Páginas

sábado, 26 de enero de 2019

CINCO MUJERES QUE FORJARON EL MUNDO

El mundo está y ha estado siempre lleno de personas increíbles, de héroes y heroínas que han hecho lo imposible por transformarlo. Aquí vamos a hablar de cinco de ellas, cinco mujeres valientes que lucharon durante su vida por empujar el mundo hacia la libertad y la paz.


Isabel de Guevara (1530 - ¿?): fue una de las pocas mujeres que viajó al Nuevo Mundo como exploradora en el siglo XVI. Desembarcó en el Río de la Plata (actual Argentina) con la expedición de Pedro de Mendoza junto con otras veinte mujeres y unos 150 hombres. Combatió a los indígenas y fue una de las supervivientes. Se estableció en el actual Paraguay y desde allí escribió una carta a la Corona española relatando las hazañas del grupo de mujeres de la expedición. En su carta utiliza la expresión “nosotras, las mujeres”. Por ello es considerada la primera feminista de la Historia.

Bertha von Suttner (1843 – 1914): fue la primera mujer en obtener el Premio Nobel de la Paz en 1905. Aunque nació en una familia acomodada en Praga, pronto tuvo que ponerse a trabajar cuando su padre perdió toda la fortuna familiar en el juego. Fue secretaria de Alfred Nobel en París y después viajó con su marido al Cáucaso donde fue testigo de las guerras entre rusos y turcos. Quedó tan impresionada que dedicó el resto de su vida a defender la paz entre los pueblos en sus numerosas publicaciones. Su obra más famosa es “¡Abajo las armas!”. Murió unos días antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Sofía Casanova (1861 – 1958): nació en Galicia, pero tras ser abandonada por su padre se trasladó a Madrid. Gracias al apoyo de su abuelo, la familia salió adelante. Fue enviada como corresponsal por el periódico ABC a Polonia (por entonces parte del Imperio Ruso). Allí se casó y tuvo una hija, aunque viajaba regularmente a España. En 1914, mientras visitaba a su hija en Varsovia, estalló la Primera Guerra Mundial. Se convirtió en la primera reportera de guerra española enviando crónicas al periódico desde Polonia. También vivió la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Fue una pacifista convencida. Hoy en día es una de las grandes desconocidas de nuestra historia.

Eglantyne Jebb (1876 – 1928): aunque podía haber vivido sin preocupaciones puesto que su acaudalada familia poseía inmensas extensiones de terreno, quiso ayudar a los demás. Viajó a los Balcanes en 1913 para ayudar a los niños afectados por los conflictos. Allí le sorprendió la Gran Guerra. Las experiencias que vivió causaron en ella tal huella que decidió dedicar su vida a la protección de los niños. En 1919 fundó la organización “Save the Children” dedicada a la atención de la infancia en situaciones de conflicto. Hoy, es una de las ONG más prestigiosas del mundo.

Elisabeth Eidenbenz (1913 – 2011): está maestra y enfermera suiza participó activamente en el Comité Suizo de Ayuda a los Niños de España durante la Guerra Civil. En los últimos meses de la guerra abrió una clínica de Maternidad en la localidad francesa de Elna (a pocos kilómetros de la frontera española). Allí ayudó a dar a luz a cientos de mujeres españolas que había cruzado la frontera y se encontraban en los vergonzosos campos de refugiados creados en las playas de Perpiñán. Tuvo que hacer frente a las trabas de las autoridades francesas primero y después a la presión de los nazis. “Mi madre me dio la vida. Elisabeth, la esperanza en el género humano” afirmó hace unos años uno de aquellos niños nacidos en la Maternidad de Elna.

martes, 15 de enero de 2019

"LA PLAZA DEL DIAMANTE", INTRAHISTORIA PERO NO MICROHISTORIA

En el norte de Italia, a finales del siglo XVI, un molinero llamado Doménico Scandella, conocido como Menocchio, fue acusado de herejía ante el Santo Oficio. La Inquisición lo declaró culpable y fue finalmente quemado en la hoguera en 1601. Menocchio no era un Lutero o un Calvino, no era un reformador religioso cuyas ideas hayan pasado a la posteridad. Era un desgraciado, como tantos otros, que sufrió la mala suerte de vivir en una época en la que la fiebre religiosa no dejaba a nadie tranquilo. "Vivimos tiempos difíciles en los que no podemos hablar ni callar sin riesgo", escribió Juan Luis Vives a su amigo Erasmo de Rotterdam.

La historia de Menocchio la conocemos por la obra "El queso y los gusanos", publicada en 1976. A partir de las actas del proceso inquisitorial, encontradas en un pueblecito al norte del Véneto, el historiador Carlo Ginzburg reconstruyó la historia de este molinero, uno más de esos a los que hemos llamado de forma ambigua y casi despectiva "gentes sin historia". Son las peripecias individuales, personales, a veces cómicas, a vaces dramáticas, del pueblo, de desconocidos que no han pasado a la Historia, con mayúscula, pero tuvieron su propia historia. Y esa historia puede ser rastreada y reconstruida.

"El queso y los gusanos" abrió una nueva rama en la historiografía: la microhistoria. Consiste en la reducción de escala de los temas elegidos, en los que el investigador analiza un caso pequeño, concreto, como si fuera un detective. La microhistoria utiliza un relato vivo, ligero, que engancha al lector como si se tratase de una novela de intrigas y le descubre simples anécdotas que, en ocasiones, llegan a ser focos de luz de la Historia general, la de los libros de texto.

