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domingo, 12 de octubre de 2025

AQUEL DOCE DE OCTUBRE...

CRÓNICA DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA



Playa de la isla de San Salvador (Bahamas) donde se cree que arribó la expedición de Colón en 1492. La cruz conmemora aquel momento.


En la madrugada del once al doce de octubre de 1492, cuando las tripulaciones de los tres navíos dormían, el joven vigía de La Pinta, Rodrigo de Triana, gritó lo más alto que sus cuerdas vocales le permitieron: "¡Tierra, Tierra a la vista!". Eran las palabras que todos los marineros esperaban desde hacía semanas y que algunos pensaban que nunca oirían. En medio del océano en calma, las voces se oyeron en las tres naves y  todos subieron apresuradamente a cubierta para comprobar tan alegre noticia. Entre ellos se encontraba el flamante almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón. En el horizonte se intuían unas sombras que no podían ser otra cosa que las costas de la India.

Parecía que los planes de Colón se estaban cumpliendo. La expedición había partido de Palos de la Frontera, en Huelva, el tres de agosto, festividad de la Virgen de la Rábida. Entonces, habían pasado más de cuatro meses desde que, en abril, en la ciudad granadina de Santa Fe, los reyes de Castilla, Isabel y Fernando, se habían decidido a sufragar y apoyar el proyecto del marino genovés. Los preparativos de la expedición fueron difíciles pues nadie en Castilla estaba tan loco para embarcarse en un viaje cuyo destino era incierto. Con la ayuda inestimable de los hermanos Pinzón, Colón pudo reclutar a un cien hombres que formaron la tripulación de tres navíos: dos carabelas, La Pinta y La Niña y una nao, la Santa María.

Aquel día de agosto de 1492, los tres navíos pusieron rumbo a las Islas Canarias donde se abastecieron. El seis de septiembre partieron de la Gomera rumbo al oeste. Sólo el Mar Tenebroso o la Mar Océana se extendía ante sus ojos.

Los planes de Colón son ahora bien conocidos. Pretendía llegar a la India navegando hacia el oeste dado que ya entonces nadie eran tan estúpido para cuestionar la esfericidad de la Tierra. El objetivo era hallar una ruta alternativa a la que estaban abriendo los navegantes portugueses navegando por la costa de África y que se encontraban a punto de completar. Pero que Colón sabía más de lo que contaba y no todo lo que decía se ajustaba a la realidad es algo de lo que, también hoy, nadie duda. Así lo pone de manifiesto el hecho de que el almirante llevase dos cuadernos de bitácora diferentes. En uno anotaba menos leguas de las que se recorrían diariamente, para enseñarlas a los capitanes de las naves y a la tripulación; en otra, secreta, anotaba las distancias verdaderas.

Tampoco hoy nadie discute que los cálculos de Colón sobre la distancia desde la Península Ibérica a las Indias eran erróneos. La distancia era enormemente mayor que la que el genovés había estimado. Los días pasaban y la expedición no daba frutos. No se divisaba tierra firme, Europa cada vez quedaba más atrás y los víveres empezaban a agotarse. Nadie había previsto una travesía tan larga.

Los alimentos acabaron gastándose completamente e incluso aquellos que se había podrido acabaron comiéndose. Los perros que había servido de compañía fueron sacrificados y su carne repartida e incluso las ratas eran consideradas un gran manjar en aquellos barcos que navegaban sin rumbo fijo. Los marineros empezaron a tener hambre y a temer por su suerte. Colón trataba de mantener la calma y proporcionaba informaciones no del todo ciertas a la tripulación para que "si el viaje fuera luengo no se espantase ni desmayase nadie". El almirante temía, entre otras cosas, un motín de los marineros.

La sublevación se produjo, finalmente, en la noche del nueve al diez de octubre cuando las protestas estallaron en los navíos como consecuencia de la desesperación. Todos temían que aquel viaje fuese su final. Los rebeldes amenazaron con tirar a Colón por la borda pero el almirante consiguió calmar los ánimos prometiéndoles que sin en tres días no hallaban tierra, regresarían a la Península.

Y fue en ese breve plazo cuando la fortuna les sonrió. Las naves llegaron a una pequeña isla en medio del océano. Colón la bautizó como San Salvador, y en verdad, el nombre era muy conveniente. Se trataba de la isla que hoy se llama Watling y pertenece al archipiélago de las Bahamas. Los indígenas la llamaban Guanahani. El tiempo entre el avistamiento y la llegada de los navíos debió de ser de incertidumbre y esperanza. Colón veía colmadas sus ambiciones y cumplidos sus planes; los marineros veían como, por esa vez, habían esquivado a la muerte.

