Páginas

domingo, 15 de marzo de 2026

HIJOS DE PUTA DE AQUÍ Y DE ALLÁ


Los conceptos del bien y el mal, de lo bueno y lo malo no son universalmente idénticos. En la cultura occidental se basan en normas y principios morales que derivan de la filosofía griega, el derecho romano y el Cristianismo. Lo bueno es lo que se ajusta a éstos y lo malo, lo que se desvía de ellos. En otras culturas, asiáticas y africanas fundamentalmente, estas ideas son diferentes. El bien está más relacionado con la armonía y el papel que uno juega en el entorno en el que vive, su complementariedad con otros elementos del sistema, como el Yin y el Yan, que se complementan el uno al otro.

Siempre que tratamos un conflicto o una guerra en clase aparecen unas preguntas clásicas: ¿Quién es el bueno? ¿Quién es el malo? Y esto fue lo que ocurrió el otro día mientras hablábamos de lo que estaba pasando en Oriente Próximo, en el conflicto de Irán frente a Estados Unidos e Israel. Incapaz de darles una respuesta, de discernir quién es el bueno y quién es el malo en todo este barullo, acabé confesando lo evidente: que nadie sabe lo que está pasando a ciencia cierta y que nada es como parece en realidad. Y de aquel planteamiento acabamos sacando algunas conclusiones interesantes.

Disney nos enseñó en nuestra infancia a identificar claramente al bueno y al malo, al héroe y al villano. Disney refleja con exactitud los conceptos de bien y mal de la cultura occidental que decíamos antes. En cada película, el bueno es quien vence, quien defiende los valores de la justicia y el honor. Es el guapo, el alto y el apuesto. El malo, por el contrario, acumula todo lo negativo, la locura, la maldad, la venganza, la injusticia. Es el feo, el oscuro, y siempre acaba siendo derrotado. Nadie cuestiona si todos los actos del bueno son correctos y tampoco nadie se para a pensar, por un momento, en los motivos del malo para hacer lo que hace. Juzgamos los actos correctos o incorrectos e inferimos si la persona que los cometió es buena o mala por ello, pero no pensamos en las causas que provocaron aquellos actos.

Todos llevamos a nuestra vida diaria estas ideas aprendidas cuando éramos pequeños. Y lo aplicamos a todo lo que nos rodea, sea lo que sea, también a la actualidad. Enseguida identificamos el bien y el mal, el negro y el blanco. Y esto nos hace distinguir con asombrosa nitidez a los buenos y a los malos y a establecer un nosotros y un ellos. No nos paramos a pensar en los matices, en las causas y los motivos de cada acto. Nos ponemos del lado de quien consideramos bueno y nos distanciamos irremediablemente del malo, sin darle siquiera una oportunidad para explicar sus acciones.

En nuestro país, la clase política tiende a hacer lo mismo sobre cualquier tema, tenga la trascendencia que tenga. Nuestros políticos son tan cortos de vista y de mente que no ven la realidad con toda su magnitud. Y lo mismo ocurre con los medios de comunicación y con esos tertulianos - influencers de tres al cuarto que opinan de todo. Reducida a ideas simples, a mensajes cortos y sencillos, utilizan el bien y el mal para diferenciar entre sus ideas y las de otros, polarizando a la opinión pública. No caben matices, no caben grises. O estás con ellos o contra ellos. 

Si estás conmigo, debes pensar esto, que es lo correcto, lo bueno. Y si no lo piensas, entonces no eres de los míos, estás con el malo. Da igual del tema que se trate, también de los asuntos internacionales, por otra parte, tan complejos. Y en la cuestión del conflicto en Oriente Próximo lo estamos viendo claramente. En un conflicto internacional de una magnitud no vista en años, seguimos empeñados en distinguir al bueno y al malo. Parece que si eres de derechas, debes apoyar a Trump, a Estados Unidos y a Israel, que son los buenos. Si eres de izquierdas, como buen antiimperialista, apoyarás sin fisuras a Irán.

Y yo me niego a elegir entre un hijo de puta y otro. Ese es precisamente el problema: nos obligan a elegir siempre entre dos hijos de puta y no tenemos por qué hacerlo. Nos obligan a identificar al bueno en un conflicto en el que no está claro quién es quién, y, quizá, no haya ningún bueno y todos sean malos. Quizá sea la distancia y la prudencia la mejor posición en todos estos casos.