La microhistoria llegó a España en los años ochenta, con cierto retraso respecto de Europa. Pero aquí teníamos la voz "intrahistoria" acuñada por el filósofo Miguel de Unamuno a principios del siglo XX. La intrahistoria es, en resumidas cuentas, algo similar a la microhistoria aunque con una gran diferencia. La intrahistoria se refiere a un relato de ficción, a una obra inventada a partir de recuerdos de su autor o simplemente brotada de su imaginación. La microhistoria, por el contrario, precisa del rigor de la ciencia histórica, el autor no puede inventar nada, sino ceñirse única y exclusivamente a lo que proporcionan las fuentes, a lo que puede ver y contrastar. La intrahistoria puede ser o no Historia, la microhistoria lo es por esencia.

En este sentido, podemos calificar la obra "La Plaza del Diamante", novela de Mercè Rodoreda (1962) y película de Francesc Betriu (1982), como intrahistoria pero en ningún caso, porque ni siquiera lo pretende, como microhistoria. El relato de Natalia no es Historia porque sencillamente "la Colometa" nunca existió. Su vida, su drama, son ficticios. Su marido no murió en el frente de Aragón durante la Guerra Civil española porque, simplemente, nunca existió un Quimet, y tampoco sus hijos fueron Antonio y Rita. No hubo hijos. La vida de Natalia, al contrario de lo que ocurre con la del molinero italiano del principio, no puede rastrearse en ningún lado porque nació de la fantasita de Mercè Rodoreda, la autora de la novela.

Ello no impidió, sin embargo, que "La Plaza del Diamante" se convirtiese en un espejo en el que muchas mujeres que vivieron la Segunda República, la Guerra Civil o la posguerra se pudieran ver reflejadas. Las experiencias dramáticas que relata Mercé Rodoreda, y que pueden verse en la película, son imágenes de la memoria colectiva de millones de españoles que vivieron esa época, pero no pertenecen a nadie en particular: el terror dentro del metro durante los bombardeos; el hambre; el miedo a ser delatado, a ser entregado a los sublevados; la incertidumbre por el destino de los familiares y amigos; la desesperación por lo irracional de la guerra; etc. 

Todas estas experiencias que pueden verse en la película y leerse en el libro fueron o son comunes a millones de españoles. Se repitieron durante décadas en la memoria de hombres y mujeres a los que les volvían una y otra vez las mismas imágenes, constantes flashes en la mente que los llevaban a una época pasada de terror. Si "la Colometa" hubiese existido, las imágenes de la guerra hubiesen estado siempre en su memoria. Por eso "La Plaza del Diamante" es una intrahistoria, por que da luz a la memoria colectiva de varias generaciones de españoles, una memoria que se confunde con la historia de los desfavorecidos, de las "gentes sin historia".

En resumen, "La Plaza del Diamante" no es una obra histórica porque no es fruto de un proceso de investigación y no hay documentos, fuentes históricas que respalden el relato, que lo hagan real. Sí es, sin embargo, una intrahistoria, el resultado de la fantasía de su autora en la que a buen seguro se mezclaron recuerdos personales y vivencias de otros a quienes conoció o sobre los que oyó. Historias terribles, en definitiva, que marcaron a los hijos de la guerra de España, la memoria colectiva del país.  

martes, 1 de enero de 2019

LA TOMA DE GRANADA, 2 DE ENERO DE 1492



 "La rendición de Granada" (Pradilla, s. XIX)


A finales de 1491 el destino del Reino Nazarí de Granada estaba escrito. Hacía casi una década que los reyes de Castilla, Isabel y Fernando, habían iniciado las campañas de conquista del último reducto musulmán de la Península Ibérica. La guerra había sido larga y costosa, empleando Castilla todos los recursos a su alcance.

Corría febrero de 1482 cuando las disputas fronterizas permanentes entre castellanos y nazaríes llevaron a estos últimos a la toma de la ciudad cristiana de Zahara. En respuesta, los nobles andaluces, liderados por el marqués de Cádiz y el duque de Medina Sidonia, conquistaron Alhama, en el corazón del reino nazarí. Apresuradamente, Isabel de Castilla se desplazó al sur para ponerse al frente de las operaciones junto a su esposo Fernando. Habían visto ambos en aquellos sucesos una excelente oportunidad para reforzar su autoridad y mantener ocupada a la belicosa nobleza castellana.

La guerra fue dura y prolongada. Los reyes de Castilla aprovecharon las disputas familiares que requebrajaban el trono de Granada. En 1482 hasta tres pretendientes al trono rivalizaron por el poder: Muley Hacén - el legítimo sultán -, su hermano el Zagal y su hijo Boabdil - heredero al trono -. A ello se sumaron las perennes disputas entre los distintos clanes granadinos: abencerrajes y zegríes. La defensa del reino se antojó pues muy complicada para la dinastía nazarí.

Aunque tuvo episodios cruentos, como la destrucción completa de la ciudad de Málaga, principal puerto del reino y donde se temía que llegasen los refuerzos norteafricanos, y la posterior esclavización de sus habitantes, en general, los monarcas castellanos fueron magnánimos con los granadinos. Fue una guerra de sitios estructurada en campañas anuales en las que los monarcas dirigían personalmente las operaciones militares. También se emplearon otras estrategias como el secuestro del hijo de Boabdil, que fue trasladado al interior de Castilla y educado en la fe cristiana junto a los hijos de Isabel y Fernando.

