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viernes, 7 de noviembre de 2014

UNAS PALABRAS EQUÍVOCAS QUE CAMBIARON EL MUNDO

25 AÑOS DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN




En agosto de 1961 las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) estaban decididas a frenar el éxodo masivo de berlineses que huían del comunismo cruzando del Berlín oriental al occidental. Durante el mes anterior habían cruzado alguno de los pasos fronterizos más de 30.000 berlineses y esto era algo intolerable para el gobierno de la RDA que le dejaba en evidencia delante del resto de gobiernos del bloque del este, y en especial ante la URSS. Entre los días trece y catorce de agosto los soldados de la Alemania Oriental colocaron alambre de espino en la frontera que delimitaba los dos sectores y empezaron a construir barricadas. La Puerta de Brandemburgo fue cerrada.

Pocos días después, el dieciocho, comienza a levantarse un enorme muro de hormigón en torno al perímetro de Berlín Occidental. La pared se extiende por más de 155 kilómetros y en algunas zonas llega a alcanzar los cuatro metros de altura. Fue algo totalmente inesperado porque en apenas tres horas se cerraron los pasos fronterizos de la ciudad. Sólo consiguieron pasar a la zona occidental alrededor de 5.000 berlineses; otros 3.000 fueron arrestados y 267 perecieron en el intento.

Con la construcción del muro, se materializaba la idea del "telón de acero" acuñada por W. Churchill después de la Segunda Guerra Mundial. El Muro de Berlín dividía no sólo la ciudad sino también Alemania, Europa y el Mundo. Durante casi treinta años el "Muro de la Vergüenza", como algunos lo llamaron, simbolizó la división del planeta en dos bloques enfrentados: el bloque capitalista y el comunista. Muchos creyeron en los años sesenta, setenta y ochenta que aquella división sería permanente y nadie podría cambiarlo.

A finales de los años ochenta, la situación en la mayor parte de las repúblicas populares del este de Europa (igual que en la propia URSS) era dramática en el ámbito económico y social. En la RDA, axifisiada económicamente, se sucedieron manifestaciones que demandaban libertad y proliferaron organizaciones y asociaciones juveniles que animaban al debate político.

En 1989, la situación era insostenible. Los alemanes orientales reclamaban liberta, democracia y mejores condiciones de vida. Más aún cuando sabían que en la hermana República Federal Alemana (RFA), el nivel de vida era muy superior al que disfrutaban los alemanes orientales. Otros países, como Polonia o Hungría, planteaban entonces una apertura.

El primer signo de cambio llegó en mayo, cuando la frontera entre la RDA y Austria se abrió y miles de alemanes orientales huyeron por esa vía a la Alemania Occidental. A mediados de octubre, el hombre que había dirigido los designios de la RDA durante la última década, Honecker, dejó el gobierno. Semanas después, el cuatro de noviembre, un millón de berlineses salió a la calle para demandar reformas al grito de "Nosotros somos el pueblo", "Nosotros somos un solo pueblo". El nuevo secretario del partido, E. Krenz, nombró un gobierno presidido por el reformista H. Modrow.

A pesar de estos cambios, nadie imaginaba en la aurora del nueve de noviembre que situación de la RDA y la escena internacional iban a cambiar en pocas horas.

Ese día, el Politburó del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED, en sus siglas alemanas) aprobó una agenda de medidas sobre la emigración. Una de las medidas decía textualmente:

"Los viajes privados al extranjero pueden ser solicitados sin cumplir requisito alguno"

En torno a las siente de la tarde, el portavoz del gobierno de la RDA, Günter Schwabowski, dio una rueda de prensa para explicar las medidas. Un periodista le preguntó acerca de la medida referente a los viajes al extranjero y cuándo entraría en vigor. El portavoz del gobierno respondió: "de inmediato".

Estas precipitadas y equívocas palabras de Schwabowski junto con una declaración de Krenz que afirmaba que "los permisos serán concedidos rápidamente", encendió las esperanzas de millones de berlineses orientales. La noticia se extendió por doquier y una multitud se congregó alrededor del Muro.

Los guardias germano-orientales se sorprendieron al ver a toda aquella gente mientras confirmaban que las nuevas normas eran ciertas. Los oficiales dieron la orden de dejar pasar al otro lado a todos aquellos que lo solicitasen.