Al mediodía del doce de octubre de 1492 desembarcaron por fin en la isla y Cristóbal Colón tomó posesión de aquellas tierras en nombre de los reyes de Castilla. A los rudos castellanos que formaban la tripulación les pareció que había arribado al mismísimo paraíso. Una tierra con frondosa vegetación, con playas de arena blanca y aguas cristalinas. "La belleza de estas islas supera a cualquier otra tanto como el día supera a la noche en esplendor" escribió Colón en su cuaderno de bitácora.

Pero aquella isla no estaba deshabitada. Pronto salieron a su encuentro gentes menudas, con la tez de color canela y semidesnudos. Aquellos indígenas, que Colón supuso que eran indios, se mostraron al principio curiosos y confiados. Los castellanos les dieron baratijas a cambio de perlas y animales exóticos. Incluso algún jefe indígena entregó a su hija a los marinero como esposa en señal de amistad. Y es que Colón estaba convencido de que aquellas islas estaban muy próximas al continente asiático.

La expedición no terminó ahí, en los días siguientes, las naves arribaron a otras islas y el veintiocho de octubre descubrieron la actual Cuba. Colón identificó aquellas tierras como Catay, es decir, China, y supuso que Cipango (Japón) no se encontraría muy lejos. Pero aquellas tierras tan hermosas como exóticas les deparaban numerosos peligros: no todos los indígenas eran tan amigables, había animales y plantas desconocidos y venenosos y las tormentas y los temporales eran más feroces que los que ellos habían visto en Europa. Además, no encontraron las riquezas que esperaban. No había oro y apenas plata.

Días más tarde descubrieron otra isla a la que bautizaron como "La Española". En aquellas peripecias, la nao Santa María encalló en unos arrecifes de coral y tuvo que ser evacuada y desguazada. Con los restos, los castellanos fundaron el primer asentamiento europeo en aquellas tierras, el fuerte de la Navidad. Era veinticinco de diciembre de 1492. En aquel lugar, tuvo lugar el primer enfrentamiento armado entre españoles y nativos.

El dieciséis de enero de 1493, más de cinco meses después de su salida de la Península, las ganas de volver a casa pudieron con las ansias de seguir explorando aquellas tierras. La Pinta y La Niña volvieron a Castilla mientras Colón enviaba una misiva a los reyes en la que les invitaba a celebrarse con "alegría y grandes fiestas" la hazaña. Se había descubierto una nueva ruta a las Indias.

En realidad, Colón nunca supo (o al menos sólo sospechó) que aquellas tierras estaban muy lejos de las Indias. Nadie sabía entonces que las islas que salvaron a los hombres del almirante de una muerte segura pertenecían a un nuevo continente que, con el tiempo, se denominaría América. Una inmensa tierra por explorar, descubrir y conquistar se cruzó en el destino de Castilla e iba a cambiar los destinos de la Humanidad para siempre. Pero entonces, en el umbral del siglo XVI, nadie en Europa podía imaginar que Colón había descubierto un Nuevo Mundo. Aquello, tanto para los europeos como para los indígenas americanos, fue, desde luego, un descubrimiento. Se descubrieron los unos a los otros. Fue el contacto entre dos mundos que habían permanecido aislados durante milenios. 

El contacto entre dos mundos. Doce de octubre de 1492.





*La primera versión de esta entrada fue publicada el 12 de octubre de 2014.

lunes, 16 de agosto de 2021

UN PAÍS INDOMABLE

BOSQUEJO DE LA HISTORIA DE AFGANISTÁN


Arriba: bandera de Afganistan. Abajo: izq. muyahidines en los años 80; der. montañas del Hindu Kush


La historia de Afganistán ha estado condicionada desde antiguo por varios factores. Desde un punto de vista geográfico, el país está dominado por el macizo del Hindu Kush, una amplia cordillera con profundos valles y altas montañas (más de 6.000 metros en algunos puntos). Esto ha dificultado tradicionalmente la integración de los pueblos afganos y las comunicaciones en el país. La organización social, por otra parte, es fundamentalmente tribal, lo que ha impedido la implantación de un gobierno central eficaz. En Afganistán viven diferentes etnias: pastunes, uzbekos, tayikos, etc.

Todas las potencias extranjeras que han intentado conquistar las tierras de Afganistán desde la antigüedad han fracasado. Fracasaron las falanges macedonias de Alejandro Magno en el siglo IV a.C.; las huestes musulmanas de los Omeyas en el siglo VIII; y el moderno ejército británico en el XIX. También la URSS tuvo dificultades cuando sus tropas intervinieron para apoyar al gobierno comunista de Kabul en 1979. Afganistán es una ratonera porque es prácticamente imposible dominar un terreno tan abrupto habitado por gentes acostumbradas a la guerra.

