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viernes, 9 de septiembre de 2022

EL OCASO DEL SIGLO XX


En las últimas semanas el mundo ha visto desaparecer a dos de los grandes iconos del siglo XX. El 30 de agosto moría en un hospital de Moscú el que había sido último dirigente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. El 8 de septiembre, desaparecía la reina de Inglaterra, Isabel II. Su reinado, que se prolongó durante siete décadas, es uno de los más largos de la Historia. Ambos eran los últimos representantes de una época ya pasada.

La figura de Gorbachov, de indudable trascendencia histórica, es muy controvertida; odiada y amada a partes iguales por la sociedad rusa. Asumió el poder de la URSS en 1985, en un momento de grave crisis económica en el país. Trató de hacer reformas que condujeran al régimen soviético a la democracia y lo abrieran a una economía de mercado (la famosa "Perestroika"), pero en el intento, el país acabó desintegrándose. 

En 1991, Gorbachov se convirtió en un presidente de un Estado que no existía. La URSS, que había dominado las relaciones internacionales durante gran parte del siglo XX desapareció de la noche a la mañana y él dimitió, solo y humillado, en diciembre de 1991. A partir de entonces no fue más que la figura espectral del viejo mundo comunista, ahora fantasma, desaparecido, que el siglo XX vio nacer y también morir.

Paradójicamente la muerte de Gorbachov coincide en el tiempo con la invasión rusa de Ucrania. El último representante de la URSS como gran potencia mundial desparece en el momento en el que Rusia está intentando recobrar su protagonismo internacional con una agresividad inusitada.

Muy diferente es la reina Isabel II del Reino Unido, otro de los grandes representantes del siglo XX. Nació en 1926 y asumió el trono británico en 1952. En ese momento, el Reino Unido aún era un imperio y Winston Churchill, el gran héroe de la Segunda Guerra Mundial para los británicos, dominaba todavía la política en el país. Isabel II nombraría a otros quince primeros ministros en sus siete décadas de reinado, asistiría al proceso de descolonización y sería testigo de profundos cambios sociales y económicos en su país y en el mundo.

Isabel II se convirtió, pasados los años, en un símbolo de estabilidad y continuidad del poder británico en el mundo. Su figura recta, impasible e intachable fue durante décadas el mejor ejemplo de la monarquía parlamentaria en Europa. El compromiso con su deber, la sobriedad y la disciplina marcaron su reinado, a pesar de algunos escándalos protagonizados por miembros de su familia. 

En los años 90, un periodista español decía que "en público, a menudo aparece distante; en privado, aunque no es muy intelectual, puede resultar ingeniosa y sabía, con envidiable memoria". Más del 80% de los británicos del 2022 han nacido durante el reinado de Isabel II. Este dato evidencia la magnitud histórica de un periodo sólo comparable a la Época Victoriana (1837 - 1901).

La muerte de la soberana, con 96 años, coincide en el tiempo con el Brexit, con el incremento de la fuerza del independentismo en Escocia y con síntomas de una nueva crisis económica provocada por la guerra de Ucrania. Isabel II vio integrarse al Reino Unido en la Unión Europea, y también vio cómo la abandonaba. Al parecer, se opuso.

Gorbachov e Isabel II fueron quizá los últimos supervivientes de una época pasada, de una era que ya no existe. El mundo es hoy muy diferente al del siglo XX que ellos conocieron tan bien. El siglo XX, que acabó cronológicamente hace ya veintidós años, está perdiendo a sus últimos protagonistas, los representantes de un mundo extinto.

sábado, 29 de noviembre de 2014

LAS VICTORIAS PÍRRICAS DE LOS EUROPEOS

EL DESTINO DE LOS VENCEDORES (I): FRANCIA, REINO UNIDO E ITALIA

Una calle de Londres en los años veinte


Los tratados de paz dejaron claros vencedores y claros derrotados. Pero si para estos la paz trajo terribles consecuencias, para aquellos el fin de la guerra no espantó los fantasmas y los problemas. Los grandes vencedores europeos, el Reino Unido y Francia, siguieron siendo bastiones incuestionables de libertad y democracia mientras Italia, vencedora como ellos, veía como sus aspiraciones territoriales no eran satisfechas. Fuera de Europa, Japón y EE.UU. habían salido muy fortalecidos de la contienda.

Francia era a comienzos de 1919 un país exhausto por el esfuerzo de la guerra y su sociedad estaba profundamente cansada. Había perdido el 10% de su población masculina y la zona noreste del país estaba completamente arrasada. A pesar de todo, la victoria en la guerra le reportó algunos beneficios: Alsacia y Lorena fueron devueltas, pudo controlar el Sarre y hacerse además con algunas excolonias de las potencias vencedoras en Próximo Oriente (como Siria), África (como Camerún) y Oceanía.