A medianoche, miles de personas hacían cola para cruzar al Berlín Occidental. Muchos de ellos a reencontrase con sus familiares quienes vivían en la misma ciudad pero en distintos países, otros ansiaban volver a ver a sus amigos, algunos buscaban tomar una cerveza en un bar de la zona del oeste y otros, simplemente, a comprobar que aquello que se estaba produciendo era real: el muro dejaba de tener sentido.

La gente acudió de nuevo al Muro, esta vez armados con picos y martillos con la intención de destruirlo. Nadie hizo nada por evitarlo ni hubo resistencia alguna. El Muro que durante veintiocho años había dividido a los alemanes caía en pedazos mientras los berlineses gritaban de júbilo y cantaban. Los berlineses occidentales, sorprendidos por lo que estaba pasando al otro lado de la pared, recibieron a sus conciudadanos con euforia y muchos bares sirvieron cerveza gratis aquella madrugada.

Las imágenes de aquel acontecimiento histórico llegaron a todas partes del mundo. La división del plantea en dos bloques irreconciliables e incomunicados se resquebrajaba y la geopolítica europea y mundial cambió. Un futuro de libertad, esperanza y democracia se abría ante los ojos de los alemanes orientales. Y la Ola democratizadora se iba a extender a casi todos los países del Este de Europa. Había caído el símbolo. La realidad estaba a punto de cambiar.




jueves, 30 de octubre de 2014

EL BATALLÓN DESAPARECIDO

UNA HISTORIA DE HALLOWEEN



En agosto de 1915, se libraba en la Península de Gallípoli la batalla que decidiría el destino del Imperio Otomano y de Rusia (ver más información aquí). Los altos mandos militares del ejército británico enviaban más y más hombres a un escenario salvaje en el que acabarían pereciendo más de 250.000 de esos soldados. En este contexto aterrador se produjo un hecho extraordinario.

A primeros de agosto llegó a Gallípoli el Quinto Batallón del Regimiento Real de Norfolk, formado por 267 soldados, en su mayoría por gentes corrientes: mayordomos, trabajadores del campo, mozos de cuadra y jardineros. La mayoría eran empleados de la finca real de Sandringham, al este del Reino Unido y poco sabían de la guerra, ni de armas, ni mucho menos del enemigo otomano a quien debían derrotar. Pero el destino iba a cambiar para ellos.

El 12 de agosto, el batallón entró en combate contra los turcos dentro de un frondoso bosque. Algunos vigías australianos y neozelandeses controlaban la marcha de los británicos desde las colinas cercanas y esperaban la salida de los aliados británicos del bosque. Pero nadie salió de aquel lugar. Los 267 soldados desaparecieron aquel día.

Las desapariciones de soldados fueron frecuentes durante toda la guerra pero aquel acontecimiento fue realmente extraño. Ninguno de los más de doscientos volvió para reencontrarse con su familia.

Cincuenta años después, cuatro veteranos neozelandeses describieron un suceso inexplicable. Vieron nubes extrañas, que no eran niebla, pegadas al suelo aquel día. Dijeron que el batallón, al cargar contra el enemigo se adentró en ellas. Después, mientras los soldados del Quinto Batallón se encontraban en medio de aquella espesa nube, ésta comenzó a elevarse y, cuando se desvaneció, nadie quedaba en aquel lugar.

Muchas teorías se han usado para explicar tan extraordinario suceso. Los investigadores concluyeron que la totalidad del Batallón fue aniquilado por los otomanos ya que los turcos tenían la estrategia de no hacer prisioneros de guerra por lo que todos aquellos enemigos que caían en sus manos eran asesinados. Esta teoría se explica con el hallazgo de 122 cadáveres con señales de disparos en los cráneos en la zona donde se asentaba la extraña nube. Pero los cuerpos de los otros 145 soldados nunca aparecieron. Se cree que puede ser debido a un proceso de descomposición rápido que no deja rastros.

Otras versiones apuntan que los soldados del Batallón fueron abducidos por la nube, que los condujo hasta una nave alienígena. Nunca se supo...

¿Realidad o mera fantasía? Muchas veces la fabulosa imaginación del ser humano trata de ocultar la cruda realidad: aquel día de verano de 1915, 267 inocentes perecieron en aquel bosque de Gallípoli a manos del enemigo turco... ¿o no?




