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domingo, 16 de mayo de 2021

HISTORIA DE AYER



Los historiadores llaman Historia Actual al estudio del periodo del pasado más próximo al presente, habitualmente los últimos treinta o cuarenta años. De este periodo, la memoria se confunde con la Historia porque aquellos que vivieron en ese tiempo lo pueden contar hoy. Para ellos, los acontecimientos históricos son recuerdos personales. Si no me creéis, preguntad a vuestros padres sobre el gobierno de Felipe González, o sobre la fotografía de las Azores que se hizo Aznar. Recordarán con facilidad, también, el inicio de la Crisis Económica de 2008, la llamada Gran Recesión. Bueno, en realidad, de esto probablemente también te acuerdes tú.

En 1982, el Partido Socialista ganaba las elecciones generales y su secretario general, Felipe González, fue elegido presidente del gobierno. Culminaba la Transición y la democracia se consolidaba definitivamente. No había vuelta atrás. Felipe González gobernó el país durante catorce años, nada más y nada menos. “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió” dijo un eufórico Alfonso Guerra cuando se constituyeron las Cortes después de las elecciones.

Y esas palabras fueron ciertas. La década y media que va desde 1982 hasta 1996 supuso un salto adelante para España en numerosos ámbitos: la economía, la sociedad y las relaciones internacionales. España se convirtió en un país desarrollado y moderno y pudo mostrar al mundo entero cuánto había cambiado desde la muerte del dictador en 1975. Claro está, el gobierno de Felipe González también tuvo sombras, entre ellas la corrupción.

Poco después de llegar al poder, el PSOE hizo lo que había prometido: convocar un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte. España había ingresado en esta organización militar poco antes, durante el gobierno de Calvo Sotelo y el PSOE se opuso a su ingreso. Ahora, en el gobierno, Felipe González pidió el sí a la permanencia. Y ganó el SÍ. Así cambian las cosas cuando uno está en el poder.




En 1986, España entró en las Comunidades Europeas, la futura Unión Europea. Por fin, España se sumaba al tren de la modernidad. En el Palacio Real de Madrid, Felipe González firmó meses antes el tratado de adhesión. El ingreso del país en el club europeo era la culminación de muchas esperanzas y anhelos y, también la garantía de que no había marcha atrás. España había dejado de ser la marginada, la diferente.

Años después, los españoles pudieron mostrar sus logros al mundo en dos acontecimientos planetarios que se celebraron en 1992: la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. La primera línea de ferrocarril de alta velocidad, el AVE, que unía Madrid y Sevilla, supuso un hito y evidenció la modernidad de España.

También los Juegos Olímpicos de Barcelona, que fueron un éxito organizativo. Estuvieron plagados de momentos emocionantes, como el desfile del equipo olímpico español cuyo abanderado fue el príncipe Felipe (hoy rey Felipe VI) o el encendido del pebetero. El momento en el que el arquero lanzó la flecha que encendió la llama del estadio olímpico permanece imborrable en la memoria de todos cuantos lo presenciaron.



En 1996, se produjo de nuevo el relevo en el gobierno. Por primera vez, ganó las elecciones el Partido Popular, un partido de centro derecha liderado por José María Aznar. Se consolidaba de esta forma la alternancia en el poder que pasaba, ahora, de la izquierda a la derecha.

El país no sólo vivió éxitos, también miedo. El terrorismo etarra no dejó de golpear a los españoles. El punto de inflexión fue el verano de 1997. ETA secuestró al joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, con el objetivo de chantajear al gobierno. Amenazaron con matarlo si el gobierno no trasladaba a los presos de la banda a las cárceles del País Vasco. El gobierno no cedió y los terroristas cumplieron su amenaza. Miguel Ángel Blanco fue asesinado. Este crimen hizo que los vascos, por primera vez, superaran el miedo y rechazaran a ETA. Fue el Espíritu de Ermua.

En 2002, España acogió una nueva moneda: el Euro. Una moneda común en toda Europa que simbolizaba la concordia en el Viejo Continente. Era la garantía de la paz. Era también el tiempo de las vacas gordas, del auge de la construcción y del crecimiento económico desenfrenado.



Poco tiempo después, Aznar decidió unir los destinos de España a los planes de George Bush y Tony Blair. En la famosa foto de las Azores, los tres mandatarios decidieron invadir Iraq, como parte de la Guerra Contra el Terrorismo lanzada por EE.UU. después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El 11 de marzo de 2004 fue el día de la infamia. Varias bombas explotaron en cuatro trenes de cercanías que entraban en las estaciones de Madrid. Causaron 192 muertos. Fue el mayor atentado terrorista de la Historia de España, perpetrado por yihadistas de Al-Qaeda. El terrorismo islamista golpeaba a España. No era la primera vez, y desgraciadamente tampoco fue la última. En 2017, Barcelona y Cambrils también sufrieron ataques con estas características.

Tres días después de los atentados de marzo de 2004 se celebraron elecciones generales y los socialistas volvieron a recuperar el gobierno, ahora liderados por José Luis Rodríguez Zapatero. La legislatura se caracterizó por los grandes avances en política social, que convirtieron a España en pionera, por ejemplo, en el matrimonio homosexual. También se aprobó una nueva ley del aborto y un cheque bebé, para ayudar a las familias con los hijos.

El crecimiento económico se truncó en septiembre de 2008, con la quiebra del banco estadounidense Lehman Borthers. Dice el dicho “Cuando América estornuda, Europa se constipa” y buen catarro cogió España en aquel momento. El desempleo aumentó hasta niveles desorbitados. Numerosos bancos estuvieron al borde de la quiebra. Muchas empresas cerraron y la industria de la construcción, uno de los motores de la economía del país, se fue a pique. Prima de Riesgo, Rescate, Troika u Hombres de Negro se convirtieron en términos muy usados entonces.