Y es que la guerra va indisolublemente unida a Afganistán. El país lleva más de cuarenta años sumido en diversos conflictos que han hecho imposible el desarrollo económico y social. La invasión soviética se prolongó hasta 1989 y fracasó porque los soldados de la URSS y del gobierno comunista afgano fueron hostigados incesantemente por los muyahidines en una guerra de guerrillas interminable. Los muyahidines recibieron apoyo financiero y armamentístico de algunos países árabes y de EE.UU. 

Con la retirada de los soviéticos y el hundimiento de la república comunista no llegó la paz. Afganistán se sumió en una larguísima guerra civil entre las distintas facciones muyahidines. El país se dividió en diferentes regiones controladas por señores de la guerra y bandas de criminales dedicadas a la rapiña. Entre esos grupos emergió uno que no era muyahidín: el talibán. Los "talibanes" (como se les conoce en Occidente) fueron en origen un grupo de jóvenes estudiantes vinculados al ejército paquistaní y caracterizados por una ideología fundamentalista islámica. Pretendían purificar el país y eliminar los males provocados por la dominación socialista y la presencia occidental durante las décadas anteriores.

En 1996, los talibanes se hicieron con el control de amplias zonas del país y ocuparon la capital, Kabul. Bajo el liderato del misterioso Mulá Omar, enseguida implantaron un Emirato Islámico y trataron de consolidar su poder. La implantación de la Sharía o Ley Islámica en su forma más estricta caracterizó el gobierno talibán que convirtió Afganistán en un régimen de terror. 

Se prohibió la música y los bailes así como el teatro y el cine; también se eliminó el consumo de alcohol y tabaco; y la ropa occidental fue censurada. Los hombres debían llevar barba y el pelo corto, y debían vestir a la manera tradicional. Las mujeres sufrieron la peor parte y fueron sometidas a los hombres: se las expulsó de las escuelas y se las recluyó en casa; debían ir cubiertas hasta los tobillos con el burka y no podían salir solas a la calle. El adulterio y la homosexualidad se penalizaron con la muerte y el método más habitual de ejecución fue la lapidación. Cualquier actividad de disfrute fue prohibida porque contravenía las leyes del Islam.

Afganistán se convirtió también en refugio de numerosos grupos terroristas como Al-Qaeda. En suelo afgano, esta organización tenía bases de entrenamiento. A pesar de ir en contra de los preceptos del Islam, los talibanes permitieron también la producción y la exportación de opio. No obstante, los talibanes nunca controlaron por entero el país. Eran muy fuertes en las montañas del sur, fronterizas con Paquistán, pero su poder era casi nulo en el norte, donde algunos poderosos muyahidines y señores de la guerra se unieron en la Alianza del Norte para hacer frente al gobierno talibán de Kabul.

Que el gobierno talibán daba cobijo a importantes organizaciones terroristas y criminales no era ningún secreto en los albores del siglo XXI. De hecho, en 1998, después de los atentados contra las embajadas de EE.UU. en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), Washington bombardeó campos de entrenamiento terroristas en suelo afgano. El 11 de septiembre de 2001, Al-Qaeda, liderada por Osama bin Laden, perpetró el mayor ataque terrorista en la historia de EE.UU. Como respuesta, el presidente de EE.UU. George W. Bush lanzó su famosa "guerra contra el terror" y en octubre de ese mismo año, la OTAN, con la autorización de las Naciones Unidas, invadió Afganistán.

En coordinación con la Alianza del Norte, liderada por el señor de la guerra Abdul Rashid Dostum, las tropas internacionales realizaron varias ofensivas en suelo afgano y en noviembre de 2001 tomaron Kabul. El gobierno talibán se desmoronó, pero la paz, una vez más, no se logró. Durante veinte años, las tropas internacionales permanecieron en suelo afgano intentando mantener la estabilidad en el país y combatiendo a los talibanes, que se replegaron al sur, escondiéndose en las montañas fronterizas con el vecino Paquistán.

Se estableció una república al estilo occidental en cuyo gobierno tomaron parte antiguos muyahidines aliados de EE.UU. y de la OTAN: Hamid Karzai se convirtió en presidente del país; Dostum ocupó diversos cargos y alcanzó la vicepresidencia en 2014. Los ejércitos extranjeros entrenaron y equiparon al nuevo ejército afgano. Se persiguió a los grupos terroristas (Bin Laden fue eliminado por fin por las tropas americanas en 2011 en Abbottabad - Paquistán -). Se potenció al mismo tiempo la educación y  la situación de las mujeres y de las niñas mejoró algo. Se construyeron carreteras y puentes para mejorar las comunicaciones. En definitiva, durante veinte años se intentó impulsar el progreso económico y social del país.

