Páginas

lunes, 29 de abril de 2019

HUERTA, EL MONASTERIO CISTERCIENSE


 Izq.: 1) nervios de la bóveda de la iglesia; 2) Detalle del interior del monasterio; 3) maqueta del monasterio. Der.: Fachada de la iglesia del monasterio con el rosetón y la portada.


Otro de los lugares repletos de Historia cerca de Medinaceli es el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, escondido en los recovecos del valle del Jalón. Se trata de esos lugares remotos, inhóspitos, situados a medio camino de todos lados y cerca de ninguno. Se encuentra en la provincia de Soria, pero junto al límite con Aragón y cerca también de la provincia de Guadalajara. Desde Soria se tarda una hora en llegar.

El monasterio cistercienses es también un lugar que uno no espera encontrar ahí, en un pueblo, Santa María de Huerta, de apenas dosciento sesenta habitantes. Fue fundado por los monjes de la orden del Císter en el año 1162, poco después de la reconquista y la repoblación cristiana del lugar. 

Recordemos que Zaragoza fue conquistada por Alfonso I "el Batallador" en 1118 y un año después se ha establecido (más o menos oficialmente) la fecha de la reconquista de la ciudad de Soria. Se sabe que Medinaceli, como dije en la entrada anterior, fue reconquitada por el mismo monarca en el 1123 así que calculen ustedes. Cuarenta año después, ya estaba la Orden del Císter en estas remotas tierras situadas, entonces, en la frontera con Al-Ándalus y a medio camino entre Castilla y Aragón.

 1) Claustro gótico y claustro plateresco; 2) fachada de la iglesia; 3) bóveda del claustro gótico y 4) río Jalón junto al Monasterio.

El complejo monástico de Santa María de Huerta, en el centro de la localidad, es amplio, resultado de la yuxtaposición de espacios durante siglos. La vista más característica es la fachada del siglo XII con su gran rosetón y su portada abocinada con arcos apuntados, de estilo gótico. También se pueden obervar los restos de un curioso pórtico o nártex de tre arco apuntados que desapareció.

La portada da acceso a una iglesia de alto muros. Es interesante obervar el coro y el órgano así como la capilla mayor. Las pinturas al fresco que adornan la capilla fueron realizadas por Bartolomé Matarana a finales del siglo XVI y en ellas se representan escenas de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), aquella gran victoria de lo cristiano sobre los almohades que fue el inicio del fin de la Reconquista. De igual forma, no puede dejar de contemplarse el retablo mayor, de estilo barroco (siglo XVIII).
 

 1) claustro plateresco con medallones característicos; 2) bóvedas y columnas del refectorio de lo conversos; 3) escalinata y púlpito del refectorio; y 4) patio herreriano con las estatuas de San Martín de Finojosa y el arzobispo Ximénez de Rada.

Dos claustros articulan los espacios dentro del monasterio. El más antiguo es del siglo XIII, de estilo gótico. En torno a él se encuentran las salas típicas de los monasterios medievales: la sala capitular (que se ha perdido), el refectorio, la cocina y la cilla. Destaca el refectorio, contruido en el siglo XIII. Es un gran espacio de luz de bóveda expartita, que se sostiene sobre los muros sin la necesidad de columnas de apoyo. Es curiosa la escalera de subida al púlpito del lector. Desde allí, uno de los monjes leía en voz alta mientras el resto comía.


 Izq.: interior del refectorio; centro: retablo mayor de la iglesia; der.: entrada al refectorio.

Sobre el claustro gótico, superpuesto, encontramos el claustro plateresco, contruido entre los siglos XVI y XVII. Los medallones de la balaustrada representan principalmente reyes, monjes y personajes bíblicos. Otros espacios interesantes son la Sala de los Conversos o Legos, del siglo XII y con espectaculares columna románico-mudéjares y el claustro herreriano que se construyó, como el plateresco, entre los siglos XVI y XVII.

En el jardín del claustro herreriano hay dos estatuas dedicadas respectivamente a San Martín de Finojosa, que fue abad del monasterio y obispo de Sigüenza; y Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo, que participó, junto al monarca castellano Alfonso VIII, en la batalla de la Navas de Tolosa. Ximénez de Rada fue protector del monasterio. Tanto San Martín de Finojosa como Ximénez de Rada están sepultados en la iglesia. Y es que Huerta es también un rincón de la Historia de Castilla y de toda España.


