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viernes, 4 de enero de 2013

LOS MAGOS DE ORIENTE

Cuenta un pergamino del siglo VIII que desde la más remota Antigüedad una secta de antiquísimos magos de Shir (China) esperaba la señal que anunciase la llegada de un dios hecho hombre. Estos magos eran descendientes de Set, uno de los hijos de Adán y Eva. Claro que… hay otras leyendas que afirman que esos magos no venían del Extremo sino del Medio Oriente. E incluso hay otras más recientes que especupan sobre que el posible origen de esos druidas se encoentraba en Tarsis (Tartessoss) en la Península Ibérica.
 
Hoy, al sur del Irán se venera tres misterioso cuerpos embalsamados que la tradición local asocia con unos sabios que emprendieron un larguísimo viaje hace milenios siguiendo una estrella fugaz.  Nadie sabe con certeza cuantos eran esos sabios. En Occidente se habla de tres, en Oriente dicen que fueron doce y en el Cáucaso defienden que fueron quince.
 
Desde Persia, esos antiguos reyes-sacerdotes esperaban desde hacía milenios la Señal. La señal que anunciase la venida de Dios.
 
Esa Señal llegó en forma de cometa o estrella fugaz en el mes de Tébéth del año 4 a.C. cuando Herodes reinaba en toda Palestina. Los magos, que después la tradición los conviertió en reyes, se lanzaron a la aventura desde el Irán cruzando Mesopotamia y el inhóspito desierto de Arabia. Esos reyes-magos eran hermanos y sus nombres eran Melkon, rey de los persas, Gaspar, rey de la India y Baltasar, soberano de Arabia. Esperaban, igual que sus antecesores la venida de un niño especial.
 
Aquel año, aquella noche en que los magos de Oriente llegaron a Belén y preguntaron al rey Herodes donde estaba el niño-rey, fue la primera Navidad. Y los magos le dejaron sus más anhelados presentes: Oro, incienso y mirra…
 
Desde entonces aquellos magos recorren el mundo la noche de cada cinco de enero llenando de regalos las casas de millones de niños especiales. Es una de las noches más especiales del año.
 
La tradición ha perdurado durante 2012 años...

lunes, 24 de diciembre de 2012

MUÉRDAGO POR NAVIDAD

Para los antiguos celtas que poblaron Europa durante la Segunda Edad del Hierro, hace más o menos 2.500 años, no existía por supuesto, la Navidad ya que Ésta es una festividad que celebra el nacimiento de Jesucristo hace ahora 2012 años (no exactamente). El caso es que los Keltoi como los llamaron los griegos no tenían Navidad pero celebraban algo parecido durante los primeros días del Invierno.
 
Los celtas tenían esta tradición.
"Astérix" Goscinny y Uderzo.
El muérdago era junto con el acebo y el musgo sagrado para los antiguos druidas celtas. Estos eran algo así como sacerdotes para la Civilización de La Téne y consideraban el muérdago un símbolo de paz, un poderoso amuleto protector y un bien para cualquier mal físico o mágico. Los celtas también celebraban su fin de año por estas fechas, en concreto desde el 1 de Noviembre hasta el solsticio de Invierno, o sea, sobre el 21 de diciembre. Fechas que solían coincidir con el tiempo en el que se recolectaba el muérdago.
 
Con el muérdago confeccionaban guirnaldas y adornaban las casas para proteger a sus moradores de espíritus maléficos y evitar visitas indeseadas. Desde entonces se consideró una defensa contra brujas y demonios y se extendió la costumbre de colocar unas ramitas de muérdago o acebo en las entradas de las casas. Y como este es el lugar de intercambio de besos con las visitas que llegaban, se creó esa vinculación que existe entre el muérdago y los besos. Dicen que la planta tiene y tenía poderes mágicos: protección del hogar, de las personas, de la fertilidad, de la suerte, del amor eterno… y de la PAZ porque hace 2.500 años ya estaba de moda este tiempo de gratitud, amor, caridad y solidaridad.
 
Entonces ya estaba de moda la Navidad.
 
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

martes, 24 de julio de 2012

ALTAMIRA II

"Después de Altamira todo es decadencia"

H. Breuil: "Altamira es la Capilla Sixtina del arte paleolítico".

Las pinturas encontradas en la cueva de Altamira son la mayor manifestación del nivel cultural alcanzado por el ser humano en el Paleolítico superior. Al visitar la cueva no puedes más que sorprenderte al contemplar semejante espectáculo. Los hombres y las mujeres del paleolítico expresaron allí sentimientos, emociones y temores que hoy difícilmente podemos entender.

Marcelino Sanz de Sautuola realizó excavaciones en ella entre los años 1876 y 1879 cuando se decidió a hacer público el hallazgo. Entre 1902 y 1904, cuando ya empezaban a ser reconocidas, o al menos, tenidas en cuenta, el prehistoriador cántabro Herminio Alcalde del Río también estudió las pinturas pero fue sin duda, el alemán Hugo Obermaier quien realizó la más completa investigación a mediados de los años veinte.