Por otro lado, la Tercera República se mantenía en pie y Francia seguía siendo una potencia económica, política y militar de primer orden tanto en Europa como en el concierto mundial. Las reparaciones de guerra impuestas a Alemania le reportaban además pingües beneficios y cuando en 1923, la República de Weimar se negó a seguir pagando, el presidente francés, R. Poincaré (del Bloc National, de derechas), ordenó la ocupación del Ruhr para forzar a los alemanes a cumplir con sus obligaciones.

Francia, convencida de que la única manera de asegurar la paz era debilitar a Alemania, mantuvo una política muy intransigente hacia el pago de las reparaciones, a pesar de que sus aliados, Gran Bretaña y EE.UU., buscaban flexibilizar las obligaciones alemanas para evitar que se asfixiara económicamente como estuvo a punto de ocurrir en 1923. No obstante, la llegada al poder de los socialistas en 1924 propició la relajación de las posturas francesas y posibilitó una aproximación a Alemania. En 1925, Alemania firmó el Pacto de Locarno que garantizaba la inviolabilidad de las fronteras francesas y belgas.

A nivel interno, la situación política se complicó hacia finales de los años veinte y principios de los treinta, a la par que la crisis económica originada en 1929 en EE.UU. llegaba a Europa. Los grupos de extrema derecha comenzaron a tener gran apoyo popular y en 1934, la organización Croix de Feu (de corte fascista) intentó dar un golpe de Estado que fracasó.  Para evitar una deriva fascista, como la que se estaba produciendo en Italia, en 1936, el socialista Léon Blum ganó las elecciones con el apoyo de la coalición de izquierdas Frente Popular.

La estabilidad política fue sin embargo, la seña de identidad del Reino Unido. Los partidos tradicionales, Conservadores, Liberales y Laborista, intentaron dar respuesta a los problemas económicos que acosaban al Imperio Británico tras la guerra. Los partidos radicales, como el Partido Nacional Fascista, fundado en 1930 por Oswald Mosley, y el Partido Comunista, carecieron de apoyos suficientes bajo la Monarquía parlamentaria y en una sociedad acostumbrada a vivir ya en una democracia plena.

En 1918 se había democratizado completamente el sistema, permitiendo votar a todos los hombres de más de 21 años y a todas las mujeres de más de 30. Laboristas (que no paraban de crecer) y Conservadores se alternaron en el poder intentado superar unas dificultades económicas propias de un país con una industria madura y una tecnología anticuada. La influencia del comunismo soviético alentó a los trabajadores que protagonizaron revueltas y huelgas aunque el fracaso de la huelga general de 1926 determinó el hundimiento de los sindicatos.

Por otra parte, el Reino Unido también administró, como Francia, numerosas excolonias alemanas y turcas. Iraq, Jordania, Palestina y Arabia pasaron a ser mandatos de la SDN administrados desde Londres; Namibia pasó a depender de la Unión Sudafricana (independiente desde 1910 pero vinculada a Gran Bretaña) y Togo y Tanzania cayeron en manos británicas.

El Reino Unido vio, tras arduos esfuerzos para evitarlo, cómo Irlanda conseguía su independencia en 1921. En 1927, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda pasaba a denominarse Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. En 1923 cedió su protectorado sobre Egipto y en 1932 permitió que Iraq accediese a la independencia. El antiguo Imperio Británico se fue transformando poco a poco en la Commonwealth of Nations.

Gran Bretaña además, trató de mantener el equilibrio tanto en el Pacífico ante el agresivo expansionismo del Japón, como en Europa donde el fascismo italiano y el nazismo alemán empezaban a dar muestras de delirios. El afán británico por mantener la paz en Europa llevó a la vergonzosa política de apaciguamiento que permitió a Hitler campar a sus anchas en el continente hasta 1939.

Por último, el Reino de Italia había sido también uno de los vencedores de la Gran Guerra pero en los tratados de paz no vio colmadas sus apetencias territoriales y financieras. Las divisiones internas llevaron al país al borde de la guerra civil y las insurrecciones se extendieron de norte a sur. 

En 1922, Benito Mussolini, que había fundado el Partido Fascista marchó sobre Roma en una increíble demostración de fuerza que recordaba a las de los antiguos emperadores romanos y consiguió que el rey Víctor Manuel III le nombrase jefe de gobierno, concediéndole amplios poderes. A partir de ese momento, el Duce inició la instauración de una dictadura controlada por él mismo; todos los partidos de la oposición fueron ilegalizados y el Parlamento italiano se disolvió.

