sábado, 22 de julio de 2023
OPPENHEIMER: AYER, HOY, MAÑANA
domingo, 5 de febrero de 2023
GRANDES HOMBRES, PEQUEÑOS HOMBRES
A finales de noviembre de 1963, la primera dama viuda de Estados Unidos, Jackie Kennedy, pasaba sus últimas noches en la Casa Blanca. Eran días terribles para su familia, de una desesperación tormentosa. Su marido, John F. Kennedy, había sido asesinado el día 22 de ese mes en Dallas, Texas. El magnicidio había impresionado al mundo entero y había destrozado su familia.
En aquellos turbulentos instantes, Jackie Kennedy escribió una breve y emotiva carta al líder de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov. Firmada el primero de diciembre de 1963, apenas nueve días después del asesinato, la viuda quiso agradecer al líder soviético las muestras de cariño que había recibido. El embajador soviético asistió al funeral en Washington y la esposa de Jrushchov abandonó entre lágrimas la embajada estadounidense en Moscú tras firmar en el libro de condolencias.
John F. Kennedy y Nikita Jruschov eran adversarios políticos, líderes de las dos superpotencias que se repartían el mundo. Sus personalidades eran también muy diferentes. El norteamericano era un galán atractivo y culto, perteneciente a la high class de Estados Unidos. Jruschov había nacido en una familia pobre de Rusia y tenía un temperamento impulsivo y brutal. Estas diferencias no les impidieron buscar un entendimiento incluso en los peores momentos de la Guerra Fría, como la Crisis de los Misiles (octubre de 1962).
En su misiva, enviada después de los funerales de su marido, Jackie Kennedy destaca todo ello. Y anima al líder soviético a continuar las relaciones cordiales con el nuevo presidente estadounidense, Lyndon B. Johnson. Una de las frases de la carta llama la atención por la profunda sinceridad con la que está escrita:
"Mientras los grandes hombres son conscientes de cuán necesarios son el autocontrol y la contención, a veces los pequeños se dejan llevar por el miedo y el orgullo."
Jackie Kennedy destaca aquí el valor de la prudencia en aquellos cuyo destino es dirigir el mundo. Dice: "El peligro que inquietaba a mi esposo era que la guerra podían empezarla no tanto los grandes hombres como los pequeños." Aludía a la necesidad de evitar a toda costa una guerra entre las dos superpotencias que llevaría, inevitablemente, a la destrucción del planeta.
Pero con estas palabras, la primera dama da también una lección de vida. ¡Cuántas veces son necesarias la templanza y la sangre fría en la vida diaria! ¡En cuántas ocasiones la altura de miras y la serenidad nos permiten lograr grandes metas!
La impaciencia y la impulsividad pueden provocar, según Jackie Kennedy, las peores tragedias imaginables. Y por eso se deben prevenir los impulsos irracionales propios de mentes poco despiertas, de pequeños hombres que se dejan llevar por instintos incontrolables. En la vida ocurre algo así también. Los deseos desenfrenados, viscerales nos hacen, algunas veces, errar y nos alejan de las metas marcadas.
La inteligencia, sin embargo, nos obliga a actuar con esmero y sobriedad. La prudencia es, en todos los casos, una virtud porque evita decisiones irreflexivas y precipitadas. Las grandes empresas de nuestra vida requieren esfuerzo y grandes dosis de moderación y prudencia para elegir los caminos y las estrategias acertadas. La toma de decisiones (de cualquier decisión) lleva su tiempo y requiere una reflexión previa que debe ser más o menos profunda dependiendo de la magnitud de la meta a la que nos enfrentemos.
Eso es, en definitiva, lo que diferencia a los "grandes hombres" de los "pequeños", según Jackie Kennedy: la capacidad para valorar la situación en la que estamos, estudiar la metas que queremos lograr y actuar en consecuencia. Los "grandes hombres" son capaces de hacerlo, actúan con mesura y culminan con éxito su trabajo. Los "pequeños hombres" se apresura, actúan instintivamente, y fracasan, poniendo en riesgo, también la ilusión que acompaña cualquier proyecto, cualquier designio. De nuevo, la Historia nos da una lección de vida.
jueves, 9 de septiembre de 2021
¿QUÉ HACÍA AQUEL 11 DE SEPTIEMBRE?
- "El día que cambió el mundo" (entrada publicada el 11 de septiembre de 2015).