Pero las amenazas fueron demasiado grandes. La corrupción rampante del gobierno y la administración afganas lastraron el funcionamiento del nuevo Estado. La violencia se perpetuó. Más de 4.000 soldados extranjeros (en su mayoría estadounidenses, pero también de otras naciones) murieron en combates contra los insurgentes talibanes. Y en el mundo, otros actores reclamaron la atención de las potencias ocupantes. El mundo en 2021 no es igual que el de 2001. Los intereses que llevaron a EE.UU. y la OTAN a Afganistán son diferentes a los de hoy en día. Para Washington no vale la pena seguir gastando dinero y hombres en una guerra sin fin en un país en el fin del mundo.

Por eso, el presidente Biden anunció hace unos meses que las tropas estadounidenses abandonarían Afganistán antes del 11 de septiembre de 2021. En su repliegue paulatino, los talibanes han tomado ventaja de sus posiciones y han ganado progresivamente más fuerza en numerosas provincias. En realidad nunca se fueron del todo de las zonas rurales y su influencia siempre fue decisiva en muchas regiones. Ahora simplemente han decidido retomar el poder por completo a pesar de que se habían iniciado unas supuestas negociaciones de paz con el gobierno legítimo. La legitimidad la da de nuevo la fuerza. El ejército afgano, desintegrado en pocos días, abrió las puertas de Kabul a los talibanes el 15 de agosto y el Emirato islámico fue proclamado de nuevo.

Afganistán es conocido como "la tumba de los imperios" por lo inhóspito de sus tierras y el belicoso carácter de sus gentes. Ahora el país queda otra vez a su suerte, a la deriva, ante un futuro muy incierto. Los talibanes han prometido una mayor moderación que en la anterior etapa pero está por ver que cumplan su promesa. También está por ver que sean capaces de asentar un gobierno en un país caótico e indomable.

lunes, 1 de junio de 2020

CRONOLOGÍA DE UNA PANDEMIA

Desde el 31 de diciembre de 2019 al 1 de junio de 2020


DICIEMBRE DE 2019:

31: China informa a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre un extraño caso de neumonía atípica en la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei, en el centro del país).

                                    Fuente: OMS. https://cutt.ly/RyFybXp


ENERO DE 2020:

23: Tras la rápida propagación del virus, China aísla a 30 millones de personas en la ciudad de Wuhan. La OMS evita decretar la emergencia internacional. Ese día se cuentan 644 infectados en siete países diferentes, aunque la mayoría se concentra en China.

24: Francia reporta los tres primeros casos del virus en Europa.

30: La OMS declara la emergencia mundial ante la expansión del virus. Pide una “acción global” para atajar la epidemia.  Ese día hay más de 7.800 casos en todo el mundo y 212 fallecidos.

31: Se detecta el primer infectado en España, en la isla de la Gomera (Canarias). Se trata de un turista alemán que acaba de llegar a la isla y se encuentra asintomático.


FEBRERO:

12: La OMS declara al virus “enemigo público número uno global”. Se cancela el Mobile World Congress de Barcelona que se iba a celebrar a finales de mes. En los días anteriores numerosas compañías habían renunciado a participar.

21: Italia aísla 10 pueblos por un muerto y 16 casos de coronavirus. En los días siguientes aumentarán los casos de forma descontrolada en el norte del país.

24: la OMS pide al mundo que se prepare para una pandemia.

25: Se reporta el primer caso de contagio local del virus en Sevilla. Hay 13 infectados en toda España.


MARZO:

1: Alerta en España por la alta concentración de casos en Torrejón de Ardoz (Madrid), en Vitoria (País Vasco), en Málaga (Andalucía) y en La Rioja.

3: Se anuncia la primera muerte por coronavirus en España, ocurrida en Valencia el 13 de febrero.

8: Italia aísla el norte del país (16 millones de personas). Ese día se producen ocho muertes en España.

9: Madrid y Vitoria cierran las aulas por el avance sin control del coronavirus. En una comparecencia, el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, recomienda el teletrabajo y evitar reuniones y viajes. Se declara una “situación de contención reforzada” del virus. En los días siguientes se suspenden las Fallas en Valencia, los partidos de fútbol y baloncesto y la Semana Santa.

12: Hay ya 2.142 casos en España. El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia que se va a decretar el Estado de Alarma. Se ordena el cierre de las escuelas, institutos y universidades en todo el país. Se suspenden las clases.