1) frescos que decoran lo muros del claustro gótico; 2) detalle de la cocina monumental junto a la chimenea del siglo XIII; 3) modillones cistercienses en la sala de lo conversos; y 4) sepulcro de Ximénez de Rada.




miércoles, 24 de abril de 2019

LA CIUDAD DEL CIELO

Parafraseando al historiador Florentino Zamora Lucas, en un artículo publicado en la revista Celtibera en 1971, "de las seis grandes Medinas que hay en España, ninguna de ellas puede igualar en venerable antigüedad, ni en historia, ni en altura de su planicie como" Medinaceli. Una localidad que sorprende por todo ello a pesar de que su población no alcanza los ochocientos habitantes. Cuando uno pasea por sus calles, callejones y plazas se da cuenta del carárcter noble de la localidad. Uno respira allí una historia bimilenaria llena de instantes, de retales que se entrecruzan con el pasado de nuestra sociedad.


 Arco romano de Medinaceli (s. I d.C.).

Dicen que el cerro donde se ubica, a medio camino entre la Meseta norte y la Alcarria, entre la cuenca del Duero y la del Ebro, entre el Sistema Central y el Ibérico, estuvo habitado desde antiguo. El imponente arco de dimensiones monumentales nos muestra la importancia para los antiguos romanos de aquel lugar al que llamaban Occilis. Destaca el cuerpo central decorado con dos templetes de frontón triangular. El monumento, con triple arcada, era lo suficientemente grande como para verse desde abajo y esto aún puede comprobarse hoy. Data del siglo I de nuestra era.

El arco romano es el principal rastro de la presencia de esta civilización por Medinaceli, pero no el único. Hace algunos años se descubrieron unos valiosos mosaicos del siglo IV bajo el suelo de la plaza mayor, en el centro de la localidad.

El cerro de Medinaceli debió de cautivar también a los árabes que invadieron la vieja Hispania en el 711. Pocos años después de la batalla de Guadalete, una guarnición militar musulmana se estableció allí, junto al arco romano. La importancia de la ciudad en época emiral y califal no fue menor como atestiguan los restos de la muralla árabe. Además, Medinaceli fue durante un corto periodo de tiempo capital de la Marca Media, una de las tres divisiones administrativas fronterizas de Al-Ándalus. La Marca Superior tuvo su capital en Zaragoza, la Inferior en Mérida y la Media, primero en Medinaceli y, después, en Toledo.

El propio Almazor, el caudillo cordobés de vida legendaria que atemorizó durante décadas a los cristianos del norte amó, según dicen las fuentes, Medinaceli. Después de una de sus periódicas razzias contra los reinos del norte peninsular, fue derrotado por los castellanos en la batalla de Calatañazor. Malherido, huyó a Al-Ándalus, muriendo el 9 de agosto del año 1002 en Medinaceli. Uno de los cronistas de la época dejó escrito "Luego, le dimos sepultura en la misma Medinaceli". Quizá su cuerpo aún descanse en algún lugar de la villa. O quizá fue trasladado a Córdoba. Quién sabe.

Medinaceli fue tierra de frontera durante siglos. Moros y cristianos lucharon allí cambiando de manos las murallas de la villa varias veces. El monarca aragonés Alfonso I "el batallador" la recuperó definitivamente para los cristianos en el año 1123. Alfonso I era aragonés, casado con la reina castellana Urraca, pero metió sus narices por las tierras que hoy son la provincia de Soria reconquistando la propia capital soriana en el 1119 y, después, Almazán, Gormaz y Medinaceli.

 Arriba: plaza mayor de Medinaceli con la alhóndiga (hoy ayuntamiento); Abajo: palacio ducal de la villa.

Enrique II de Trastámara convirtió las tierras de Medinaceli en condado allá por 1368. Ya saben, era una de esas "mercedes" entregadas por el nuevo rey a la nobleza de servicio que le había ayudado a ganar la guerra contra su hermanastro Pedro I "el Cruel". Medinaceli fue entregada a la familia de la Cerda, uno de los linajes más poderosos de Castilla.