En 1929, Mussolini consiguió que el papa Pio XII firmase el Tratado de Letrán porque el que el Sumo Pontífice reconocía la unidad de Italia, con capital en Roma, tras décadas de desencuentros. En el ámbito internacional, al principio trató de conciliar una política imperialista en el Mediterráneo y unas buenas relaciones diplomáticas con Francia y Gran Bretaña. 

En 1935 firmó el Pacto de Stressa con ellas para evitar futuras violaciones del Tratado de Versalles. Era sin duda, un brindis al sol. Al año siguiente, la Italia fascista unió sus destinos a la Alemania de Hitler. El nuevo y "moderno" fascismo se oponía definitivamente a la vieja y "fracasada" democracia que no había dado los resultados obtenidos. Esta confrontación, junto con los planes expansionistas italianos sobre Abissinia (actual Etiopía) abría la puerta a una nueva contienda bélica en Europa.

La debilidad de unas democracias fuertes pero acomplejadas y las políticas revisionistas de las potencias derrotadas, junto con el triunfo del fascismo y del nazismo, dejaba sentenciado una vez más el futuro de Europa. Negros nubarrones se cernían a mediados de los años treinta del siglo XX sobre el Viejo Continente.



El mundo tras la Primera Guerra Mundial





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viernes, 11 de julio de 2014

DE LA ILUSIÓN A LA DECEPCIÓN

LA VIDA EN EL INTERIOR DE LOS PAÍSES BELIGERANTES (I): GRAN BRETAÑA Y FRANCIA


El estallido de la guerra en el verano de 1914 fue recibido por las sociedades de las grandes potencias democráticas de Europa, Gran Bretaña y Francia, con ilusión y fervor patriótico. Sólo algunos sectores socialistas se opusieron desde el principio a la guerra que consideraban resultado inevitable del "orden capitalista". Destaca en ese sentido la figura de Jean Jaurés, diputado en la Asamblea Nacional Francesa por la SFIO, el partido socialista francés, que se opuso frontalmente al inicio de las hostilidades e hizo un llamamiento a los obreros del mundo para unirse contra las intenciones de sus gobiernos. Jaurés fue asesinado el 31 de agosto de 1914, tres días después de que Austria-Hungría declarase la guerra a Serbia.

El nacionalismo se impuso a las ideas socialistas en la mayoría de los países y tras algunas manifestaciones pacifistas, las sociedades francesa y británica se lanzaron al vacío de la guerra. En Francia se fomentó la "unión sagrada" y la "paz ciudadana" que no era otra cosa que la unidad de todos los ciudadanos contra el enemigo común, más allá de las diferencias ideológicas.

Tanto en Francia como en Gran Bretaña, las cámaras legislativas (la Asamblea Nacional y la Cámara de los Comunes respectivamente) otorgaron a los gobiernos el control absoluto de la situación, pemitiéndoles gobernar por decreto. En Francia fue el gobierno de la débil Tercera República quien decidió apoyar a Rusia, decisión que suponía la guerra con Alemania; en Gran Bretaña, tras algunas dudas iniciales sobre la posición que debía adoptar el gobierno de Londres, fue la Cámara de los Comunes quien decidió entrar en la guerra al lado de Francia.


Cartel británico que fomenta el alistamiento de soldados para la guerra. Se puede leer: "¡Británicos, Lord Kitchener (el dibujo) quiere que te alistes en el ejército de tu país! Dios salve al rey" Aparece el rostro del Secretario de Estado para la Guerra, Lord Kitchener.

Millones de soldados fueron enviados al frente desde los primeros momentos de la guerra, cuando las tropas del Reich se acercaban peligrosamente a París. Incluso, los soldados franceses se desplazaban al frente en los taxis de la capital por una carretera que los conducía al infierno o a la muerte. Los reclutas, convencidos de que luchaban por su patria y por la civilización, marcharon a la guerra llenos de euforia. Los gobiernos británico y francés también se encargaban de estimular esos sentimientos nacionalistas irracionales e inconscientes a través de campañas que fomentaban el odio hacia todo lo alemán.

Sin embargo, el escenario que se encontraron aquellos soldados jóvenes (muchos no tenían más de veinte años) era muy distinto al que habían imaginado: el horror de las trincheras socavó la moral de los combatientes y el desánimo empezó a hacer mella en su actitud. Muchos desertaron o se autolesionaron lo que suponía en ocasiones la condena a muerte y la ejecución por traidores a la patria.