¡Feliz Noche de Halloween a todos!

viernes, 3 de octubre de 2014

LA NUEVA REPÚBLICA TURCA

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS (III)


Turquía según el Tratado de Sèvre (1920)

En noviembre de 1918, el Imperio Otomano se encontraba derrotado y ocupado militarmente por las potencias aliadas (franceses, británicos, griegos e italianos, principalmente). El viejo imperio que había atemorizado durante tantos siglos a la Cristiandad estaba ahora en vías de desintegración: los árabes querían independizarse, igual que los armenios y los kurdos; mientras que Mesopotamia y la franja sirio-palestina estaban controladas por los aliados. Igual ocurría en el corazón del imperio, en Anatolia, donde las convulsiones políticas, sociales y económicas iban a cambiar el destino de los turcos.

La resistencia la régimen califal de Estambul se organizó el 23 de julio de 1919 en el congreso nacionalista celebrado en Erzerum. Allí se formó el Partido Nacionalista Turco, liderado por Mustafá Kemal, que estableció su cuartel general en Ankara, en el centro de Anatolia. El cinco de octubre de ese año, los nacionalistas (o kemalistas) derrocaron el régimen de autocrático del sultán (que sólo conservó su autoridad religiosa) y convocaron elecciones. La victoria aplastante del partido de Kemal le dio fuerza para emprender la reforma del Estado.

El primer obstáculo al que tuvo que enfrentarse fue la situación heredada de la guerra. En 1920, el Tratado de Sèvres, firmado con las potencias vencedoras, fragmentó el territorio otomano y lo repartió entre diversas potencias:
  • Gran Bretaña adquirió Mesopotamia, muy rica en petróleo. la región pasó a llamarse Iraq. También controló Palestina (donde se proyectó la creación de un Estado Judío por la Declaración de Balfour) y Transjordania (actual Jordania).
  • Francia recibió Siria (que incluía el actual Líbano).
  • Armenia (cuya población tanto había sufrido durante la guerra) se constituyó como un Estado independiente en el este del Imperio.
  • Grecia recibía la Tracia Oriental (excepto la ciudad de Estambul) y una franja costera en el oeste de Anatolia.
  • La zona de los estrechos quedaba internacionalizada, permitiendo la libre entrada y salida de barcos desde el Mar Negro.
  • El Kurdistán se constituía como entidad autónoma en el sureste del Imperio.
Además, extensas regiones que, según el tratado, pertenecían al nuevo Estado Turco, permanecieron ocupadas militarmente por las fuerzas aliadas: Francia mantenía la región de Cilicia, y en el sur de Anatolia, una franja costera era controlada por los ejércitos italianos. El Imperio Otomano estaba siendo troceado y repartido como un pastel en una boda (vean cómo quedaba Turquía según el Tratado de Sèvres en el mapa superior).


El gobierno de Mustafá Kemal inició entonces una serie de ofensivas diplomáticas y militares para restituir los territorios turcos en Anatolia. Esta contienda, que tuvo lugar entre mayo de 1919 y octubre de 1923, es conocida como "Guerra de Independencia Turca". El primer éxito fue el reconocimiento de las fronteras por parte de la Unión Soviética, deseosa de ser reconocida en el panorama internacional.

Posteriormente, en 1921, los turcos expulsaron a los ejércitos franceses de Cilicia y de la franja norte de Siria que volvieron a estar en poder del gobierno otomano. También fueron expulsados los italianos y los griegos de Anatolia. La guerra entre turcos y griegos fue realmente cruel. Los griegos reclamaban tanto la costa occidental de Anatolia, como la Tracia Oriental e incluso la ciudad de Estambul (antigua Constantinopla) pero los otomanos expulsaron a las fuerzas helenas de todos esos territorios. Incluso la población de origen griego asentada durante siglos en esas zonas fue forzada a emigrar para evitar reclamaciones futuras.

Por supuesto, el gobierno de Kemal eliminó la autonomía de los kurdos. También la recién creada república de Armenia, en teoría apoyada por las potencias aliadas, sucumbió ante el avance de los ejércitos nacionalistas turcos. Armenia fue ocupada y repartida entre otomanos y soviéticos.