A finales del siglo XV (en 1479), serían los Reyes Católicos quienes convertirían el condado de Medinaceli en un poderoso ducado. Era la gratitud de Isabel y Fernando al V conde de Medinaceli, Luis de la Cerda, por haber ayudado al rey aragonés a moverse en secreto por Castilla para casarse con la entonces princesa de Asturias. El linaje cambió a finales del siglo XVII, pasando a la familia Fernández de Córdoba y a finales del siglo XX pasó a los Hohenlohe quienes hoy en día ostentan el título de Duque de Medinaceli.

El caso es que el ducado de Medinaceli dominó no sólo la villa sino un extensísimo territorio que hoy se encuentra dividido entre las provincias de Soria y Guadalajara. En todo caso, la mayor parte de las propiedades del ducado se encontraban en el sur de la Península, en el valle del Guadalquivir. Los sucesivos duques de Medinaceli obtuvieron numerosas tierras tras contribuir a su reconquista en los siglo XIII y XIV.

 Arriba: 1) retablo mayor de la colegiata (s. XVII); 2) coro y órgano de la colegiata; Abajo: torre campanario de la colegiata de Santa María de la Asunción.

El rastro del pasado noble de Medinaceli es patente e todas las calles de la ciudad. La mayor parte de los edificios aún lucen con orgullo el blasón de la casa ducal y en la plaza mayor uno puede contemplar maravillado el palacio ducal. Construido en el siglo XVI, de planta rectangular, la edificación es típicamente renacentista, sobria, simétrica. Las dos torres laterales se alzan sobre los demás edificios.

En la plaza mayor, uno puede contemplar también la alhóndiga, quizá el edificio más antiguo de toda la plaza. En su interior se realizaban intercambios comerciales, actividades de compraventa y de almacenaje del cereal. En el piso superior se reunía el concejo de la villa pero también fue palacio de justicia e incluso cárcel.

Sobre los tejados de la alhóndiga se alza la majestuosa torre campanario de la Colegiata de Santa María de la Asunción. Medinaceli no es sólo rica en casas solariegas y notables sino también en edificios religiosos. El principal es este templo construido a comienzos del siglo XVI siguiendo el estilo gótico tardío de la época. Su estado de conservación no corresponde, sin embargo, con su importancia.

Por cierto, en su interior se guardan numerosos pasos procesionales de Semana Santa y dos tallas muy significativas: el Cristo de Medinaceli (siglo XVI) y el Jesus Nazareno (s. XX). Además, varios retablos de los siglos XVI al XVIII, el coro y el órgano merecen la pena contemplarse.

A la colegiata de la Asunción podemos sumar el convento de Santa Isabel, con una cuidada iglesia que uno no espera encontrar allí; y la ermita del Beato Julián de San Agustín. Por cierto, algunos pasajes de la vida de este ilustre ocelitiano fueron retratados por Murillo. En Medinaceli hay o hubo en su día más coventos como el de San Francisco o el Beaterio de San Román aunque no hablo de ellos para no aburrir al personal. Y otro apunte, Medinaceli perteneció hasta mediados del siglo XX a la diócesis de Sigüenza y no a la de Osma como el resto de la provincia de Soria.

  Rincones de Medinaceli

Muchos consideran equivocadamente que el nombre de Medinaceli deriva etimológicamente de la unión de dos palabras, una árabe - Medina - y otra latina - coeli -. Hoy se sabe que no es cierto, que su nombre es completamente árabe. Sin embargo, su emplazamiento geográfico, en lo alto de un cerro, a más de 1200 metros de altitud, y el viento constante que sopla allí (y que destrozó el paraguas del que esto firma) sí permiten calificarla como "la ciudad del cielo".

lunes, 1 de abril de 2019

EL FLYSCH DE ZUMAYA

 Algunas vistas del flysch de Zumaya, Deba y Mutriku

No suelo hablar por aquí de Geografía, aunque hay algunas (pocas) entradas sobre temas geográficos. Y mucho menos trato temas de Geología, una disciplina que si bien es pariente de la anterior, me pilla demasiado lejos. En cualquier caso, sí quería terminar esta trilogía sobre mi visita al País Vasco de hace unas semanas hablando del conocido flysch de Zumaya, Deba y Mutriku.