14: Se decreta el Estado de Alarma en España. Ese día se contabilizan un total de 132 fallecidos y 5.100 infectados. El país se para por el coronavirus.

18: Mensaje del rey Felipe VI a la nación: “Somos una sociedad en pie frente a la adversidad”. Ese día se produce una muerte cada 16 minutos en Madrid. Las residencias de ancianos concentran los mayores brotes. Faltan mascarillas y protección para los sanitarios.

20: Se alcanzan las 1.000 muertes en España y UCIs de numerosos hospitales están desbordadas.

23: El palacio de Hielo de Madrid se convierte en una morgue improvisada puesto que las funerarias y los tanatorios están saturados. El Ejército halla cadáveres de ancianos en residencias.

28: El Gobierno ordena la paralización de toda actividad no esencial hasta después de Semana Santa. Las UCIs están saturadas en ocho comunidades autónomas.


ABRIL:

30 de marzo – 1 de abril: Se alcanza el pico de la epidemia en España. Comienza a apreciarse un leve descenso en las urgencias y en las hospitalizaciones. Hay más de 100.000 contagiados y fallecen más de 864 personas en un solo día (en total más de 10.000 muertos). Se han destruido 900.000 empleos en sólo 14 días.

8: Se inicia la desescalada en Wuhan después de dos meses y medio de aislamiento.

20: Sánchez y Casado acuerdan negociar el pacto nacional para la reconstrucción de España en una comisión en el Congreso.

26: se permite salir a los niños menores de 14 años a pasear. La cifra de muertos diarios baja por primera vez de los 300. Los curados superan los 100.000, los hospitalizados totales, los 114.000 en toda España.

29: Pedro Sánchez anuncia las fases de la desescalada. El PIB se desploma un 5.2% en el último trimestre. Se estima que en todo el 2020 se perderá el 9,2% del PIB.


MAYO:

2: Se permite salir a pasear o a correr una hora al día y por franjas horarias.

11: Ante la mejora de la situación epidemiológica en España, se inicia la desescalada en algunas zonas, que pasan a la Fase 1.

13: Un estudio revela que solo el 5% de los españoles tuvo el virus. En Soria el 14%, en Madrid, el 11’3% y en Canarias, solo el 2%. Los expertos señalan que la sociedad se encuentra "lejos de la inmunidad de grupo", situada en una tasa de contagio del 60% aproximadamente.

25: Madrid, Barcelona y Castilla y León pasan a la Fase 1. El resto de territorios pasan a la Fase 2. La tendencia del virus en España continúa reduciéndo su incidencia.


JUNIO:

1: Se contabilizan un total de 240.000 casos confirmados. De ellos se han recuperado ya unos 150.000 aproximadamente. En total se han contabilizado, hasta hoy, 27.127 fallecidos con coronavirus.




¿Continuará?






*La principal fuente para elaborar esta cronología ha sido la hemeroteca digital de "El País". Se ha utilizado la información sobre el Coronavirus que llevó el periódico en portada en cada día.

lunes, 28 de diciembre de 2015

FIN DEL DECIMOQUINTO AÑO...

Sólo quince, tantos como los años que llevamos en este siglo, han sido los instantes de este año pues otros quehaceres me han impedido dedicarles tiempo, pero no quería ni podía dejar pasar el cambio de año sin hacer, como es costumbre, un breve balance. Otro año más se nos va, el 2015, el decimoquinto año de la vigésimo primera centuria ya es Historia (con mayúscula, como a mí me gusta). Pero, ¿qué pasará a la Historia de este año? ¿Cuáles son los Instantes con Historia del 2015?

Lamentablemente casi todos ellos son terribles, al menos, a nivel internacional. En Europa el año empezó como acabó. El 7 de enero, varios terroristas del Daesh asaltaron la redacción de la revista satírica "Charlie Hebdo" en París causando doce muertos. Fue un ataque contra Francia, contra Europa, contra la Civilización Occidental y contra los principios que compartimos todos nosotros: la libertad. El 13 de noviembre, otro ataque del fundamentalismo islámico en la capital francesa causó ciento treinta muertos en respuesta a los bombardeos de la aviación gala en Siria. Todos nos sentimos por unos días franceses y compartimos su dolor e indignación. Como ocurrió en 2004, en Madrid, y en 2005, en Londres, Europa se volvió a teñir de luto.