Al mismo tiempo, los españoles también disfrutamos de alegrías y satisfacciones. En el verano de 2010, la selección española de futbol ganó su primer mundial. ¿Quién dijo que los españoles nunca íbamos a ganar una gran competición en fútbol? Y en 2011, ETA, acosada por la policía y desacreditada completamente, decidió anunciar el final del terrorismo. Se disolvería en 2018.

También en 2011, El Partido Popular volvió a ganar las elecciones y Mariano Rajoy se convirtió en Presidente del Gobierno. A la grave crisis económica, que no aflojaba, se sumaron escándalos de corrupción política y el desprestigio de las instituciones del Estado. Surgieron nuevos partidos políticos, como Podemos y Ciudadanos, que ofrecieron alternativas al bipartidismo tradicional.

En junio de 2014, el rey Juan Carlos abdicó la corona en su hijo, el príncipe Felipe. El nuevo rey fue proclamado por las Cortes el 19 de junio de 2014. “Una Monarquía renovada para un tiempo nuevo” afirmó en su discurso de proclamación.

Pero los problemas continuaron, ahora en Cataluña, donde, desde 2015, el independentismo ganó fuerza. Incluso se llegaron a organizar varios referéndums de independencia que fracasaron. El último precipitó la suspensión de la autonomía de Cataluña por parte del gobierno de Mariano Rajoy y el encarcelamiento de los miembros de la Generalitat que no se habían fugado. Eran ecos del pasado.

En 2018, por primera vez en la Historia de España, salió adelante una moción de censura. El gobierno de Mariano Rajoy fue derribado y Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista, ocupó la presidencia del gobierno. La inestabilidad se mantuvo, no obstante. Se celebraron elecciones generales en abril de 2019 y se repitieron en noviembre. Finalmente, en enero de 2020 se produjo otro acontecimiento histórico en la democracia española: vio la luz el primer gobierno de coalición, integrado por el PSOE y Podemos.

A partir de finales de febrero de 2020 se ha producido algo que nadie esperaba. España se ha visto afectada por un mal procedente de muy lejos, un virus originario de China. En marzo, el gobierno se vio obligado a declarar el Estado de Alarma y decretar el confinamiento obligatorio de toda la población. Más de 23.000 personas han perdido la vida a causa del virus y el impacto para la economía española va a ser enorme. “Nos encontramos ante la mayor crisis desde la Guerra Civil” dijo el presidente Sánchez en un discurso.

Hemos llegado al presente, a tu momento, a vuestro momento. La Historia a partir de aquí no está escrita y sois vosotros quienes la escribiréis. No son tiempos fáciles, pero nadie dijo que fuera fácil. Los ecos del pasado resuenan una y otra vez y nos enfrentamos, además, a nuevos retos fruto de la globalización y un mundo desigual. Vivimos tiempos convulsos, de sacrificio y esfuerzo, pero también los hubo en el pasado. Si algo enseña la Historia es que todo, por terrible que sea, termina, lo que queda son las lecciones que debemos recordar.





domingo, 2 de mayo de 2021

¿UN SORIANO EN LA EXPEDICIÓN DE MAGALLANES?



En el año 1993, resaca de los fastos por el quinto centenario de la expedición colombina, la revista "Celtiberia", editada por el Centro de Estudios Sorianos, publicó un artículo titulado "Lista documentada de pasajeros sorianos a Indias (1492 - 1599)". En ella, el investigador Emilio F. Ruiz hace una relación de los valientes sorianos que se embarcaron en Sevilla rumbo al Nuevo Mundo en un largo siglo XVI: unos trescientos sesenta y seis en total.

Hace unos días estuve consultando este listado, fundamentado y con referencias a las fuentes primarias, y encontré un nombre que me llamó la atención: Luis de Vendaño. Según la breve nota biográfica que incluye, era natural de Deza (Soria) y embarcó como grumete en la expedición de Magallanes en 1519. Dio la vuelta al mundo porque hizo la primera parte del viaje en la "San Antonio" y, posteriormente, en la "Victoria", nao en la que volvería a España en 1522. 

Me extrañó que no hubiese oído ni leído su nombre antes a pesar de que en la ciudad de Soria se han celebrado en los últimos años algunas exposiciones y conferencias sobre la Primera Vuelta al Mundo con motivo del quinientos aniversario del inicio de la expedición en 2019. Nadie nunca mencionó que un soriano fuese uno de los dieciocho marinos que culminaron aquella odisea. ¡Otro gran olvidado de la Historia!

El caso es que decidí contrastar la información de Emilio F. Ruiz con otras investigaciones más recientes. Desde hace algunos años, gran parte de la documentación sobre el viaje de Magallanes y Elcano está disponible en la web "Ruta Elcano", del ingeniero e investigador Tomás Mazón Serrano. En ella se puede consultar el listado completo de los miembros de la tripulación así como su suerte en la travesía.

Al consultar los nombres de los dieciocho afortunados que llegaron a Sanlúcar de Barrameda en 1522 me llevé el primer chasco. Como temía, Luis de Vendaño no se encuentra en la lista lo que implica que aquel hombre, fuese quien fuese, no llegó abordo de la "Victoria" a España. Consultando el listado de tripulantes, tampoco hay ningún Vendaño sino un Avendaño, natural de "Deca" (?), Pontevedra (Galicia). Indudablemente son la misma persona pero el origen es distinto. 