Oficialmente este paisaje fascinante es conocido como el Geoparque de la Costa Vasca y abarca más localidades de las mencionadas anteriormente. Aquí voy a centrarme únicamente en el flysch, un peculiar paisaje geológico que se extiende por los catorce kilómetros de costa que unen Mutriku (al oeste) y Zumaya (al este).

¿Qué es un flysch? Se trata de una formación rocosa resultado de la sedimentación alternante de capas de rocas duras (calizas y pizarras) y capas de rocas blandas (margas, etc.). El origen del término es alemán ya que, al parecer, flysch significa "deslizarse" o "resbalarse". 


 
En el flysch de Zumaya, las capas se formaron por la decantación de sedimentos (rocas, conchas de organismos marinos, etc.) en el fondo del mar que separaba hace millones de años, la Península Ibérica y el continente europeo. Cuando la Península Ibérica chocó con el continente durante la Orogenia Alpina hace unos 60 millones de años (miles de años arriba, miles de años abajo), los fondos marinos se elevaron y su disposición horizontal se transformó en vertical, emergiendo hasta la posición actual.

A partir de entonces, durante la Era Cuaternaria, los agentes atmosféricos y el océano han eroisonado el terreno dando lugar al paisaje y a los acantilados actuales. En numerosos paneles informativos, allí en Zumaya, comparan el flysch con un enorme libro: "Son como páginas de un gran libro, donde podemos leer más de 60 millones de años de evolución y eventos geológicos de la historia de nuestro planeta". En otras palabras, los entendidos son capaces de descubrir qué sucedió hace, por ejemplo, cuarenta millones de años estudiando algunas de las capas del flysch.


 
Por cierto sobre los acantilados de Zumaya se encuentra la ermita de San Telmo, un templo que no era apenas visitado hasta que apareció en la película de "Ocho Apellidos Vascos" y que hoy es uno de los grandes atractivos del pueblo. Desde la ermita se pueden contemplar unas espectaculares vistas del flysch.

 Ermita de San Telmo (Zumaya)

viernes, 29 de marzo de 2019

PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME

Guetaria es una localidad situada en la costa guipuzcoana que hoy en día tiene unos tres mil habitantes. Lo más conocido de ella es el Museo de Balenciaga, inaugurado en 2011, y el famoso ratón de Guetaria, la silueta del Monte de San Antón vista desde la pasarela que une esta localidad con el vecino Zarauz. La silueta del monte, como es fácil suponer, se asemeja a la de un rodeor.

 
 Ratón de Guetaria

Además de esto, Guetaria es conocida por ser la cuna del primer marino que dio la vuelta al mundo, Juan Sebastián Elcano. Elcano nació aquí en torno al año 1476 y, como tampoco es muy difícil adivinar, su vida estuvo siempre ligada al mar. El mar es omnipresente en Guetaria. Está por todos lados. Se escucha aquí y allá, sobre todo en los días de temporal, cuando ruge con bravura.

Los guetarenses se han dedicado desde antiguo a la pesca e incluso a la caza de la ballena. Elcano se crió oyendo las historias fantásticas que contaban los marinos; historias de aventuras que ocurrieron en lo que en los albores del siglo XVI aún llamaban la Mar Océana. Lo que no pudo imaginar Elcano fue que surcaría él también los otros dos grandes océanos de la Tierra: el Pacífico y el Índico.

Cuando se alistó en la expedición que estaba preparando el portugués Fernando de Magallanes, lo hizo con el propósito de ganar riquezas y fama. ¡Como todos los que en aquellos tiempos se aventuraron a lo desconocido! Antes ya había participado en otras expediciones aunque no había viajado al Nuevo Mundo. Elcano fue nombrado maestre de la nao Concepción, una de las cinco naves que partieron del puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda en septiembre de 1519, hace quinientos años. Por cierto, la mayor parte de esas naves habían sido construidas en los astilleros vascos, famosos ya entonces por la gran calidad y resistencia de sus barcos.

