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sábado, 2 de mayo de 2015

LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL TERCER REICH

Setenta aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (abril - mayo de 1945)


Última foto de Adolf Hitler con vida, a las afueras del búnker de la Cancillería, en Berlín. Abril de 1945.


Alemania "es un país invadido, intervenido, sojuzgado... Nunca ha visto el mundo derrumbamiento parecido al de Alemania". Así describió el diario madrileño ABC la situación de la potencia germana en mayo de 1945. El día 8, el mismo rotativo titulaba "La mayor rendición que registra la Historia" en referencia a los trascendentales acontecimientos que se habían producido el día anterior. El Tercer Reich, el Reich de los Mil Años, había firmado su rendición incondicional. La Segunda Guerra Mundial finalizaba en Europa oficialmente.

En realidad, el destino de Alemania era inevitable desde bastante tiempo atrás. Desde el Desembarco de Normandia, en agosto de 1944, las fuerzas aliadas avanzaron imparablemente hacia el este liberando primero Francia y después Luxemburgo, Bélgica y Holanda. En marzo de 1945 cruzaron el Rhin y las puertas del territorio alemán quedaron abiertas. En el este, tras la batalla de Stalingrado (finalizada en 1943), el Ejército Rojo avanzó de igual forma hacia el oeste haciendo retroceder progresivamente a las fuerzas alemanas. El 17 de enero de 1945, los soviéticos entraron en Varsovia, que era, por aquel entonces, una ciudad completamente en ruinas. Los alemanes huyeron para defender la Prusia Occidental. Cracovia también cayó en manos rusas e igual destino corrieron las principales capitales de Centroeuropa: Budapest, Praga y Viena.

A finales de abril de aquel año, soviéticos y estadounidenses se encontraron en la región de Leizpig. Los primeros habían llegado por el este mientras que los segundos los habían hecho por el oeste. Ya no había frente en muchas zonas de Alemania. El Ejército alemán había sido derrotado en muchos lugares pero aún resistía en Berlín. La suerte, sin embargo, estaba echada. Los rusos ocuparon Postdam y Spandau en los días siguientes. El corazón del Reich se encontraba cercado.

Mientras tanto, el Führer Adolf Hitler resistía en el búnker de la Cancillería. Había ordenado a la población alemana la resistencia a ultranza. Ancianos, adolescentes, niños y mujeres habían sido armados para defender Berlín a toda costa. Aunque ello supusiese la aniquilación de los berlineses. Columnas de soldados soviéticos entraron en Berlín en sucesivas oleadas combatiendo casa por casa, esquina por esquina y calle por calle. 

El 28 de abril, el jefe de las Fuerzas Armadas alemanas, Heinrich Himmler, ofreció a norteamericanos y británicos la rendición incondicional con el objetivo de enfrentarlos a los soviéticos pero estos no la aceptaron. El presidente estadounidense, Truman, afirmó entonces que sólo aceptarían la rendición ante todos los aliados, incluidos los soviéticos. Los alemanes, por su parte, no estaban en condiciones de negociar nada pues tenían a los rusos en el centro de Berlín, a los estadounidenses en el Danubio y a los británicos en el Elba. 

La situación para los defensores del Tercer Reich era totalmente desesperada aunque Hitler animaba aún a continuar la lucha. El Führer se encontraba encerrado en el búnker, completamente aislado y con evidentes delirios. Los soviéticos se encontraban ya a pocos metros de la Cancillería y del Reichtag y Hitler no podía soportar que el Reich fuese tomado por los comunistas. Su proyecto para Alemania se había hundido, el propio país estaba en la más absoluta ruina y él veía atónito como su vida se acababa. Sabía el destino que le deparaba si lo capturaban los soldados soviéticos.

Hitler escribió su testamento político en el que nombraba un nuevo gobierno liderado por Karl Doenitz y atribuía a los judíos toda la responsabilidad de la contienda. El 30 de abril pidió al doctor Goebbels y a su guardia que le dejasen sólo en su habitación del búnker. Minutos después, Günsche y Linge, ayudante y mayordomo de Hitler respectivamente, entraban en la habitación y lo encontraban muerto junto a su esposa, Eva Braun. El Fhürer estaba sentado en el sofá, tenía la boca torcida y restos de cianuro en los labios. De su cabeza emanaba sangre porque se había disparado al mismo tiempo que mordía la cápsula de veneno. Su mano izquierda agarraba el retrato de su madre mientras la derecha pendía inerte tras el disparo. Eva Braun también había mordido una cápsula de cianuro.

Los cadáveres son quemados a las afueras del búnker mientras las bombas soviéticas caen por doquier. Ahora, numerosos rumores especulan con la posibilidad de que Hitler huyese de Berlín en dirección a Argentina. No obstante, no hay pruebas que lo verifiquen y parece imposible que alguien pudiese salir de aquella ciudad asediada por tierra y aire.