Muertos Muley Hacén y el Zagal, Boabdil fue incapaz de dominar su reino y resistir al avanze de los ejércitos cristianos. En octubre de 1491, Isabel había fundado la ciudad de Santa Fe, a unos pocos kilómetros de Granada, y se disponía a rendir la capital por hambre. Poco después el propio Boabdil se desplazó allí para firmar las capitulaciones de rendición y entrega de la ciudad. Corría el 25 de noviembre de 1491. A cambio de la rendición, los reyes de Castilla le entregaron a su hijo, previamente bautizado a la fuerza.

Por eso, a finales de 1491 se intuía el desenlace. El 1 de enero de 1492 fue un día de gran expectación en la vega de Granada. Por la noche, entraron en la ciudad los primeros contingentes de solados castellanos. Entre ellos se encontraban el contador mayor del reino Gutierre de Cárdenas, el arzobispo de Toledo Pedro González de Mendoza y el militar llamado a jugar un gran papel en el futuro, Gonzalo Ferández de Córdoba. Ellos se encargaron de tomar la plaza en nombre de los reyes de Castilla y de reducir los últimos conatos de resistencia en el interior de la Alhambra.

En la mañana del día 2, Isabel y Fernando acompañados de su séquito, fueron recibidos a las puertas de la muralla de Granada. Instantes antes Boabdil les había entregado las llaves de la ciudad. Por las calles granadinas algunos recibieron a los monarcas con vítores de alegría, otros con indiferencia. La entrada en la Alhambra se produjo hacia el mediodía. Una vez en el interior, se celebró la ceremonía del Te Deum, para agradecer a Dios la victoria cristiana y el éxito de los reyes de Castilla. Mientras Boabdil marchaba lloroso fuera de la ciudad, a un señorío concedido por los reyes de Castilla en las Alpujarras. "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre" le espetó su madre cuando lamentaba la pérdida del reino...

Aquel mismo día y en los siguientes, Isabel y Fernando despacharon misivas a todos los rincones de la Cristiandad relatando la buena nueva. La noticia fue recibida con regocijo en Italia, Francia, Inglaterra y Alemania. Al fin y al cabo, caballeros de toda Europa Occidental se habían desplazado a Castilla para participar en la que sería la última cruzada, apenas unas décadas antes de la ruptura definiva de la Cristiandad. El Papa Borja Alejandro VI recibió la noticia con gran satisfacción a pesar de la antipatía que sentía por los soberanos castellanos y aragoneses. En cualquier caso, en 1496, les concedería el título de Reyes Católicos por haber tomado Granada para los cristianos.

También se entregaron privilegios y prebendas a quienes participaron activamente en la Guerra de Granada (1482 - 1492). Fray Hernando de Talavera, hasta entonces confesor de la reina, fue designado primer arzobispo de Granada y se le encomendó la difícil labor de evangelizar a los mudéjares granadinos. La estrategia que seguiría Hernando de Talavera no gustaría a los ya Reyes Católicos que se asombraron al ver que siete años después, en 1499, la mayor parte de los granadinos seguían siendo musulmanes. La solución, auspiciada por el nuevo arzobispo de Toledo y confesor de la reina Francisco Jiménez de Cisneros, sería radical: bautizar forzosamente a los musulmanes creando un problema nuevo, los moriscos. A lo largo del siglo XVI, los moriscos se sublevarían en numerosas ocasiones hasta su definitiva expulsión de la Península en 1609.

La toma de Granada ha sido interpretada tradicionalmente como el hito final de la Reconquista, iniciada en el 718 con la también mitificada batalla de Covadonga. Los que vivieron en 1492, y los propios Reyes Católicos, no lo vieron probablemente así. En su imaginario no se encontraba la idea de la culminación de un proceso casi legendario sino la de una etapa más en el proceso de expansión territorial de sus reinos que debió continuar en el norte de África pero que se trasladó ese mismo año al Nuevo Mundo. Sí participó la toma de Granada, sin embargo, del espíritu cruzado que sobrevivía en Europa a fines del siglo XV, más aun si tenemos en cuenta la amenaza del Turco en el Mediterráneo oriental y en Centroeuropa. La conquista definitiva de Granada puso fin, en todo caso, a ocho siglos de presencia islámica en la Península y abrió un nuevo tiempo en la evolución de la sociedad castellana, aún ansiosa de aventuras, guerras y riquezas. Ese afán se saciaría poco después en América.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

25 DATOS SOBRE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

6 de diciembre de 2018. La Constitución española cumple 40 años. Fue aprobada en referéndum por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978. Aquí encontrarás unos cuanto datos curiosos (algunos muy conocidos, otros no tanto) de aquel hito de la Historia reciente de España:

  1. El historiador español Javier Tusell enmarcó la Constitución española (y toda la Transición) en la "Tercera Ola Democratizadora" propuesta por Samuel Huntington. Esta se extendió desde 1974 hasta 1991 y afectó a los países mediterráneos primero, después a los sudamericanos y, finalmente, a los de Europa del Este. Todos avanzaron en ese periodo hacia la democracia liberal.
  2. El proceso constituyente español, iniciado tras las elecciones del 15 de junio de 1977, fue más complejo que en otros países, como Portugal o Grecia. Algunos de los problemas a los que se enfrentaba España eran el conflicto territorial, el terrorismo de ETA y otros grupos, la violencia callejera, la crisis económica y la influencia que mantenía el ejército.
  3. Si entendemos la Transición española como una obra de teatro, podríamos decir que el rey Juan Carlos I fue el productor; Torcuato Fernández Miranda, el guionista; y Adolfo Suárez, el actor principal. Los tres fueron figuras claves del proceso constituyente.
  4. El gobierno de la UCD, presidido por Suárez, podría haber elaborado una Constitución y haberla presentado a las Cortes o haber encargado su elaboración a un grupo de expertos pero, por indicaciones del Rey, se decidió abrir el proceso a todos los grupos parlamentarios. Se buscó deliberadamente el acuerdo de todos los grupos políticos.
  5. El proceso constituyente, que se prolongó más de un año, desde el verano de 1977 hasta diciembre de 1978, se caracterizó por la firme voluntad de concordia, consenso y olvido. Se trataron de olvidar de forma consciente las rencillas que enfrentaban a las dos Españas desde la Guerra Civil (1936 - 1939).
  6. La Comisión Constitucional de las Cortes, encargada de elaborar el proyecto de Constitución, estuvo formada por siete ponentes: Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez-Llorca (de la UCD), Gregorio Peces-Barba (del PSOE), Jordi Solé Tura (del PCE), Manuel Fraga (de AP) y Miquel Roca (del grupo nacionalista catalán).
  7. El clima en el que se iniciaron las negociaciones fue calificado de idílico pero pronto surgieron las primeras discrepancias en temas como el aborto, la educación y el derecho a la huelga. Paradógicamente, temas polémicos tradicionalmente en la historia constitucional española no causaron problemas serios de entendimiento como los derechos individuales o el papel de la Iglesia.
  8. La Constitución española contiene una de las más largas relaciones de derechos individuales del constitucionalismo europeo reciente. "Si en Suecia, donde siempre ha existido la libertad de imprenta, no es necesario ponerlo en la Constitución, en España, es completamente pertinente" afirmó Peces Barba en una ocasión.
  9. Con el objetivo de satisfacer todas las opiniones, algunos artículos de la Constitución son autenticas generalidades que continene incluso errores gramaticales. Se les llama compromisos apócrifos que necesitaron desarrollarse posteriormente en la legislación ordinaria.
  10. Durante meses, la unión de los votos de la UCD y de AP permitieron aprobar rápidamente numerosos artículos. Como protesta, el representante del PSOE, Peces Barba, abandonó la Comisión Constitucional. Fue el momento más crítico. El propio Peces Barba lo definió como "una jugada de póquer que salió bien y a mi juicio, gracias a ello, tenemos una Constitución mucho más progresista".
  11. De hecho, aún hoy en día, la Constitución Española es considerada una de las más progresista del mundo y ejemplo para otros muchos países de la llamada Tercera Ola Democratizadora (como los del antiguo bloque soviético).
  12. Muchos artículos de la Constitución fueron sacados adelante gracias a los "Pactos del Mantel", reuniones informales en restaurantes entre las segundas espadas de la UCD y el PSOE: Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra.
  13. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) se negó a apoyar la Constitución en el Congreso y pidió la abstención en el referéndum del 6 de diciembre. El motivo fue que no se había incluido una enmienda donde se reconocían los supuestos "derechos originarios" de los vascos. Joseba Arregi afirmó que "la abstención del PNV no fue una opción meditada".
  14. El 31 de octubre de 1978, el Congreso y el Senado, en sesión conjunta, aprobaron por una gran mayoría de votos el texto constitucional.
  15. El 6 de diciembre de ese año, se celebró el referendum para su ratificación. Era la primera vez (y única) que el pueblo español iba a votar su Constitución. 
  16. Entre los partidos políticos que apoyaron el "SÍ" en el referendum encontramos: la UCD, el PSOE, el PCE y AP. Hicieron campaña por el "NO" el Partido Carlista, el Partido Comunista de España (marxista leninista), Pro España Católica y otros grupos de ultraderecha. Defendieron la abstención el PNV y el Movimiento Comunista.
  17. Votó el 67% del electorado. Un 88,6% votó "SÍ", un 7,9% votó "NO" y un 3% se abstuvo. En Cataluña, votó a favor del texto el 93% de los votantes; en el País Vasco, lo hizo el 91% pero la abstención aquí superó el 50%.
  18. La Constitución entró en vigor el 29 de diciembre de 1978.
  19. Se trata de una de las constituciones europeas menos reformadas en la actualidad (sólo se ha reformado dos veces y para asuntos de poca importancia). Algunos señalan que uno de los problemas es que es "irreformable". La causa puede ser la necesidad de un acuerdo general, algo que se antoja muy complicado actualmente.
  20. Gabriel Cisneros afirmó que la Constitución "está hecha desde el consenso y para el consenso". Por eso se necesita una amplia mayoría en las Cámaras para reformarla con éxito. El consenso es necesario para hacer una reforma profunda del texto.
  21. Entre los mayores defectos de la Constitución encontramos que es derivada y poco original. Se inspira tanto en el constitucionalismo español desde el siglo XIX como en el europeo de la segunda mitad del siglo XX. Las Constituciones de la Alemania Federal y de Italia fueron los modelos seguidos. La Constitución no tuvo en cuenta, por ejemplo, la futura adhesión de España a la Comunidad Europea o la posible crisis del Estado del Bienestar. De hecho, la parte de Economía ha sido calificada de "frondosa", llena de brindis al sol y buenas intenciones difíciles de cumplir en realidad.
  22. El modelo territorial tampoco acabó bien definido y prueba de ello es que no fijó los límites del Estado de las Autonomías. En todo caso, sí estableció las bases para la descentralización territorial. España se convirtió en un Estado unitario pero fuertemente descentralizado. El modelo territorial fue el motivo de que algunos diputados de AP votarán "NO" en el Congreso.
  23. Entre las virtudes encontramos la superación de los tradicionales problemas de la política española (las relaciones entre la Iglesia y el Estado, por ejemplo; la educación, los derechos individuales, etc.). También su espíritu de concordia y reconciliación. Lejos quedaron las sectarias constituciones españolas del siglo XIX y el famoso "Trágala, perro".
  24. El régimen político nacido de la Constitución del 78 es una Monarquía parlamentaria y democrática, homologable a los imperantes en Europa Occidental. El sistema parlamentario es un bicameralismo muy atenuado donde el Congreso de los Diputados disfruta de gran protagonismo y el Senado es una especie de cámara territorial poco definida y de segunda lectura de las leyes.
  25. Si tenemos en cuenta los problemas con los que partía España en 1977, la convulsa historia del constitucionalismo español y la cruenta dictadura franquista anterior, podemos concluir que el proceso constituyente fue un rotundo éxito. Si a ello sumamos los 40 años de democracia plena que ha disfrutado la sociedad española desde entonces, podemos afirmar que la Constitución del 78 es la piedra angular que dio sentido al siglo XX español y sentó las bases del progreso del siglo XXI.

