. El tráfico rodado se ha desplazado a la periferia. Se trata de una tendencia urbana común en toda Europa.

Por último, el Ayuntamiento y otras administraciones públicas están realizando importantes esfuerzos para proteger y recuperar el patrimonio histórico artístico. Los principales monumentos de la ciudad han sido restaurados en sucesivas ocasiones (Santi Domingo, San Juan de Rabanera, la concatedral de San Pedro, la ermita de San Saturio, etc.). El palacio de los Ríos y Salcedo, que fue utilizado como cuartel de la Guardia Civil e incluso como almacén de los bares del Tubo, fue restaurado y convertido en el Archivo Histórico Provincial. La vieja Casa del Común, de la Plaza Mayor, se convirtió en el Archivo Histórico Municipal y el Palacio de la Audiencia en un centro cultural. Mención especial merece, para terminar, la recuperación de la muralla medieval de Soria y de la fortaleza del Castillo así como la restauración de la iglesia de Santa Clara que fue utilizado durante siglo y medio como cuartel de la ciudad.

El Collado en la actualidad

jueves, 25 de julio de 2024

UNA CIUDAD EN TRANSFORMACIÓN (1936 - 1975)

SORIA EN EL SIGLO XX. UNOS APUNTES (2)


Plaza de Jurados de Cuadrilla y Cine Avenida. Años 40


En Soria no hubo guerra porque aquí triunfo el golpe de Estado contra la República en julio de 1936. A los pocos días, el ejército se hizo con el control de la ciudad. Pero que no hubiese guerra no quiere decir que no hubiera represión. Fue durísima tanto en la capital como en la provincia.

La posguerra fue larga y dura, igual que en el resto del país. La Soria de los años 40 era una ciudad pobre y  conservadora. La mayor parte de su población eran asalariados, tenderos, comerciantes, funcionarios y algunos profesionales liberales. En torno al 11% de los sorianos trabaja en la industria aunque las fábricas eran escasas.

La visión de aquella Soria que ofrece Juan Antonio Gaya Nuño en su obra "El Santero de San Saturio" (1953) es mucho mas humana y literaria. Habla de pedigüeños y pobres de solemnidad, de los labradores de los pueblos cercanos, de las prostitutas de la calle Marmullete y de los trabajadores y funcionarios que se jugaban los cuartos en el Casino de Numancia y en el Círculo de la Amistad. No es de extrañar que la obra de Gaya Nuño levantase ampollas en algunos círculos conservadores de la sociedad soriana y fuese duramente criticada.

El paisaje urbano de la Soria de comienzos de los años 50 apenas había cambiado. La mayoría de las casas eran iguales a las de principios de siglo: de dos o tres plantas, con insuficiente espacio, mala ventilación, falta de higiene, etc. La electricidad y el agua corriente tardaron en llegar. Algunas tenían una corrala o patio interior. Aún eran frecuentes las enfermedades endémicas como la fiebre tifoidea, a consecuencia de beber agua en mal estado procedente del Duero. 

Las administraciones públicas de la dictadura se afanaron en dos objetivos: proyectar la expansión urbana de la ciudad más allá de los límites marcados por la muralla medieval y mejorar las condiciones de habitabilidad de las viviendas sorianas. En los años 40 se aprobó la urbanización del ensanche de la Vilueña (Plaza Jurados de Cuadrilla, Avenida de Navarra, Calle Alfonso VIII y Calle Nicolás Rabal), el alto de la Dehesa de San Andrés (donde se había planteado construir una ciudad jardín antes de la guerra) y el eje de la Avenida de Valladolid. La Barriada de Yagüe comenzó a construirse a finales de los años 40 para acoger a la población rural llegada a la ciudad.


Calle Real a comienzos de los años 50, antes de su remodelación

La transformación urbana de Soria fue completa. No quedó nada de aquellos "tejados caprichosos e infantiles" a los que cantó Gerardo Diego en los años 20. El caserío viejo, de los siglos XVIII y XIX, fue sustituido por otro más moderno y se perdió una parte del patrimonio histórico artístico de la ciudad. La transformación de la Calle Real y de la Plaza de San Pedro es el mejor ejemplo de ello. 