En aquel momento la Segunda Guerra Mundial se podía dar por concluida. El 2 de mayo el Ejército Alemán que resistía en el Norte de Italia se rinde. Lo mismo hace el que seguía combatiendo en Austria y Bohemia y algunas guarniciones que defendían Berlín. Los soviéticos campaban ya a sus anchas por la capital germana y en el resto de ciudades del Reich en ruinas la situación es caótica. Ya no hay imperio, ni ejército, ni gobierno, ni Fhürer. Aun quedan pequeños grupos de solados nazis que pelean rodeados y aislados en algunas zonas de Europa pero rápido son sometidos. En aquellos días de principios de mayo de 1945, los soviéticos hicieron más de 100.000 prisioneros alemanes. 

El 7 de mayo, el general Alfred Jodl firma la rendición incondicional de Alemania en el cuartel general del cuerpo expedicionario. Entra en vigor el día siguiente y en el documento el Alto Mando Alemán rinde sus ejércitos ante las fuerzas aliadas y el Alto Mando Soviético. Se ordena además el cese de todas las operaciones bélicas y se pide a los jefes de Wehrmacht que acaten las órdenes de los mandos aliados y soviéticos. 

El día 8 de mayo, el almirante Karl Doenitz proclamaba la desaparición del Partido Nacional Socialista Alemán y, con él, la base política del Tercer Reich. El poder en Alemania pasa a manos de los aliados y a los ejércitos de ocupación. En los meses siguientes, los dirigentes de Estados Unidos, Reino Unidos y la Unión Soviética acordarían la destrucción del armamento alemán, la división del país en cuatro zonas de ocupación (americana, británica, soviética y francesa) y la creación de un tribunal internacional que juzgue a los líderes del nazismo y a los responsables de la guerra. En definitiva, la desmilitarización, la división y la desnazificación de Alemania. El Reich de los Mil Años había sido destruido por completo en poco más de cinco años de guerra; empezaba entonces, la reconstrucción de Europa.



Cadáver de un soldado alemán ante la Puerta de Brandemburgo, en la primavera de 1945. El Tercer Reich había sido aniquilado.





sábado, 18 de abril de 2015

VIAJE AL MADRID DE CERVANTES

¿Cómo era la capital del Imperio Español en el siglo XVII?


Madrid en 1562. Dibujo de Antonio de Las Viñas por encargo de Felipe II



El 22 de abril de 1616 murió en Madrid Miguel de Cervantes Saavedra y al día siguiente, fue enterrado en el Convento de las Trinitarias Descalzas ya que su familia no podía pagarle el sepelio. Además, él también quería ser enterrado allí porque esa orden religiosa había hecho de intermediaria para rescatarle de su cautiverio en Árgel. Hoy todo el mundo sabe esto porque desde hace algunos años, científicos, historiadores y antropólogos han revuelto literalmente el convento para encontrar sus huesos. Huesos, por cierto, que se han encontrado junto a otros de distintas personas. Con motivo de este aniversario, os propongo viajar al pasado para conocer cómo era el Madrid del siglo XVII, la bulliciosa capital del poderoso Imperio Español.

Cervantes había nacido en Alcalá de Henares en 1542, durante el reinado de Felipe II, el "rey Prudente". En aquel entonces Madrid no era una ciudad importante sino una pequeña villa castellana como cualquier otra. Las cosas empezaron a cambiar unos años después, en 1561, cuando el rey decidió fijar la Corte allí convirtiendo Madrid en la capital de sus reinos. Las razones de la elección de la villa eran simple: se encontraba a mitad de camino entre Barcelona, Lisboa y Sevilla, los más importantes núcleos económicos de la Península.

En pocos años, la Villa y Corte creció de forma vertiginosa. Su población aumentó y la otrora tranquila villa se convirtió en una bulliciosa y cosmopolita urbe donde se cruzaban gentes de todas las clases y condiciones. En sus laberínticas calles convivían cortesanos, diplomáticos y oficiales de los tercios españoles; todos ellos personas distinguidas; con bufones, malhechores, vagabundos y pícaros. El viejo alcázar de Madrid, ubicado donde ahora se encuentra el Palacio Real, era la residencia del monarca aunque éste pasaba largas temporadas en la sierra, en El Escorial, alejado de los ruidos de la capital. También habían algunos palacios señoriales donde vivían los nobles más poderosos de la Monarquía Hispánica.

Por lo demás, Madrid era una villa sucia y maloliente ya que, en las calles, embarradas, se acumulaban basura y excrementos. Las vecinas arrojaban desde las ventanas de las viviendas las aguas sucias al grito de "¡Agua va!" y pobre del que se encontrase abajo y no se apartase... También era una ciudad muy peligrosa, sobre todo por la noche, porque bandidos y rufianes acechaban en la oscuridad para asaltar, asesinar y robar a todo aquel que anduviese despistado o descuidado por las calles.

Entre 1601 y 1606, la capitalidad se trasladó a Valladolid por decisión del todopoderoso Duque de Lerma, valido de Felipe III. Tras esos años, Madrid volvió a ser el centro neurálgico de las Españas y cientos de comerciantes, pintores, artesanos, escribanos, jueces, nobles y militares volvieron al calor de la Corte que tantas prebendas y privilegios repartía. Por Madrid también circulaban aventureros, conquistadores y marinos que iban o venían del Nuevo Mundo. La plata llegaba aún en abundancia de América aunque no era suficiente - como no lo había sido nunca - para mantener las costosas guerras que enfrentaban a la Monarquía con media Europa. La plata llegaba a Madrid de paso, proveniente de Sevilla y rumbo a los países del norte, Inglaterra, Flandes,...