Si queréis leer más en este blog acerca de la Constitución de 1978, la Transición española a la democracia y las figuras clave de este periodo os dejo algunas entradas antiguas:


 

domingo, 25 de noviembre de 2018

"TIEMPOS MODERNOS" O CÓMO LUCHAR POR LA FELICIDAD

"Tiempos Modernos" (1936) es, para todos, una de las grandes obras maestras del genial Charles Chaplin. Para muchos, la última gran película de cine mudo. Para unos cuantos, la primera de cine sonoro. Y para mí, es un gran filme que cuenta una historia humana sencilla: la búsqueda desesperada de la felicidad.

El vagabundo Charlot, en esta película reconvertido en obrero, huelguista, vigilante nocturno, maître y bailarín, sólo persigue la felicidad en un tiempo de individualismo y miseria, los años treinta. La comida y una vivienda digna son los grandes sueños del protagonista y de su compañera, la joven Paulette Goddard (el nombre es de la actriz), una muchacha húerfana, separada de sus hermanas pequeñas tras la muerte de su padre. El papel de Chaplin aquí inspirará al dibujante Escobar en Carpanta, el famoso vagabundo español que vive bajo un puente soñando con comer un gran pollo asadado. Era otro espacio, España, y otro tiempo, los cincuenta, pero la miseria era la misma.

"Tiempo Modernos" refleja la crueldad de la Segunda Revolución Industrial. Los obreros son meros autómatas en la cadena de montaje diseñada por Taylor y perfeccionada por Ford. Reduciendo su labor a movimientos sencillos y automáticos se ahorra tiempo y se aumenta la producción. Tuercas y martillo, tuercas y martillo, tuercas y martillo. Con estas palabras se puede resumir la primera parte de la película. Charlot apreta las tuercas de forma automática, sin pensar, hasta apretar con la palanca la nariz del jefe y los botones de la falda de la secretaria. Una confusión la tiene cualquiera. Se trata de una desternillante caricatura que enseña las trágicas condiciones laborales de principios del siglo veinte.

Unos trabajos más de máquinas que de personas. Un jefe onmipresente, que recuerda al Gran Hermano de George Orwell en "1984". Unos ritmos de trabajo frenéticos. El trabajador no puede ni espantar una amenazadora avispa. Si lo hace retrasa la cadena de montaje. Todo ello acab provocando una crisis nerviosa en el pobre Charlot, que se vuelve loco. Hasta se convierte en el conejillo de indias de un artilugio para dar de comer a los obreros mientras trabajan y con ello ahorrar tiempo y acelerar la producción.

Cuando sale del psiquiátrico los tiempos han cambiado. Los felices años veinte han quedado atrás y la Gran Depresión sume al país en la miseria. Sin comerlo ni beberlo (y nunca mejor dicho), nuestro protagonista es confundido con un comunista en medio de una manifestación. Entra en la cárcel varias veces. Comprende incluso que se está mejor dentro que fuera. Al fin y al cabo, en prisión tiene comida asegurada y no necesita trabajar. Fuera hay hambre y poco trabajo.

Bien lo sabe el padre de la pobre muchacha Paulette. Es ella quien se las ingenia para buscar algo que llevarse a la boca. La muerte del padre por disparos en una manifestación refleja la crudeza de la represión estatal durante los años treinta. Separada de sus hermanas pequeñas, Paulette huye durante toda la película. Y Charlot con ella. La vida se ha vuelto dificil: incluso el antiguo colega de nuestro protagonista, Big Bill, se ha convertido en un criminal: "No somos ladrones - tenemos hambre", dice a Charlot cuando asalta el centro comercial del que éste es el vigilante.