Estados Unidos e Israel se presentan como los defensores de la civilización occidental frente a un régimen malvado, pero han roto la legalidad internacional para atacarlo y han causado miles de víctimas inocentes tanto en Irán como en Líbano y en otros lugares de Oriente Próximo. Han violado el Derecho Internacional que ellos mismos impusieron después de la Segunda Guerra Mundial. Tanto Trump como Netanyahu se han convertido en tiranos, lunáticos agresivos que no encuentran ningún limite a su poder, que pretenden destruir el orden mundial que conocíamos y que incluso se burlan de las víctimas del conflicto que ellos mismos han provocado. ¿Son éstos son los buenos?

Por otro lado, Irán se una de las dictaduras más sanguinarias que existen hoy en día. La Republica Islámica instaurada en 1979 es un régimen regido por religiosos fanáticos que imponen la versión más estricta de la ley islámica. Los ayatolás han reprimiendo a la oposición, a algunos colectivos, como los homosexuales y las minorías étnicas, y limitan los derechos y las libertades de la mitad de la población, las mujeres. Las protestas de hace unos meses fueron reprimidas con tanta dureza que causaron miles de muertos. En aquel país los derechos y las libertades civiles que damos por sentados en los países europeos son una mera quimera. Se trata de un Estado que usa el terror y la represión como armas de control de una población cada vez más descontenta. ¿Es éste, entonces, el bueno en esta historia?

No nos dejemos engañar, aquí no hay un bueno ni un malo. Aquí son todos unos hijos de puta, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia. No es posible distinguir a unos de otros en la guerra. Así que seamos un poco críticos y no adoptemos un bando tan a la ligera. El mundo no es como lo presentaron las películas de Walt Disney durante tantas décadas. Y ésta suele ser la enseñanza que acabamos extrayendo el otro día en el aula hablando sobre todo estos temas: estemos atentos a lo que ocurre; escuchemos, leamos sobre la guerra; pero desconfiemos de todo, de cualquier noticia, de cualquier imagen, de cualquier rumor. Porque en el mundo en el que vivimos, nada es lo que parece y se empeñan en hacernos elegir bando entre dos hijos de puta. El sentido común, el juicio crítico y la prudencia es lo que nos salva de semejante estupidez.


domingo, 1 de marzo de 2026

¿QUÉ OCURRE CON IRÁN?

Trump, Netanyahu y Jamanei sobre un mapa de Oriente Próximo


En la mañana del último día de febrero de 2026 las alarmas antiaéreas sonaron en las calles de Teherán. Poco después, comenzaron a escucharse fuertes explosiones en diversas zonas de la ciudad. Lo mismo ocurrió en otras ciudades del país, como Isfahán, Qom e Ilam. Los ciudadanos iraníes salieron a las calles mientras el gobierno les pedía que marchasen fuera de la ciudad ya que se preveían nuevos ataques. Se han reportado largas colas en los cajeros automáticos para sacar dinero en efectivo y en las gasolineras para llenar los depósitos de los vehículos.

El ataque fue coordinado por Israel y Estados Unidos y supone una escalada sin precedentes en Oriente Próximo. Se trata, en cualquier caso, de una operación largo tiempo esperada dados los últimos movimientos del gobierno de Estados Unidos. Desde hacía meses, la administración Trump estaba concentrando barcos de guerra en la región. El portaaviones estadounidenses Gerald Ford arribó al puerto de Haifa (Israel) hace un par de días y es previsible que siga navegando en dirección al Golfo Pérsico. No obstante, la fecha ha cogido a los medios internacionales y a la opinión pública por sorpresa porque continuaban las negociaciones entre las delegaciones de Estados Unidos y de Irán en Suiza para un nuevo acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Parecía que la vía diplomática seguía abierta pero, es cierto que, para entender cualquier acción de Estados Unidos, debemos tener presente el temperamento impredecible de Trump. 

El ataque norteamericano-israelí no responde ni a una emergencia humanitaria ni a un ataque preventivo. Todo el mundo conoce la debilidad del régimen teocrático de Irán y es fácil suponer que no estaba preparando un ataque contra intereses israelíes ni estadounidenses, así que la operación militar no se puede justificar de ese modo. La agresión israelí y estadounidense tampoco ha contado con la autorización de las Naciones Unidas y es contraria al derecho internacional, aunque, desde hace mucho tiempo, ambos tienen poca influencia frente a intervenciones unilaterales y agresiones militares de este tipo. Recordemos Ucrania en 2022, Gaza en 2023 y Venezuela hace tan solo unos meses.