¿De dónde procedía Luis de Avendaño? Según la relación de Emilio F. Ruiz, de Deza, un pueblecito de la provincia de Soria, limítrofe con Zaragoza. Según el listado de Tomás Mazón y de otras fuentes que he podido consultar en una rápida búsqueda por internet, procedía de la comarca de Deza, situada en Pontevedra. El apellido no suena muy soriano sino, más bien, gallego, pero quién sabe.

Sabemos que Luis de Avendaño consiguió un puesto en la tripulación de la expedición porque otro marinero, Domingo, natural de Montesinos, fue rechazado por ser portugués. Así que Luis de Avendaño consiguió embarcar como grumete en la "San Antonio". En el registro de inscripción figura el nombre de sus padres, "hijo de Martín de Vendaño y Catalina", así como su lugar de origen, "Deca, que es Galicia".

No sabemos lo que llevó al investigador Emilio F. Ruiz a considerar que nuestro marino era en realidad soriano porque en los propios datos que se tomaron en el momento de la inscripción queda claro que procede de Galicia. En cualquier caso, a veces las informaciones son erróneas y las deducciones de los historiadores... también. 

Parece claro, por tanto, que el marino Luis de Avendaño no era, en realidad, de la Deza soriana sino de la Deza pontevedresa, una comarca situada en el corazón de Galicia (escrita "Deça" en gallego). ¿Y cuál fue el destino del grumete? 

Según Tomás Mazón, permaneció durante toda la expedición en la nao "San Antonio", lo que contradice también las notas de Emilio F. Ruiz, quien afirma que volvió en la "Victoria". Además, la "San Antonio" corrió una peculiar suerte puesto que desertó de la expedición durante la exploración del hoy llamado Estrecho de Magallanes. Así lo cuenta Antonio de Pigafetta en su crónica del viaje:

"zarpó enseguida y reforzó las velas sin querer esperar al segundo (navío), pues quería adelantarle, porque el piloto tenía la intención de aprovecharse de la oscuridad de la noche para deshacer el camino recorrido y volverse a España por la misma ruta que acabábamos de hacer... La San Antonio por la noche dio la vuelta y se dio a la fuga por el mismo estrecho..."

Así que nuestro hombre no llegó a atravesar siquiera el Estrecho de Magallanes y, mucho menos, dio la vuelta al mundo. Volvió a España abordo de la nao "San Antonio" por el Océano Atlántico mientras el resto de la expedición se internaba en el Pacífico. No sabemos más del destino de aquel hombre, valiente como todos ellos, pero que no era soriano ni dio la vuelta al mundo.




Bibliografía:

Emilio F. Ruiz: "Lista documentada de pasajeros sorianos a Indias (1492 - 1599)" en Celtiberia, nº 85 - 86, Centro de Estudios Sorianos, 1993. Págs. 31 - 70.

Tomás Mazón Serrano: Elcano. Viaje a la Historia. Ed. Encuentro, 2020.

Tomás Mazón Serrano: "Ruta Elcano", web, 2020. 


Para saber más: 

La historia de Juan Sebastián Elcano: "Primus Circumdedisti me". 


 

jueves, 22 de abril de 2021

VEINTICINCO DATOS SOBRE LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES

Con motivo del quinientos aniversario de la Batalla de Villalar (23 de abril de 1521), vamos a repasar veinticinco datos curiosos de la sublevación de las Comunidades de Castilla (1520 - 1521):

"Los mártires de la libertad española" (litografía del siglo XIX)


1. La autoproclamación de Carlos de Habsburgo como rey de Castilla en Bruselas (1516) fue ilegal. La reina propietaria de Castilla era, en realidad, su madre Juana de Trastámara, apodada "la Loca". Las Cortes de Valladolid de 1518 acataron la proclamación y el gobierno "conjunto" de madre e hijo.

2. En las Cortes de Valladolid de 1518 ya se le pidió al rey Carlos I, que tenía apenas dieciocho años, que atendiese más a los asuntos de Castilla que a los de sus consejeros flamencos: "Vuestra alteza la debe hacer, pues en verdad nuestro mercenario es...".

3. Carlos de Habsburgo era nieto de los Reyes Católicos y del emperador del Sacro Imperio, Maximiliano I. Había nacido en Gante (Bélgica) y fue educado por su tía Margarita. Cuando llegó a Castilla no sabía hablar castellano, desconocía las costumbres, leyes e instituciones castellanas y apenas tenía consejeros españoles.

4. En 1519 murió el emperador Maximiliano y su nieto Carlos tuvo que acudir a Alemania para ser elegido nuevo emperador del Sacro Imperio. Para obtener financiación para el viaje y la candidatura, convocó las Cortes de Santiago - La Coruña (1519 - 1520).

5. La sublevación de las Comunidades comenzó en Toledo en abril de 1520. Carlos I ya se había salido de Castilla dejando como regente a un extranjero, Adriano de Utrecht. Se consideraba que el rey había abandonado sus funciones y había comprado el trono del imperio con dinero castellano. 

6. Dieciocho ciudades castellanas tenían derecho a enviar representantes a Cortes: León, Burgos, Valladolid, Soria, Zamora, Toro, Segovia, Ávila, Salamanca, Guadalajara, Madrid, Toledo, Cuenca, Murcia, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. 

7. La convocatoria a Cortes realizada por Toledo en 1520 fue ilegal porque las Cortes de Castilla debían ser convocadas por el rey. Sólo acudieron representantes de cuatro ciudades: Toledo, Segovia, Salamanca, Zamora y Toro. La Junta se reunió en Ávila, pero los representantes de esta ciudad no acudieron.

