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sábado, 25 de agosto de 2018

¿QUÉ HACER CON EL VALLE DE LOS CAÍDOS?


 

Hace unas semanas visité el Valle de los Caídos con dos amigas. En contra de lo que pueda parecer, nuestra excursión no estuvo motivada por la polémica en torno a los restos de Franco. De hecho llevábamos hablando sobre la idea cerca de un año y fuimos cuando tuvimos oportunidad. El plato fuerte de la excursión era nada menos que el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial que no tiene nada que ver ni con Franco ni con el Valle.

El caso es que la visita no nos dejó indiferentes. Dentro de la enorme basílica esculpida en las rocas de la Sierra de Guadarrama, en un lugar teóricamente sagrado para los católicos y reservado a la oración, un hombrecillo emperifollado y con cara avinagrada se situó delante del sepulcro del dictador, levantó el brazo y gritó a viva voz: "¡Francisco Franco presente!" y mirando al resto de visitantes que contemplábamos semejante escena espetó: "¡Y a quién no le guste, que se marche! ¡Ya está bien de rojos!".

Hubo quien le aplaudió susurrando "¡eso es: viva Franco!" (ojo porque el susodicho lleva 43 años muerto). Otros, en cambio, nos quedamos atónitos ante semejante espectáculo. Yo no es que me considere progresista ni de izquierdas, más bien al contrario, pero aquella situación me avergonzó y me ofendió.

Luego, un muchachito que no pasaría de los veinte años y ataviado con camisa azul claro, pantalón beige y zapatos mocasines se situó al otro lado de la tumba y alzó el brazo. Su novia (imagino que sería novia) le hizo una foto, supongo que para colgarla en Instagram. Esto casi me avergonzó más que lo otro. Entre otras cosas porque mientras el hombrecillo emperifollado probablemente había vivido los últimos años del Franquismo (tendría unos 50 o 55 años, tampoco más), el muchachito de los mocasines había nacido a finales del siglo XX (¡veinticinco años después de la desaparición de Franco!). 

Algo hemos hecho mal en esta sociedad en las últimas décadas y lo seguimos haciendo. Quizá estas dos escenas sirvan como ilustración de las razones de por qué es necesario un cambio en el Valle de los Caídos. La democracia española no puede tolerar por más tiempo que un lugar patrimonio nacional se siga utilizando para exaltar una dictadura. Y el primer paso debe ser exhumar los restos del dictador.

Es cierto: España tiene otros problemas más graves. También es cierto: la sociedad española no está pidiendo esto en este momento. Pero eso no quita para que sea necesario y en algún momento tenga que hacerse. Hace unos días, a propósito de las intenciones del gobierno socialista de exhumar los restos del tirano, el bisnieto de Franco y pretendiente al trono de Francia, Luis Alfonso de Borbón Martínez-Bordiú afirmó que el Valle de los Caídos "simboliza la reconciliación de las dos Españas". Esto es falso y grave.

El lugar fue concebido en sus orígenes para exaltar la victoria y los muertos del mal llamado "bando nacional" que no era otro que el bando que se sublevó en 1936 contra la legalidad republicana, es decir, el bando sublevado o rebelde. También es cierto que cuando la basílica fue consagrada por el papa Juan XXIII en 1960 se proclamó que el monumento lo era para todos los caídos en la guerra, de un bando y de otro. Esto se hizo, entre otras cosas, por las reticencias de la Iglesia Católica de entonces (la del Concilio Vaticano II) a consagrar un templo dedicado a unos muertos y "en contra" de otros. Pero no nos engañemos, obviamente las alusiones al bando republicano y sus muertos brillaron por su ausencia. Y así seguimos.