El trazado de las calles también cambió para racionalizarlo y modernizarlo. Con este objetivo fueron remodeladas la Plaza Ramón y Cajal (antigua Plaza de la Leña), la Calle Claustrilla, la Plaza del Olivo, la Calle San Juan de Rabanera, la Calle Las Fuentes, etc. También el parque de las Cinco Villas y la Cuesta de la Dehesa Serena sufrieron cambios. 

Remodelación de la Calle Real, finales de los años 50

En estos años del Desarrollismo franquista también se construyeron edificios que tenían vocación de convertirse en icónicos en la ciudad. Por ejemplo, se construyeron las nuevas puertas de la Dehesa, el edificio de la Caja de Ahorros en la Plaza de Mariano Granados, el Palacio de la Delegación de Hacienda, la Biblioteca Pública, etc. La iglesia románica de El Salvador, que se encontraba en mal estado de conservación, fue derribada parcialmente y reconstruida en un controvertido estilo funcionalista. Se perdió, por otro lado, la iglesia (también románica) de San Clemente, que fue derribada. El solar fue vendido por el Ayuntamiento y el Obispado a Telefónica, donde construyó un edificio de oficinas. 

La ciudad se adaptó también a la situación política del país. El callejero reflejó la adhesión de los sorianos a la dictadura de Franco: el Collado se llamó Calle del general Mola, la Plaza Mayor cambió su nombre por Plaza de Francisco Franco y el Espolón pasó a llamarse Calle del General Yagüe. En la Plaza Mariano Granados se erigió un monumento en honor al 'Carnicero de Badajoz', nacido en la localidad soriana de San Leonardo, y en el alto de la Dehesa fue construido un altar con una gran cruz dedicada a los caídos en la Guerra Civil. También en la fachada de la colegiata de San Pedro se exhibió una placa recordando al "ausente" José Antonio Primo de Rivera. Todos estos monumentos perdurarían hasta finales del siglo XX o comienzos del siglo XXI, muchos años después de la muerte del dictador en noviembre de 1975.

Plaza de Mariano Granados y Monumento al General Yagüe

miércoles, 17 de julio de 2024

LA "CAPITALEJA" DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1900 - 1936)

SORIA EN EL SIGLO XX. UNOS APUNTES (1)


Hace unos meses di una conferencia con el título "Soria, ¿cómo hemos cambiado?" en el Espacio Alameda de la capital. Fue organizada por la cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz que conmemora en este 2024 su setenta y cinco aniversario. Intenté explicar en apenas una hora la evolución de nuestra ciudad en el siglo XX. En esta entrada y las siguientes resumo lo que conté.

Vista general de la ciudad de Soria a comienzos del siglo XX


A finales del siglo XIX, el intelectual Bonifacio Monje se refería a Soria como una "capitaleja" porque quizá "capital" era un término demasiado ambicioso para una ciudad de apenas 7.000 habitantes. Era, en efecto, la capital de una provincia agraria, de unos 150.000 habitantes, que se caracterizaba por el aislamiento. La sociedad soriana de aquel momento era una sociedad arcaica, inmóvil, cerrada sobre sí misma y profundamente conservadora.

Las comunicaciones y los transportes en Soria eran difíciles. El viaje a Madrid en diligencia duraba cinco días y medio y debía ser preparado con meses de antelación. El coche de caballos realizaba el trayecto dos veces al mes. El tren Soria - Torralba, un empeño personal de Ramón Benito Aceña, se inauguró en 1892. En los albores del siglo XX, el candidato a Cortes Justo San Miguel afirmaba que los caminos de la provincia se encontraban en tan mal estado que uno creía estar en el siglo XVIII.

Las principales actividades económicas de la provincia de Soria eran la agricultura y la ganadería. Este era el caldo de cultivo idóneo para el caciquismo, el clientelismo y los intereses familiares. Ya hemos mencionado a Ramón Benito Aceña (la Plaza de Herradores lleva su nombre), pero otros caciques destacados eran Luis de Marichalar (vizconde de Eza) y Lamberto Martínez Asenjo (que dominaba la Tierra de Medinaceli). La mayoría de los habitantes de la provincia eran jornaleros pobres.