La fortuna hizo que Magallanes no tomase represalias contra Elcano cuando le armaron un motín en la bahía de San Julián, al sur de lo que hoy es Argentina. Y es que el guetarense había toma parte activamente en la conspiración contra el tirano capitán. La casualidad hizo también que no muriese de hambre o escorbuto en la interminable travesía del Pacífico donde perecieron muchos de sus compañeros. Y, de nuevo, el azar impidió que fuese asesinado en la trampa que les tendieron los nativos filipinos a los españoles tras la muerte de Magallanes. En aquel momento, Elcano se encontraba enfermo y permaneció en la nave. Aquello le salvó.

El mar bravo azota la costa de Guetaria


También podríamos atribuir a la casualidad, o quizá a la astucia y valía del marino guipuzcuano, su elección como nuevo capitán de la expedición tras la desaparición de sus superiores. Elcano, convertido en capitán de la nao Victoria, se aventuró a seguir un rumbo no previsto: en vez de volver a Castilla por el Pacífico (algo imposible entonces), decidió emprender la ruta portuguesa, navegando alrededor de África. Esta decisión lo convertiría al final en el gran heroe de aquel tiempo.

Tras innumerables peripecias que en muchas ocasiones rozaron lo increible, Elcano junto con los otros diecisiete supervivientes (¡la tripulación inicial era de más de 200 marinos!), arribó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. Tres años después de haber partido. No tardó en volver a su Guetaria natal, donde lo esperaba su familia (su pobre madre que lo aguardaba desde hacía años); pero tampoco lo hizo para volver al mar pues unos años después se embarcó en otra expedición que pretendía cruzar de nuevo el Pacífico. Murió allí, en el Pacífico, en 1526.

En Guetaria tres estatuas recuerdan su hazaña. Fue el primero que completó una vuelta al globo y demostró empíricamente lo que hoy, quinientos años después, algunos imbéciles todavía ponen en duda: que la Tierra es una esfera. El emperador Carlos V le concedió muchos privilegios en vida, entre ellos un escudo de armas. En él había una inscripción, la misma que adorna el gran monumento erigido en el siglo XIX en Guetaria, y que resume toda su aventura: Primus circumdedisti me - el primero que me circunnavegó -. 


 Monumentos dedicados a Elcano en Guetaria

martes, 26 de marzo de 2019

UNA HISTORIA DE SAN SEBASTIÁN

Hace unos días visité de nuevo la ciudad de San Sebastián con los compañeros del instituto y descubrí algunos detalles de la Historia de la ciudad que desconocía. Voy a intentar relatarlos en las líneas que siguen sin otro propósito que fijar lo aprendido y plasmarlos por si a alguien puede servirle.

 Ciudad de San Sebastián, desde el Monte Urgull

Al parecer, el origen de la ciudad se encuentra en un monasterio medieval de nombre "San Sebastián el Antiguo" que se localizaba (creo) en lo que hoy es el barrio de Ondarreta. A finales del siglo XII, fue el rey pamplonés Sancho el Sabio quien fundó oficialmente la ciudad al otro lado de la Bahía de la Concha, a los pies del Monte Urgull. 

Sobre el monte se contruyó el Castillo de la Mota y bajo él, el núcleo de población primitivo protegido por altas murallas. El límite meridional del núcleo urbano se encontraba en lo que hoy es el Bulevar. Por el este, el río Urumea establecía los límites; y por el oeste, la bahía de la Concha y el puerto.

Desde sus orígenes, San Sebastián ha tenido un doble carácter defensivo y marinero. No es extraño, pues, que algunos de los cabos de amarre de los barcos en el puerto no sean más que cañones incrustados en el suelo. 

Una de las fechas importantes en la historia de la ciudad es el 31 de agosto de 1813, cuando se produjo la recuperación de la ciudad por parte de los ejércitos aliados anglo-españoles durante la Guerra de Independencia frente a los franceses. La ciudad y sus murallas quedaron destruidas por completo y hubo que reconstruir los edificos según los gustos burgueses del siglo XIX.

 Detalles de la ciudad. 1) Estación meteorológica de la plaza de Guipúzcoa; 2) barandilla del paseo de la Concha; 3) cañón usado como cabo de amarre en el puerto; 4) restos de la muralla medieval de la ciudad.