Varios ejemplos ayudan a evidenciar que el Valle de los Caídos fue diseñado sólo y exclusivamente para los muertos del bando sublevado. El primero es los dos imponentes escudos franquistas que pueden contemplarse en los muros exteriores del templo. Si el templo era para todos los muertos, ¿por qué no se esculpió también el escudo de la II República? (¡Qué locura!). El segundo es la gran cruz y el hecho de que sea una basílica. La Iglesia siempre se situó a favor del bando sublevado y en contra del republicano. Si el templo era para todas las victimas, ¿por qué no se planteó que fuese laico, con pocas connotaciones religiosas? (¡Qué locura!). El tercer ejemplo son las dos capillas laterales que dan acceso a los lugares donde se depositaron restos de victimas de la guerra trasladadas desde toda España. En ellas puede leerse "Caídos por Dios y por España". ¿A qué bando hacen alusión estas palabras? No es muy dificil saberlo...

Es cierto: en el Valle de los Caídos también hay algunos muertos republicanos sepultados pero, seamos honestos, son los menos. Los demás se encuentran en cunetas y en fosas comunes repartidos por todo el país si es que no se han recuperado en las últimas décadas. El Franquismo siempre distinguió entre vencedores y vencidos. Desenterró, honró y sepultó los restos de los "muertos vencedores", de sus muertos, y olvidó y repudió a los "muertos vencidos", es decir, los muertos republicanos. Eso se ve en el Valle de los Caídos. Eso es el Valle de los Caídos

En la excursión con mis dos amigas, nos sentamos frente a la basílica, debajo de la cruz y nos pusimos a divagar sobre qué se podía hacer con el monumento. Una de ellas decía que lo mejor era destruirlo. Otra, que se debía cerrar y olvidar. Que el Estado se desentendise. Si esto ocurriese en unas décadas estaría en ruinas porque otra cosa no, pero el Valle necesita una restauración profunda (¡menudas humedades se pueden ver en el interior!).

Yo creo que estamos ante una gran oportunidad para transformarlo en un verdadero lugar de reconciliación de las mal llamadas "dos Españas" que se enfrentaron en la Guerra Civil. No puede seguir siendo La Meca de los nostalgicos franquistas y de neofascistas. No se puede tolerar que allí se entre con símbolos de la dictadura y se grite "¡Franco Presente!" sin que pase nada. Quizá si el lugar se convirtiese en un museo de la Guerra, donde pudiese honrarse de verdad a los muertos de ambos bandos y se enseñase al público lo irracional de la guerra, lo terrible de la confrontación y la crueldad de la dictadura (de cualquier dictadura) todos estos neofascistas y nostálgicos del Franquismo aprenderían las ventajas de vivir en una sociedad democrática, abierta y tolerante (incluso con ellos), como la que vivimos. A lo mejor conseguíamos algo y todo.

Pero la transformación del Valle de los Caídos debería ser integral, empezando por exhumar y retirar los restos de Franco pero siguiendo por trasladar a otro lugar dentro de la basílica los restos de Jose Antonio Primo de Rivera. Sí, es cierto: Jose Antonio fue una víctima de la guerra pues fue fusilado a las pocas semanas de comenzar la contienda, estando preso en una cárcel en Alicante. Pero no es menos cierto que también fue el fundador de la Falange, un partido que en sus orígenes se inspiró en el Fascismo Italiano y propuso la llamada "dialectica de los puños y las pistolas", siendo ilegalizado por la democracia republicana tras las elecciones de febrero de 1936. Por tanto, el fundador del fascismo español no puede disfrutar de un lugar preeminente en un monumento que quiere ser para todas las victimas de la guerra.

Sé que el tema de la exhumacion de los restos de Franco hace aflorar en mucha gente sentimientos viscerales que muestran, una vez más, que las heridas de la guerra no han cicatrizado del todo. Y es por ello que se deben atender a estas cuestiones. La reconciliación consiste en perdonar y olvidar pero es imposible hacer ambas cosas si continúa habiendo un lugar al que los nostálgicos acuden para poner flores a un dictador y gritar contra los que no piensan como ellos. Y como muestra me remito a la escena que presencié hace pocas semanas en la propia basílica.