El objetivo de Netanyahu y de Trump no es otro que rediseñar el tablero geopolítico de Oriente Próximo. Ambos líderes lo han reconocido abiertamente. El líder israelí lleva trabajando en este objetivo desde 2023. En este contexto, la República Islámica de Irán es una de las grandes piezas a destruir. Quieren acabar con el polémico programa nuclear iraní, debilitar también su arsenal de misiles balísticos que constituyen, quizá, la única amenaza iraní contra Israel y provocar la caída del régimen teocrático. Por eso, uno de los primeros objetivos fue el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. El complejo residencial del ayatolá fue bombardeado y Jamenei murió en el ataque según ha confirmado el propio gobierno iraní.

La intervención en Irán tiene el antecedente de la Guerra de los 12 Días (12-24 de junio de 2025), aunque aquella fue una acción más mesurada. Entonces, Israel atacó sólo instalaciones militares y nucleares en Irán, que respondió lanzando misiles sobre Israel, previa advertencia. El bombardeo estadounidense sobre la instalación nuclear de Fordow el 22 de junio amenazó con escalar aún más el conflicto, aunque finalmente se llegó a un alto el fuego. Ahora, la operación militar es de mayor envergadura y sus desenlaces aún están por descubrirse.

La debilidad del régimen de los ayatolás en la región no se le escapa a nadie. Las milicias aliadas de Irán en la zona, los llamados "proxies", se encuentran desarticuladas tras las guerras de los años anteriores contra Israel. Hezbolá, que en otros momentos llego a ser una gran amenaza para Israel, hoy tiene una influencia meramente local en el sur del Líbano. Hamás sufrió un durísimo golpe durante la Guerra de Gaza (2023 - 2025). Siria fue aliada de Irán durante la dictadura de Al-Asad, pero el nuevo gobierno se ha distanciado de Teherán. Los hutíes de Yemen no representan una amenaza más allá del Mar Rojo y las milicias chiíes de Iraq no tienen una capacidad operativa relevante en la actualidad. A ello hay que sumar la indiferencia de la Rusia de Putin hacia su aliado histórico y el nuevo eje de naciones sunnitas aliadas (Turquía - Arabia Saudí - Pakistán) que supone un poderoso contrapeso al Irán chiita.

A nivel interno, la teocracia iraní se encuentra sumida en una profunda crisis. A la crisis económica que arrastra desde hace años por las sanciones internacionales hay que sumar el malestar ciudadano. Las masivas manifestaciones de protesta contra la dictadura de los últimos meses, ahogadas en sangre y con miles de muertos, ha sido una clara evidencia de ello. La muerte del líder supremo, el ayatolá Jamenei, de 86 años, supone un antes y un después en Irán. No cuenta con un sucesor claro y su desaparición provocará a medio plazo una lucha por el poder en el régimen iraní de consecuencias difíciles de prever. Debemos tener en cuenta, además, que en Irán existen numerosas facciones y grupos enfrentados cuya única unión es la lealtad al ayatolá. Trump ha llamado a la Guardia Revolucionaria iraní, auténtico soporte del régimen, a que deponga las armas y se rinda y a los ciudadanos iraníes a derribar al gobierno y tomar el control del país. Pero la fuerza represiva del régimen sigue intacta y es posible que, tras la eliminación de Jamenei, tomen el poder los sectores más radicales del régimen. 

Otro aspecto a tener en cuenta es la oposición interna, que se encuentra desunida y sin un líder claro que pueda aglutinar los apoyos necesarios para iniciar una transición a la democracia. En los últimos meses, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, depuesto por la Revolución Islámica de 1979, se ha erigido en la voz de los opositores. No obstante, se trata de un arribista que vive en Nueva York desde hace décadas, no conoce la realidad iraní y no dispone de fuerza ni apoyos en el interior del país. No es una alternativa realista a la teocracia. La transición a la democracia en Irán se antoja, por ello, una vía extremadamente arriesgada e impredecible, aunque todo esto importe poco a Netanyahu y Trump.

La respuesta de Irán al ataque ha sido inmediata. En Israel, se han escuchado explosiones tanto en Jerusalén como en Tel Aviv. El gobierno de Netanyahu ha pedido a sus ciudades que permanezcan en alerta ante posibles ataques. También han sido atacadas las bases militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico: en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudí. Estas instalaciones, resultado de acuerdos con los gobiernos anfitriones, son una pieza esencial de la influencia norteamericana en Oriente Próximo, así como para la protección de Israel. Por eso, Irán considera traidores a todos estos países de población musulmana y han sido bombardeados esta mañana. El gobierno de Teherán, no obstante, ha incidido en la idea de su defensa frente a la agresión externa y, consciente de su posición de inferioridad, se ha mostrado partidario de una desescalada. 