En la capital, la mayor parte de la población trabajaba también por cuenta ajena, eran asalariados y obreros. Los profesionales liberales (médicos, abogados, maestros, etc.) eran escasos. No obstante, el analfabetismo siempre fue en Soria menor que en otras provincias españolas, quizá por el elevado número de escuelas de primeras letras que existían. Fue así durante el siglo XIX y lo sería durante el siglo XX. 

La vida cultural de la ciudad era variada. Al Ateneo de Soria debemos sumar el Casino de Numancia y el Círculo de la Amistad así como el Casino de la Constanza y el Instituto General y Técnico (actual I.E.S. Antonio Machado). En 1919 se inauguró el Museo Numantino para albergar los hallazgos del yacimiento de Numancia. Su edificio fue el primero de España concebido para tal fin. La implicación de Aceña en el proyecto también fue destacada.

Esta era la Soria a la que llegó Antonio Machado en 1907 como catedrático de Francés. Y también la que acogió a Gerardo Diego en 1920. Era la Soria del periodista José Tudela, del ingenio Eduardo Saavedra, del arqueólogo Blas Taracena, de Mariano Granados, del pintor Máximo Peña, del político Mariano Vicén, alcalde en varias ocasiones, y del historiador Nicolás Rabal. No hace falta decir que la mayor parte de la población vivía al margen de estos destellos culturales. 

La población de Soria a comienzos del siglo XX seguía concentrada en torno al eje central de la ciudad, el Collado (desde 1911 recibió el nombre de Calle de Canalejas), y las plazas que se articulan de forma anárquica a su alrededor. Apenas había cambiado desde la Edad Media. De hecho, estás calles eran las únicas pavimentadas y con alumbrado publico que, en cualquier caso, tardó en llegar. Parecía que la modernidad y los avances de la industrialización habían pasado de largo en Soria. 

Plano de  Soria elaborado por Andrés de Lorenzo en 1904.

La expansión urbana de la ciudad había sido muy tímida y apenas se habían superado los límites marcados por la muralla medieval ya en ruinas. Tan solo hacia el oeste, hacia la Dehesa de San Andrés, se había extendido algo la ciudad de forma desordenada, en torno al antiguo arrabal de la Plaza de Herradores y las calles alrededor de la iglesia románica de El Salvador. La Dehesa, rebautizada en 1905 como Alameda de Cervantes, mantuvo un doble uso hasta los años treinta: como paseo la parte más cercana a la ciudad y como dehesa boyal el alto.

El caserío era paupérrimo, casas de entre dos y cuatro alturas, con espacio insuficiente para albergar a una familia común de la época. De hecho, numerosos informes del Ayuntamiento y de otras administraciones alertaban de las malas condiciones de salubridad de las viviendas sorianas con mala ventilación, ausencia de agua corriente y de inodoros. Esto hizo que las epidemias fuesen comunes (cólera, viruela, sarampión) y que la tasa de mortalidad en la capital fuese más elevada que en la provincia. 

El humilde caserío, aquellos "tejados caprichosos e infantiles" a los que cantó Gerardo Diego, contrataba con los magníficos edificios y monumentos de otras épocas. Sobresalía por encima de los tejados de las casas la torre del Palacio de los Condes de Gómara, símbolo del poder de los nobles de la ciudad. Igualmente, las iglesias de Santo Domingo y de San Juan de Rabanera eran extraordinarios ejemplos de arquitectura románica. La colegiata de San Pedro y las humildes iglesias de San Clemente y El Salvador también destacaban entre otras edificaciones religiosas. Igual que la muralla medieval y la fortaleza del cerro del Castillos, en ruinas desde la Guerra de la Independencia (1808 - 1814).

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923 - 1930) fue alcalde de la ciudad el oftalmólogo Eloy San Villa. Durante su gobierno se elaboraron numerosos informes y dictámenes para mejorar las condiciones de salubridad e higiene de la ciudad. El Plan de Reformas Urbanas contemplaba la ampliación de la red de alcantarillado, la extensión del alumbrado público y la instalación de baños públicos y privados. Poco se hizo en la práctica por las críticas que recibió el alcalde ante tales medidas. 

Por último, en esta época también se construyeron edificios que hoy son singulares en la ciudad. Además del Museo Numantino que ya hemos mencionado, de los años veinte datan el edificio de Correos del paseo del Espolón y el Banco de España de la antigua plaza de San Esteban (hoy plaza de las Mujeres). Durante la Segunda República (1931 - 1936) se construyó el edificio del colegio de la Arboleda, siguiendo el modelo utilizado en las escuelas construidas en toda España durante este periodo. 