Por ello, la parte vieja de la ciudad, donde se degustan los famosos "pintxos", no tiene una antigüedad superior a los ciento cincuenta años. La protección de la Corona, en especial del rey Fernando VII, fue esencial en la reconstrucción de San Sebastián. 

Durante las Guerras Carlistas que siguieron a la muerte de Fernando VII en 1833, la ciudad se mantuvo fiel a los liberales y a la reina Isabel II. Los carlistas, que contaban con importantes apoyos entre la población rural de Guipúzcoa, intentaron tomar la ciudad en 1835 aunque fracasaron. El ejército gubernamental resistió con ayuda de la Legión Auxiliar Británica.

En relación con esto, merece la pena destacar el llamado cementerio de los ingleses ubicado en la ladera norte del Monte Urgull. Aún hoy pueden verse curiosas tumbas que señalan los enterramientos de los soldados británicos que perecieron en San Sebastián defendiéndola de los ataques carlistas. Se pueden contemplar hasta diez tumbas o monumentos funerarios que, en la umbría del Urgull, tienen un aire romántico y tétrico al mismo tiempo.

 Arriba: 1) cañón del siglo XIX en el castillo de la Mota; 2) tumba de un general británico; 3) monumento funerario alegórico de la batalla de 1813 en el cementerio de los ingleses; Abajo: vista de la bahía de la Concha desde el Monte Urgull.

Desde mediados del siglo XIX, San Sebastián se convirtió en uno de los principales destinos turísticos de Europa. Parte de la burguesía europea veraneaba en San Sebastián, donde había hoteles de lujo, largos paseos, restaurantes y casinos según los gustos de la época. Lo que hoy es el ayuntamiento fue el casino de la ciudad. En los años sesenta del siglo XIX, Cortázar diseñó un ensanche para la ciudad siguiendo el modelo de París. Las clases altas europeas conocieron la ciudad como "el pequeño París".

Por cierto, las reinas del siglo XIX y principios del siglo XX veranearon todas ellas en San Sebastián: la reina Isabel II; la esposa de Alfonso XII, María Cristina de Habsburgo; y la esposa de Alfonso XIII, la inglesa Victoria Eugenia de Battemberg. De su paso por la ciudad quedan, además de algunos puentes y calles con sus nombres, el Teatro Victoria Eugenia (sede del Festival de Cine de San Sebastián) y el hotel de lujo María Cristina, ubicados a ambos lados de la Plaza Oquendo. 

La plaza de Oquendo, por otro lado, está dedicada a uno de los más destacados militares de la historia naval de España, Antonio de Oquendo, que dirigió la armada española en la batalla de las Dunas en 1639, contra Holanda. Oquendo nació en San Sebastián.

Por último, son curiosas las teorías que explican el origen en vasco del nombre de la ciudad: Donostia. La primera teoría apunta a que se trata de una deformación del nombre de San Sebastián en euskera, "Don-" es "Santo" y "-ostia" la deformación de "Sebastián". La segunda señala que Donostia significaría algo así como el "Santo de Ostia" ya que San Sebastián fue un general romano cristiano asaeteado por orden del emperador Diocleciano en la ciudad de Ostia (el puerto de Roma). Quizá alguna de ellas esté en lo cierto. O quizá no. Quién sabe.


Izquierda: 1) puerto de San Sebastián; 2) ladera norte del Monte Urgull; 3) Vista de la Concha desde el Monte Urgull. Derecha: monumento funerario en el cementerio de los ingleses.

martes, 12 de marzo de 2019

EL LÍBANO ENTRE ENEMIGOS

De las actuales costas del Líbano partieron haci casi tres mil años los navegantes fenicios que, buscando metales, fundaron la ciudad de Gadir al otro lado del Mediterráneo. También salieron de allí los que fundaron Cartago, la ciudad que rivalizó durante décadas con Roma por el control del Mediterráneo Occidental. Y es que el Líbano y Fenicia casi (pero no) son sinónimos. Las famosas ciudades que todos repetimos de memoria, Biblos, Tiro y Sidón, se encuentran en el Líbano.