¿Y cuáles pueden ser las consecuencias del conflicto? Es difícil que ataques como los de esta mañana provoquen la caída del régimen iraní, incluso con la muerte del ayatolá. No obstante, una guerra duradera sería terrible tanto para Irán como para Israel por los efectos económicos, la inseguridad y el número de muertos. Los intereses estadounidenses y la bases militares en la región también pueden verse afectados. El propio Trump ha reconocido que puede haber bajas estadounidenses. Una escalada mayor implicaría una guerra regional abierta que afectaría a todos los países de la región. Irán, desde luego, es la parte más débil en esta coyuntura, más aún con la muerte del líder. Sus opciones de resistencia pasan por cerrar el Estrecho de Ormuz, por el que circula el 30% del petróleo mundial y forzar una crisis energética a nivel global mientras continúa negociando con Estados Unidos unas condiciones aceptables para su programa nuclear. De momento, siguen los bombardeos sobre las bases estadounidenses del Golfo Pérsico y sobre Israel. 

sábado, 21 de febrero de 2026

APUNTES DEL PIRINEO


Voto y Félix

Allí, en las boscosas cumbres prepirenaicas se funde la naturaleza, la historia y la leyenda. Dicen que, en el siglo VIII, el noble godo Voto estaba persiguiendo un escurridizo corzo. Al galope, lo seguía por los montes montado en su caballo hasta que el animal se despeñó por una gran grieta de la ladera. Voto, sin poder controlar su montura desbocada, creyó correr la misma suerte. Como un milagro, sin embargo, el animal se detuvo en el borde de la peña. 

Voto bajó del caballo y miró en lo más profundo del barranco. Abajo, divisó el corzo muerto y algo que no esperaba encontrar allí: el cadáver del ermitaño Juan de Atarés, que había pasado su vida en aquella montaña y también acabó despeñado. Voto, impresionado por lo que vio y convencido de que se había salvado gracias a San Juan, volvió a casa y le contó el milagro a su hermano Félix. Ambos vendieron todas sus propiedades y marcharon a vivir a aquel monte, lejos de la civilización. Según la leyenda, los jóvenes acabaron fundando el monasterio de San Juan de la Peña, encajado en la pared de roca que vio caer al ermitaño y al corzo.

Edelweiss 

"Es la flor de nieves, un símbolo de Jaca, la podéis encontrar en muchos recuerdos" nos dijo las dependienta mientras señalaba un cartelito que habíamos pasado por alto mientras contemplábamos los variopintos suvenires. Nos detuvimos a leer las líneas: "Crece en las zonas rocosas y en las praderas de alta montaña del Pirineo y representa el amor, la amistad y la valentía". Ninguno sabíamos de la existencia de la enigmática florecilla.

"Es bonito el significado de la Flor de Nieves, ¿verdad?" me dijo mi compañera mirándome fijamente a los ojos. En efecto, el Edelweiss se encontraba por doquier, en cuadritos, en imanes, en figuritas de terracota. "No sé si éste o éste. ¿Qué opinas tú?" me preguntaba una y otra vez, indecisa como siempre. Mi compañera dudaba del imán que compraría para su nevera. Aquello parecía una metáfora, sin duda. Una metáfora de la vida, de las decisiones, de las circunstancias a las que todos nos enfrentamos. Sea lo que sea lo que uno se juegue, en cada elección, en cada decisión, uno gana y pierde a la vez. Gana porque elige, pierde porque renuncia. Edelweiss es la flor del amor, de la amistad... y de la valentía.

Los ciervos de la ciudadela

La ciudadela de Jaca no es un gran castillo y sus muros ni siquiera sobresalen por encima de los edificios de la ciudad. No es imponente ni magnífica, si uno va con prisa, le pasará inadvertida. Se trata de uno más de los fuertes construidos a finales del siglo XVI en varias ciudades del norte de la Península por orden de Felipe II. Y es que temía el Rey Prudente que los franceses invadiesen sus dominios y por eso mandó construir estos bastiones abaluartados, duros, robustos. No son grandiosos, pero sí resistentes a los posibles envites de la moderna artillería del Renacimiento.