- "Un país indomable" (entrada del 16 de agosto de 2021).
miércoles, 24 de junio de 2020
LA MONARQUÍA ESPAÑOLA Y LOS DERECHOS DE LOS INDÍGENAS
- AZCONA, T. (2014): Isabel la Católica. Vida y reinado. Madrid: La Esfera de los Libros.
- FLORISTÁN, A. (coord. 2011): Historia Moderna Universal. Barcelona (España): Ariel
- LADERO QUESADA (2018): La España de los Reyes Católicos. Madrid: Alianza
- CÉSPEDES DEL CASTILLO (2009): América Hispánica (1492 - 1898). Madrid: Ambos Mundos.
- MALAMUD, C.; SEPÚLVEDA, I.; PARDO, R.; MARTÍNEZ, R. (2001): Historia de América. Temas didácticos. Madrid: Editorial Universitas, S.A.
domingo, 25 de noviembre de 2018
"TIEMPOS MODERNOS" O CÓMO LUCHAR POR LA FELICIDAD
EL FIN DE LA PROSPERIDAD
31 de octubre de 1932.
No recuerdo si fue Joe Kennedy o Jhon D. Rockefeller quien dijo, durante una velada, la frase que a todos nos sobrecogió: "Cuando un limpiabotas sabe tanto como yo del mercado de valores, es el momento de que lo deje". Poco después, ambos dejaron sus negocios en Wall Street y yo también. ¡Y qué gran acierto fue aquella decisión! Era una fría noche de invierno, pero no recuerdo bien el día. Todo sabíamos que la espiral especulativa en la que habían entrado las inversiones no acabaría bien.
En dos años multipliqué por diez mi dinero. Fue fantástico, no voy a mentir. Así fue como un hijo de terratenientes adinerados - pero no miltimillonarios - como yo, destinado a heredar todas las tierras de mis padres se metió en el mundo de las finanzas. Claro, el mundo de Wall Street me introdujo también en la fiesta de Manhattan, los clubes, los teatros de Brodway, las veladas noctunas y los cabarets. Así fue como conocí a Joe y Jhon. Soliamos acudir a los mismos clubes.
La bolsa empezó a subir lentamente aunque unos días después, el martes 29 de octubre, se desplomó bruscamente de nuevo. Nunca antes se había producido semejante catástrofe. Mi padre me había hablado del pánico que siguió a la quiebra de Jay Cooke and Company, un banco de Filadelfia, en 1873, pero esto fue mucho peor.
Acudí a los cafés que solía frecuentar, recorrí todas las calles y avenidas cercanas a Wall Street pero no lo encontré. Desesperado, se había ahorcado en la habitación de un hotel donde había gastado los últimos dólares que le quedaban. ¡Qué terrible desgracia! ¡Y todo por mi culpa, yo le convencí para que invirtiese! ¿Qué iban a hacer ahora su esposa y sus dos hijos?
sábado, 3 de noviembre de 2018
1898: UN DESASTRE ANUNCIADO
Antonio Cánovas del Castillo no fue sólo el arquitecto del sistema político de la Restauración (1875 - 1931) sino también de las líneas maestras de la política exterior y colonial de España en el último tercio del siglo XIX. Una política que conduciría irremediablemente al conocido "Desastre de 1898" en el que España perdería sus últimas colonias en América y en el Pacífico.
En cualquier caso, hasta 1898, Estados Unidos se mantuvo a la expectativa, sobre todo porque su opinión pública no quería una guerra con España. Todo cambió tras la voladura del acorazado Maine que Washington había enviado a La Habana para proteger los intereses estadounidenses. Los medios de comunicación norteamericanos se encargaron de presentar el accidente como un acto intolerable, el colmo de unos crueles españoles que estaban masacrando a los cubanos. El 25 de abril de 1898, Estados Unidos declaraba la guerra a España y se disponía a arrebatarle todas las colonias, no sólo en las Antillas.
La guerra fue desigual. Estados Unidos era la gran potencia emergente, con una gran fuerza militar. España hizo lo que pudo. La flota española fue literalmente borrada del mapa en las batallas de Cavite (en Filipinas) y Santiago de Cuba, donde los norteamericanos hundieron una a una las naves españolas que salían del puerto. En agosto, la contienda estaba finiquitada: el imperio colonial español en América y el Pacífico había desaparecido.