Charlot y la muchacha sueñan con comer pasteles, patinar libres y dormir sin preocupaciones. Sueños sencillos pero imposibles en aquellos tiempos. La vivienda destartalada de la pareja es otra metáfora más de la realidad. Los barrios de chabolas, las "hoovervilles", surgieron por doquier en Estados Unidos durante la Gran Depresión y recibieron su nombre en honor (dudoso) del presidente Herbert Hoover. Una chabola de madera en un descampado junto a un lago de aguas fecales y frente a fábricas otrora prósperas y ahora paradas. Así es el hogar de los protagonistas, muy lejos del sueño americano, del famoso "American Way of Life" tantas veces pregonado. 

Al fin y al cabo, toda la película transcurre entre fábricas, huelgas y prisiones. Varias veces aparece Charlot trabajando junto a enormes máquinas de engranajes y correas (donde por cierto, no es muy habilidoso). Varias veces también se ve envuelto en manifestaciones y huelgas. Y varias veces acaba en prisión, bien por ser confundido con un líder comunista, por robar un pan para comer o por su mala pata. Fábricas, huelgas y prisiones son las tres palabras esenciales en la vida de los años treinta en Estados Unidos y en otros países. La cuarta es desempleo, paro.

Al final, resulta que la joven pareja encuentra un hueco en el mundo del espectáculo, como bailarines. Pero olvidan que su destino es huir siempre. Los agentes del gobierno que persiguen a la muchacha los obligan a abandonar su trabajo y escapar lejos. "¿De qué sirve intentarlo?" se pregunta la joven al final. Charlot contesta: "No te rindas, anímate. ¡Nos las arreglaremos!". De nuevo apunta al futuro, a la felicidad.

Eso es "Tiempos Modernos", un canto a la felicidad, al amor, a los valores puramente humanos, a la libertad personal. Charlot y la joven Paulette se rebelan contra un mundo en el que los pobres son máquinas, en el que sólo importa la masa uniforme que acude a trabajar a las fábricas, en el que los obreros son autómatas fácilmente sustituibles. Una sociedad donde importa el individuo como fuerza de trabajo pero no la persona. Un gran rebaño de ovejas se confunde con la cola de trabajadores que esperan entrar en la fábrica al comienzo del filme. Así veía Chaplin la sociedad de los años treinta. Así eran los "Tiempos Modernos".

 

EL FIN DE LA PROSPERIDAD

Livingston, Nueva Jersey
31 de octubre de 1932.

No recuerdo si fue Joe Kennedy o Jhon D. Rockefeller quien dijo, durante una velada, la frase que a todos nos sobrecogió: "Cuando un limpiabotas sabe tanto como yo del mercado de valores, es el momento de que lo deje". Poco después, ambos dejaron sus negocios en Wall Street y yo también. ¡Y qué gran acierto fue aquella decisión! Era una fría noche de invierno, pero no recuerdo bien el día. Todo sabíamos que la espiral especulativa en la que habían entrado las inversiones no acabaría bien.

No os voy a engañar, en enero de 1928 yo había hecho una fortuna invirtiendo en Bolsa. Hacía seis años que el azar me había llevado a conocer a importantes inversores de Wall Street, entre otros, a Joe y a Jhon. Por entonces, Jhon era ya multimillonario, propietario de la petrolear Standard Oil, y Joe, hijo de inmigrantes irlandeses, había creado una fortuna gracias a su astucia. Me dieron buenos consejos y gracias a ellos multipliqué mi dinero.

Mucha gente hizo fortuna en los años veinte. Los felices años veinte los llamaban, ¡qué ilusos! El acceso al crédito era facilísimo así que muchos decidieron pedir préstamos a los bancos para comprar acciones de grandes empresas. Y todo por la idea del presidente del National City Bank, Charles Mitchell, a quien se le ocurrió sacar a la venta acciones de su banco a bajo precio para que la gente normal las comprase. La Reserva Federal, fundada en 1922, bajó los tipos de interés y esto abarató el crédito.

Hasta entonces, la Bolsa de Nueva York era un grupo cerrado en el que sólo invertían expertos. Por supuesto, yo no era un experto aunque, como saben, mi familia tenía extensas propiedades de tierra en Nueva Jersey. Cuando la Bolsa se abrió a todo el mundo, vi una oportunidad para invertir los ahorros familiares. Acudía Manhattan al menos una vez a la semana y el resto de días iba a la agencia de corretaje de Livingston, donde vivo, a veinteseis millas al oeste de Manhattan. Las agencias de corretaje permitían invertir en Bolsa sin tener que estar físicamente en Wall Street. 

En dos años multipliqué por diez mi dinero. Fue fantástico, no voy a mentir. Así fue como un hijo de terratenientes adinerados - pero no miltimillonarios - como yo, destinado a heredar todas las tierras de mis padres se metió en el mundo de las finanzas. Claro, el mundo de Wall Street me introdujo también en la fiesta de Manhattan, los clubes, los teatros de Brodway, las veladas noctunas y los cabarets. Así fue como conocí a Joe y Jhon. Soliamos acudir a los mismos clubes.

Mucha gente de orígenes humildes invirtió también su dinero. Otros muchos utilizaron préstamos a bajo interés para comprar acciones. Un banco que después acabó quebrando se anunciaba diciendo "Compre ahora y pague después". Hasta yo acabé pidiendo un crédito para comprar más acciones allá por 1925.