Entre ambos dramáticos episodios, el Viejo Continente se ha visto desbordado por la llegada de cientos de miles de refugiados sirios, afganos, eritreos y sudaneses que huyen de la guerra y la miseria en sus países. La llegada masiva de refugiados y la persistente amenaza terrorista han causado tal impacto que han provocado un replanteamiento de los propios principios fundacionales de la Unión Europea. Claro que, a pesar de todo este terrible marasmo, también ha habido tiempo para que unos irresponsables políticos griegos llevaran a su país y a todo el Continente al borde del abismo financiero y económico para, al final... aceptar las mismas condiciones a las que ferozmente se oponían antes.

El 2015 también ha sido el cuarto año de la guerra de Siria que está desgarrando irreversiblemente el país. Más de 400.000 personas han perecido en una guerra de todos contra todos en la que es difícil distinguir ya quien es el bueno y quien es el malo. Igual ocurre en el vecino Iraq, y en Afganistan, y en el Yemen, y en Libia, y en Sudan del Sur, y en Mali...

Este año también pasará a la Historia por el enésimo intento de acordar un plan de actuación mundial contra el ya evidente cambio climático. Una cumbre celebrada en París entre noviembre y diciembre trató de dar relevo al fracasado protocolo de Kioto. El compromiso de reducir las emisiones para que la temperatura media mundial no aumentase más de dos grados centígrados para final de siglo se antoja, hoy, utópico. Y todo ello en el año más caluroso de la historia con un otoño que no fue otoño y un invierno que fue... una primavera.

Y España, mientras tanto, ha seguido en su bucle particular... un bucle que dura ya varios años y que empieza a ser preocupante. Ante una recuperación económica cuanto menos cuestionable, la situación política ha empeorado considerablemente. El año 15 ha sido un año electoral, con cuatro elecciones repartidas a lo largo de los doce meses. En marzo las elecciones en Andalucía evidenciaron la enorme complejidad de la fractura política que vive el país y la necesidad de llegar a pactos para gobernar. Pactos entre partidos que se presentan difíciles. Las elecciones municipales y autonómicas de mayo corroboraron esa tendencia. Los partidos que habían hecho posible la estabilidad política durante los últimos treinta años se resquebrajaron y surgieron otros... sólo con muy buenas intenciones.

Después del verano llegaron las elecciones autonómicas en Cataluña. La situación política en esta región se ha convertido en delirante y bochornosa. Ante unos comicios presentados como un plebiscito, los independentistas consiguieron sólo el 48% de los votos pero lograron la mayoría absoluta en el Parlamento. Mayoría absoluta cuestionable, por otra parte, ya que el bloque secesionista depende de un partido anti - (ponga aquí usted la palabra que quiera) para investir presidente al "cuasidefenestrado" Artur Mas, que cree ser un Mesías de un pueblo subyugado como NO es el catalán.

Y, el 20 de diciembre, en vísperas de las fiestas navideñas, la atención se centró en las elecciones generales. El resultado, por esperado, no deja de ser alarmante: Las Cortes más fracturadas de la Historia de la democracia moderna en España. Aunque corresponderá al 2016 alumbrar las verdaderas consecuencias de este hecho, hoy, el futuro no parece muy esperanzador. Llega el momento de pactar, de cooperar y de colaborar para sacar la Nación adelante y el sentido de Estado, la responsabilidad y la seriedad son esenciales para ello pero...

Por todo ello, el nuevo año 2016 se nos presenta lleno de incógnitas en nuestro país: ¿seremos capaces los españoles de formar un gobierno estable que garantice la gobernabilidad del país durante los próximos cuatro años? ¿conseguiremos frenar definitivamente el estrafalario desafío soberanista de Cataluña que dura ya demasiados años? ¿conseguiremos que la economía despegue de una vez por todas y todos los españoles lo sientan en sus vidas?

Y tampoco a nivel internacional el futuro se antoja claro: ¿podrá Siria encontrar un vía para el restablecimiento de la paz? ¿y Libia? ¿y Mali? ¿y el Yemen? ¿Conseguiremos destruir y aniquilar al Daesh definitivamente? ¿Quién será el próximo presidente de los EE.UU.? ¿Qué traerá el nuevo año para Latinoamérica? ¿Vencerá la democracia al populismo en Venezuela? ¿Que ocurrirá en el 2015 en Ucrania? ¿Qué más sustos financieros nos daremos los europeos con Grecia? ¿Cómo podremos hacer frente a la amenaza terrorista en Occidente?...


Para finalizar este breve balance os dejo una canción especial para mi. Este año pude, por fin, asistir al Musical de El Rey León en el Teatro Lope de Vega de Madrid. Un espectáculo fabuloso que, sin duda, merece la pena ver. La última canción del Musical, "Un nuevo rey. El ciclo vital" transmite la transición entre un momento de penumbra y un final apoteósico y grandioso. Quizá, sólo quizá, sea el presagio de lo que puede ocurrir este año.