Plaza de Mariano Granados, puertas de la Dehesa y paseo del Espolón. Principios del siglo XX


martes, 21 de mayo de 2024

A VECES PARECER ESTÚPIDO NO ES SUFICIENTE



- Sólo he enviado unos céntimos para pagar los cuidados de mi hijo enfermo.

- Eso no es cierto: su Majestad tiene cientos de millones de dólares en bancos suizos, lo dicen los informes de la embajada - respondió el oficial del ejército rebelde. 

Halie Selassie, emperador de Etiopía, miraba a los soldados con aparente perplejidad e inocencia, como si no entendiese lo que le estaban diciendo. Permanecía impasible, recto, enfundado en su uniforme militar. No volvió a pronunciar una palabra ni intentó defenderse. Estaba convencido de que no tenía motivo, de que no había hecho nada malo. Prefirió retirarse a sus habitaciones privadas a meditar. O a dormir la siesta.

Eran los últimos días de agosto de 1974, parte del ejército etíope se habían rebelado contra el emperador y la monarquía absoluta estaba derrumbándose. El negus, un anciano de ochenta y dos años, contemplaba cómo sus altos dignatarios eran destituidos y encarcelados, acusados de corrupción. Su palacio en Addis Abeba cada vez estaba más vacío y ya nadie respetaba su figura, otrora casi divina. Todo estaba perdido aunque él no se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo. O, mejor dicho, no quería hacerlo. 

No nos engañemos: nadie es tan estúpido para no darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, de las consecuencias que tienen sus actos. Da igual que seas el emperador de un reino perdido en África o un ciudadano del siglo XXI. Otra cosa es que juguemos a la ambigüedad, a emborronarlo todo para confundir al otro; que finjamos que no entendemos nada, que todo nos pilla desprevenidos. Y en esto Halie Selassie era un maestro. Se presentaba como el honesto padre protector de su pueblo, preocupado por el desarrollo del reino, convencido ingenuamente de que todo marchaba bien, de que sus súbditos vivían felices, de que el país estaba desarrollándose. La realidad, por supuesto, era distinta.

Parecía no conocer los males que sacudían Etiopía. Encerrado en su palacio de Addis Abeba, no sabía que cientos de miles de sus súbditos morían cada año víctimas del hambre. Tampoco que había provincias del imperio en continua rebelión, donde señores de la guerra campaban a sus anchas. Y desconocía también la corrupción que pudría la administración del reino. Cuando algún periodista extranjero le preguntaba por estos temas, el negus se limitaba a no contestar. Si algún funcionario respondía por él, la fórmula más usada era "es un tema de máxima preocupación para el emperador".  

El emperador era un astuto embaucador. No hablaba en las reuniones, audiencias y banquetes, se limitaba a escuchar chismes, delaciones y quejas. La indiferencia, el fingido desinterés era otro rasgo de su comportamiento. Luego actuaba en su propio beneficio, para consolidar su poder. Los funcionarios y oficiales de palacio vivían en una incertidumbre constante, sin saber cuál sería el siguiente movimiento de su Majestad Imperial. Era impredecible. Podía destituirlos en cualquier momento o incluso mandarlos encarcelar. 

El emperador se situaba por encima de los rifirrafes ministeriales, de los errores del gobierno. Él no tenía culpa de nada, si es que ocurría algo malo, pues también se ponían en duda los informes y las noticias sobre la hambruna en tal provincia o la inseguridad en tal región. En otras palabras, se cuestionaba la verdad, lo evidente.

Pero todo era una patraña. Halie Selassie había construido un régimen autocrático en torno a su persona. Él decidía todo en Etiopía desde que subió al trono en 1930. Él sabía todo lo que ocurría en su reino. Él nombraba a los gobernadores de las provincias. Él elegía a los funcionarios de la administración del Estado. De él dependía la policía, el ejército, la educación, la sanidad. Era imposible que no se diese cuenta de la corrupción, del hambre, pero nunca asumió ninguna responsabilidad sobre los males que consumían su reino. Actuaba sin dar cuenta a nadie, sin importarle nada, sólo la lealtad a su persona. Todo en beneficio propio. Pero cuando todo acabó, cuando su obra saltó por los aires, quiso que lo vieran como un anciano inocente engañado por todos.