Muy poco de aquellas riquezas se quedaba en Madrid - menos llegaban a otros lugares de Castilla - y lo que se quedaba se destinaba a la Corte, a sus fiestas, banquetes y remilgos. Nada quedaba para una población asfixiada por los impuestos. No era extraño, pues, que proliferasen en aquel Madrid de los Austrias, los vagabundos y los pícaros. Cada uno se ganaba la vida como podía o como quería, trabajando lo menos posible, eso sí, porque el trabajo estaba entonces mal visto.

Lo que más había en Madrid eran tabernas y burdeles que, por cierto, estaban regulados por el gobierno. Prostitutas y borrachos se amontonaban en la calle junto a buscones y mendigos. Claro que, no muy lejos, se podían ver iglesias y conventos donde se atendía a los marginados, los pobres de solemnidad y los pobres honrados. También había hospicios, orfanatos y casas de caridad para atender a los miles de personas, mujeres, niños y ancianos, que vivían en la más absoluta miseria en la capital de la Monarquía más poderosa de Europa.

Las gentes se concentraban en las calles principales, en los baratillos (o mercados públicos) donde los mercaderes vendían productos de todo tipo. Los lugares favoritos eran la plaza de la Cebada y la Plaza Mayor. Allí miles de personas compraban viandas, ropas, cueros o productos exóticos. Incluso animales salvajes de lejanas tierras, como monos, serpientes o pájaros de todos los colores había en aquellas calles. Todas estas alimañas llegaban a la Corte por la afición de monarcas y aristócratas por el lujo y los objetos extraños. 

La gente corriente, los madrileños normales, tenían serias dificultades para vivir sin sobresaltos y cualquier imprevisto - la muerte de un familiar, una enfermedad o un altercado en la calle - podía llevarlos a la indigencia. Aunque, en verdad, madrileños de origen había pocos pues la mayoría de los habitantes de Madrid procedía de otros lugares de las Españas. La Capital, la Villa y Corte, los había atraído como la luz atrae a los insectos. Buscaban una vida mejor al calor y la protección del monarca.

Y toda esta desgraciada gente, cuyo afán era atravesar lo mejor posible ese valle de lágrimas que era su vida, también encontraba disfrute y regocijo en en las fiestas populares. Las procesiones, los desfiles y los torneos los deslumbraban con un universo de múltiples colores y olores que les permitía abstraerse de la rutina diaria. También había festejos musicales, teatrillos y espectáculos de titiriteros callejeros y las obras teatrales representadas en los corrales de comedia. Algunos días también se celebraban corridas de toros o incluso autos de fe de la Inquisición en la Plaza Mayor. La gente se entretenía viendo estos espectáculos religiosos sin importar su final...

La mayor parte de los madrileños vivían en ese mundo contradictorio lleno de peligros y de ilusiones. El analfabetismo alcanzaba el noventa por ciento y sólo aquellos privilegiados que sabían leer tuvieron acceso a las obras maestras de Lope de Vega, Quevedo, Góngora o el propio Cervantes. Todos ellos vivieron en un Madrid de holgazanes y corruptos. Una coplilla que circulaba en esa época decía:

"Es Madrid ciudad bravía, 
que entre antiguas y modernas, 
tiene trescientas tabernas 
y una sola librería"



Vista general de Madrid en 1670, con el Alcázar al fondo y el puente de Segovia. Anónimo.






Feliz día del libro


viernes, 10 de abril de 2015

UCRANIA EN LA ENCRUCIJADA

BREVE HISTORIA DE LA FORMACIÓN TERRITORIAL UCRANIANA


Ucrania ha pasado en los últimos meses de ser un país prácticamente olvidado a aparecer todos los días en los medios de comunicación. Las noticias que nos llegan desde allí son confusas y pocos occidentales entendemos lo que ocurre. En ese brevísimo artículo tratamos de relatar de forma sencilla la compleja historia de Ucrania para descubrir que los ucranianos tienen más en vínculos con Rusia de lo que podíamos creer.

Artículo publicado en ArtyHum, Revista digital de Artes y Humanidades, 11, (abril de 2015), pp. 132 - 145.





Disponible aquí.





domingo, 29 de marzo de 2015

FLAVIO JOSEFO HABLÓ DE JESÚS

LA HISTORIA DEL "TESTIMONIUM FLAVIANUM"


Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo - el Mesías -. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Éste lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha dejado de crecer.

Ant., XVIII, iii, 3.



Las palabras que acabáis de leer son el único testimonio no cristiano sobre Jesucristo que se escribió en el siglo I d.C. Fue escrito hacia el año 93 de nuestra era por el historiador judío Flavio Josefo y durante muchos años ha estado envuelto en gran polémica ya que algunos investigadores niegan su autenticidad. En cualquier caso, las palabras que Flavio Josefo dedica a Cristo no dejan de ser fascinantes y en cierto sentido, enigmáticas.