En la retaguardia, la Primera Guerra Mundial fue la primera "guerra total". Por primera vez, absolutamente todas las energías y recursos (financieros, materiales y humanos) quedaron puestos al servicio de las necesidades bélicas. A la concentración del poder político en los gobiernos se sumó el control estatal sobre las industrias. Se nacionalizaron fábricas y transportes y se supervisó el comercio estableciendo precios máximos para los productos de primera necesidad en un intento de evitar la inflación y la miseria.

Mujeres francesas despiden a sus esposos que marchan al frente en 1914.

Británicos y franceses sufrieron problemas de abastecimiento en las trinvheras y en las ciudades y pueblos alejados de las líneas de combate. El aprovisionamiento de materias primas y de alimentos a los ejércitos hizo que escaseasen en otras partes y el precio de los productos básicos se multiplicó en pocos meses. La población de la retaguardia sufrió el racionamiento como consecuencia de la escasez de alimentos. 

La contienda afectó a la población civil de una forma no conocida hasta entonces. Los ejércitos estaban formados por hombres jóvenes, reclutados por primera vez, y por reservistas, adultos que ya habían cumplido el servicio militar (de tres años en Francia) y que se reincorporaron para engrosar las filas. En la retaguardia quedaban los niños, los ancianos y las mujeres, las cuales asumieron un papel trascendental en la guerra.

Hasta entonces, el trabajo de las mujeres habían estado reducido al ámbito doméstico pero la guerra hizo que fuesen requeridas para ocupar trabajos antes reservados a los hombres. Las mujeres comenzaron a trabajar en las fábricas y en el transporte. Especialmente importante fue su trabajo en la industria armamentística, esencial en la guerra, así como en los hospitales, para atender a los cientos de miles de heridos, en las oficinas gubernamentales y en los cuerpos de seguridad, la policía. Esta circunstancia reafirmó las reivindicaciones de los movimientos feministas que pedían el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

El movimiento sufragista, que pedía el voto para las mujeres, cobró gran impulso durante la Primera Guerra Mundial

Por otra partes, los Estados francés y británico impulsaron campañas de "intoxicación" de la población. Campañas publicitarias perseguían reforzar el espíritu patriótico, el fervor nacionalistas y el odio hacia el enemigo. Se fomentaba la colaboración y la participación de la sociedad en el esfuerzo bélico al que debían contribuir todos.

Uno de los instrumentos más eficaces para este objetivo fue la censura. Aunque ambos países eran democráticos, la censura se instauró durante la contienda para evitar que las informaciones provocasen desánimo entre la población. Periódicos y otras publicaciones eran controladas e incluso las cartas enviadas al frente eran censuradas para que los soldados no conociesen las penurias que sus familias pasaban en la retaguardia.

Pero el paso del tiempo, los cientos de miles de bajas y la escasez de alimentos hicieron que la euforia desapareciese. Si al principio la guerra fue recibida con alegría y esperanza, la prolongación de los esfuerzos desmoralizó a la ciudadanía. La inflación galopante y la miseria en la que se sumió gran parte de la población (obreros, jubilados y excombatientes sobre todo) contribuyeron a difundir la inutilidad de la guerra.

La ciudadanía británica y francesa era consciente de la brutalidad de la guerra: sabían los cientos de miles de muertos que estaba provocando, sufrían las privaciones, recibían noticias de los barcos hundidos, padecían bombardeos, etc. Esta situación provocó el nacimiento de un pensamiento pacifista tanto en Francia como en Gran Bretaña. Escritores, artistas y otros intelectuales (muchos habían sufrido la guerra) empezaron a reclamar el fin del conflicto. A ellos se unieron los comunistas y los socialistas que desde el principio se habían opuesto a la guerra. Y grandes sectores de la población abrazaron sus ideas con lo que la revolución que preconizaban empezó a ser una amenaza real.

 "Honor", "patria", "civilización", "nación" y "gloria" habían sido las palabras más utilizadas por los gobiernos para despertar en sus sociedades el espíritu combativo pero ahora era el miedo y la desilusión los que más influían en la actitud de franceses y británicos. La guerra estaba suponiendo un sacrificio mayor de lo que podían soportar y era hora de ponerle fin.  





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martes, 17 de junio de 2014

LA GUERRA NAVAL Y LA BATALLA DE JUTLANDIA

LOS FRENTES SECUNDARIOS (CUARTA PARTE)


Cuando estalló la guerra en junio de 1914, la armada real británica recuperó un plan diseñado y aprobado en 1909 que concebía un bloqueo económico completo a Alemania en caso de guerra. El 3 de noviembre de ese año, los británicos pusieron en marcha el plan: el Mar del Norte y el Canal de la Mancha se consideraron zonas de guerra y no se permitió a ningún barco transportar mercancías a Alemania. Los barcos de los países neutrales eran registrados y todas las mercancías con destino a Alemania, fuesen armamento o alimentos, confiscadas.