Guerra de Independencia Turca y formación de la nueva república tras el Tratado de Lausana (1923)







Las fuerzas aliadas se vieron obligadas a admitir los avances militares turcos y firmaron con el gobierno de Kemal la Paz de Mudanya el 11 de octubre de 1922. Un año después, el Tratado de Lausana reconocía internacionalmente el nuevo Estado Turco y las fronteras que han perdurado hasta la actualidad (vean la reestructuración de las fronteras en el segundo mapa).

Desde la victoria de los kemalistas en las elecciones de 1919, el sultán Mehmed VI apenas tuvo influencia y capacidad de decisión en los asuntos políticos. En 1922, Kemal, quien había establecido su gobierno en Ankara, abolió el sultanato y fue elegido primer presidente turco. Posteriormente, eliminó también el califato (nótese la diferencia: sultanato hace referencia al poder político mientras que califato se refiere al poder religioso). El 29 de octubre de 1923, Kemal proclamaba la República Turca, dando muerte definitivamente al viejo Imperio Otomano. Entonces, trasladó su capital de Estambul (donde había estado la corte de los sultanes) a Ankara, en el centro de Anatolia.

En los quince años posteriores, el gobierno nacionalista de Kemal, transformó completamente la política, la sociedad y la economía turcas. En 1925 se reformó la vestimenta, prohibiendo el uso del velo a las mujeres y el fez a los hombres con el objetivo de occidentalizar la imagen de los turcos. Se adoptó el calendario gregoriano, el sistemas métrico decimal y el alfabeto latino, que sustituyó al árabe usado hasta entonces.

En materia judicial, se adaptaron los sistemas jurídicos de Suiza, Alemania e Italia. También se introdujo el matrimonio monógamo, prohibiendo la poligamia (tan común en otros tiempos) y se estableció la igualdad social de ambos sexos. En 1930, se concedió a las mujeres, por primera vez en un país musulmán, el derecho a votar y en 1934, se les permitió ser funcionarias.

Mustafá Kemal murió en 1938 y se le honró con el apodo de "Atatürk" o "Padre de los turcos". En los años siguientes, sus sucesores siguieron la política de modernización de Turquía que la convirtió en una república estable y en una potencia regional con gran influencia en los Balcanes y en Oriente Próximo.






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miércoles, 1 de octubre de 2014

LA GRAN CALAMIDAD ARMENIA (1915 - 1923)

ARTYHUM, REVISTA DE ARTES Y HUMANIDADES, Nº 5 (Octubre de 2014). Pp. 130 - 144


En la actualidad, las relaciones entre la República de Armenia y Turquía se ven afectadas por unos acontecimientos históricos que tuvieron lugar hace casi cien años. Entre 1915 y 1923, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, se produjeron cientos de miles de muertos armenios a manos de los soldados turcos. El Genocidio Armenio o Gran Calamidad, como lo llaman los armenios, es para muchos el primer genocidio moderno de la Historia pero apenas veinte países lo reconocen y Turquía sigue negando su existencia. Este artículo pretende poner un poco de luz en aquellos trágicos episodios de la Historia Contemporánea.


La revista completa incluye el artículo "La Gran Calamidad armenia (1915 - 1923). Historia de un Genocidio olvidado" en las páginas 130 a 144. Puede visualizarse pinchando en el título.



Los números anteriores de ArtyHum, Revista de artes y humanidades pueden descargarse de la siguiente página web:





viernes, 26 de septiembre de 2014

UN MOSAICO EN LOS BALCANES

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS II


Fronteras en la Península de los Balcanes tras la Primera Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial supuso, como vimos, la desintegración del viejo Imperio Austro-Húngaro de los Habsburgo. Las derrotas militares, el bloqueo económico, las penurias que atravesó la población y la lucha de las distintas nacionalidades por su independencia provocaron el desmoronamiento de la monarquía dual. 

Antes de acabar la guerra, en 1917, las minorías étnicas que se encontraban bajo el trono de Viena habían formado gobiernos en el exilio. Tal fue el caso de los polacos, los eslavos y los checos. En octubre de 1918, cuando la guerra ya estaba perdida, el Reino de Hungría, una de las dos entidades de la monarquía dual, proclamaba su independencia de Austria. El Imperio de Carlos I se partió literalmente por la mitad (ver mapa antes de la guerra aquí). 