Nacido en Judea hacia el año 37 d.C., Flavio Josefo pertenecía a una familia de estirpe sacerdotal emparentada con la realeza. Vivió en una época convulsa en la que los judíos se rebelaron en numerosas ocasiones contra el poder de Roma. En el año 64, tras una revuelta judía, Flavio Josefo se trasladó a Roma para pedir al emperador Nerón la liberación de sus compatriotas encarcelados. Fue inmediatamente apresado aunque algunos meses después salió de prisión y volvió a Palestina.

En el año 66, estalló una nueva rebelión contra Roma y Flavio Josefo se convirtió en uno de sus líderes. Fue de nuevo capturado y llevado ante la presencia del general Vespasiano. Viendo la valentía del general romano, Josefo predijo que pronto se convertiría en emperador. Posteriormente fue encarcelado pero en el año 69, cuando Vespasiano efectivamente se hizo con el poder imperial, fue de nuevo liberado y llegó a ser favorito de la dinastía Flavia, de la que tomó su nombre (antes se llamaba únicamente Josefo).

En el año 71, el emperador Tito, hijo de Vespasiano, le concedió una pensión vitalicia y una casa en Roma a donde se trasladó el historiador. Allí escribió "Las Antigüedades de los Judíos", una obra en la que relata la historia del pueblo judío con afán de objetividad y rigor. Esto, sin embargo, le supuso (obviamente), enfrentarse a los judíos que rápidamente lo acusaron de traidor a su causa por haber establecido amistad con Roma.

En el capítulo XVIII de ese libro se encuentra el "Testimonium Flavianum", diez líneas que hablan de la crucifixión de Jesús y de los cristianos. Es el único testimonio pagano que habla de la vida de Cristo, si bien es verdad que otros autores, como Tácito, también lo nombran en sus obras. Son apenas diez u once líneas en las que relata brevemente la Pasión, muerte y resurrección de Cristo pero alguno autores han argumentado que la obra pudo haber sido falsificada por los cristianos, que introdujeron (según está teoría) las menciones a la divinidad de Jesús.

Otros autores sin embargo, defienden su autenticidad. Al parecer, durante su estancia en Roma, Flavio Josefo pudo haber tenido acceso a los archivos imperiales en los cuales habría leído informes sobre las revueltas producidas en Palestina inmediatamente después de la ejecución y posterior resurrección de Jesús.

No deja de ser una anécdota interesante que un historiador pagano que vivió medio siglo después de Jesucristo mencione a Éste con tanta claridad en una obra que pretende ser una Historia de los judíos. También debemos destacar que gracias al "Testimonium Flavianum", la obra de Josefo se ha conservado debido al interés de los cristianos en preservarlo.

También tienen tiene algo de profético ya que en la última línea dice: "... la tribu de los cristianos (...) no ha dejado de crecer". En la actualidad, casi dos mil años después de aquellos hechos, más de dos mil millones de personas en todo el mundo, profesan la religión de aquel "hombre sabio".


Flavio Josefo (37 - 100 d.C.)



*Flavio Josefo escribió otras obras como "Las Guerras de los Judíos" y "Contra Apión" durante su estancia en Roma. Murió allí en el año 100 d.C.

viernes, 20 de febrero de 2015

EUROPA, "COMO DEBERÍA SER"

MAPA DE LOUIS PAUL BÉNÉZET PARA ELIMINAR LAS TENSIONES ÉTNICAS EN EUROPA (1918)






Este mapa fue elaborado por el escritor y maestro estadounidense Louis Paul Bénézet (1876 - 1961) en 1918, cuando la Primera Guerra Mundial se encontraba en sus últimos momentos. Fue publicado en un libro titulado "La Guerra Mundial y lo que viene detrás" en el que afirmaba que la contienda había sido provocada por el expansionismo alemán pero también por las tensiones étnicas causadas por la permanencia de minorías dentro de países o imperios más amplios. Proponía el autor que se reestructuraran las fronteras de Europa para construir Estados - Nación estables que eliminasen la inestabilidad étnica, igual que se iba a hacer en Oriente Próximo tras la desintegración del Imperio Otomano.

Ahora, casi cien años después, y desde una perspectiva histórica, la idea del maestro norteamericano no parece descabellada porque, si comparamos su mapa con el actual mapa político Europeo, podemos comprobar que Bénézet no andaba desencaminado. Fijémonos detenidamente:

El autor propone la existencia de países que en 1918 no existían y que alcanzaron la independencia a finales del siglo XX como Eslovenia (1), la República Checa (24) y Eslovaquia (25). Otros alcanzaron la independencia poco después de acabada la Primera Guerra Mundial y por tanto, cuando Bénézet hizo el mapa, no sabía que esto iba a suceder. Es el caso de Polonia (26), Hungría (23), Finlandia (29) las Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia y Lituania, en el nº 27), que Bénézet las incluye en una misma nación, o el Reino de Serbios y Croatas, luego Yugoslavia (22).