Halie Selassie, negus de Etiopía, inspirador del movimiento rastafari en Jamaica, murió en 1975, pero podría ser el arquetipo de ciudadano del siglo XXI. Individualista, caprichoso, excéntrico, incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos. Mostraba interés con la indiferencia. El desinterés no era más que desprecio hacia los otros, desdén, ingratitud hacia el leal, al incondicional, a quien permanecía a su lado.  

Su comportamiento no era claro ni preciso, sino desdibujado, ambiguo. Todo era un sí, pero no; un quizá; una posibilidad remota. Nada era seguro, nada estaba definido. El emperador no tomaba decisiones, ni siquiera en los momentos críticos, las dilataba en el tiempo. Como una avestruz, escondía la cabeza ante los conflictos, no daba la cara. Y, por supuesto, no le importaban sus súbditos que lo respetaban, que lo veneraban. Exactamente igual que al individuo del siglo XXI, que actúa sin importarle el daño que puede causar al otro, al compañero, al amigo, a quien le quiere.

La imagen de anciano afable, pero ingenuo, encerrado en la candidez de un mundo perfecto aislado del exterior es también similar a la de muchos hoy. La ignorancia, el desconocimiento, la torpeza o incluso la estupidez se usan para justificar cualquier comportamiento, cualquier error; y para no asumir el estropicio hecho al prójimo. Pero a veces, la estupidez no es suficiente. A veces, la ingenuidad o la ignorancia acaban colmando la paciencia del perjudicado, del campesino hambriento. Ya lo hemos dicho: nadie es tan estúpido para no darse cuenta de lo que ocurre en el mundo, en su mundo. Y al final las mentiras no valen, los cuentos cansan y la gente se harta.

Halie Selassie fue depuesto por el ejército revolucionario en septiembre de 1974. No se puede engañar a todos todo el tiempo. La paciencia tiene un límite y el sufrimiento, también. A veces, un basta hace saltar todo por los aires y ya no hay marcha atrás, la mentira se derrumba. Al final nadie se creía ya la supuesta honradez del emperador, todos sabían que era el artífice del gobierno corrupto y depravado que había gobernado Etiopía durante casi medio siglo. 

Dando una muestra más de fingida candidez, afirmó en aquellos momentos críticos de la historia etíope: "si la revolución es buena para el pueblo, estoy a favor de la revolución". Y sumido en este juego, acabó perdiendo el juicio. Cuando murió, unos meses después, lo hizo creyendo firmemente que seguía siendo emperador de Etiopía, que su mundo extravagante y estúpido era real y que todos sus actos habían sido correctos. Pero su pueblo, misérrimo y hambriento, había dicho basta.


Halie Selassie, último emperador de Etiopía

lunes, 13 de mayo de 2024

SOBRE LA GUERRA DE GAZA


El conflicto entre Israel y Palestina es uno de esos temas sobre los que parece que todo el mundo debe tener una opinión clara y rotunda. Hable con quien hable, todos apoyan con absoluta firmeza a uno u otro bando, sin atisbo de duda, sin matices. A menudo, además, estas opiniones se ven condicionadas por la ideología pues parece que si eres de derechas debes apoyar a Israel. Si eres de izquierdas, apoyarás a Palestina. Sin medias tintas.

Tanto es así que llevo notando varios meses que el tema se evita en muchas conversaciones cotidianas. Hay quien no quiere pronunciarse para que no lo tilden de lo uno o de lo otro. Y debo confesar que yo soy un mar de dudas en todo ello. Que no veo con claridad al bueno y al malo, como en casi ningún conflicto. Que no veo una solución a corto y medio plazo. Y también confieso que me pasa esto a pesar de que llevo meses enganchado a las noticias y leyendo todo lo que cae en mis manos sobre el tema.