8. El incendio de Medina del Campo en el verano de 1520 extendió la sublevación por toda Castilla. Al conocer la noticia se sumaron otras muchas ciudades hasta un total de catorce.

9. Para muchos historiadores, el eje de la sublevación se situó a ambos lados de la Sierra de Guadarrama: Toledo - Segovia - Valladolid. Conforme nos alejamos de este eje, la rebelión tuvo menos fuerza.

10. La rebelión de las Comunidades no afectó apenas a Andalucía y Galicia aunque sí tuvo ecos en Guipúzcoa, León y el reino de Murcia. Además, coincidió con la Revuelta de las Germanías en los reinos de Valencia y Mallorca aunque esta tiene un carácter más antiseñorial.

11. El traslado de la Junta a Tordesillas fue una maniobra estratégica porque allí se encontraba recluida la reina Juana. No obstante, a pesar de las presiones que sufrió para tomar el control del gobierno del reino, Juana siempre se negó a ponerse en contra de su hijo.

12. Los líderes de la revuelta fueron Juan Padilla, regidor de Toledo; Juan Bravo, regidor de Segovia; y Francisco Maldonado, regidor de Salamanca. Juan Padilla estaba casado con María Pacheco, quien era prima de Juan Bravo. También tuvo un papel destacado Antonio de Acuña, obispo de Zamora. 

13. En Tordesillas, la Junta modificó su denominación a "Cortes y Junta General del Reino" y comenzó a llamarse "Santa", lo que suponía su aspiración de ser reconocida como autoridad suprema del reino, por encima de los regentes y del propio rey. 

14. Carlos I, desde el Sacro Imperio, adoptó algunas medidas para calmar la insurrección, como renunciar a los servicios aprobados por las Cortes de Santiago - La Coruña. Nombró virreyes a dos castellanos: Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza (condestable de Castilla) y Fadrique Enríquez de Velasco (almirante de Castilla). Ambos, junto con el regente Adriano de Utrecht, dirigieron los ejércitos imperiales y derrotaron a los comuneros. 

15. En la Junta se manifestaron dos tendencias: una más radical, liderada por Toledo, Segovia y Valladolid; y otra más moderada, liderada por Burgos, Soria y Guadalajara. En octubre de 1520, los moderados se retiraron de la Junta.

16. Antes de Villalar hubo algunas batallas relevantes. Por ejemplo, en la Batalla de Tordesillas (diciembre de 1520), los comuneros fueron derrotados y se trasladaron a Valladolid. En febrero de 1521, los comuneros vencieron a las tropas imperiales en la Batalla de Torrelobatón. 

17. En algunas ciudades, el pueblo llano, exaltado por la rebelión, comenzó a reclamar un mayor poder en las instituciones de gobierno. Esto inquietó a la oligarquía local de algunas poblaciones, que retiraron su apoyo a las Comunidades temiendo un estallido social que acabase con su posición privilegiada.

18. El obispo Acuña alentó la sublevación campesina en Tierra de Campos (Palencia). Esto provocó que la alta nobleza, que se había mantenido al margen del conflicto, aunase esfuerzos con la Corona para aplastar la rebelión que podía afectar a su poder territorial y social.

19. Los principales sectores sociales que apoyaron al rebelión de las Comunidades fueron las clases medias urbanas (labradores, artesanos), la baja nobleza, la oligarquía urbana en algunas ciudades y el clero. Enseguida se sumó el campesinado y el resto de grupos pecheros. 

20. Aunque tradicionalmente se considera la Batalla de Villalar (el 23 de abril de 1521) como el fin de la sublevación, María Pacheco continuó resistiendo en Toledo durante unos meses más, hasta febrero de 1522.

"Ejecución de los Comuneros de Castilla" (Gisbert, 1860)

21. Tras la batalla de Villalar, los líderes comuneros fueron ejecutados el día 24 de abril de 1521 por "culpantes en haber seido traidores de la Corona Real de estos reinos...". La sentencia se conserva en el Archivo General de Simancas.

22. Algunos historiadores destacan el carácter revolucionario de la revuelta. Los comuneros aspiraban a situar los intereses del reino por encima de los del rey. Aspiraban a modificar las relaciones rey - reino. Las Cortes debían controlar la acción de gobierno del rey y este debía respetar en todo momento las decisiones de aquellas. 

23. Durante los siglos XIX y XX se idealizó la figura de los Comuneros, que fueron vistos como los primeros "liberales" y los primeros "republicanos" españoles. Nada más lejos de la realidad: los comuneros no aspiraron nunca a derribar la Monarquía y, aunque pueda haber alguna similitud, los principios comuneros no son el antecedente del Liberalismo del siglo XIX. De hecho, algunos historiadores, vinculan las Comunidades con la resistencia de la nobleza feudal a perder sus privilegios.

24. El término "Comunidades" hace referencia al "común", a las ciudades. La revuelta fue fundamentalmente urbana y tuvo muchas caras tanto sociales como políticas. Tampoco es sencillo descifrar las causas económicas de la rebelión. Joseph Pérez apunta a la rivalidad entre los exportadores de lana (oligarquía burgalesa) y los artesanos industriales de algunas ciudades (como Segovia y Toledo).

25. Cronológicamente, la revuelta se prolongó durante unos once meses: desde mayo de 1520 a abril de 1521. No obstante, Toledo resistió hasta 1522, año en el que Carlos I regresó a Castilla y dictó un perdón general. 