Otros, en cambio, como Rumanía (21), Bulgaria (20), Albania (17) y Grecia (18) ya eran Estados independientes antes de la Gran Guerra. En el caso de los países escandinavos, llama la atención la ampliación de Dinamarca hacia el sur, con la incorporación de los ducados Schleswig y Holstein (7) como efectivamente ocurrió tras la Guerra. Noruega (32) y Suecia (31) ya eran Estados independientes pero destaca la propuesta de otro Estado más al norte, Laponia (30).

En Europa Occidental el autor propone cambios interesantes. Alemania (3) incluiría los Sudetes (hoy de la República Checa), Austria y la mitad oriental de Suiza; en definitiva, todos los territorios con población germana. Francia (12) incluiría la mitad occidental suiza, francófona, por lo que la Confederación Helvética desaparecería completamente. Sólo quedaría independiente el valle de los Alpes donde se hablaba (y se habla) el Romanche (2).

Italia (16) incluiría el Bajo Tirol y Trieste en el Adriático que efectivamente adquirió tras la Guerra. Bélgica quedaría dividida en dos: Flandes (5) al norte y Valonia (4) al sur; mientras Holanda (6) se mantendría independiente. Curiosamente, España (15) se mantendría inalterable excepto por la independencia de los vascos (13) cuyo Estado incluiría las (entonces) Provincias Vascongadas y el País Vasco Francés. España en cambio, incorporaría la mitad occidental de la isla de Cerdeña que Bénézet juzgaba con rasgos lingüísticos y culturales españoles. Portugal (14) permanecería inalterada.

Cabe destacar asimismo Turquía (19) que perdería parte de la Tracia oriental y también algunas zonas de la costa oeste de Asía Menor a favor de Grecia. Curiosamente, el Tratado de Sèvres (1920) proponía estas pérdidas pero posteriormente fueron  recuperadas por Turquía.

Finalmente, llama la atención la división del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Irlanda (10), que alcanzó la independencia en 1921, aparecía en este mapa de 1918 como propuesta de Estado. Inglaterra (9) retendría Irlanda del Norte por su afinidad religiosa y por la considerable población inglesa asentada en esa zona como finalmente ocurrió generando no pocos problemas. Escocia (8) y Gales (11) aparecen también como países independientes, incluyendo, éste último el Ducado de Cornualles. El Reino Unido quedaría por tanto disuelto.

Bénézet se adelantó a los tiempos proponiendo este mapa pero efectivamente, la historia le daría la razón varias décadas después. El mapa llevaba por título "Europe as it should be", "Europa como debería ser", curioso...





Los mapas de antes y después de la Primera Guerra Mundial pueden consultarse aquí.



viernes, 13 de febrero de 2015

UCRANIA, ENTRE DOS MUNDOS

HISTORIA DE LA FORMACIÓN TERRITORIAL DE UCRANIA

Plaza Maidán (de la Independencia) de Kiev durante las protestas nacionalistas y proeuropeas de 2013. El monolito simboliza la independencia de Ucrania como una terrible metáfora en el centro de una plaza destruida por las protestas.



La República de Ucrania vive las horas más oscuras de su corta historia como país independiente. La imposibilidad de decidirse por su vecina y "madre" Rusia o por la moderna Europa la ha llevado a una guerra civil que pone en duda la propia existencia territorial del país. Pero el mal de Ucrania es su propia posición geográfica, en una encrucijada entre dos continentes, entre dos mundos.

Ucrania no puede entenderse sin Rusia; igual que Rusia no puede concebirse sin Ucrania. Los rusos, asentados en Novgorod, cerca del Báltico, no constituían en el siglo IX una entidad política independiente, pero hacia el 862, enviaron a los guerreros varegos (vikingos) para que colonizasen las extensas llanuras del sur, cercanas al Mar Negro. Veinte años después, en el 882, el varego Oleg el Sabio conquistó Kiev y los territorios circundantes que acabaron convirtiéndose en un Principiado. Fue el Rus de Kiev, el primer Estado ruso.

Kiev vivió una época dorada en los siglos X y XI gracias al acercamiento a Bizancio, pero en el siglo XIII las hordas mongolas llegaron desde los confines de Asia y sometieron el principado. Kiev era rusa en un momento en el que no existían diferencias étnicas ni culturales entre rusos y ucranianos. La posición de aquellas extensas y fértiles llanuras era su propia maldición: rusos, polacos y otomanos se repartieron el territorio durante la edad media.

Kiev y la parte oriental de Ucrania, igual que Rusia, quedaron bajo control del mongol Gengis Khan a mediados del siglo XIII. A su muerte el Imperio mongol se dividió, quedando Ucrania y Rusia dentro de la llamada Horda de Oro, liderada por Batu Khan. La Horda Dorada de dividió posteriormente en numerosos y débiles kanatos (principados) y los príncipes rusos, de Moscú, ganaron fuerza militar para conseguir la independencia. 

El este de Ucrania quedó bajó el Kanato de Crimea, un principado vasallo del Imperio Otomano, hasta el siglo XVIII mientras la región de Kiev cambiaba de manos constantemente. El oeste de la actual Ucrania quedó integrada en la República de las Dos Naciones, que unía el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania para constituir el país más extenso de Europa en su época.