El plan británico era ilegal, porque no se ajustaba al derecho internacional, e inmoral porque por primera vez en la Historia se consideraba a los civiles objetivo de guerra. Millones de alemanes morirían de hambre en los cuatro años largos de guerra por la escasez de suministros. 

En respuesta a la estrategia del gobierno de Londres, Alemania declaró zona de guerra todas las aguas que rodeasen las Islas Británicas y anunció que todo navío mercante enemigo sería torpedeado por submarinos alemanes. Se trataba de un contra-bloqueo pero el II Reich estaba en inferioridad en los mares pues su flota era muy inferior en número a la armada británica, la más poderosa del mundo en aquellos años. Pero los alemanes cumplieron su amenaza: en 1915, el transatlántico británico "Lusitania" fue torpedeado cuando volvía de EE.UU. y 1.198 de sus pasajeros perecieron. No sería el último: el "Arabic" y el "Sussex" corrieron la misma suerte meses después.

Pero la situación de Alemania era desesperada. No conseguía romper el bloqueo impuesto por Gran Bretaña y la escasez de alimentos empezaba a hacerse notar entre la población. El 31 de mayo de 1916 la Flota de Alta Mar alemana (Hochsee Flotte) se hizo a la mar en el Mar del Norte, dirigida por el almirante Scheer, para enfrentarse a los británicos en lo que se denominó la Batalla de Jutlandia.

El plan de los alemanes era hacer un ataque sorpresa a los británicos ya que eran conscientes de que su flota, muy inferior en número, no iba a ser capaz de romper el bloque británico. El plan de Scheer era atacar la costa este de Gran Bretaña y destruir los cruceros británicos bajo el mando del almirante Beatty.   

Pero los británicos tuvieron acceso al código naval alemán con lo que conocían al detalle los planes del gobierno de Berlín. Al saber que la Hochsee Flotte se encontraba en el Mar del Norte decidieron tenderle una trampa: al acercarse los navíos alemanes a la costa británica, la flota inglesa saldría a su encuentro, la alcanzaría y la destruiría.

Todo estaba dispuesto frente a las costas de la península danesa para la mayor batalla naval de la Historia. Unos 150 barcos británicos salieron al encuentro de los 100 navíos de la flota alemana a toda velocidad. Más de 100.000 marineros, de uno y otro bando, se disponían a entrar en combate hacia las 14:30 de aquel día de finales de mayo de 1916.

En el momento del encuentro, la superioridad numérica británica desapareció porque los navíos de Beatty eran incapaces de hacer frente al potencial alemán. Los cañones navales teutones, mucho más precisos que los británicos, hicieron blanco en el "Lion", el "HMS Indefatigable" y otros muchos barcos británicos. En poco tiempo, un tercio de la flota británica estaba fuera de servicio.

Beatty vio el momento de retirarse pero ante el peligro de caer en su propia trampa decidió continuar la batalla al tiempo que recibía la ayuda de la Grand Fleet, dirigida por Jellicoe. Los refuerzos equilibraron la balanza y permitieron a los británico continuar. Hubo varios encuentros entre la flota teutona de Scheer y las flotas británicas y durante la batalla varios navíos de uno y otro bando fueron torpedeados, incendiados y hundidos.

Batalla de Jutlandia

En la madrugada del 1 de junio de 1916, cuando finalizó la batalla, 2.551 alemanes habían muerto y 507 estaban heridos; del lado británico, perecieron 6.097 hombres y 510 fueron heridos. Pero, ¿quién gano la batalla?

Aún hoy no se sabe realmente quien fue el vencedor. Los alemanes declararon la victoria y los británicos mantuvieron que los teutones habían fracasado en el intento de levantar el bloque naval británico, por lo que habían fracasado en su objetivo. Lo cierto es que la flota de Scheer hizo gran daño a la Grand Fleet británica, pero no la destruyó por completo y tampoco consiguió levantar el bloqueo económico impuesto por el gobierno de Londres. Además, la pericia de los almirantes británicos Beatty y Jellicoe permitió que la armada británica saliese airosa de la batalla.

En cualquier caso, la batalla de Jutlandia fue en realidad una derrota de la armada real británica. Nunca se recuperó por completo del golpe asestado por la flota de Scheer, aunque es cierto que no se levanto el bloqueo. Este hecho influyó en el propio almirante alemán cuando recomendó al káiser reanudar la guerra total submarina porque la Hochsee Flotte no era capaz de obligar por sí misma a que los británicos terminaran la guerra. El mito de la invencible armada real británica terminó pero Alemania no había conseguido que se rindiese y el bloqueo seguía asfixiando la economía del Reich al tiempo que ahogaba en hambre a la población alemana.  