Hay que tener en cuenta que el conflicto no comenzó el pasado 7 de octubre con el ataque terrorista de Hamás a Israel. Se remonta más de cien años atrás con el inicio del asentamiento de judíos europeos en Palestina. Matanzas de judíos sobre árabes palestinos y de árabes palestinos sobre judíos que se cometieron en los años 20 y 30 del siglo XX siguen estando muy presentes en el imaginario colectivo de ambas sociedades. Luego vinieron el plan de partición de la ONU de 1947, la proclamación de independencia de Israel en 1948, las guerras árabe-israelíes, la ocupación de territorios en la Guerra de los Seis Días de 1967, las Intifadas, los acuerdos de Oslo y un largo etcétera. Es decir, el problema no surgió en 2023.

Voy a ser políticamente incorrecto: Israel no es una democracia como la entendemos en Occidente. Da igual que se celebren elecciones cada cuatro años. La igualdad ante la ley no existe. Los árabes israelíes tienen menos derechos que los judíos israelíes y hay grupos sociales privilegiados. A modo de ejemplos: los árabes israelíes tienen vetado su ingreso en el ejército; los judíos ultraortodoxos tienen el privilegio de no cumplir el servicio militar; y los habitantes árabes de Jerusalén oriental tienen permiso de residencia, pero si se trasladan a otro lugar a vivir ya no pueden regresar. En Israel impera un régimen discriminatorio que algunos comparan con el Apartheid sudafricano. Esto no es, desde luego, democrático.

Además, en los últimos años, la sociedad israelí ha sufrido una polarización enorme, en parte por la personalidad controvertida del primer ministro Benjamín Netanyahu. El líder del partido derechista Likud ha dado muestras de un claro autoritarismo que ha afectado también a las instituciones del Estado (la Knéset y la Corte Suprema). Intentó, incluso, la reforma del poder judicial, lo que provocó manifestaciones en la calle que al final le hicieron dar marcha atrás. Su gobierno, muy condicionado por las fuerzas de extrema derecha, ha sido siempre contrario a todo acuerdo de paz con los palestinos y a detener los asentamientos colonos en Cisjordania.

Si comparamos a Israel con el resto de Estados de Oriente Próximo, el Estado judío es infinitamente más próspero, más democrático y más abierto que Jordania, Egipto, Siria o el Líbano. Ya sabemos: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. El tuerto ve, pero sólo por uno de los ojos. Así que puede que Israel sea una democracia, pero una democracia exótica, sui generis. 

Si miramos a la parte palestina, vemos una sociedad desgarrada, rota después de un siglo de guerras y desastres. Los palestinos están repartidos entre Cisjordania, Gaza y los campos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y otros países. La Autoridad Nacional Palestina (ANP), liderada por Mahmud Abbas, es una institución corrupta, anquilosada e ineficaz cuyo control se limita a algunas ciudades de Cisjordania. Incapaz de mejorar la situación de sus ciudadanos en materia de seguridad, educación, sanidad, servicios y empleo, muchos la ven como un títere de Israel, como un perrito faldero sumiso a las órdenes de Tel Aviv. No hace falta decir que la democracia palestina no existe. 

En Gaza, Hamás gobierna desde 2007 tras varios enfrentamientos con la ANP. Es un grupo fundamentalista islámico que aplica el rigorismo religioso más estricto y convirtió la Franja en un régimen de terror durante casi veinte años. Pero también es la única esperanza para millones de palestinos ante la inoperancia de la ANP. Hamás y otras milicias islamistas han convertido la resistencia frente a Israel en una cuestión religiosa, no en una cuestión nacional como fue al principio, y se niegan a reconocer la existencia del Estado de Israel. Este principio de su ideario hace imposible, evidentemente, cualquier atisbo de negociación para alcanzar una paz definitiva.

Hamás es considerado por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea como un grupo terrorista. Las matanzas de civiles israelíes inocentes del 7 de octubre son buen ejemplo de ello. No obstante, Hamás organiza la vida en la Franja de Gaza, es más que una organización o un partido político: es el gobierno, la educación, la sanidad, el espíritu de resistencia, lo es todo en el diminuto territorio que controla, por eso es muy difícil extirparlo sin ofrecer una alternativa realista y viable.