Hoy, el foso del viejo cuartel es un lugar verde, fresco y seguro que acoge a una manada de elegantes ciervos. Los animales campan a sus anchas alrededor de la ciudadela, tienen abundante comida y agua y exhiben su gracia a todo aquel que se asoma a verlos. Se mueven pausadamente de aquí a allá, como queriendo mostrar su envergadura, su belleza, y miran al espectador. Contemplábamos desde los alto a los animales y, mientras mi amiga les hacía fotos, mi mente veía en ellos resistencia y fuerza, la misma que la ciudadela que los acoge. Los ciervos resisten las bajas temperaturas de los bosques y las montañas en los que habitan, acostumbran a recorrer largas distancias en sus migraciones anuales y renuevan sus astas cada año, parece que cada año vuelven a empezar. ¿Hay mayor ejemplo de renovación y fortaleza?

Las nieves de Canfranc

"¡Es increíble este lugar!" exclama mi compañera mirando a todas partes. El ambiente es por completo invernal. En la estación internacional de Canfranc está cayendo una copiosa nevada. Los copos son cada vez más densos, más grandes y comienzan a cubrirlo todo formando un manto blanco. La última de las nueve borrascas que han azotado la Península en las semanas anteriores deja lluvia en Jaca, pero nieve en Canfranc. Las dos localidades se encuentran a poco más de veinte kilómetros de distancia, pero la altitud de Canfranc es unos 400 metros superior a la de Jaca. La altitud convierte la lluvia en nieve. Así lo comprobamos aquel día.

Paseamos por los alrededores de la estación, que hoy es un fabuloso hotel de lujo. "La nieve parece detener el tiempo, todo va más despacio, ¿verdad?" reflexiona mi amiga enfundada tras su bufanda y bajo el paraguas que la protege de los copos. Es cierto, el lento precipitar de los copos ralentiza el tiempo por momentos. Nieva con ganas, con parsimonia y deleite, como sucede en las grandes nevadas. Yo, mientras tanto, miro nervioso a todos lados, inquieto por el estado de la carretera por la que tendremos que regresar a nuestro hotel. Las cumbres pirenaicas están muy cerca, pero son invisibles, ocultas tras las compactas nubes blancas que lo cubren todo. También son invisibles los espesos bosques de coníferas que se alzan en las laderas de los montes. La estación de Canfranc, encajada entre montañas, parece hoy más incomunicada, más aislada. La calzada, poco a poco, se vuelve blanquecina a pesar del esfuerzo de las quitanieves, que la limpian sin cesar. "Quizá debamos volver antes de que se ponga peor", sugiero. "Parece que la nieve nos estaba esperando para decorarlo todo".

Ecos de Loarre

En las estribaciones exteriores del Pirineo, encaramado a un espolón rocoso, se camufla el soberbio castillo de Loarre. Es aquella una tierra agreste, ventosa e inhóspita, pero de un alto valor estratégico. Desde allí se divisa y domina la hoya de Huesca y, por tanto, el camino a Zaragoza, al Valle del Ebro. La fortaleza fue construida con ese objetivo en los albores del siglo XI por orden del rey Sancho III "El Mayor" de Pamplona, que entonces controlaba los valles pirenaicos del Alto Aragón. Aquel día de febrero cuando visitamos el castillo el terrible viento del norte, el cierzo, arrancaba hasta las señales de tráfico y así pudimos comprobarlo nosotros cuando aparcamos nuestro coche.

Loarre es un pueblo, pero, ante todo, es una fortaleza, la fortaleza románica mejor conservada en España. Fue encomendada a los agustinos, una orden de monjes guerreros, como tantas otras en la Edad Media. Por eso, la estancia principal es la iglesia de San Pedro, cuya extraordinaria acústica crea unos ecos que permiten escuchar las voces desde cualquier punto de la sala, sin elevar la voz, sin gritar. Aquel lugar, el castillo de Loarre, nunca fue tomado por asalto, nunca fue rendido por las armas. Los monjes tenían todo lo que necesitaban para sobrevivir un asedio durante semanas y repeler al enemigo. La vida allí era durísima, sometidos al frío, la soledad y los vientos, pero contaban con alimentos y su fe, que siempre es buena compañera. Bien sabían que la fortaleza era inexpugnable, que si aguantaban lo suficiente, el enemigo acabaría retirándose. Y es que lo importante en Loarre no era vencer, sino resistir un poco más.



lunes, 5 de enero de 2026

¿CÓMO HA LLEGADO VENEZUELA HASTA AQUÍ?


La historia de América Latina en el siglo XX estuvo marcada por golpes de Estado y dictaduras militares. Los periodos democráticos fueron, en casi todos los países de la región, breves paréntesis de inestabilidad. Una excepción, durante muchas décadas, fue Venezuela, que disfrutó de un régimen constitucional basado en elecciones libres durante toda la segunda mitad del siglo. Pero Venezuela también es ejemplo de la debilidad de la democracia y de cómo puede destruirse un sistema constitucional de libertades en pocos años. Esto es lo que ocurrió desde 1998.