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viernes, 28 de febrero de 2014

EL REINO UNIDO EN 1914, SÍMBOLO DE ESTABILIDAD

LOS CONTENDIENTES DE LA GRAN GUERRA (VI)

A comienzos del siglo XX, el Reino Unido era un símbolo de progreso económico, de bienestar social, de estabilidad política y de democracia. Era además, el núcleo de un inmenso imperio colonial que se extendía por los cinco continentes. Sin embargo, en aquella época, se anunciaba ya una crisis de liderazgo político a nivel mundial y una crisis de madurez a nivel económico. Tantos intereses en todos los sitios le acabarían pasando factura. Pero vayamos por partes.

A lo largo del siglo XIX, el Reino Unido había pasado de ser un país fundamentalmente agrícola, a ser la principal nación industrializada tras los avances tecnológicos de la Primera Revolución Industrial (iniciada a mediados del s. XVIII). A nivel político, Gran Bretaña tenía un monarquía parlamentaría que si bien, en principio, no era democrática porque sólo podían votar unos pocos, a lo largo del siglo XIX, se fueron aprobando reformas que democratizaron el sistema. Se aprobó la ampliación del sufragio y se buscó la limpieza en las elecciones. A finales de siglo, el régimen político británico era plenamente democrático.

Este periodo coincide con el largo reinado de Victoria I (reinó desde 1837 a 1901) y como bien se puede suponer, Gran Bretaña consiguió imponer su hegemonía en todo el mundo. A nivel social, la Revolución Industrial provocó algunas transformaciones sociales que desencadenaron protestas por las pésimas condiciones de vida de los trabajadores. Sin embargo, en términos globales, se puede afirmar que las condiciones de vida de los británicos mejoraron a lo largo de la decimonovena centuria.

En el cambio de siglo, surgieron algunos políticos que buscaban mejorar la vida del pueblo como D. Lloyd George y W. Churchill. Lucharon por el bienestar popular y establecieron las bases de un incipiente Estado del Bienestar.

A esta estable situación interna se sumaba una posición predominantes a nivel mundial, como hemos comentado. El Imperio Británico, de carácter colonial, tenían en 1914 una extensión de 31 millones de km2 (el Imperio Ruso, se quedaba "sólo" en 22 millones) y comprendía Canadá, Egipto, Sudán, Sudáfrica, La India y Australia, entre otros muchos territorios. Esto llevó al Reino Unido a enfrentarse con sus competidores en los territorios coloniales como Francia, Portugal u Holanda.

En Europa, los territorios de la Corona Británica se extendían por el actual Reino Unido a los que se sumaba toda la Isla de Irlanda (que luchaba insistentemente por su independencia) además de Gibraltar y la isla de Malta. Estos dos puntos estratégicos tenían una importancia esencial para Londres porque le permitían controlar el Mediterráneo. Si además, a estos le sumamos el control de Egipto y del canal de Suez (inaugurado en 1869) vemos como Gran Bretaña dominaba las rutas marítimas entre Europa, Asia y Oceanía.

Territorios británicos en Europa en 1914
Mantener esta posición predominante enfrentó al Reino Unido con todos y por todo. En 1900, tenía rivalidades con Francia y Holanda por los territorios coloniales y también competía con Alemania y EE.UU. debido a la acelerada industrialización de estos que suponía una amenaza para el Imperio Británico.

Su entrada en la Guerra de 1914 fue inevitable, no porque su territorio ni su seguridad a nivel europeo se viesen amenazados sino porque una potencia del tamaño de Gran Bretaña, tenía intereses en cualquier conflicto que se librase. Cuando se sumó a la alianza franco-rusa formando la Triple Entente, no lo hizo por simpatías ni con Francia ni con Rusia, sino para salvaguardar sus intereses en aquel lugar donde se encontrasen. 



* Si quieres conocer la diferencia entre Gran Bretaña, Reino Unido e Inglaterra, pincha aquí.

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viernes, 9 de agosto de 2013

A PROPÓSITO DE GIBRALTAR


A propósito de la crisis entre España y el Reino Unido sobre el peñón de Gibraltar, hace unos días leí un tuit de alguien a quien no voy a nombrar que decía algo como lo siguiente (no es literal pero la idea es la misma): “El nacionalismo español reclama Gibraltar y no reconoce el derecho de autodeterminación de los pueblos catalán y vasco”. ¿Pero a qué viene semejante afirmación?