"Doña María Pacheco después de Villalar" (Borrás y Mompó, 1881)


*Aquí se puede consultar el relato de la rebelión: "Cuando Castilla perdió la iniciativa"

lunes, 5 de abril de 2021

CALATAÑAZOR O EL CASTILLO DE LAS ÁGUILAS

1) Murallas; 2) Calatañazor; 3) vistas desde el Castillo; 4) Fuentona de Muriel, cercana a Calatañazor.


"Cierto hombre que parecía un pescador se lamentaba ya en idioma árabe ya en lengua romance exclamando: 'en Calatañazor perdió Almanzor el tambor'". Según el cronista Lucas de Tuy, que relató la historia en el año 1236, estas eran las palabras que repetía un extraño hombre que aparecía y desaparecía de las calles de Córdoba en julio de 1002. Nadie sabía aún en la capital del poderoso califato Omeya lo que acababa de ocurrir casi seiscientos kilómetros al norte.

A comienzos del siglo XI, todos temían al caudillo árabe que controlaba con puño de hierro los destinos de Al-Ándalus. Mohamed ben Abí Amir, apodado Almanzor ("El Victorioso"), se había adueñado de la voluntad del joven califa cordobés Hisam II tras la muerte de su padre Al-Hakam II en 976. Aprovechando la minoría de edad del califa, Almanzor había tomado el control del gobierno estableciendo una dictadura personal.

Uno de los ejes principales de su política fue el hostigamiento continuo a los reinos cristianos del norte. Entre 976 y 1002 emprendió nada menos que cincuenta campañas de saqueo contra los cristianos. A estas campañas se las conoce habitualmente como razzias o aceifas. Atacó monasterios y ciudades, arrasó campos de cultivo y capturó a miles de campesinos cristianos. Salamanca, León, Burgos, Zamora y Barcelona fueron atacadas por las huestes andalusíes. En Santiago de Compostela, en 997, Almanzor ordenó trasladar las campanas y el tesoro de la catedral a Córdoba, después de orar ante el sepulcro del Apóstol.

Durante largas décadas nadie pudo hacer frente al dictador andalusí. Ni siquiera una coalición de ejércitos cristianos consiguió derrotarlo en el año 1000 en la famosa batalla de Cervera. A pesar de estar en inferioridad numérica, Almanzor consiguió derrotar a los cristianos aunque con grandes pérdidas humanas. El terror se apoderó de los reyes de León y Navarra.

Arriba: casas de Calatañazor; Abajo: 1) Torre del homenaje del castillo; 2) Vistas desde la torre.

Por todo ello, hay hoy muchas dudas acerca de la batalla de Calatañazor, donde el caudillo musulmán fue finalmente malherido en julio de 1002. Las crónicas que mencionan la batalla son muy posteriores: el cristiano Lucas de Tuy lo hizo en una crónica escrita doscientos treinta y cuatro años después del supuesto enfrentamiento. Además, hay algunas incongruencias en su historia porque dice que Almanzor estaba volviendo de Compostela cuando fue derrotado en Calatañazor pero el ataque a la capital gallega se produjo en 997; y los monarcas cristianos que menciona no pudieron participar en la batalla por haber muerto antes (Vermudo II de León murió en 999 y el conde de Castilla García Fernández lo había hecho en 995).

Por eso hay quien dice que la batalla de Calatañazor es pura fantasía y que no hubo tal batalla. La leyenda dice que un ejército aliado de leoneses, Castellanos y navarros consiguió derrotar por fin al ejército de Almanzor cerca del Castillo de las Águilas (Calatañazor) en el verano de 1002. El caudillo amirí fue herido de gravedad y hubo de retirarse a Medinaceli donde falleció. Se desconoce si sus restos fueron enterrados allí mismo o trasladados a Córdoba donde, por cierto, aquel extraño personaje del principio de este relato había anunciado su derrota.

No hay duda de que Almanzor murió el 9 de agosto de 1002 en Medinaceli. La batalla de Calatañazor pudo haber existido o no. Quizá fue una simple escaramuza que los cristianos se encargaron de exagerar como en tantas ocasiones. O quizá no ocurrió absolutamente nada. Lo cierto es que la desaparición del caudillo árabe significó un nuevo impulso a la expansión territorial cristiana y el principio del fin del califato de Córdoba. La autoridad del califa fue tan dañada por el dictador que el califato se desintegró en 1031. 

Hoy, Calatañazor tiene apenas cincuenta habitantes, pero en sus calles se respira Historia. Las casas, construidas a la manera tradicional con adobe y madera, transladan al visitante a un pasado remoto. El castillo y la fortaleza, del siglo XIV, aunque arruinados en algunos puntos, aún se erigen vigorosos en el horizonte. Y la estatua de Almanzor, instalada en una de sus calles hace unos años, recuerda una batalla que pudo ser o no, pero que, en todo caso, sirvió y sirve para colocar Calatañazor, el antiguo castillo de las Águilas, en la Historia.

1) Busto de Almanzor; 2) Vista del pueblo desde el castillo; 3) Picota; 4) Chimenea típica de la zona.


jueves, 1 de abril de 2021

BREVE HISTORIA DE LA SEMANA SANTA EN SORIA

Hoy vamos a hacer un breve repaso por la Historia de la Semana Santa de Soria. Sus orígenes se remontan a la Edad Media pero, como todas las tradiciones, ha sufrido transformaciones a lo largo de los siglos. 

Estandarte de San Pedro y paso de la Verónica en el interior de la concatedral

En la fundación de las primeras cofradías tuvieron un papel destacado los gremios. En la Edad Media, los gremios eran asociaciones de artesanos de un mismo oficio para ayudarse en caso de necesidad. El gremio más antiguo en Soria fue el de San Miguel de los Tenderos, fundado en el siglo XII. 