En 1957 cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Con el Pacto de Puntofijo se estableció un sistema democrático basado en el bipartidismo. Los dos partidos hegemónicos eran el COPEI (democristiano) y AD (socialdemócrata) que se alternaban en el gobierno de manera pacífica. El sistema establecido por la Constitución de 1961 garantizó la estabilidad política y las libertades básicas durante muchas décadas haciendo de Venezuela uno de los países más libres del continente. El país también se desarrolló de manera notable en la década de los 70 aprovechando sus inmensos recursos petrolíferos, que fueron nacionalizados en 1976.

Sin embargo, la situación comenzó a deteriorarse desde finales de los años 80. Se produjo un descenso de los precios del petróleo y, por tanto, los ingresos del Estado disminuyeron también. Esto aumentó la deuda externa y el paro se desbocó. El narcotráfico y la inseguridad ciudadana se convirtieron en los principales problemas. La corrupción política y administrativa desacreditó a los partidos tradicionales y hubo protestas masivas como "el Caracazo" (1989), en el que murieron unas 500 personas. La democracia venezolana hacía aguas.

El resultado de la crisis fue la ruptura del sistema de partidos y el surgimiento de alternativas populistas. Ya en 1993 ganó las elecciones Rafael Caldera, que no pertenecía a ninguno de los partidos tradicionales, aunque el régimen democrático resistió. Otro outsider, Hugo Chávez, quien había intentado dar un golpe de Estado en 1992, acabó ganando las elecciones en 1998 y se convirtió en presidente del país. Lo que él proponía era un cambio de régimen, derogando la Constitución de 1961, "una Constitución moribunda" según sus propias palabras, y convocando elecciones para una Asamblea Constituyente que elaborase una nueva, inspirada en los principios del bolivarianismo (espíritu del libertador Simón Bolívar) y en el Socialismo del siglo XXI. 

Así lo hizo. La Constitución de 1999 cambió el nombre del país. Ahora la denominación oficial sería República Bolivariana de Venezuela. El nuevo sistema era más autoritario y militarista, el papel del presidente se reforzó y el del parlamento (la Asamblea) se restringió. Las Fuerzas Armadas también se vieron reforzadas y se convirtieron en uno de los pilares del Chavismo. Frente a los tres poderes del Estado de las democracias liberales, se constituyeron cinco: legislativo, judicial, ejecutivo, ciudadano y electoral.

Chávez se centró en paliar la grave crisis fiscal en los primeros meses de mandato y obtuvo de la Asamblea poderes extraordinarios para tomar las medidas que fueran necesarias. Junto a medidas populistas de asistencia a las clases más desfavorecidas, el gobierno de Chávez llevó a cabo prácticas excluyentes que polarizaron la sociedad. Los partidos tradicionales, COPEI y AD, quedaron reducidos a la insignificancia, se limitó la libertad de prensa y se persiguió a los opositores. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que integraba a los diferentes grupos afines a Chávez, se convirtió en el partido hegemónico.

En la década de los 2000 hubo enfrentamientos y protestas por el autoritarismo de Chávez, como el "paro cívico nacional" de diciembre de 2001, la movilización general de abril de 2002 o un intento de golpe de Estado que contó con el apoyo de EE.UU. y España. Esto no impidió que Chávez fuese reelegido en sucesivas votaciones presidenciales, en 2000, 2006 y 2012, a pesar de la limitación de mandatos que imponía la Constitución de 1999. 

Gracias a los beneficios que reportaba la exportación de petróleo, a través de la petrolera estatal PDVSA (Petróleos De Venezuela S.A.), el gobierno de Chávez llevó a cabo reformas encaminadas a reducir la pobreza y a extender la alfabetización de la sociedad y el acceso a la sanidad pública. Durante algunos años, Chávez gozó de cierto prestigio internacional y extendió su influencia a otros países de América Latina como Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa) y Nicaragua (Ortega). Además, se convirtió en soporte de la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Parecía el triunfo del Socialismo del siglo XXI frente al imperialismo yankee

Todo cambió en marzo de 2013, cuando falleció Hugo Chávez a consecuencia de un cáncer. Su sucesor fue Nicolás Maduro, que ganó las elecciones por estrecho margen. A partir de entonces, sin el carisma y la astucia política de su antecesor, Maduro se enfrentó a una grave crisis social, económica y política que lo llevó al aislamiento internacional y a prácticas cada vez más autoritarias. La caída de los precios del petróleo provocaron una crisis económica muy profunda. Las protestas aumentaron conforme lo hacía también la represión. En 2013, la coalición opositora ganó por primera vez las elecciones a la Asamblea Nacional, aunque el Tribunal Supremo anuló sus funciones apuntalando el poder omnímodo del presidente.