¡¡FELIZ AÑO 2016 A TODOS!!

sábado, 14 de noviembre de 2015

EUROPA FRENTE AL ISLAM


El 10 de octubre del 732, las tropas del rey franco Carlos Martel se enfrentaron a las del caudillo árabe al-Gafiki cerca de Poitiers. Las hordas islámicas, formadas por más de 50.000 soldados árabes y bereberes, sufrieron una tremenda derrota frente a los francos y al-Gafiki encontró la muerte a manos del jefe carolingio. La derrota islámica fue crucial para el destino de Europa y del Cristianismo pues frenó irremediablemente el avance musulmán por el Viejo Continente. Poco después, los francos expulsaron de la Provenza a los musulmanes que allí se habían instalado, los cuales se replegaron a al-Andalus.

Aquel episodio fue la primera derrota militar de los musulmanes, que habían invadido Europa veintiún años antes, en el 711. El reino godo de Toledo y su rey Roderico no habían conseguido frenar en aquella batalla cerca del río Guadalete a los invasores islámicos que ya habían conquistado por las armas todo el Norte de África. La Península Ibérica, al-Andalus, como ellos la llamaban, fue ocupada ante la inoperancia de la élite goda y la pasividad de la población hispana, acostumbrada a que pasasen por aquellas tierras todo tipo de conquistadores.

La obsesión de los musulmanes con Europa parece evidente ya desde los albores del siglo VIII; igual que la tendencia islámica a conquistar por las armas nuevos territorios. Lo que nadie puede dudar es que el Islam, surgido a finales del siglo VII, se extendió por Arabia primero, y después, por el Norte de África gracias a las armas del fabuloso y próspero Califato Omeya.

Fue en aquellas centurias que hemos relatado cuando se gestaron los sucesivos choques entre la vieja Europa cristiana y la nueva religión islámica. Desde entonces, las dos civilizaciones, que parecen incompatibles, no han dejado de mirarse con recelo y se han combatido en numerosas ocasiones. Algo parece claro: el Islam siempre ha amenazado a la Europa Cristiana igual que Occidente lo ha hecho a las sociedades musulmanas.

El Medievo estuvo repleto de conflictos entre la Cristiandad y el Islam. El más largo lo vivimos aquí, en la Península Ibérica. La batalla de Covadonga, en el 722, convertida en mito después, inauguró la Reconquista. Ésta no fue más que una constante guerra entre los Reinos cristianos del norte peninsular y los diferentes Estados musulmanes configurados progresivamente en la zona ocupada de al-Andalus. Quizá la Batalla de las Navas de Tolosa, en el 1212, sea el mejor ejemplo de la unidad de los cristianos contra el infiel. En el verano de aquel año, un ejército formado por castellanos, aragoneses, navarros, franceses y occitanos infligió tal derrota a las huestes almohades que el imperio norteafricano se desmoronó como un castillo de naipes.

De igual forma, las Cruzadas unieron a los cristianos europeos con el propósito de reconquistar Tierra Santa, los lugares donde había vivido Jesucristo. Hasta nueve expediciones se contaron a partir del siglo XI para combatir a los infieles en Tierra Santa. En el año 1095, el papa Urbano II hacía un llamamiento a la Cristiandad para la Cruzada contra el Islam. En su sermón decía:

"Ellos han matado y capturado a nuestros hombres, han destruido las iglesias y han asolado el imperio. Si permitís que continúen actuando así, sin impunidad, los fieles de Dios seréis todavía más atacados por ellos".

Las Cruzadas, como no podía ser de otra forma a causa de su irreal objetivo, fueron un fracaso total. Poco duraron el reino cruzado de Jerusalén y otros Estados cristianos surgidos de aquellas expediciones. Claro que, aunque dé la sensación de que los malvados europeos atacaron aquellas tierras haciendo la Guerra Santa a los musulmanes; no fueron pocas las acciones de guerra de estos contra los cristianos.

Además de las luchas en la Península Ibérica, los piratas sarracenos del norte de África asolaban las costas del sur de Europa con sus frecuentes razias. ¡Cuantos niños fueron capturados en Barcelona, en Mallorca, en Marsella o en las costas de Italia para ser vendidos como esclavos a los magnates árabes! ¡Cuántas niñas fueron igualmente secuestradas para engrosar los harenes de los jefes musulmanes! ¡Cuánta destrucción y cuánto terror dejaron esos que llamaban infieles en las tierras europeas bañadas por el Mediterráneo!