En los siglos XV, XVI y XVII, los rusos de Moscú, bajo la dinastía de los Romanov, fueron ampliando su poder y sometiendo a todos los débiles kanatos situados entre el Volga y el Cáucaso, herencia del pasado mongol. En el año 1654, el zar Alexis o Alejo I consiguió por fin, recuperar la antigua capital rusa, Kiev, y poco después incorporó a Rusia el territorio del sur, próximo a Crimea donde habitaban numerosos pueblos (tártaros, cosacos, eslavos).

Es por tanto, a mediados del siglo XVII cuando el territorio de la actual Ucrania se incorporan a Rusia. Siempre había estado en la esfera cultural, política y religiosa rusa, pero es entonces cuando queda dentro del Imperio de los Romanov. La gran potencia europea en la que se está convirtiendo Rusia la lleva a expandirse hacia el oeste a costa de Polonia, Suecia y los territorios teutónicos; y también hacia el sur, donde choca con el Imperio Otomano.

La Península de Crimea fue el escenario de disputas entre turcos y rusos. La debilidad del kanato de Crimea fue aprovechada por Rusia, que en 1783 la anexionó. Inmediatamente, súbditos eslavos, principalmente rusos de la zarina Catalina la Grande acudieron a poblar la pequeña y valiosa península. Con ella, Rusia se aseguraba la salida al Mar Negro y por tanto, al Mediterráneo.

A comienzos del siglo XIX, todos los territorios de la actual República de Ucrania eran parte del Imperio Ruso excepto la esquina occidental, Rutenia, que pertenecía al Imperio Austriaco. Entre 1853 y 1856 tuvo lugar en suelo ucraniano (actual) la llamada Guerra de Crimea entre el Imperio Ruso y una coalición que unía a ingleses, franceses y saboyanos en apoyo al Imperio Otomano. La Guerra certificó la debilidad turca que no consiguió recuperar la península y abrió las puertas a Moscú para intervenir en los Balcanes.

Hasta ahora no hemos hablado de ucranianos como pueblo porque era prácticamente imposible diferenciarlos de los rusos. Ambos, ucranianos y rusos eran, junto con los rusos blancos (bielorrusos) eslavos del norte. Es precisamente en el siglo XIX cuando surge la identidad nacional ucraniana gracias a algunos intelectuales que inventaron (leen bien) unos orígenes míticos y legendarios para crear una antiquísima nación que en realidad nunca existió. Pero no debemos alarmarnos por esto porque fue lo común en la Europa decimonónica. También se estandarizó la lengua ucraniana a partir de diversas variedades dialectales del ruso.

La creación de una historia y de una lengua comunes ucranianas llevó a reclamar el reconocimiento por parte de Moscú, la autonomía e incluso la independencia. Igual sucedía con otros pueblos que vivían dentro del Imperio Ruso pero, en todos los casos, los zares ignoraron sus demandas. Durante la Primera Guerra Mundial el Imperio Ruso comenzó a debilitarse y las tierras ucranianas entre los ríos Dniéster y Dniéper vivieron los estragos de la contienda. Ucrania fue militarizada primero por los ejércitos rusos, después fue campo de batalla y por último ocupada por los alemanes.

La Revolución Rusa de 1817 abrió la puerta a la independencia de los ucranianos pero ¿con qué territorio? La efímera República Popular Ucraniana, independiente de Moscú, se configuró con una extensa región alrededor de Kiev. Kiev era considerada la capital de los ucranianos aunque, como hemos visto, también fue la primera capital rusa. En el mapa inferior se ve la extensión de aquel Estado que nació con los días contados (en verde y naranja). No pertenecían a Ucrania la región del Dombass (Lugansk y Donetsk) así como Crimea, cuyas poblaciones eran mayoritariamente rusas aunque acogiesen también a algunas familias ucranianas.

En cualquier caso, la recién nacida República Popular de Ucrania fue sometida de nuevo en 1918 por el Ejército Rojo en el contexto de la Guerra Civil Rusa. Los bolcheviques no iban a permitir que unos territorios tan rusos como los ucranianos fueran independientes. Además, las fértiles llanuras ucranianas proporcionaban cereales, tan necesarios entonces. Ucrania fue sometida y Lenin configuró una nueva república socialista dentro de la URSS: la República Socialista Soviética de Ucrania. Los destinos de los ucranianos quedaron de nuevo ligados a los de sus hermanos rusos.

Lenin incorporó en 1922 a la RSS de Ucrania las regiones entre los territorios considerados tradicionalmente ucranianos y el Mar Negro así como la rica región minera del Dombass al este (en morado en el mapa). No cedió Crimea, la puerta rusa al Mar Negro, que seguía dependiendo de la ahora República Socialista Soviética de Rusia. Quedaban dentro de la Ucrania comunista cientos de miles de rusos pero esto no importaba puesto que Ucrania y Rusia eran un mismo país, la URSS.