Austria se encontraba pues sola y completamente derrotada al final de 1918, cuando la guerra terminó. La negativa del emperador a aceptar la nueva situación hizo que fuese derrocado por los republicanos austriacos que se manifestaban en Viena y al año siguiente, la Asamblea Nacional Austriaca privó a los Habsburgo de todos sus derechos sobre el trono de Austria y confiscó su fortuna. Una de las dinastías más antiguas de Europa, que había gobernado medio continente, perdía su última corona.

El 12 de noviembre de 1918, Austria proclamaba oficialmente la república con la intención de unirse a Alemania. Sin embargo, el Tratado de Paz de Saint Germain de 1919, impidió la unión y certificó la derrota completa de Austria.

Austria se convertía así en una pequeña república democrática enclavada en el centro de Europa y sin salida al mar. Extensos territorios de la antigua entidad de Cisleithania, además de los de Hungría, fueron segregados de la nueva república: Bohemia, Moravia, Silesia, Galitzia, el Tirol, Istria, etc. La pérdida del 75% de los territorios del Imperio y la reducción de la población (de 51'4 millones en 1914 a apenas seis en 1919) causó graves problemas económicos de los que tardó en recuperarse.

Sólo tras la concesión de un crédito por parte de la Sociedad de Naciones en 1922 y la creación de un nuevo sistema monetario en 1924, Austria empezó a consolidarse. Sin embargo, los problemas sociales y políticos nunca se marcharon del todo y hacia 1927 la inestabilidad política se hizo crónica, decantándose los austriacos por un sistema autoritario en 1933.


Por lo que respecta al antiguo Reino de Hungría, en 1918, la llamada "revolución Aster" posibilitó que el conde Mihàly Károlyi se hiciese con el poder. El 16 de noviembre de 1918 se proclamó la república pero ésta sufrió importantes conflictos territoriales puesto que los checos (independizados de Austria), ocuparon Eslovaquia y formaron una entidad geopolítica completamente nueva: la República de Checoslovaquia. Mientras, Rumanía invadía Transilvania (hasta entonces parte de Hungría, dentro del Imperio)  y los serbios, Croacia y Bosnia, configurando así el nuevo Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia).

El Tratado de Trianón de 1920 certificó la pérdida de estas regiones que suponían dos tercios del antiguo territorio de Hungría. El impacto de estos recortes territoriales sobre la economía húngara fueron más grandes aún que los que tuvo sobre el sentimiento de humillación en la sociedad magiar. A partir de entonces se abrió un convulso periodo caracterizado por la inestabilidad política. El gobierno de izquierdas configurado tras la revolución dio paso a un gobierno de derechas y nacionalista y en 1920 Hungría volvió a ser una monarquía.

Mientras Austria y Hungría habían sido entidades históricas (hay antecedentes de estas naciones en la Edad Media), Checoslovaquia por su parte no contaba en 1918 con ningún antecedente en la Historia Europea. Se configuró como un país completamente nuevo, como hemos dicho. La unión de checos y eslovacos fue posible gracias al Tratado de Pittsburgh, firmado por ambos gobiernos en el exilio en Estados Unidos (1918).

Sin embargo, Checoslovaquia no consiguió crear una conciencia nacional en el nuevo país cuya población, por otra parte, estaba compuesta por diversas etnias. Checos y eslovacos suponían sólo el 60% de la población del país, mientras dentro de sus fronteras convivían también húngaros, ucranianos, polacos y alemanes. Precisamente, la presencia de abundante población alemana en los Sudetes, deseosa de unirse a Alemania, sería (como todos sabemos) la perdición de la joven república en los años treinta.

Por su parte, los problemas sociales, políticos y económicos también afectaron al nuevo Estado eslavo que fue proclamado el 1 de diciembre de 1918 bajo el nombre de Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos. El viejo sueño serbio de unificar a todos los eslavos del sur se cumplió dando lugar a una monarquía bajo la corona de Pedro I, que en 1929 tomó el nombre de Yugoslavia. La debilidad del nuevo reino fue provocada por la supremacía de los serbios sobre el resto de pueblos eslavos (croatas, bosnios, eslovenos, etc.), lo que daría lugar a no pocos problemas en el siglo XX.