Y qué decir de la resistencia agónica del viejo Imperio Bizantino ante el empuje de los turcos. Cuando Constantinopla cayó ante el avance otomano en el 1453, Bizancio llevaba siglos resistiendo al avance militar turco. El siglo XVI fue horrible igualmente para media Europa. Si los musulmanes desaparecieron de la Península Ibérica tras la conquista del Reino nazarí de Granada en 1492, los turcos otomanos conquistaron los Balcanes. Grecia, Serbia y Rumanía cayeron bajo el yugo islámico y en 1526, tras la batalla de Mohács, el reino de Hungría fue también sometido.

El Califato Turco atemorizó el Viejo Continente durante decenios. Llegó a sitiar Viena, ¡el corazón de Europa!, en varias ocasiones y acosó a los comerciantes cristianos en el Mediterráneo. Chipre, Creta y Malta fueron conquistadas en pocos años. El peligro que corría la Cristiandad fue tan grande que en 1571, la Santa Alianza, formada por la Monarquía Hispánica, el Papado, la República de Venecia, la República de Génova y el Ducado de Saboya, partió a enfrentarse al infiel cerca de la Península Helena.

La famosa batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571 fue otro gran enfrentamiento entre cristianos y musulmanes. "La más grande ocasión que vieron los siglos", según la describió Miguel de Cervantes, que participó en ella, se saldó con la derrota de los turcos. Fue ese un punto de inflexión en la relación entre cristianos y musulmanes; sin embargo, hubo que esperar varios decenios para que la decadencia marcase el irremediable destino del Imperio Otomano.

Los siglos pasaron, el Turco se debilitaba progresivamente en Europa y el norte de África pero las sociedades musulmanes no fueron capaces de constituir Estados estables y prósperos. Por contra, los Estados Europeos se desarrollaron aceleradamente en los siglos XVIII y XIX. La superioridad militar, política y económica de los europeos frente a los musulmanes fue evidente hasta el punto de que en el siglo XIX consiguieron dominarlos.

A principios del siglo XX, Europa se repartió literalmente las sociedades islámicas creando colonias, protectorados y mandatos. Lo que no había podido hacer en la Edad Media, lo hizo nueve siglos después gracias a su poder militar. Europa aprovechó para dominar aquellos territorios ricos en materias primas y en petróleo, el oro del siglo XX. Pero no nos engañemos; lo hizo Europa con el Islam como lo habría hecho el Islam con Europa si hubiese tenido la capacidad para hacerlo. Pero no la tuvo y por ello, los musulmanes quedaron subyugados durante décadas al poder colonial europeo. Las tribus árabes sólo empezaron a establecer Estados más o menos estables a partir de la década de los treinta (Arabia Saudí se fundó en 1932).

Pero la naturaleza de aquellos Estados, aunque miraban a Occidente, no se podía igualar a las de los países europeos y Estados Unidos. Ni si quiera a los más pobres del Viejo Continente. Nada tenía que ver la paupérrima España de los años treinta del siglo XX con el reino de Arabia Saudí y su sociedad tribal de aquellos años.

La incapacidad manifiesta de los árabes para construir países prósperos y estables como los europeos en la segunda mitad del siglo XX impulsó el nacionalismo árabe y el radicalismo islámico. Esto, unido a la inevitable influencia de Europa y de EE.UU. en el Mundo Árabe y a la injusta decisión de crear un artificial Estado judío en Próximo Oriente, es quizá la chispa que prendió los actuales movimientos radicales islámicos. 

Desde los años ochenta del siglo XX, el antioccidentalismo musulmán se ha manifestado en sucesivos ataques contra intereses europeos y norteamericanos en Asia, África y en los Países Árabes. Los ataques en terreno Europeo o en EE.UU. han sido menores en número pero más impactantes: el atentado contra el World Trade Center en 1993, el derribo de las Torres Gemelas en 2001, el atentado de Madrid el 11 de marzo de 2004, el ataque en Londres el 7 de julio de 2005 o los últimos ataques en Francia, en 2015, son los más destacados.

La injerencia de Occidente en los Países Árabes no es sólo militar sino, principalmente, cultural. Los árabes ven Europa y Norteamérica como paraísos pero los odian, al mismo tiempo, por la enorme distancia política, económica y cultural que los separa de ellos. La fracasada Primavera Árabe es el último ejemplo de todo esto. Incapaces de construir democracias al estilo occidental, muchos países (todos excepto uno, Túnez) se han sumido en el más absoluto caos. Y el caos, la pobreza, la guerra y la desigualdad constituyen el mejor caldo de cultivo para el yihadismo.