Vista aérea de Soria en 1927

Los gremios sacaban en procesión sus santos. Del siglo XIII datan los gremios de los Recueros y los Tejedores en Soria. Por la misma época surgieron también las cofradías de flagelantes aunque no sabemos si existieron también en Soria. 

En nuestra ciudad, la primera cofradía fue la de la Santa Vera Cruz, fundada en el siglo XIV. Estuvo vinculada al convento de los franciscanos que se había fundado en la ciudad en el siglo XIII. En el siglo XVI se construyó, por iniciativa franciscana, un Humilladero en la Dehesa de San Andrés. 

Ermita de la Soledad, en la Dehesa

El Humilladero fue ampliado poco después por los Condes de Gómara, lo que hoy es la Ermita de la Soledad. La cofradía de la Vera Cruz sacaba en procesión varios pasos entre los que destacaban el Cristo Yacente de la Soledad, el Cristo del Humilladero y la Virgen de la Soledad.

Cristo del Humilladero

El itinerario de la procesión, el Viernes Santo, era parecido al actual: de la Concatedral de San Pedro (entonces colegiata) al Humilladero (la Dehesa) pasando por la iglesia de la Mayor.

Dibujo de la concatedral de San Pedro

En los siglos XVII y XVIII se produjeron grandes transformaciones porque la cofradía de la Vera Cruz desapareció. Se encargaron de celebrar las procesiones durante varias décadas el Cabildo de San Pedro y el Ayuntamiento. No obstante, la Semana Santa soriana perdió solemnidad y decencia.

Fachada del Ayuntamiento de Soria

La decadencia se prolongó durante el siglo XIX por los destrozos de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y el triunfo del Estado Liberal. Desaparecieron los gremios. Durante años no se celebró ninguna procesión en Soria durante la Semana Santa.

En 1887, gracias al esfuerzo conjunto del Ayuntamiento y el Cabildo se consigue poner en marcha una nueva cofradía: el Santo Entierro. En la Semana Santa de 1888 se celebra la primera procesión, que recorrió el trayecto entre San Pedro y la Plaza Mayor.

Arriba: Virgen de la Soledad y Cristo del Humilladero. Abajo: Santo Sepulcro de Cristo

Destacada mención merece el Marqués de Vilueña, primer Hermano Mayor de la cofradía, que se aseguró de dotar a la procesión del Viernes Santo de la mayor dignidad posible. En un principio se procesionaban dos pasos: el Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad. 

Imagen de la Virgen de la Soledad

Poco a poco se fueron recuperando otros pasos como el "Ecce Homo" y "Jesús atado a la columna". También se compraron nuevas imágenes como "la Oración en el Huerto". Aunque con altibajos, la procesión del Santo Entierro se mantuvo el Viernes Santo por la tarde.

Interior de la concatedral de San Pedro

Durante la Segunda República (1931-1936) la Semana Santa en Soria sufrió una nueva crisis. En 1932 y en 1933 no se celebró la procesión del Viernes Santo aunque sí en 1934. Tras el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), como Soria quedó en la zona controlada por los rebeldes, los ritos religiosos se reactivaron.

En 1938, gracias al impulso del abad de la colegiata Santiago Gómez Santacruz, se reactivó la Cofradía del Santo Entierro. Durante la guerra y en los primeros años del Franquismo, en las procesiones se mezclaban elementos religiosos y elementos militares.

Diversas imágenes de la Semana Santa soriana. Abajo a la derecha, el Cristo de los Florines 

A partir de 1947, la Semana Santa soriana empezó a cobrar las características actuales. Se fueron fundando numerosas cofradías que nacieron del Santo Entierro, considerada la cofradía matriz. En 1947 se fundó "Las Siete Palabras"; en 1950, "El Ecce Homo"; en 1951 "La Oración en el Huerto" y "La Virgen de la Soledad".

Imagen del Ecce Homo

Entre 1954 y 1955 se fundaron las cofradías de "la Flagelación" y "las Caídas" y, a partir de 1960, comenzó a procesionar "la Borriquilla". La cofradía de "La entrada de Jesús en Jerusalén" no se constituyó hasta 2009.

Imágenes de la Semana Santa de Soria. Izq.: la Oración en el Huerto; Der.: la Flagelación.

A partir de 2006 se celebra la procesión del "Encuentro" el Domingo de Resurrección, que cierra la Semana Santa soriana con gran colorido. Los pasos, el "Cristo Resucitado" y la "Virgen de la Alegría", fueron elaborados por el escultor Miguel Ángel Tapia Palomo.

Virgen de la Alegría

Los pasos salen a las calles sorianas en riguroso orden cronológico desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección. Desde hace ya años, la Junta General de Cofradías coordina las procesiones y otros actos religiosos que gozan de solemnidad y recogimiento. 

El Resucitado

En el año 2009, la Semana Santa de Soria fue declarada de Interés Turístico de Castilla y León. Era el reconocimiento al esfuerzo de muchos sorianos por dignificar las procesiones en su ciudad. Hasta aquí el relato.

"Sobria, austera, devocional, típicamente castellana".

 



Bibliografía:

  • Ferrero, J.D.: "La Semana Santa en Soria". Ed.: Soria Impresión / Heraldo de Soria
  • Burrieza, J.: "Momentos de Pasión en Castilla y León". Las Guías del Duero. Ed.: El Mundo.

 *Las fotografías de los pasos son mías. El resto fueron sacadas de internet.