En otra ocasión hablaré de la Memoria Histórica y de lo que se podría hacer con todos los cadáveres de la Guerra Civil que hay en cunetas y en fosas comunes. Por hoy basta.







domingo, 19 de agosto de 2018

DEL TAPIZ DE ONCALA Y LA RENDICIÓN DE BREDA

En la pequeña localidad soriana de Oncala, en la comarca de Tierras Altas, la iglesia neoclásica de San Millán atesora diez fabulosos tapices, dos de ellos renacentistas y los restantes, barrocos. El relato de cómo esos tapices llegaron a este pueblecito de pastores trashumantes es bien curiosa: a finales del siglo XVIII, el arzobispo de Valencia, D. Juan Francisco Ximénez del Río, natural de Oncala, donó estas obras a su tierra natal. Desde entonces, se custodian en la iglesia construida para tal fin. A finales del siglo XX fueron restaurados tapices y templo.

Los ocho tapices barrocos pertenecen a la serie titulada "El Triunfo de la Eucaristía" que en origen estaría formada por nada menos que dieciocho tapices. A Oncala sólo llegaron los que se conservan. En ellos pueden verse las siglas del tejedor que los elaboró, F·V·H (Frans Van de Hecke) y el lugar en que lo hizo, B·B (Bruselas - Bravante). Los tapices han sido datados entre 1625 y 1627.

Al parecer fue la gobernadora de los Países Bajos, Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, quien los encargó para enviarlos al convento madrileño de las Descalzas Reales donde llegaron hacia 1628 o 1629. Posteriormente se realizarían más copias.  El famoso pintor y diplomático flamenco Pedro Pablo Rubens realizó bocetos que sirvieron de modelo para el tejedor. Por cierto, los bocetos de estos tapices se conservan en el Museo del Padro (en Madrid) y han podido contemplarse recientemente en una exposición titulada "Rubens, pintor de bocetos".

Hoy en día, se sigue conservando en dicho convento madrileño la serie completa de tapices y la colección de Oncala sería una serie posterior aunque también pudo ser realizada simultaneamente a la primera. El tema de todos los tapices era el triunfo de la Iglesia frente a la herejía (entiendase la Reforma protestante). Los tapices fueron encargados y elaborados en plena Contrarreforma católica.

Lo interesante de todo ello es la serie de conexiones que estos tapices tienen con otras obras, algunas de ellas muy célebres. Fijémonos en uno de ellos que lleva por título "Abraham ofrece el diezmo a Melquisedec":



Se trata de un tema muy recurrido en el arte cristiano. La escena se desarrolla en un pórtico y muestra el momento en el que el rey Melquisedec recibe a Abraham victorioso en la guerra contra Codorlaomor, ofreciéndole pan y vino, los alimentos de la Eucaristía. Aquí tenemos el boceto de Rubens, un óleo sobre tabla conservado en el Museo del Prado, a partir del cual el maestro tejedor flamenco elaboró el tapiz:


Como puede verse, la composición en ambas obras se centra en las figuras de Melquisedec y Abraham. Melquisedec, aparece como un anciano de barba blanca vestido con los atributos de un rey del siglo XVII: manto de armiño y túnica. Ofrece pan a Abraham, vestido como un general romano, quien se inclina ante el soberano. El vino está presente en las ánforas de primer plano. En el tapiz, para cubrir todo el espacio, el tejedor incluyó otros personajes, como los siervos que portan las ánforas de vino, que no se encuentran en el boceto de Rubens. El caballo o las picas sí han sido incluidas.

La pregunta ahora es la siguiente: ¿en qué se inspiró el maestro Rubens para elaborar el boceto en 1625? Muchos creeréis que el genio flamenco no necesitaba inspiración pero la respuesta es errónea. Como todos los artistas, Rubens se basó en obras de otros artistas de su época o anteriores. En concreto, aquí presento el grabado del mismo tema, Abraham y Melquisedec, que se encuentra en el origen de la obra de Rubens y por tanto, en los tapices de las Descalzas Reales de Madrid y de la iglesia de Oncala:

  
Se trata de un dibujo del pintor manierista flamenco Martín de Vos, quien vivió en Amberes entre 1532 y 1603, fecha de su muerte. Entre 1580 y 1585 realizó una serie de grabados sobre temas bíblicos, entre ellos este que lleva por título "Abraham y Melquisedec". En el grabado aparecen todos los elementos que Rubens copia en su boceto y son reproducidos posteriormente en los tapices: las lanzas de los soldados de la derecha y la izquierda, las ánforas de vino e incluso la postura de los protagonistas y la composición de la escena.