Pincha sobre el mapa para agrandar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Ucrania fue invadida por los ejércitos nazis y prácticamente ocupada en su totalidad. Los ucranianos sufrieron las consecuencias de la xenofobia alemana y la represión fue durísima en algunas regiones de Ucrania. El Ejército Rojo sin embargo recuperó la región a sangre y fuego enfrentándose al mismo tiempo contra los nazis y contra grupos de resistencia ucranianos. Estos grupos, que luchaban tanto contra alemanes como contra rusos no consiguieron detener la expansión hacia el oeste y Stalin acabó recuperando todos los territorios perdidos. Los grupos de resistencia ucranianos estuvieron activos hasta los años cincuenta.

El Ejército de Stalin siguió su expansión hacia el oeste e incorporó otros territorios que hasta entonces nunca habían sido rusos. Entre ellos destaca Rutenia, el extremo oriental de la antigua Checoslovaquia ocupado durante la guerra, primero por Hungría y después por Alemania. Finalizada la contienda, Stalin, que se negó a devolver los territorios conquistados por el Ejército Ruso, decidió incorporar Rutenia a la RSS de Ucrania.

No entraremos aquí en las atrocidades y deportaciones ordenadas por Stalin sobre los pueblos que habitaban lo que hoy es Ucrania. cabe señalar que tártaros y cosacos las sufrieron y prácticamente desaparecieron de las regiones ribereñas del Mar Negro. Los ucranianos, gracias a su afinidad étnica, cultural y lingüística con los rusos se libraron de las deportaciones; no así de la hambruna que asoló la URSS entre 1932 y 1933 como consecuencia de la colectivización forzosa de la tierra ordenada por el Kremlin y que costó la vida a millones de ucranianos.

La última incorporación territorial a la RSS de Ucrania se produjo en 1954, cuando Kruchev decidió ceder Crimea (en azul en el mapa). Fue una decisión completamente administrativa: dentro del mismo país, la URSS, un territorio próximo geográficamente a Ucrania pasaba a Kiev en lugar de depender de Moscú, más distante geográficamente.  

Cuando en 1990, la URSS se desintegra, la mayoría de las Repúblicas Socialistas que la componían adquieren la independencia. Ucrania la logra en agosto de 1991 y Rusia en la Navidad de ese mismo año. La independencia fue pacífica pero dentro de los Estados había profundas contradicciones. 

En Ucrania convivían cientos de miles de rusos, sobre todo en los territorios del este y del sur (la región carbonífera del Donbass que incluye a Dontesk y Lugansk), más próximos cultural y lingüísticamente a Moscú pero dependientes de Kiev. Rusia, además, veía cómo su base naval en Sebastopol (Crimea), su salida natural al Mar Negro, quedaba en manos de Kiev, que ahora nada tenía que ver con Moscú. Un acuerdo entre las dos nuevas repúblicas permitió a los rusos mantener su flota en Crimea, pero siempre con el permiso ucraniano.

Ucrania estuvo durante los años noventa próxima a Rusia y era uno de los miembros más importantes de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) surgida tras la implosión de la URSS. Mientras Kiev se mantuvo fiel a Moscú, las relaciones fueron cordiales y la estabilidad interna de Ucrania estuvo garantizada. Sin embargo, cuando las autoridades ucranianas trataban de aflojar los lazos que las sujetaban a Rusia, desde el Kremlin se endurecían las posiciones. Así ocurrió en enero de 2009 cuando Moscú ordenó el corte de suministro de gas a Ucrania en respuesta a la negativa de Yulia Tymoshenko a aceptar una subida en el precio del combustible.

En 2010, las elecciones fueron ganadas por el prorruso Victor Yanukovich que garantizó el suministro energético a Ucrania y la presencia de la flota rusa en Sebastopol (Crimea). ¿Cuál es el problema que desencadenó la crisis y la guerra entonces?

Ucrania sigue estando muy dividida. El oeste es profundamente ucraniano y mira más a Europa que a Rusia ya que los nacionalistas ucranianos desean ingresar en la OTAN y en la UE algo que los alejaría de la tutela de Moscú y consolidaría la democracia. El este y el sur (ya dijimos: la región del Dombass y Crimea) son mayoritariamente rusas y los ucranianos son allí una minoría. La tensión entre este y oeste esta servida pero mientras desde Kiev gobernaba un prorruso no se produjeron enfrentamientos.

Cuando el presidente Yanukovich se decidió a fortalecer aún más las relaciones con Rusia, grupos ultranacionalistas y europeístas ucranianos iniciaron sangrientas protestas en la Plaza Maidán de Kiev. La Revolución del Euromaidán, como se conoce, consiguió derrocar al presidente en febrero de 2014 y los nacionalistas alcanzaron el poder con la intención de acercar Ucrania a Occidente. La crisis se trasladó entonces desde la capital al este y al sur.

Moscú no estaba dispuesto a ceder su satélite ucraniano ni, por supuesto, a permitir que la OTAN y la UE se hicieran con Ucrania. Así, el Presidente Putin alentó a los rusos ucranianos del este del país que, a modo de quinta columna, iniciaron una guerra por la independencia de sus territorios. Los rusos de Lugansk, Donetsk y Crimea son mayoría en sus provincias pero minoría en Ucrania y, cuando el gobierno de Kiev miró a Occidente, ellos se decidieron a reclamar la independencia y la incorporación a Rusia. 