Por todo ello, es imposible entender la dimensión del conflicto si nos ajustamos únicamente a lo que ha ocurrido desde el 7 de octubre. Desde luego, aquel día, los milicianos de Hamás cometieron un acto abominable y el Estado de Israel tiene derecho a defenderse. El problema es el alcance de este derecho. Un atentado terrorista no justifica en ningún caso la matanza de 40.000 civiles palestinos y la condena de millón y medio a vivir bajo las bombas, el hambre y el terror. El gobierno de Netanyahu está usando el atentado y los rehenes israelíes en manos de Hamás como un pretexto para arrasar un lugar donde ya vivían hacinadas un millón y medio de personas. Y Occidente, que alardea de superioridad moral, no hace nada para evitarlo. 

Los terroristas de Hamás ya han conseguido buena parte de sus objetivos. El mundo ha vuelto la mirada hacia Palestina después de décadas de desatención. La opinión pública mundial (no sólo la de los países árabes, como era tradicional) se ha puesto de lado de los palestinos. Ya se han olvidado los 1.400 asesinados israelíes del 7 de octubre ante las terroríficas cifras de muertos palestinos. Universidades e instituciones occidentales se están replanteando sus relaciones con Israel y se promueve el boicot al Estado judío en certámenes y competiciones deportivas internacionales. El apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel se está también resquebrajando y cada vez más países apuestan por reconocer a Palestina como Estado, incluso con asiento en la ONU. Todo esto son victorias de Hamás. 

No obstante, da igual que la comunidad internacional reconozca al Estado Palestino porque no existe. Es un brindis al sol. Salta a la vista que no controla un territorio compacto, ni tiene instituciones estatales operativas. Aunque nos pese, la solución del conflicto no puede ser hoy la de los dos Estados porque uno de ellos no existe. Es cierto que ese era el plan original de la ONU, pero eso fue en 1947. Los árabes palestinos no lo aceptaron y después de varias guerras se quedaron sin nada. Los judíos se quedaron con todo (y con los problemas derivados de ello). Ahora la situación no tiene nada que ver: tenemos un Estado judío viable y estable, y unos territorios palestinos ocupados por el ejército israelí. Con este panorama, la solución, si la hay, debe de ser otra, pero no los dos Estados.

Lo que está claro es que es intolerable una tragedia humanitaria como la que estamos presenciando. No es de derechas ni de izquierdas, ni propalestino ni proisraelí, ni antisemita ni islamófobo, cualquiera con un ápice de humanidad se puede dar cuenta de que la guerra de Gaza está sobrepasando todos los límites. La catástrofe humanitaria tiene unas dimensiones desmesuradas y cada vez más voces denuncian que se están cometiendo crímenes contra la humanidad (incluido el genocidio). Todo esto está por comprobar, pero las cifras de muertos son salvajes. Israel siempre ha actuado con impunidad, amparado por Estados Unidos y el resto de potencias occidentales, que le suministran armas y miran hacia otro lado. Esto debería cambiar (y quizá esté cambiando ya... muy poco a poco).

Dentro de cuarenta años, nuestros hijos y nietos verán en los cines una superproducción hollywoodiense sobre la Guerra de Gaza. Un actor de renombre interpretará a Netanyahu y los protagonistas serán jóvenes gazatíes intentando escapar de las bombas y el hambre. Arrasará en taquilla tanto en Estados Unidos como en Europa. Las imágenes épicas de la destrucción, los muertos y el sufrimiento de los supervivientes sobrecogerán a los espectadores que se preguntarán indignados, a buen seguro, cómo pudimos permitir todo aquello. Nosotros no tendremos respuesta que darles.




domingo, 17 de marzo de 2024

TIMBRES DE GUERRA


Hace algunos días hablábamos en la clase de 4° de ESO sobre las causas que llevaron a la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918). Hablábamos de la Triple Alianza, de la Triple Entente, de la carrera de armamentos, de los conflictos en lejanas tierras africanas y de los problemas europeos, en los Balcanes. Hablábamos, en definitiva, de la Paz Armada, ese periodo previo a la Gran Guerra en el que todo el mundo en Europa se preparaba para una conflagración que muchos veían inevitable.

Una alumna, sorprendida por todo esto, preguntó cómo había sido posible. "Si estaba claro que iba a haber una guerra, ¿por qué nadie hizo nada para evitarla?" Y añadió oportunamente: "Parece que todos querían la guerra". Muchos de sus compañeros me miraron esperando una respuesta, creyendo ingenuamente que el profesor tiene respuestas para todo.