Bulgaria, que se había unido a los imperios centrales durante la guerra también sufrió las consecuencias de la derrota. El Tratado de Neuilly supuso la pérdida de la Tracia Occidental, que pasó a Grecia, y dejó a los búlgaros sin salida al Mar Egeo, aunque conservaron el acceso al Mar Negro. Finalmente, Rumanía amplió su territorio incorporando Transilvania (arrebatada a Hungría) y los territorios de Besarabia (actual Moldavia), que antes pertenecían al Imperio Ruso y contenían importante población rumana.

En 1914 el Imperio Austro-Húngaro daba cobijo bajo la capa del emperador de Viena a más de cuarenta millones de habitantes, de diferentes etnias y religiones, y configuraba un extenso mercado común. La desintegración de la monarquía dual de los Habsburgo dinamitó su territorio y trazó fronteras nacionales en aquellos lugares donde antes se comerciaba sin dificultad. El impacto económico de este proceso fue enorme y dramático, lastrando durante décadas la economía de las pequeñas naciones nacidas tras 1918. A partir de entonces, lo único que unió a estos pueblos fueron las caudalosas aguas del Danubio que, como una metáfora, atraviesan los Balcanes desde Austria al Mar Negro recordando la historia común de los pueblos que allí habitan.








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sábado, 13 de septiembre de 2014

LA REPÚBLICA DE WEIMAR

EL DESTINO DE LOS VENCIDOS (I)


Grabado de la sesión de apertura del Parlamento de la República de Weimar (1919)


Tras el hundimiento de la monarquía de los Hohenzollern en noviembre de 1918, el socialdemócrata Friedrich Ebert se hizo cargo de un gobierno provisional en medio de profundas convulsiones sociales y estallidos revolucionarios por toda Alemania. Para evitar que los socialistas proclamasen una república socialistas, el 11 de noviembre Philipp Scheidemann, socialdemócrata, proclamó la República Alemana.

Semanas más tarde, el 19 de enero de 1919, una asamblea nacional reunida en la ciudad de Weimar aprobó una constitución que creaba una república parlamentaria de carácter federal. Sin embargo, la falta de medidas sociales hizo que los movimientos revolucionarios y la izquierda traicionaran al gobierno llamando a convocar manifestaciones y huelgas en todo el país. Las revueltas obreras fueron reprimidas duramente por los Freikorps o "cuerpos francos", que eran grupos de militares voluntarios que volvían de la guerra. En este contexto de graves disturbios, miembros de los Freikorps asesinaron a los dirigentes del Partido Socialista Aleman, Libkenecht y Rosa Luxemburgo.

Mientras tanto, la derecha consideraba una deshonra y una humillación la firma del Tratado de Versalles, que suponía para Alemania la pérdida de numerosos territorios en Europa además de todas las colonias. La tensión política y social en Alemania llego a tal punto que uno de los delegados enviados a firmar el Tratado a Francia, Matthías Erzberger, fue asesinado por extremistas de derechas.

La República de Weimar y los territorios perdidos tras la firma del Tratado de Versalles

En 1920, el monárquico Kapp intentó dar un golpe de Estado o Putsch que fracasó y tres años después, el 9 de noviembre de 1923, un desconocido Adolf Hitler, intentó establecer una dictadura de de derechas con una "marcha hacia el Feldherrnhalle (Ministerio de Guerra de Baviera)" en Múnich. Ambos golpes fracasaron pero el segundo sería una señal de lo que esperaba a Alemania en el futuro.

Mientras tanto, la economía de la República era catastrófica. la guerra había consumido enormes recursos financieros y las potencias vencedoras exigían indemnizaciones desorbitadas. Para evitar la quiebra del Estado el Banco Central de Alemania emitió más dinero lo que ocasionó una inflación galopante que sumió a la población en la miseria.

La situación en 1923 era verdaderamente dramática para Alemania pero entonces, EE.UU. decidió que había llegado el momento de dar un respiro a la joven república. A partir de 1924, la economía germana entró en una etapa de estabilidad gracias a la creación de una nueva moneda y la aplicación del Plan Dawes que dio un respiro a lo alemanes regulando los plazos de las indemnizaciones. A nivel político la República se instaló en una estabilidad aparente y desgraciadamente, transitoria.

