No sé mucho de eclipses. Ni de eclipses solares ni de lunares. Hasta hace un par de días mi conocimiento se limitaba a la definición: un eclipse de sol es un fenómeno astronómico que se produce cuando la luna se interpone entre el astro rey y nuestro planeta, impidiendo que sus rayos impacten en la superficie terrestre. Ahora, ante el aluvión de información, creo que sé algo más, pero poco; he oído hablar de "el primer contacto", "la corona solar" y unos cuantos tecnicismos similares. Tampoco sabía cuántos eclipses totales habían podido contemplarse desde nuestra provincia y desde nuestra ciudad. La expectación creada por el eclipse total del 12 de agosto de 2026 me ha hecho, sin embargo, investigar, descubrir algunas cosas interesantes y recordar otras que creía olvidadas.
He recordado, por ejemplo, que en uno de los sillares del claustro románico de la concatedral de San Pedro, en Soria, aparece una inscripción interesante sobre el eclipse del 3 de junio de 1238. Dice: "OBSCVRATVS E SOL T CIO NO". Esto no es ningún secreto pues en cualquier visita guiada a la concatedral se informa a los oyentes de tal inscripción que se encuentra a simple vista. Lo realmente interesante de esto es que en la Soria medieval, alguien entendió que un eclipse total de sol era un acontecimiento lo suficientemente importante como para grabarlo en los muros del principal templo de la ciudad.
Por aquel entonces Soria era un pequeño enclave defensivo en la Extremadura castellana, junto al vado que permitía el paso del río Duero. La entonces iglesia románica de San Pedro ya era el templo más importante de la villa y en sus muros quedó grabado un acontecimiento que aterrorizó a muchos, incapaces de comprender por qué se hacía de noche en pleno día. Muchos creyeron, a buen seguro, que el fin del mundo estaba cerca. Una inscripción similar aparece grabada en una lápida de la iglesia de San Nicolás, que se conserva en el Museo Numantino. De hecho, en los muros de San Nicolás, hoy en ruinas, aparece otro pequeño grabado que muchos interpretan también como la representación de un eclipse, quizá el del 3 de junio de 1238. Una gran roca parece interponerse delante de una llamarada. Quizá la roca simbolice la luna y la llama represente el sol oculto. ¡Quién sabe!
Si preguntamos a ChatGPT, el algoritmo enseguida proporciona una relación de los principales eclipses solares que se han divisado en nuestra ciudad y en su provincia. Me permitiré omitir los parciales porque la lista sería tan larga que aburriría. Hasta yo mismo me recuerdo contemplando un eclipse con mi familia en la orilla del pantano de La Muedra. En la época contemporánea, se han producido dos grandes eclipses totales divisados en Soria: el del 18 de julio de 1860 y el del 30 de agosto de 1905. Ambos suscitaron la atención de numerosos científicos, que se desplazaron a Soria para contemplar semejante espectáculo astronómico. El de 1860 fue estudiado desde el Moncayo, hasta donde llegó una expedición astronómica internacional. El de 1905 fue observado desde las Eras de Santa Bárbara, en Soria capital, donde se instaló un observatorio por parte de la Comisión del Observatorio de la Marina de San Fernando (Cádiz).
De este eclipse, el último eclipse total de sol que se ha podido ver desde Soria hasta 2026, tenemos más datos, puesto que "El Avisador Numantino" (31/08/1905), uno de los periódicos más importantes de la época, publicó una detallada crónica del momento el día siguiente de producirse. También la revista "Recuerdo de Soria" incluyó en su número de 1906, una breve descripción del acontecimiento. Lo curioso de todo ello es que la expectación popular, el temor a que las nubes impidiesen contemplar el espectáculo astronómico y el interés científico por el evento se asemejan a los del 2026. En la crónica de "El Avisador Numantino" podemos leer la emocionada descripción de aquella jornada:
"Al llegar el momento solemne de la totalidad del eclipse, una luz tenue, y no comparable a ninguna otra, se extendió por doquier, comunicando al campo, a los objetos y a las personas un aspecto fantástico, comenzando en aquel instante las sombras ondulantes...
El público que era muy numeroso, en este crítico momento no pudo contener su admiración y por todas partes se oían gritos de sorpresa, que pudieran traducirse en expresiones de temor, y no faltó mujer que poseída de invencible pánico lloraba a lágrima viva, creyendo que era llegado el fin del mundo. A la una menos cinco minutos del meridiano de Soria, comenzó la totalidad del eclipse, y si antes se produjeron en el público las manifestaciones que dejamos consignadas, en este solemne momento se hizo el silencio más completo, admirando todos la magnificencia del fenómeno y llamándonos extraordinariamente la atención la corona solar que era hermosa sobre toda ponderación...
La totalidad del eclipse duró tres minutos y medio, y al aparecer de nuevo el astro rey la gente comenzó a desfilar..."
Según reseña la crónica, durante los momentos de oscuridad, la temperatura ambiente comenzó a caer, la gente comentaba el frío y muchos examinaron las estrellas que se pudieron ver en el firmamento. La "Eléctrica de Soria" garantizó el suministro de luz al observatorio instalado en las Eras de Santa Bárbara mientras otros muchos contemplaron el espectáculo desde la Sierra de Santa Ana. Algunas cosas se mantienen ciento veintiún años después. Ahora, el lugar de observación se ha instalado en el Monte Valonsadero, aunque a buen seguro muchos acudirán a Santa Bárbara, al Castillo y a la Sierra de Santa Ana a contemplarlo. Soria, como en aquel momento, es uno de los lugares privilegiados para observar cómo la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol. Por ese motivo, no está de más terminar esta breve historia de los eclipses en Soria reproduciendo las palabras que el ministro de Marina, sr. Villanueva, presente aquel día en las Eras de Santa Bárbara, pronunció al respecto:
"Tan bien habrán podido observar el eclipse en otras partes de España, pero mejor que nosotros, no".
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