Hubo un momento en el que parecía tonto quien no invirtiese en bolsa para hacerse rico. Yo participé en ese juego y arrastré a mi primo Frank de Monclair. La burbuja financiera se inflaba cada vez más. Los precios de las acciones subían sin parar. Los bancos, obviamente, concedían créditos a todo el mundo. Creían que, como las acciones siempre subían su precio, los compradores siempre podrían venderlas para devolver el préstamo.

Herbert Hoover ganó las elecciones presidenciales de 1928 utilizando un eslógan que decía: "La prosperidad está a la vuelta de la esquina". Realmente muchos creímos que la prosperidad, el futuro, estaba en la Bolsa, y en las fáciles ganancias que nos ofrecía. Al fin y al cabo, estábamos viviendo el sueño americano.

Poco después, las voces de algunos expertos empezaron a alertar de que la situación podría cambiar. El primero creo que fue Paul Warburg, un economista que trabajaba entonces en la Brookings Institution para el gobierno. Yo no lo conocía personalmente, pero había oído hablar de él. Sería marzo o abril de 1929. Pocos le hicieron caso. Entre esos pocos, mis colegas, Joe y Jhon, ambos expertos economistas, y afortunadamente me convencieron a mí. En pocas semanas vendimos todas nuestras acciones recuperando casi todo el dinero aunque la tendencia alcista de los valores ya había comenzado a invertirse.

El 23 de octubre de 1929, Wall Street sufrió la mayor caída de su historia, las acciones perdieron el 7% de su valor. No me acuerdo qué estaba haciendo ese día pero sí que no me encontraba en Nueva York. Supongo que estaría en la mansión de mis padres en Livingston. El día siguiente, jueves 24 de octubre, temiendo la nueva caída de las acciones, miles de personas quisieron venderlas - justo lo que yo había hecho meses antes -. Las cotizaciones cayeron tanto que las acciones perdieron un tercio de su valor y nadie quería comprarlas. Yo me enteré de todo el viernes. Algún periodico ya denominó aquella jornada como "El Jueves Negro".

Viajé a Manhattan los días siguientes a ver qué ocurría. Miles de curiosos como yo nos agolpamos delante de Wall Street. La situación era caótica y yo me había librado de la ruina de milagro. El pánico se extendió por todos los sitios y llegaron rumores de que había gente saltando desde las ventanas de los rascacielos. Yo pensaba: "Esto no puede estar pasando". Se había terminado el sueño americano.

A mediodía supe que los presidentes de los principales bancos de Wall Street se habían reunido para buscar una solución. Inyectaron dinero en algunas empresas que estaban próximas a la quiebra por la debacle de sus acciones. John hizo lo mismo esperando que la tendencia cambiase. 

La bolsa empezó a subir lentamente aunque unos días después, el martes 29 de octubre, se desplomó bruscamente de nuevo. Nunca antes se había producido semejante catástrofe. Mi padre me había hablado del pánico que siguió a la quiebra de Jay Cooke and Company, un banco de Filadelfia, en 1873, pero esto fue mucho peor.

El 29 de octubre me encontraba también en Nueva York buscando a mi primo Frank. No había podido convencerle de que vendiese sus acciones a tiempo y se había arruinado - lo había intentado desde marzo de ese año, pero había sido imposible convencerlo. Estaba fascinado por la posibilidad de ganar dinero fácil. No le bastaba, como a mí, con amasar una pequeña fortuna además de las tierras familiares. Frank llegó a hipotecar sus tierras. Fue la peor decisión de su vida.
 
Acudí a los cafés que solía frecuentar, recorrí todas las calles y avenidas cercanas a Wall Street pero no lo encontré. Desesperado, se había ahorcado en la habitación de un hotel donde había gastado los últimos dólares que le quedaban. ¡Qué terrible desgracia! ¡Y todo por mi culpa, yo le convencí para que invirtiese! ¿Qué iban a hacer ahora su esposa y sus dos hijos?

Yo también perdí parte de mi dinero pero afortudamente no me arruiné. Lo tenía depositado en varios bancos y otra parte en la caja fuerte de casa, el lugar más seguro. No me extraña que muchos guarden sus dineros ahora debajo del colchón. Es el único sitio en el que no corren peligro. También cerraron muchas fábricas y millones de personas se quedaron sin empleo. Yo mismo he tenido que despedir a parte de los trabajadores de mis tierras. No hay futuro. No vendemos ni un tercio de lo que vendíamos antes. A unos pocos kilómetros de mi casa hay una de esas "hoovervilles", los barrios de chabolas que llevan el nombre del presidente Hoover. Dudoso honor para el presidente del país.

Han pasado tres años de todo aquello y la economía aún no se ha recuperado. Hoy es 31 de octubre de 1932. En unas semanas se celebran elecciones presidenciales y voy a votar por el candidato Franklin D. Roosevelt, del Partido Demócrata. Tiene ideas reformistas y pretende invertir activamente en la economía. Propone un plan al que llama "New Deal" para reactivar la economía. En mi familía siempre hemos votado a los republicanos pero es necesario cambiar. No puede ocurrir otra vez lo mismo y es necesario que la prosperidad regrese.