En los años 20, Berlín se convirtió en un centro cultural y económico a nivel mundial. El gobierno de la República y sobre todo, el ministro de asuntos exteriores, Stresemann, inició las negociaciones para la reconciliación con las potencias vencedoras. En 1925, el Tratado de Locarno fijó definitivamente las fronteras entre Alemania y Francia. Años después, Alemania fue la primera en reconocer a la URSS, firmando un tratado de amistad y neutralidad; y finalmente fue aceptada en la Sociedad de Naciones, ocupando su puesto en el Consejo de Seguridad.

Sin embargo, tras este aparente progreso se escondía profundas tensiones sociales, políticas y económicas. El sentimiento de humillación y el odio hacia los vencedores de la Gran Guerra emergía con fuerza en importantes sectores de la población. En 1925 fue elegido como Presidente de la República el otrora general de los ejércitos, Paul von Hindemburg, reconocido monárquico. Era una evidencia de las contradicciones sobre las que estaba construyendo el nuevo régimen.

En 1929, la depresión económica mundial tuvo un impacto brutal en Alemania. De nuevo la inflación se disparó, el desempleo aumentó y las finanzas del Estado se resintieron. Las circunstancias económicas, y sus repercusiones sociales, fortalecieron a los enemigos del Estado y desencadenaron la desintegración de la República democrática.

En 1930, el presidente nombró canciller a Henrich Brüning que era responsable sólo ante él y no ante el Parlamento. La política económica de la administración de Brüning dio pésimos resultados y las condiciones de vida de numerosos sectores de la población empeoraron. A principios de 1933, había en Alemania casi seis millones de personas sin trabajo.

Esta situación impulsó a muchos jóvenes a buscar salidas radicales como las que ofrecía un partido radical y minoritario hasta entonces, el Partido Nacionalsocialistas Alemán de los Trabajadores (NSDAP), más conocido como partido nazi. En las elecciones de 1930, este partido, liderado por Adolf Hitler, consiguió un importante apoyo en las elecciones al parlamento.

El partido nazi tenía una ideología profundamente nacionalistas, antisemita y xenófoba, que buscaba la venganza por la derrota en la Gran Guerra. Para Hitler, la guerra se había perdido por la teoría de "la puñalada por la espalda" según la cual los políticos alemanes de la revolución de 1918 habían traicionado a los ejércitos al firmar la paz con el enemigo cuando aún podía ganarse la guerra.

El apoyo obtenido por el Partido Nazi no paró de crecer en apoyos y en 1932 se convirtió en el principal partido del Reichtag. El 30 de enero de 1933, el presidente Hindemburg nombró a Hitler canciller de la República, apoyado por una coalición de partidos entre los que se encontraba el Partido de Centro, con la confianza de abandonarle en el momento oportuno. "En dos semanas habremos empujado a Hitler a llorar a un rincón" prometió uno de los dirigentes de la coalición que apoyaba al líder nazi. Sin duda fue un error de cálculo. Su elección como canciller iba a cambiar otra vez el destino de la nación alemana.


1933, el Canciller, Adolf Hitler (izq.) junto con el Presidente de la República, Von Hindemburg (en el centro, con casco militar). Las verdaderas consecuencias de la Primera Guerra Mundial aún no habían llegado.





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lunes, 1 de septiembre de 2014

BREVE HISTORIA DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA EN ESPAÑA

ARTYHUM, REVISTA DE ARTES Y HUMANIDADES, Nº 4 (Septiembre de 2014), Pp. 141 - 158



La educación es una de las mayores preocupaciones de la población española en la actualidad. Las sucesivas modificaciones del sistema educativo en los últimos años han contribuido a crear en la opinión pública un visión distorsionada de la realidad educativa. Con motivo de la entrada en vigor de la nueva ley de educación, la LOMCE, hacemos un breve repaso por la historia de la enseñanza primaria en nuestro país para analizar su evolución, sus logros y sus fracasos.


La revista completa que incluye mi artículo "Breve Historia de la Educación Primaria en España", en las páginas 141 a 158, puede visualizarse aquí.



Para más información sobre la revista ArtyHum (números anteriores, colaboradores, contacto, etc.) pueden consultar esta página web:




ISSN 2341 - 4898