Hasta aquí todo bien: entre 1626 y 1627, un tejedor flamenco realiza una serie de tapices basados en unos bocetos pintados por el genio flamento Rubens un año antes, en 1625; Rubens para realizar los bocetos se inspira, a su vez, en unos grabados que otro pintor, de nombre Martín de Vos, había realizado cuarenta años antes. Los tapices acaban, unos en el Convento de las Descalzas Reales de Madrid, y otros en la iglesia de San Millán, en Oncala, un pueblo perdido en el norte de la provincia de Soria.

Ahora os presento un cuadro de 1635 que seguro que conocéis bien:


Exacto, es "La Rendición de Breda" o "Las Lanzas", una obra maestra de Diego Velázquez que actualmente puede contemplarse también en el Museo del Prado. Lo interesante de todo es que si os fijáis la composición es exactamente igual a la de las obras anteriores. 

Aquí, Velázquez ha cambiado al rey Melquisedec por Ambrosio de Spínola, general de los tercios españoles en Flandes; y a Abraham por Justino de Nassau, general de las tropas holandesas. Aquí no hay ningún recibimiento sino la claudicación del holandés que se inclina ante un Spínola clemente y magnánimo. Aquí, no se entrega ni pan ni vino sino las llaves de la ciudad de Breda que los españoles acaban de arrebatar a los rebeldes holandeses. ¡Pero todo lo demás, las picas, la postura de los protagonistas es lo mismo!

Velázquez no inventó nada, copió la composición de obras ya realizadas y puso todo ello al servicio de la Monarquía Hispánica para alabar las grandes gestas de los tercios en Flandes y decorar con ello el Palacio del Buen Retiro en Madrid. Obviamente, el maestro sevillano se inspiró en el boceto de Rubens para pintar su obra maestra y quizá también conocía el pequeño grabado de Martín de Vos que hemos descrito antes.

Se ha documentado que Pedro Pablo Rubens, un reputado diplomático además de gran pintor, viajó en al menos dos ocasiones a España en la década de los veinte del siglo XVII. Durante sus viajes a la Corte de los Austrias se hospedó en el Alcázar de Madrid y conoció al entonces joven pintor Diego Velázquez. De hecho, Velázquez viajó por primera vez a Italia en 1629 por consejo del propio Rubens quien le recomendó formarse siguiendo a los grandes maestros italianos. 

En aquel momento, hacia 1628 cuando Velázquez y Rubens se encuentran en Madrid, el flamenco ya ha pintado el boceto de Abraham y Melquisedec y en Bruselas se están tejiendo los tapices basados en él. Por entonces, además, ya se había ganado Breda para los españoles (en 1625), una plaza que permanecería en manos españolas durante una década, hasta 1636 cuando la recuperaron los herejes y rebeldes holandeses, sólo un año después de que el sevillano rubricase su obra maestra. Parace claro, por tanto, que los artistas flamencos, Rubens y, quizá en menor medida, Martin de Vos (quien había muerto en 1603) influyeron en el cuadro "La Rendición de Breda" de Velázquez de forma tan decisiva que sin ellos, probablemente, habría sido otra cosa.

En esta composición de las obras que hemos estado analizando se puede observar de forma clara la evidente relación que existe entre todas ellas:

  

jueves, 16 de agosto de 2018

BIARRITZ Y LA VIRGEN DE VLADIMIR

ANOTACIONES SOBRE EL PAÍS VASCO FRANCÉS (II)




 Palacio de Eugenia de Montijo (izq.), cúpula de la iglesia ortodoxa (der.)