Ninguna potencia europea movió un dedo por España. Francia y Gran Bretaña se frotaron las manos ante las oportunidades que se abrían tras la salida de los españoles de las Antillas y Filipinas. Alemania y Austria-Hungría emitieron comunicados de condena de la intolerable agtesión estadounidense a una nación amiga como era España. Nada más. Era el precio de la ausencia de alianzas fuertes que durante tanto tiempo había evitado Cánovas. Por cierto, Cánovas no vio el desastre pues había sido asesinado junto un año antes, en agosto de 1897. España se vio sola e indefensa cuando se encontró ante una guerra no deseada.
A final de año, se firmó la Paz de París en la que se cedieron Filipinas, Guam y Puerto Rico a Estados Unidos. También se reconoció la independencia, más teórica que real, de Cuba, que a partir de entonces sería un protectorado de Washington. Sólo le quedaban a España las diminutas islas del Pacífico (las Marianas y las Carolinas). ¿Qué hacer con ellas? Aquellos minúsculos territorios ni eran importantes ni productivos pudiendo traer más problemas que beneficios. El gobierno de Silvela los vendió a Alemania por veinte millones de pesetas, poniendo fin a trescientos años de presencia española en el Pacífico.
El "Desastre del 98" evidenció la decadencia española en el concierto de las naciones. El sentimiento de Cánovas era cierto: España no podía mantener unas colonias tan dispersas creía el estadista española y, en verdad, no pudo. El sentimiento de humillación fue más grande que las consecuencias económicas de la pérdida de las colonias. Muchos intelectuales apostaron por la regeneración del país. "Pan, escuela y doble llave al sepulcro del Cid" dijo Joaquín Costa. En otras palabras, desarrollo y progreso siguiendo el modelo europeo olvidando el glorioso pasado imperial que ya no existía. Pero el progreso resultaría difícil, al menos, de momento.
viernes, 11 de septiembre de 2015
EL DÍA QUE CAMBIÓ EL MUNDO
G.W. Bush, presidente de EE.UU.,
La televisión pública británica, la BBC, elaboró en 2011 (décimo aniversario) una línea del tiempo para comprender cómo y dónde pasó cada uno de los acontecimientos. Incluye videos y mapas para imaginar las trayectorias de los aviones secuestrados aquel día:
AQUEL 11 DE SEPTIEMBRE
Como una imagen vale más que cien crónicas escritas, éste es un resumen de la segunda edición del Telediario (TVE) de aquel 11 de septiembre de 2001. Aquel que casi todos vimos. El Telediario más largo de la Historia.
Han pasado catorce años de aquel atentado terrorista, pero sus consecuencias todavía las vivimos. Nosotros, los ciudadanos del tiempo presente, aún no tenemos perspectiva suficiente para comprender el alcance de aquellos instantes de la Historia de la Humanidad pero en el futuro, quizá se tome como el hito del fin de una época.
Y es que quizá dentro de algunos siglos, los historiadores del futuro relacionen aquel atentado del 11 de septiembre de 2001 y las invasiones posteriores de Afganistán (2001) e Iraq (2003) con las convulsiones que ha sufrido el mundo islámico desde entonces, donde, tras una frustrada Primavera Árabe, ha surgido un nuevo grupo terrorista, mucho más cruel, sanguinario, ambicioso y peligroso que Al-Qaeda, el Estado Islámico o Daesh. Y este nuevo actor internacional es la causa de los cientos de miles de refugiados que hoy (¡catorce años después de aquel 11 de septiembre!) están entrando en Europa huyendo de la guerra.
Quizá, sólo quizá, dentro de algunos años, todos estos acontecimientos que acabo de mencionar se vean como un todo, como los engranajes de una cadena que sujeta esta época que ahora vivimos.
sábado, 15 de agosto de 2015
"NUNCA MÁS DEBEMOS REPETIR LA DEVASTACIÓN DE LA GUERRA"
Shinzo Abe, primer ministro japonés, 14 de agosto de 2015
viernes, 5 de diciembre de 2014
LOS VENCEDORES NO EUROPEOS
EL DESTINO DE LOS VENCEDORES (II): EE.UU. Y JAPÓN
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| Vista aérea del distrito financiero de Manhattan (Nueva York) en 1922 |
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| El emperador Hiroito, el día de su coronación |
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| Soldados japoneses en Manchuria (China) |