La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad en las calles y los cortes de suministro eléctrico se convirtieron en problemas cotidianos con los que debían lidiar los venezolanos. Estos factores, junto con la represión política, provocaron en la última década una migración masiva hacia otros países. Más de siete millones de venezolanos viven en la actualidad fuera de su patria, principalmente en Colombia, Perú, Estados Unidos y España. El gobierno de Estados Unidos impuso sanciones cada vez más duras al gobierno de Venezuela.

La oposición, por su parte, ha estado muy dividida en cuanto a la estrategia a seguir para derrocar a Maduro. Capriles optó por la vía electoral y se presentó a las elecciones en 2012 y 2013, aunque fue derrotado. Juan Guaidó se proclamó presidente interino en 2019 invocando un artículo de la constitución. Aunque fue reconocido por unos cincuenta países, su influencia se fue debilitando hasta desaparecer. Leopoldo López y María Corina Machado han protagonizado los últimos intentos de derrocar a Maduro utilizando la vía electoral y la presión internacional, pero sus resultados han sido, hasta ahora, limitados.

En la últimas elecciones presidenciales, en julio de 2024, Nicolás Maduro resultó reelegido una vez más, aunque bajo acusaciones de fraude electoral. La oposición, liderada por Leopoldo López, obtuvo, al parecer, más votos, pero no se le permitió acceder al poder. Maduro ha intensificado en los últimos tiempos la represión contra los opositores, con detenciones arbitrarias y limitando aún más la disidencia política. Los contactos con el narcotráfico, una de las principales fuentes de ingresos, también han contribuido al descrédito del gobierno de Maduro. La insuficiencia de servicios públicos básicos, la inseguridad, la pobreza y la emigración son los principales problemas a los que se ha enfrentado últimamente Venezuela. 

Después de la intervención militar de Estados Unidos y el arresto de Nicolás Maduro, en enero de 2026, queda por decidir el futuro del país. Muchos esperan que el régimen colapse y se abra una etapa de transición para restablecer la democracia, pero los riesgos son grandes. La oposición se encuentra dividida y no hay consenso sobre la estrategia a seguir. Una gran parte del oficialismo no está dispuesto a ceder el poder y permitir elecciones auténticamente libres. Las mafias y grupos criminales, así como las milicias armadas desde los tiempos de Chávez pueden desestabilizar el país. La incertidumbre es grande y nadie sabe hacia dónde caminará Venezuela. Y es que al final, la democracia es algo valioso, pero débil, y resulta más fácil destruir que reconstruir.



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Bolívar, Chávez, Maduro y Machado sobre el mapa de Venezuela. 

sábado, 3 de enero de 2026

¿POR QUÉ TRUMP HA ATACADO VENEZUELA?


En la madrugada del 2 al 3 de enero, el gobierno de EE.UU. lanzó un ataque militar rápido contra Venezuela. En la incursión aérea, los aviones norteamericanos bombardearon algunas bases militares venezolanas y capturaron al presidente de la república, Nicolás Maduro, y a su esposa. Como informó horas después el presidente estafounidense, ambos fueron llevados presos en un barco de la marina a Nueva York, donde serán juzgados.

Todo el mundo esperaba un ataque así desde hacía semanas. Donald Trump había ordenado la eliminación de narcolanchas en el Mar Caribe como parte de su campaña contra el narcotráfico. Además, había desplegado la mayor flota de guerra nunca antes vista en aguas caribeñas. Washington había acusado al gobierno de Nicolás Maduro de patrocinar el narcotráfico y beneficiarse de él, provocando, en ultima instancia, un problema de salud pública y de inseguridad en muchas ciudades de EE.UU. Así que aquí tenemos el pretexto para la operación militar en Venezuela. 

Históricamente, las intervenciones de Estados Unidos en América Latina han sido constantes. El gobierno de Washington ha visto Sudamérica como su patio trasero, donde podía intervenir a su antojo sin que nadie lo impidiese. Por eso, desde el siglo XIX, ha derribado gobiernos contrarios a sus intereses, ha patrocinado golpes de Estado e incluso ha desplegado tropas en otros países. En su comparecencia posterior al ataque sobre Venezuela, Trump recordó y alabó la Doctrina Monroe (1823), que se ha resumido tradicionalmente en el axioma "América para los americanos" y que da a Estados Unidos la legitimidad para intervenir en todo el continente.