Esta entrada fue publicada originalmente en formato de hilo de Twitter. 

domingo, 14 de marzo de 2021

EL DÍA QUE TODO CAMBIÓ


En aquellos días de marzo de 2020 todos sabíamos que algo estaba cambiando. El ambiente era extraño y se respiraba un aire de nerviosismo e inquietud. Las noticias que nos llegaban de otras partes del mundo eran aterradoras y sólo algunos escépticos confiaban en que nada ocurriese aquí. Realmente todos fuimos un poco escépticos. Inocentes, más bien.

El primer caso de contagio local en España se había notificado unos días antes, el 25 de febrero en Sevilla. Una semana después, se detectaron los primeros brotes descontrolados en Torrejón de Ardoz, Vitoria y en algunos pueblos de La Rioja. Pero, mientras tanto, la vida transcurría con normalidad. Con demasiada normalidad.

El lunes 9 de marzo fue un día clave. El primero de muchos que vendrían después. Madrid y Vitoria decidieron suspender las clases en colegios e institutos. Por la tarde, el ministro de Sanidad recomendó el teletrabajo y evitar reuniones y viajes. Se suspendieron los partidos de fútbol y de baloncesto y también las fiestas que se iban a celebrar en algunas ciudades en las semanas siguientes. La situación estaba ya fuera de control, pero pocos lo reconocían.

El viernes 13 me levanté como cualquier otro día. No sabía que ese día iba a ser el último en que iba a acudir al instituto en muchos meses. No recuerdo si mi primer pensamiento fue para la epidemia pero sí la extraña inquietud que rodeaba todo. El día de antes se habían anulado las actividades extraescolares hasta nuevo aviso y, por la tarde, el propio Presidente del Gobierno había recomendado a las comunidades autónomas suspender las clases presenciales en todo el país. Pero se desconocía aún el alcance de todo ello.

Las clases en el instituto transcurrieron como siempre, como si nada ocurriese. Se corrigieron ejercicios, se hicieron exámenes y se continuó con el temario como cualquier otro día. Como si no pasase nada, pero siempre pendientes de las informaciones que llegaban. Se esperaba el anuncio del cierre de las escuelas e institutos en la comunidad autónoma. 

Recuerdo muy bien lo que hice aquella mañana. Preparé actividades de repaso para que los alumnos pudiesen trabajar en casa. También recopilé correos electrónicos y cualquier forma de contacto con el alumnado. Y me aseguré de que todos supieran cómo íbamos a trabajar en caso de que, finalmente, no volviésemos al centro el lunes siguiente: a través de la plataforma online y de la página web. Pero hice todo ello con gran escepticismo y una pasmosa tranquilidad, pues confiaba en que fuesen sólo unos días y que pronto se volviese a la normalidad. 

En clase de 1° de ESO regañé con vehemencia a una alumna que aplaudió cuando les informé de que, probablemente, las clases se suspenderían durante unos días. También están grabados en mi mente los rostros de los alumnos de 2° de Bachillerato cuando, nada más entrar en el aula, solté una frase lapidaria: "Creo que no vamos a poder venir al centro en unas semanas y esto es, desde luego, una putada para vosotros". No sabíamos entonces que ya no volveríamos a las clases en lo que quedaba de curso.

Cuando ahora miro hacia atrás solo veo inocencia. Yo me sentía seguro en el instituto, rodeado de cientos de alumnos. Íbamos sin mascarilla, por supuesto. En el recreo salimos aquel día, como siempre, a tomar el café al bar de enfrente. Estaba a rebosar. Realmente la muerte nos rondaba en todos lados pero no éramos conscientes de su presencia. El virus estaba entre nosotros y no le teníamos miedo. Porque, sencillamente, no conocíamos nada de él.

Aquel día yo acababa mi jornada pronto pero me quedé un rato más en el centro metiendo en una gran bolsa libros y materiales para continuar el trabajo desde casa. Corrían ya rumores de que el gobierno regional había decretado el cierre de colegios e institutos por la situación sanitaria pero nada era seguro. "El cierre es inminente" - me dijo el jefe de estudios en la puerta de la sala de profesores. "Yo hasta que no lo vea no me lo creo" - replicó un compañero, incrédulo. La orden, en efecto, llegó hacia la una y media del mediodía. Fue entonces cuando marché. Nada más tenía que hacer allí.

Por las calles parecía que nada ocurría. Los bares estaban abiertos y concurridos. El ruido del tráfico era igual que cualquier otro día. Yo caminaba despacio cargado con varias bolsas repletas de libros, cuadernos y fotocopias. Cuando entré en casa, dejé todo en la habitación. Comprobé que todo cuanto había llevado era suficiente para trabajar las semanas siguientes. Después, encendí el televisor para ver las noticias. Estaban informando de que, al día siguiente 14 de marzo, el gobierno iba a decretar el Estado de Alarma por segunda vez desde el restauración de la democracia. Una medida excepcional para tiempos excepcionales. Había ya más de tres mil casos de contagiados en toda España y unos 130 fallecidos.

Me senté en una silla de la cocina y revisé una foto que había hecho justo antes de salir de instituto porque me había hecho gracia un detalle. Detrás de un panel, medio escondido en el vestíbulo del centro, unos alumnos habían compuesto con letras recortadas la palabra que iba a cambiarlo todo: "Coronavirus".


13 de marzo de 2020




martes, 19 de enero de 2021

¿RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL?

La responsabilidad puede definirse como la obligación moral o legal de acarrear con las consecuencias de un acto. Ser responsable es definido, según el Diccionario de la Real Academia Española, como poner atención o cuidado en lo que se hace o se decide. Desde que nos sobrevino la tragedia del virus, el pasado marzo, los medios de comunicación y las autoridades locales, regionales y nacionales nos han bombardeado continuamente con la supuesta responsabilidad individual. Esta parece ser la única receta para detener el virus hasta que haga efecto de una vez por todas la vacuna que nos devolverá a la vida que teníamos antes de la primavera de 2020.