Y, entonces, otra muchacha hizo una de esas preguntas que hacen la docencia mucho más fácil. Una de esas escasas preguntas lúcidas llenas de curiosidad y coherencia que allanan el camino al enseñante: "¿Y esto no es lo que está pasando ahora?". Entonces recordé las frases que hace unas semanas pronunció la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ante el Parlamento Europeo: "La amenaza de una guerra puede no ser inminente, pero no es imposible". En su discurso, von der Leyen hizo un llamamiento a las naciones europeas para armarse ante un posible conflicto con Rusia. En otras palabras, la Unión Europea se prepara para la guerra.

Aquella pregunta inocente de la alumna sirvió en bandeja la conexión entre el pasado y el presente. Pude utilizar el presente para explicar el pasado y al revés. Aquella pregunta mostró con esplendor la razón de ser de la Historia, maestra de vida, maestra del presente. Comenté a los alumnos lo que estaba ocurriendo, las palabras de la presidenta de la Comisión y el alcance que podrían tener. Les mostré también el titular del periódico "El País" de uno de esos días: "Europa se prepara ya para un escenario de guerra". ¿No es esto una carrera armamentística? ¿No estamos viviendo una paz armada? 

Muchos de los alumnos no pudieron evitar mostrar perplejidad y algo de temor. Los comentarios fueron diversos. La mayoría susurraron al compañero del pupitre de al lado. Algunos se atrevieron a compartir en alto lo que pensaban: "¿Pero cómo va a haber una guerra en Europa?", exclamó uno; "Aunque haya una guerra, a España seguro que no nos afecta...", apuntó otro; "Y si hay una guerra, ¿vamos a tener que ir a luchar nosotros?", preguntó otra compañera. 

Temí, por momentos, haber alarmado demasiado a los alumnos. Pero aquellos muchachos mostraron el sentir de una sociedad europea que vive en una burbujita ensimismada en su propio bienestar que cree inmutable. Por supuesto, las palabras de algunos líderes europeos (se han sumado a las de von der Leyen, Macron y Scholz) no quieren decir que vaya a haber una guerra, pero sí que existe el riesgo. La guerra de Ucrania, que ya dura demasiado, nos enseñó que Europa no es ajena a los conflictos bélicos. La retórica belicista de Putin, que amenaza abiertamente a Europa occidental, tampoco es una fantasía. Todo son palabras, pero las palabras son reales. Todo es real, nos guste o no. 

La sociedad europea de la Belle Époque, a comienzos del siglo XX, también vivía complacida ante la idea de un progreso permanente sostenido por los avances tecnológicos. Los millones de jóvenes que murieron en las trincheras entre 1914 y 1918 no pensaban en la guerra antes del verano de 1914. Vivían ajenos al polvorín que se estaba creando en Europa. Muchos incluso acogieron con euforia la declaración de guerra en el verano de 1914. Luego descubrieron la cruda realidad: la destrucción, el hambre, las mutilaciones, la muerte. 

A veces, la Historia, como la vida, se encamina irremediablemente hacia un punto que nadie quiere, pero que parece difícil de evitar. A veces, hay que enfrentarse a lo que uno menos espera. Los Estados europeos de 1914 estaban preparado para la guerra, pero sus pueblos, a pesar de la mentalización previa que se llevó a cabo, es probable que no lo estuviesen. Quizá pasa lo mismo ahora. 

Cuando el timbre chirriante estaba a punto de indicar el final de una clase que había transcurrido por caminos no previstos (como muchas), un alumno mostró una actitud contraria a la del resto: "Putin invadió Ucrania porque le dio la gana. Si nos ataca, ¿qué tenemos que hacer? ¿Dejarnos? A lo mejor tenemos que defendernos, ¿no?". El resto de muchachos lo miraron con asombro y luego dirigieron sus ojos hacia mí, justo en el momento en el que, en efecto, el timbre comenzó a sonar. Yo no supe más que recordar una cita, creo que de Napoleón, que leí hace tiempo en algún sitio. La pronuncié en alto, mientras los adolescentes metían atropelladamente los libros y los estuches en sus mochilas. La mayoría, como suele ocurrir, ni siquiera la escuchó, pero alguno se quedó pensativo unos instantes:

"En la guerra, como en el amor, para terminar es necesario verse de cerca".