Para entonces, Altamira ya era reconocida como el conjunto de pinturas más valiosas de Europa occidental. Más incluso que las de Lascaux en Francia. Investigadores como el abate Henry Breuil y Emile Cartailhac, aquel que había puesto en duda el valor de las pinturas en un primer momento, visitaron las cuevas y dieron muestra de su asombro y su valor.

Para Cartailhac la cueva es "con mucho, la más bella y la más admirable” y “España debe tener a mucha honra protegerla, a fin de que el mundo sabio pueda siempre estudiarla".

La cueva de Altamira está orientada al norte, algo extraño para refugiarse del frío y mide 270 metros desde la entrada hasta el final, la inaccesible Cola de Caballo. Sin duda, el Techo de los Polícromos es un bello espectáculo que los hombres prehistóricos realizaron hace más de 30.000 años para el disfrute de la Humanidad.

Altamira fue abierta al público en 1917 y desde entonces, su estado de conservación fue causa de preocupación para el mundo científico. Millones de personas contemplaron las pinturas hasta 1979 cuando fueron cerradas por el temor a su derrumbe.

Altamira es frágil y evoluciona de forma natural a su destrucción. De hecho, el derrumbe de la entrada protegió el interior de la cueva durante milenios. Sin embargo no hay duda de que la visita masiva de miles de turistas al día durante años ha acelerado este proceso.

Afortunadamente, desde 2001, se pueden contemplar estas pinturas en una réplica exacta de la cueva, en la Neocueva, que se encuentra a escasos metros de la original, en el Museo de Altamira de Santillana del Mar (Cantabria).

Los restos mostrados en el museo y la réplica de la cueva permiten disfrutar a todos de algo inigualable: las pinturas prehistóricas de mayor calidad “técnica” realizadas hace miles de años por hombres que sólo querían expresar sus sentimientos, sus emociones y su mundo. En definitiva, hicieron simplemente el mejor arte ya que según Picasso, “después de Altamira, todo es decadencia”.




Donde antes había roca, ahora hay animales. Hay vida.


Museo de Altamira, Santillana del Mar, Cantabria (España)
Fotografía tomada el 19 de julio de 2012

lunes, 23 de julio de 2012

ALTAMIRA I

¡Mira papá, bueyes pintados!


En el verano de 1879, un caballero montañés llamado Marcelino Sanz de Sautuola se decidió por fin a buscar restos prehistóricos en el entorno de la localidad donde vivía con su familia. Entre los pueblos de Puente San Miguel y Santillana de la Mar. Animado por los múltiples restos arqueológicos de la Exposición Universal de París en 1878 que había visitado, solía realizar pequeñas excavaciones en las laderas de las verdes montañas de Cantabria.

Un día, Don Marcelino salió de casa con su hija María para dar un paseo y entrar en una cueva que había descubierto días antes uno de sus aparceros, Modesto Cubillas. En las paredes de la oscura cueva había observado extrañas figuras y en el suelo, restos de herramientas de piedra y hueso.

Mientras él excavaba en la entrada, su curiosa hija, de ocho años, se internó en la caverna con un candil. De repente exclamó: “¡Mira papá, bueyes pintados!” Don Marcelino corrió a dentro. La niña alumbraba la bóveda de un lateral tan bajo que su padre tuvo que ponerse de cuclillas para contemplar lo que María le mostraba. Se quedó inmóvil. Después respondió: “No son bueyes, son bisontes…”

Consciente del hallazgo que habían realizado, se apresuró a estudiar la cueva. Las conclusiones fueron publicadas en sus "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander". Marcelino Sanz de Sautuola exponía con detalle el fantástico descubrimiento y las excelentes pinturas Paleolíticas encontradas en la remota cueva de Cantabria.

Los ecos del descubrimiento llegaron a Francia y a Inglaterra pero los científicos no dieron valor a aquellas pinturas que consideraban falsas. Como todo lo que llegaba de España…

Marcelino Sanz de Sautuola murió en 1888 sin que su hallazgo fuera reconocido. Sólo en 1902, ¡más de veinte años después!, Emile Cartailhac (una de las personas que más había despreciado las pinturas) reconoció la labor del hidalgo cántabro y el valor de los restos encontrados.

"Es imposible dejar de rendir homenaje al observador español. Estaba muy al corriente de la ciencia prehistórica, y no hay un solo error en su trabajo." dijo. Y añadía: “Soy partícipe de una injusticia que es preciso reconocer y reparar públicamente”.


Entonces, la comunidad científica internacional volvía la vista a aquella cueva. Y aquella cueva se abría al mundo. Altamira había sido descubierta.