Resulta que Gibraltar no tiene el mismo status internacional que el País Vasco o Cataluña y eso es algo que hay que dejar bien claro. Cataluña y el País Vasco son Comunidades Autónomas de un Estado-Nación, que es España, por mucho que pese; mientras que Gibraltar está reconocido incluso por el gobierno británico como una colonia. Ese es el término que hay que usar para Gibraltar: colonia.

Al dejar esto claro, las diferencias son perfectamente entendibles. Desde el proceso histórico que ha configurado esas entidades políticas hasta su situación actual y sus aspiraciones en el futuro.

Los territorios vascos y catalanes han formado parte de la entidad geopolítica de España desde el siglo XV. Eso es indudable y además, no se conquistaron en ninguno de los dos casos por la fuerza. De hecho, no se conquistaron puesto que su integración en España fue al tiempo que otras regiones como Castilla, Aragón o Galicia (y semejante a éstas). Hablo de los territorios vascos, no de Navarra que sí que se conquistó por las armas pero sin apenas derramar sangre, todo hay que decirlo.

Gibraltar en cambio, fue conquistado por las armas en mitad de la Guerra de Sucesión española, en concreto en 1704. Y cuando digo conquistado, es literalmente: las tropas anglo-holandesas desembarcaron en el peñón y se lo arrebataron a las guarniciones españoles. El ejército de Felipe V intentó recuperarlo sucesivas veces hasta 1713. Ese año por el Tratado de Utrecht España reconocía la soberanía inglesa en el Peñón… y en la isla de Menorca.

Como suena, Menorca también fue conquistada entonces por lo británicos, pero nos la devolvieron en 1783, por la paz de Versalles tras la Guerra de Independencia de las Trece Colonias Americanas. Curioso, ¿verdad? ¿A que a nadie se le puede ocurrir ahora que Menorca fuese británica? Sería algo tan poco natural como es el caso de Gibraltar pero la Historia tiene esas cosas.

Hay otros que opinan que Gibraltar es para España algo así como Ceuta y Melilla para Marruecos. Nada más lejos de la realidad. Algunos piensan que cuando Gran Bretaña nos devuelva Gibraltar, nosotros deberíamos devolver Ceuta y Melilla a Marruecos. Pero en este último caso, el término “devolver” no tiene sentido. Me explico.

Inglaterra quitó Gibraltar a España puesto que en 1704, Gibraltar pertenecía a un reino denominado España, concretamente a la antigua Corona de Castilla. Sin embargo, los españoles conquistaron Ceuta y Melilla antes de que existiera el reino de Marruecos como tal. Desde el siglo XV, las ciudades autónomas pertenecen a Castilla (miento: antes, Ceuta había pertenecido a Portugal, curiosamente, o sea que en todo caso habría que devolvérsela a Portugal).

Además, Ceuta y Melilla, son comunidades autónomas de España, no son colonias, por tanto es como si hablamos de Granada (que se conquistó más tarde que Ceuta, por cierto) o de Tenerife… Gibraltar sí es colonia británica, según su estatus otorgado por el propio gobierno de Londres, por tanto debe ser devuelta.

Pero una vez más, mi palabra no vale nada. La mía no pero la de la Asamblea General de Naciones Unidas sí. El 14 de diciembre de 1960, se aprobó la “Declaración sobre la concesión de independencia a los Países y pueblos colonias”. En ella se instaba a las potencias colonias a otorgar la independencia a sus colonias. Curiosamente, hoy en día, hay todavía quince territorios por descolonizar. Algunos de ellos son el Sahara Occidental (colonizado por Marruecos), Nueva Caledonia (por Francia), las Islas Vírgenes (por EE.UU. – el país que impulsó la declaración, por cierto-), las Islas Malvinas o Gibraltar (ambas por el Reino Unido). Esta información la proporciona la ONU en la web cuya dirección se encuentra al final del escrito.

Si el Reino Unido considera a Gibraltar como una colonia, debe descolonizarlo y por tanto devolverlo a España. Si no es así, Londres está incumpliendo una Declaración de la Asamblea General de Naciones Unidad y el derecho internacional. Algo que hacen habitualmente las llamadas grandes potencias: EE.UU., Francia, el Reino Unido, etc., etc.

Y hablando de independencia, no os equivoquéis: la ONU no ampara el derecho a la autodeterminación de regiones secesionistas (como el País Vasco o Cataluña). Algunos partidos independentistas recurren a la citada declaración de descolonización asumiendo que todo territorio puede independizarse. Ni mucho menos: la declaración de Naciones Unidas se refiere a las Colonias, a territorios y pueblos colonizados. Estas regiones no son colonias, por tanto no pueden descolonizarse (independizarse). La ONU no lo contempla ya que garantiza la integridad territorial de los Estados miembros.