Benjamin Smith

martes, 6 de noviembre de 2018

"LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS", NI LOCOS NI HÉROES

"1898: Los últimos de Filipinas", de Salvador Calvo (2016), no es una historia de héroes ni de locos. Porque no eran héroes ni locos los hombres que defendieron la ermita de Baler durante casi un año, entre 1898 y 1899, por más que la propaganda franquista los situara en la línea de don Pelayo, el Cid y Hernán Cortés. Y por más, también, que a la luz del siglo XXI su hazaña nos parezca cosa de lunáticos.

Los últimos defensores de la soberanía española en Filipinas no fueron héroes porque, sencillamente, nunca fueron conscientes de lo que estaban haciendo. Y probablemente, de haberlo sido, la Historia hubiera sido también diferente. No supieron que su empecinada resistencia en vano sería puesta como ejemplo después de un patriotismo que quizá ni siquiera tenían. No fueron tampoco locos, porque ninguno de ellos se apartó nunca de la realidad que estaban viviendo, aunque esa realidad particular no fuese la misma en todos lados. Los cincuenta soldados que defendieron Baler simplemente cumplieron con su deber: defender la posición.

El filme nos muestra unos soldados mal preparados y mal pertrechados, ataviados con uniformes que parecen pijamas, unas botas de varias tallas menos y unos sombreros inútiles. Vemos a los desgraciados jóvenes de familias humildes que no habían podido pagar la cuantía que les evitaba marchar a la guerra. Así se nutría el ejército español de finales del siglo XIX y principios del XX, el ejército de los quintos, aquel que en teoría (no en la práctica) debía defender un imperio que ya no existía. Es la figura de Carlos, el humilde extremeño cuyo sueño era entrar en la Real Academia de San Fernando para estudiar pintura y cree, ingenuo, que la guerra puede ser la oportunidad que estaba buscando para alcanzar su meta. Al final la guerra acabará con su inocencia y con su sueño, pues perderá el brazo derecho.

Pero muchos de los soldados que defendieron Baler no eran novatos sino expertos militares, aunque la película los oculte. Los jefes, el capitán Enrique de las Morenas, el teniente Saturnino Martín Cerezo y el sargento Jimeno, por más crueles y obstinados que la película intente retratarlos, no cumplieron más que las órdenes que recibieron: mantener la plaza bajo soberanía española y esperar noticias de Manila. No fueron tercos ni implacables sino coherentes con su misión, aún sabiendo el sufrimiento que provoca la guerra y lo injusta que siempre es.

Para entender la Historia que esconde el filme, tenemos que centrar nuestra atención en tres momentos clave. El primero es la llegada del correo de Manila. El mensajero, malherido, transmite el mensaje que cambia el curso de los acontecimientos aunque en la iglesia de Baler nadie se dé cuenta: los Estados Unidos han declarado la guerra a España, la flota española ha sido destruida en Cavite, Manila permanece sitiada. ¿Qué más necesitaban saber los defensores de la ermita? El imperio español estaba a punto de sucumbir aunque hablar de imperio español ya en 1898 puede parecer pretencioso pues no era más que los despojos de lo que había sido en los siglos XVI, XVII y XVIII. Los de Baler no lo creían. Pensaban que era un engaño de los rebeldes filipinos del Katipunán y así siguieron resistiendo.

El segundo momento clave es la conversación entre el soldado español Carlos y el comandante de las tropas filipinas en el cuartel de éste en algún lugar de la Sierra Madre, a medio camino entre Manila y Baler. El militar filipino le dice al español que ahora luchan contra los norteamericanos, que han comprado Filipinas a España por 20 millones de pesetas. El Tratado de París se había firmado en diciembre de 1898 y la soberanía de las Filipinas, igual que la de Cuba y Puerto Rico había sido transferida a Estados Unidos. Cuando vuelve a la ermita siguen sin dar crédito a lo que oyen. ¡Y es lógico! pues cuando desembarcaron en Baler, nadie preveía que la potencia norteamericana interviniese, ni que el poder español en las colonias colapsase tan rápido.

Por último, el final de la historia está en una casualidad, en una terrible casualidad. El teniente Martín Cerezo se da cuenta de que lo que cuentan los periódicos es verdad, de que todo es cierto, cuando lee una notificación de un traslado de un general del ejercito español. Es imposible que los filipinos sepan algo así por tanto los periódicos no están falsificados: las Filipinas no son ya españolas. ¿Y para qué han estado resistiendo atrincherados en una ermita durante casi un año? En ese momento termina todo, la cruda realidad se abre ante sus ojos.

Como todas las películas históricas, "Los últimos de Filipinas" se toma algunas licencias. No hubo un fraile entre los defensores de Baler sino tres pero ninguno de ellos fue adicto al opio, al menos que se sepa. Nadie amputó el brazo a ningún desertor porque no hubo tampoco ningún sargento Jimeno aunque dos soldados que intentaron huir fueron fusilados junto a la tapia de la iglesia. Y los fusiles que portaban los españoles no se corresponden con los de la cinta, que son de los años veinte. Pero sí es cierto que el beriberi causó estragos entre los españoles. Y que las filipinas cantaban frente a la ermita para distraer a sus defensores. Y hubo miedo, y sufrimiento, y desesperación. Los últimos de Filipinas no fueron grandes héroes de la Historia pero sí héroes humanos, como tantos otros que tuvieron y tienen que luchar en guerras que les eran o les son ajenas. Ese y no otro es el mensaje antimilitarista que quiere transmitir la película.