La historia de este pequeño pedazo de tierra, situada entre tres continentes, es convulsa. Asirios y judíos. Hititas y egipcios. Filisteos y cananeos. Griegos y persas. Romanos y partos. Bizantinos y árabes. Turcos y cruzados. Muchos imperios se han disputado durante siglos las tierras que hoy son el Líbano. Con ello podemos entender que hoy el país sea un crisol de culturas y religiones.

Con el demembramiento del Imperio Otomano en 1918, tras la Primera Guerra Mundial, Francia ocupó el Líbano. Se independizó plenamente a finales de 1946 aunque los franceses procuraron dejar allí unas estructuras políticas más o menos estables. En 1926 se redactó una Constitución que, con numerosas modificaciones ha llegado a la actualidad. El Pacto Nacional de 1943 estableció un equilibrio político entre cristianos y musulmanes. Así, el Presidente de la República siempre debe ser cristiano; el Presidente del Gobierno, musulmán suní; y el Presidente del Parlamento, musulmán chií.

Desde los años 50, la situación del país se fue polarizando: los cristianos del norte, más prósperos y pro-occidentales; y los musulmanes del sur, más pobres y alineados con los árabes. En todo caso, el Líbano fue durante las décadas centrales del siglo XX la "Suiza del Próximo Oriente" por sus pujantes finanzas y su estabilidad política.

En 1953 hubo una breve guerra civil que cesó con la intervención de EE.UU. La llegada de refugiados palestinos al sur del Líbano exacerbó las tensiones sectarias. Sólo una administración militar impidió que el pequeño país se dividiese en dos en 1969. La guerra civil se reanudó en 1975 y ese mismo año, Siria inició la ocupación militar de su vecino. La presencia siria en el Líbano duraría más de treinta años. En 1976 las luchas se detuvieron momentáneamente por la mediación de la Liga Árabe. Para entonces, Beirut y otras ciudades habían sido parcialmente destruidas y atrás quedaba la prosperidad económica del país. 

En 1982, las cosas se volvieron a torcer. Tras el intento de asesinato de uno de sus embajadores en Beirut, Israel lanzó una operación militar a gran escala para ocupar el país. Se la conoció como "Operación Galilea". El verano de ese mismo año fue elegido presidente el cristiano Bechir Gemayel (pro-israelí) pero fue asesinao antes de que pudiese tomar posesión del cargo. En venganza, la milicia Falange Cristiana Maronita entró en los campos de refugiados palestinos de Beirut occidental y masacró a cientos de personas. A este suceso se le conoce como Masacre de Sabra y Chatila y fue declarado genocidio por la ONU.

"No judíos han matado a no judíos, ¿qué culpa tiene Israel en esto?" dijo descaradamente el primer ministro de Israel. La Falange Cristiana Maronita era aliada de Israel y actuaba en connivencia con Tel-Aviv.

Al año siguiente, por mediación de Naciones Unidas se iniciaron las conversaciones de paz. Israel aceptó replegarse manteniendo ocupada una zona en el sur del país. En 1988 volvió a estallar la lucha entre milicias cristianas y el grupo radical chií Hezbolá, aliado de Siria. Al año siguiente, por si fuera poco, el gobierno cristiano, inició una "guerra de liberación" contra Siria. En 1991 Siria aceptó replegarse pero no lo hizo por lo que el Líbano permaneció ocupado por dos potencias extranjeras: Israel y Siria.

La situación comenzó a estabilizarse en 1992 con el apoyo de las fuerzas de paz de la ONU. Las milicias cristianas fueron desarticuladas y, ante la desaparición de sus aliados, Israel abandonó el sur del Líbano en el año 2000. No ocurrió lo mismo con Siria, que siguió presente en el país, ni con sus grupos islamistas afines, como Hezbolá, que consiguió crear una especie de Estado dentro del Estado libanés (controla escuelas y un canal de televisión propio).

En 2005, después del asesinato del primer ministro al-Hariri, miles de libaneses se manifestaron pidiendo la retirada de las tropas sirias. Asad, el dictador sirio, anunció que así lo haría. En 2008, sin embargo, Israel volvió a invadir el sur del Líbano, una zona controlada por Hezbolá. Tel-Aviv acusaba a los islamistas de lanzar ataques contra el norte de Israel. La operación fue corta y los resultados escasos porque Hezbolá resistió el avance israelí.