Como ejemplos de esta política intervencionista podemos citar el apoyo y la colaboración de la CIA en los golpes de Estado de Augusto Pinochet en Chile en 1973 y de Rafael Videla en Argentina en 1976 para derribar gobiernos izquierdistas e instaurar dictaduras militares. También, la detención del presidente panameño Noriega el 3 de enero de 1990 (curioso), acusado de narcotráfico por Estados Unidos. Su arresto se produjo en el marco de la invasión del país por las fuerzas estadounidenses. La operación militar sobre Venezuela no es, por tanto, algo aislado en la historia de Estados Unidos y, probablemente, no sea el último episodio del imperialismo yankee en la región. 

¿Qué ha motivado realmente el ataque contra Venezuela? Desde luego, a nivel ideológico, la República Bolivariana de Venezuela ha estado siempre en las antípodas del capitalismo estadounidense. Tanto Chávez como Maduro se presentaron como los enemigos del imperialismo yankee. Los gobiernos de Washington impusieron sanciones y embargos a los venezolanos poco después de la llegada al poder de Chávez en 1998. La deriva cada vez más autoritaria del gobierno de Maduro ha aportado legitimidad a una intervención en nombre de la libertad y la democracia, aunque ambos conceptos importen poco al presidente Trump.

Lo ocurrido en Venezuela es, sin duda, una demostración de poderío militar de Trump, algo típico en una coyuntura internacional dominada por dirigentes fuertes y autoritarios, como Putin en Rusia y Xi Jimping en China. Lo hemos visto en Ucrania, en Gaza, en Irán, ahora en Venezuela y, quizá lo veamos en Taiwán y en otras partes del mundo en un futuro más o menos próximo. Es una muestra de imperialismo, una agresión sin legitimidad según el derecho internacional. Se ha violado la integridad territorial y la soberanía de Venezuela, aunque su objetivo sea el derrocamiento de una dictadura como la de Maduro.

Trump quiere, además, consolidar la esfera de influencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, frente a otras potencias como Rusia y, especialmente, China, que están tratando de penetrar en América estrechando lazos políticos y comerciales con algunos países latinoamericanos. El régimen de Maduro en Venezuela es aliado de Rusia e Irán. Tras el derrocamiento de Maduro, Washington espera que caigan otros regímenes antiestadounidenses en la región, que dependían de la asistencia venezolana, como los de Cuba y Nicaragua. 

La injerencia de Trump en Sudamérica se ha manifestado de diversas maneras en el año 2025. Cambió de nombre al Golfo de México, recortó la ayuda a Colombia tras la victoria de un candidato izquierdista en las presidenciales y subió los aranceles a Brasil tras la condena al expresidente Bolsonaro. También ha sido evidente la influencia de Trump en las elecciones de Argentina, Chile y Bolivia, donde han ganado los candidatos derechistas, sus favoritos. Trump estrena 2026 dando un paso más en esta política de injerencias.

En su comparecencia en Mar-a-Lago (Florida), el presidente de EE.UU. dejó también claro que "el negocio del petróleo ha sido un desastre en Venezuela" y afirmó que compañías estadounidenses irían allí a organizar la exportación de crudo. Venezuela tiene la mayores reservas petrolíferas del mundo y se trata de un petróleo de buena calidad, así que las motivaciones energéticas también están detrás de esta operación militar. No obstante, no podemos explicar sólo la intervención militar por el petróleo porque Estados Unidos tiene reservas propias suficientes, aunque sí le interesa controlarlo y evitar que caiga en manos chinas o rusas.

En cualquier caso, ninguna de estas causas explica por si sola la intervención de Trump en Venezuela. Como suele ocurrir con cualquier acontecimiento, son un montón de factores los que confluyen en un momento concreto para que éste se produzca. La personalidad impredecible, irresponsable y contradictoria del propio Trump, que acaba de indultar al narcotraficante hondureño Juan Orlando Hernández mientras persigue a Maduro, también se debe tener en cuenta. Lo que no está del todo claro son las consecuencias que todo esto tendrá en la región, en Venezuela y, sobre todo, en la vida de los venezolanos. Y no olvidemos que es esto, al final, lo realmente importante. 



Imagen generada con Inteligencia Artificial: Donald Trump colocando la bandera de Estados Unidos sobre el mapa de Venezuela.