En resumen, ni Gibraltar es español (de momento), ni el País Vasco ni Cataluña son independientes (de momento). Lo que sí es cierto es que según la ONU, el Peñón sí debería ser España. No confundamos conceptos.

 

En este apartado de la web de Naciones Unidas se habla de descolonización, se pueden leer las declaraciones de la Asamblea General al respecto y el mapa de los territorios que aún quedan por descolonizar:

miércoles, 31 de julio de 2013

THE GERMAN ORIGINS OF THE BRITISH MONARCHY


Some days ago, Prince George Alexander Louis of Cambridge was born at St Mary’s Hospital in London (England). The baby is the first son of the Duke and the Duchess of Cambridge and is the third in line to the throne after his father and his grandfather, Prince of Wales. The royal baby will be the seventh king of England with the name of George.

In spite of being Queen of England, the origins of the British Royal Family are not in England… They are in Germany!! In 1714, Elector of Hanover, George inherited the throne of England under the Act of Settlement. The new king spoke German and French but only a little English. He was German; not English, but he founded a new house in the throne of England: Hanover.

From 1714 to 1901, there were six sovereigns in England and four of them were called George!!! Curiously, the last king whose surname was Hanover was Victoria, the great-great-grandmother of Queen Elisabeth II of England… and king Juan Carlos I of Spain (they are only curiosities of History…)

The husband of Queen Victoria was Prince Albert of Saxe-Coburg and Gotha who was German too!!! The royal house changed the name again: they were Hanover but first they were Saxe-Coburg Gotha. Nevertheless, in History of Britain there is only a king with this surname: Edward VII (1901-1910)… Why?

Edward VII is the great-grandfather of Queen Elisabeth II but now the British Royal Family’s official name is Windsor and not Saxo-Coburg-Gotha…

The reason is very simple and it is related to British nationalism: in 1914, First World War broke out and Great Britain declared war to Germany. It was not good for the British Monarchy to have a German official name so they decided to replace Saxo-Coburg-Gotha for Windsor in 1917. After all, one of the castles of the British Royal Family is the Castle of Windsor. The anti-German feeling led King George V to adopt a new (and more English) official name…

Prince George Alexander Louis will be King George VII, in honour of the father of Queen Elisabeth, George VI. The Royal baby will be the seventh George of (German) British Monarchy…

 
For more information: http://www.royal.gov.uk/   

sábado, 27 de abril de 2013

THE IRON LADY

When she died, some weeks ago, I wondered how I could pay a homage to her. She was one of the most important politicians in the 20th Century and we cannot understand our recent History without her. I am talking about the Iron Lady according to the name that a Soviet journalist used to describe her. Margaret Thatcher died and Great Britain and the World remember the Thatcherism.
 
Margaret Thatcher or Maggie was born in a working class family of Granthman, England. Her father owned a grocery shop and money was extremely important for him. He had known what famine and poverty were.  Maggie also learned that she had to take care of money and keep incomes and expenses under control.
 
Margarent Thatcher studied Chemistry at Oxford University and then, Laws. She became very interested on Politics so she joined Conservative Party. She wanted to be important in a world of men!
 
In May 1979, after being secretary of state for Education and Science (1970 - 1974) and leader of oposition of the Conservative Party (1975 - 1979) she became Prime Minister of the United Kingdom. Arriving at 10 Downing Street, she said:
 
"Where there is discord, may we bring harmony. Where there is error, may we bring truth. Where there is doubt, may we bring faith. And where there is despair, may we bring hope."
 
Her goals were to keep the public expensives under control, to reduce the Government's role and to eliminate taxes. With her friend Ronald Reagan, the president of the USA, Maggie changed the Economic Philosophy and the International relationships completely.
 
During her government, she made friends and enemies. In 1982, when the Military Junta in Argentina ordered the invasion of the British Falklands Islands, Margaret Thatcher replied hard. She declared war on Argentina and the British Army reconquered the distant islands. It was the greatest military success for Great Britain since the World War II!
 
After wining elections again in 1987, Thatcher contributed to the fall of the Berlin Wall. In 1990, Maggie was replaced by John Major as chief of the Conservative Party and as Prime Minister. The old Iron Lady had made too many enemies and nobody trusted her.
 
Without any doubt, Margaret Thatcher was one of the essential leaders to understand the History of Great Britain and the Western World. Maybe she made many mistakes. Maybe she was too hard. But she contributed to create our world. Actually, she was the Iron Lady.
 
 
It is my homage to her.
 
 
Margaret Thatcher
(1925 - 2013)
R.I.P.
 
 
 
 
*This is my first report in English. All the reports about the "English world" (the UK, the USA, Australia, etc.) will be in English since now. If you want to a translation, ask me for it!