Hoy el Líbano ha recuperado la prosperidad económica que tuvo otrora. Sin embargo, la situación social no es buena y el Estado sigue sufriendo numerosas tensiones. A los cientos de miles de refugiados palestinos que acoge el Líbano desde hace cicuenta años debemos sumar los millones de sirios que, huyendo de la guerra en su país, han cruzado la frontera. Sólo un dato puede ayudarnos a entender la tensa situación social de hoy en día: el Líbano tiene seis millones de habitantes (dato de 2016) y da cobijo a nada menos que 1,6 millones de refugiados sirios. 

sábado, 26 de enero de 2019

CINCO MUJERES QUE FORJARON EL MUNDO

El mundo está y ha estado siempre lleno de personas increíbles, de héroes y heroínas que han hecho lo imposible por transformarlo. Aquí vamos a hablar de cinco de ellas, cinco mujeres valientes que lucharon durante su vida por empujar el mundo hacia la libertad y la paz.


Isabel de Guevara (1530 - ¿?): fue una de las pocas mujeres que viajó al Nuevo Mundo como exploradora en el siglo XVI. Desembarcó en el Río de la Plata (actual Argentina) con la expedición de Pedro de Mendoza junto con otras veinte mujeres y unos 150 hombres. Combatió a los indígenas y fue una de las supervivientes. Se estableció en el actual Paraguay y desde allí escribió una carta a la Corona española relatando las hazañas del grupo de mujeres de la expedición. En su carta utiliza la expresión “nosotras, las mujeres”. Por ello es considerada la primera feminista de la Historia.

Bertha von Suttner (1843 – 1914): fue la primera mujer en obtener el Premio Nobel de la Paz en 1905. Aunque nació en una familia acomodada en Praga, pronto tuvo que ponerse a trabajar cuando su padre perdió toda la fortuna familiar en el juego. Fue secretaria de Alfred Nobel en París y después viajó con su marido al Cáucaso donde fue testigo de las guerras entre rusos y turcos. Quedó tan impresionada que dedicó el resto de su vida a defender la paz entre los pueblos en sus numerosas publicaciones. Su obra más famosa es “¡Abajo las armas!”. Murió unos días antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Sofía Casanova (1861 – 1958): nació en Galicia, pero tras ser abandonada por su padre se trasladó a Madrid. Gracias al apoyo de su abuelo, la familia salió adelante. Fue enviada como corresponsal por el periódico ABC a Polonia (por entonces parte del Imperio Ruso). Allí se casó y tuvo una hija, aunque viajaba regularmente a España. En 1914, mientras visitaba a su hija en Varsovia, estalló la Primera Guerra Mundial. Se convirtió en la primera reportera de guerra española enviando crónicas al periódico desde Polonia. También vivió la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Fue una pacifista convencida. Hoy en día es una de las grandes desconocidas de nuestra historia.

Eglantyne Jebb (1876 – 1928): aunque podía haber vivido sin preocupaciones puesto que su acaudalada familia poseía inmensas extensiones de terreno, quiso ayudar a los demás. Viajó a los Balcanes en 1913 para ayudar a los niños afectados por los conflictos. Allí le sorprendió la Gran Guerra. Las experiencias que vivió causaron en ella tal huella que decidió dedicar su vida a la protección de los niños. En 1919 fundó la organización “Save the Children” dedicada a la atención de la infancia en situaciones de conflicto. Hoy, es una de las ONG más prestigiosas del mundo.

Elisabeth Eidenbenz (1913 – 2011): está maestra y enfermera suiza participó activamente en el Comité Suizo de Ayuda a los Niños de España durante la Guerra Civil. En los últimos meses de la guerra abrió una clínica de Maternidad en la localidad francesa de Elna (a pocos kilómetros de la frontera española). Allí ayudó a dar a luz a cientos de mujeres españolas que había cruzado la frontera y se encontraban en los vergonzosos campos de refugiados creados en las playas de Perpiñán. Tuvo que hacer frente a las trabas de las autoridades francesas primero y después a la presión de los nazis. “Mi madre me dio la vida. Elisabeth, la esperanza en el género humano” afirmó hace unos años uno de aquellos niños nacidos en la Maternidad de Elna.