En marzo de 2014, mediante un referéndum ilegal y posiblemente fraudulento, Crimea aprobó su independencia de Ucrania y su anexión a Rusia. Desde Rusia, por supuesto, no se puso ningún impedimento pues la incorporación de la península suponía recuperar completamente la base naval de Sebastopol. En las regiones del este, la guerra civil se recrudece puesto que Moscú, aunque niega el apoyo a los rebeldes independentistas prorrusos, no deja de armarlos con el objetivo de desestabilizar internamente Ucrania e impedir así su acercamiento a la UE y a EE.UU.

En definitiva, Ucrania vive hoy las consecuencias de una historia convulsa que la ha convertido en el colchón protector de Rusia frente a la OTAN y a la UE y que Moscú se niega a dejar escapar. La diversidad lingüística interna y la carencia de sentimiento nacional ucraniano en las regiones del este, rusófonas y más próximas culturalmente a Moscú que a Kiev, hacen de Ucrania un polvorín que ha estallado y es difícil de apagar.  

viernes, 2 de enero de 2015

LA HISTORIA DE DOÑA MARINA

La indígena que cambió su nombre y su vida por amor




para Marina Lorenzo


¿Sabías que una indígena llamada Marina ayudó a Hernán Cortés a conquistar el Imperio Azteca? Fue una mujer con una difícil vida, tratada habitualmente como una esclava, pero que supo ganarse el amor del conquistador español. Unos piensan que fue una traidora; otros, que fue una heroína. Lo único cierto es que doña Marina fue una de las miles de mujeres, indígenas y españolas, que acompañaron a los conquistadores en sus periplos por el Nuevo Mundo. Ésta es su historia.

Nació en algún lugar de la costa este del actual México hacia 1502, en el seno de una familia noble. Recibió el nombre de Maliche que, en lengua náhuatl, significa “Diosa de la Hierba”. Tras la muerte de su padre, su madre la vendió como esclava a un grupo de comerciantes mayas. Con ellos viajó hasta el actual Tabasco, en la península del Yucatán, y con ellos creció y se educó, aprendiendo a hablar en maya. Unos años después la joven Maliche fue vendida al cacique maya de Tabasco. 

En 1519, el conquistador extremeño Hernán Cortés desembarcó en las costas del continente americano con un puñado de hombres dispuestos a encontrar la gloria en el nuevo mundo. Las diversas tribus mayas no estuvieron dispuestas a someterse a los españoles y muchas les hicieron la guerra. Tras la derrota de los mayas, el cacique entregó a los españoles diecinueve mujeres en señal de amistad, entre ellas se encontraba Maliche, que tenía diecisiete años.

Pronto Hernán Cortés quedó impresionado por la belleza y la inteligencia de la joven. No sólo sabía hablar la lengua de los mayas sino también el náhuatl, la lengua de los aztecas. El conquistador y la indígena se enamoraron y Maliche se convirtió nada menos que en la esposa del capitán de las tropas conquistadoras. Cambió su nombre indígena por otro castellano, Marina.

Doña Marina fue imprescindible en la conquista del Imperio Azteca porque contó a Cortés las costumbres y los estilos de vida de los indígenas. Gracias a ella los españoles pudieron comunicarse con los indios porque doña Marina traducía del náhuatl al maya y un viejo naufrago español que había permanecido varios años con los mayas y cuyo nombre era Jerónimo Aguilar, del maya al castellano. Hernán Cortés admiraba profundamente a doña Marina, tanto que la convirtió en su consejera y no iba a ningún sitio sin ella. 

La joven Marina disfrutaba de las riquezas y lujos que Cortés le proporcionaba. Tras la conquista de Tenochtitlan, la gran capital del Imperio Azteca, en 1521, Hernán Cortés y doña Marina se casaron y al año siguiente nació su hijo, a quien pusieron el nombre de Martín. Cortés, ocupado con la administración de los territorios que acababa de conquistar, aseguró a su amada esposa y a su hijo una vida tranquila en una casa que les construyó cerca de Tenochtitlan.

Algunos años después, en 1524, Hernán Cortés, que se encontraba conquistando Honduras, envió una carta a doña Marina en la que le pedía que marchase a su encuentro para ayudarle en la conquista de nuevos territorios. La joven no lo dudó ni un momento y volvió a ejercer de traductora entre los españoles y las tribus mayas.

Se desconoce el destino de doña Marina. Algunos dicen que murió pocos años después, en 1529, víctima de la viruela. Otros dicen que vivió en Tenochtitlan junto a Cortés y su hijo Martín hasta su muerte en 1551. En cualquier caso, Hernán Cortés siempre quiso a aquella joven indígena que ayudó a los hombres que habían invadido su tierra por amor.

Doña Marina fue una más de las miles de indígenas que vivieron entre dos mundos: la sociedad indígena tradicional y la de los conquistadores españoles. Fue la primera mujer que se enamoró de uno de los invasores y su hijo, Martín, el primer mestizo de la América Española. También es una de las pocas mujeres indígenas que aparecen en los libros de Historia: nació noble, fue vendida como esclava y acabó siendo la esposa del conquistador del Imperio Azteca.