El término responsabilidad individual me pareció desde el principio inapropiado y engañoso. Se apela continuamente a ella pero no es algo definido y concreto sino que se refiere al cuidado que debe tener el conjunto de población para no contagiarse. Y ese conjunto es una masa amorfa de ciudadanos que, de por sí, no tiene voluntad ni entendimiento. No se puede confiar el final de la pandemia en la responsabilidad de más de cuarenta millones de individuos porque, sencillamente, lo que para uno es responsable no lo es para otros.

Por otro lado, en el momento en el que el ser humano vive en sociedad, cada individuo cede parte de su responsabilidad a la comunidad así que el término responsabilidad individual es incorrecto porque debería conjugarse con el de responsabilidad colectiva. ¿Quién ejerce la responsabilidad colectiva o debería ejercerla? El Estado, el ente superior que regula la convivencia de los individuos dictando normas y leyes para hacer la vida en sociedad posible.

Cuando queremos buscar una causa para el aumento de infecciones, señalamos habitualmente a la "gente irresponsable". No nos damos cuenta de que todos somos responsables e irresponsables al mismo tiempo. Cualquier acto  me parece responsable si lo cometo yo, pero si lo haces tú, nos estás poniendo en peligro a todos. Pensemos, por ejemplo, en tomar un café en la terraza de un bar, comer con dos amigos en un restaurante, o viajar cada fin de semana para visitar a mi familia que vive en el pueblo de al lado. Si lo hago yo es responsable, porque me aseguro de mantener las precauciones. Si lo haces tú, es una irresponsabilidad, porque desde mi punto de vista, no mantienes las precauciones. Sencillamente, desconfiamos unos de otros.

"Es que hay gente muy irresponsable" es la frase que se repite por todos lados. Claro, por supuesto, en más de cuarenta millones de personas, hay de todo. Da igual que hablemos de esta emergencia de salud pública, de las normas de conducción o del consumo de drogas. Siempre habrá quien conduce borracho o quien trafica con cocaína. Pero eso no convierte a la masa en irresponsable o delincuente. Lo mismo ocurre con las medidas sanitarias. Hay algunos escépticos ante las medidas de seguridad frente a la inmensa mayoría atemorizada por el virus, que las respeta lo mejor que puede y que cumple escrupulosamente las normas hasta extremos desquiciantes. Y, entonces, ¿por qué el virus no se detiene?

Quizá sí haya auténticos responsables de ello aunque no nos demos cuenta. Quizá los tengamos delante pero simplemente no asuman las consecuencias de sus actos presentes y pasados. Si cedimos parte de nuestra responsabilidad a otros, ellos deberían haber sido el primer dique de contención de la tragedia. ¿Quién debía haber previsto la llegada de un virus así? ¿Quién debía haber alertado a la población en el momento adecuado en vez de llamar insistentemente a una tranquilidad fantasma? ¿Quién debía haber contado la verdad sobre el virus y la importancia de las mascarillas para protegernos y no lo hizo?

Ellos son los responsables auténticos de todo esto, no el ciudadano que se va a tomar una cerveza con dos amigos o el dueño del bar que trata de sacar adelante su negocio como puede. ¿Por qué no se previno la segunda embestida del virus a final de verano? ¿Por qué no se reforzaron hospitales y centros de salud? ¿Por qué no se contrataron más médicos y enfermeros? ¿Por qué no se reforzó el sistema de rastreo de casos? ¿Por qué no se diseñó un plan de vacunación eficaz? ¿Por qué no se hizo caso, en definitiva, a los expertos que alertaron de todo ello?

No es la población quien debe hacerlo. No es la masa amorfa de individuos a los que se culpabiliza insistentemente. Sabemos muy bien quienes tenían la responsabilidad, la auténtica responsabilidad, y no la ejercieron. ¿Y por qué no se establecen unas normas claras, precisas y fáciles de cumplir para la población? ¿Por qué, después de casi once meses de pandemia, no hay un plan definido y global para atajarla? ¿Por qué no se informa con transparencia y rigor a esos ciudadanos que deben tener cuidado en su día a día para no contagiarse? ¿Por qué no se mejora la protección de los trabajadores que se juegan el pellejo cada día para sacar adelante el país?

No nos engañemos. Los responsables de la expansión del virus no son los adolescentes que se comen un regaliz en un banco del parque. No es el anciano que se toma un café con los amigos en el bar del barrio. No es la mujer que sale a pasear por un bosque solitario saltándose la hora del toque de queda. Nos han hecho creer que son ellos, que somos todos nosotros, pero no es así. 

Los responsables son los que llaman a la responsabilidad individual pero ellos acuden a una gala de entrega de premios de un periódico sin mantener las medidas de seguridad. Los responsables son los que obligan a cerrar las tiendas mientras ellos ingresan un sueldo desorbitado cada mes a costa de las arcas públicas. Los responsables son los que obligan a los ciudadanos a estar en casa a partir de las diez de la noche pero ellos se ponen primero la vacuna saltándose la lista de grupos prioritarios. Ellos son los auténticos responsables. Pero no los vemos. No nos dejan verlos.

Decían que el virus nos haría más fuertes. No. Nos está haciendo más sumisos, más desconfiados, más egoístas. Pensamos mal del prójimo. Pensamos que no es "responsable". Pensamos que es parte del problema. En el fondo le tenemos miedo al que está a nuestro lado. ¿Estará contagiado? Pero el problema es otro. Los responsables son otros.