En Biarritz hay muchos lugares con Historia que se pueden visitar, como el faro de la localidad (construido a mediados del siglo XIX), la Capilla Imperial de Eugenia de Montijo (la española que enamoró a Napoleón III) o el puente de hierro, obra de Gustave Eiffel (sí, el mismo que el de la torre), que da acceso a un santurio mariano en una peña junto al mar. También es interesante el Hotel du Palais, antiguo palacio de Eugenia de Montijo, hoy reconvertido en un hotel de lujo, donde probablemente no te dejen entrar si te ven con cara de turista sin dinero.

El caso es que yo no quería hablaros de todos estos sitios, que en cualquier caso son muy interesantes (quizá en otra ocasión...), sino de otro que me pareció extremadamente curioso: la iglesia ortodoxa de Biarritz. Se encuentra en la interessión entre la Avenida de la Emperatriz (detrás del Hotel du Palais) y la Calle de Rusia y su nombre oficial es "Iglesia Ortodoxa de la Protección de la Madre de Dios y de San Alejandro de Neva".

La primera pregunta que se viene a la cabeza es: ¿qué hace una iglesia ortodoxa en un pueblo de marinos vascos balleneros como Biarritz? La respuesta (¡cómo no!) tiene mucha Historia:

 Iglesia ortodoxa de Biarritz

Resulta que a finales del siglo XIX había en Biarritz una numerosa colonia de comerciantes rusos, afincados allí desde hacía unas décadas. Supongo que habían sido atraidos a Biarritz por la relevancia que adquirió la localidad gracias a que la emperatriz Eugenia de Montijo (esposa, como he dicho, de Napoleón III), se fijó en ella como lugar de veraneo (construyendo su fabuloso palacio). El traslado de la corte imperial durante los meses de verano a la localidad vascofrancesa supuso también que Biarritz se convirtiera en centro de veraneo de las más importantes familias burguesas y nobles de Francia y, por supuesto, de otros colectivos extranjeros, entre ellos la colonia de ricos mercaderes rusos.

En el año 1892 se encargó al arquitecto biarrota Tisnés el diseño de un templo que satisfaciera las demandas religiosas de los rusos. Por supuesto, el Estado francés no pagó nada (la Tercera República Francesa era laica y muy laica); fueron los propios fieles ortodoxos los que sufragaron los gastos de su construcción. Al parecer, por lo que he podido leer, el Zar de todas las Rusias Alejandro III sí envió dinero para contribuir a su construcción. Por eso, quizá, el templo se dedicó a la Virgen María y a San Alejandro.

Desde el exterior, el templo tiene las características propias del estilo bizantino: planta centralizada o de cruz griega, gruesos muros y una gran cúpula bizantina (tiene otra más pequeña sobre el nartex). Sus características son similares (salvando las distancias) a las de Santa Sofía de Constantinopla (hoy mezquita mayor Estambul) o San Basilio de Moscú (Rusia). Ésta, obviamente, es mucho más reducida y modesta, pero para hacernos una idea...

La iglesia de Biarritz cobró importancia a principios del siglo XX. Después del triunfo de la Revolución Comunista en Rusia, muchos burgueses ricos y nobles marcharon al exilio y uno de sus destinos preferidos fue Biarritz en Francia. En Niza, por cierto, también se puede contemplar una Iglesia ortodoxa mucho más rica en decoración y materiales, construida en 1912. Esto evidencia la importancia que tuvieron estos núcleos franceses en el exilio de los rusos que huyeron del Terror soviético. Casi todos las imágenes que decoran el interior de la iglesia fueron enviados desde San Petersburgo antes del estallido revolucionario.

Catedral ortodoxa de San Nicolás (Niza)

En el interior, hoy el templo biarrés llama la atención por su pobre estado de conservación. La falta de mantenimiento es evidente en los muros, llenos de humedades. Creo que el exterior fue restaurado hace algunos años y actualmente, se recogen donativos para contribuir a su restauración interior.

Entre todas las imágenes e iconos que decoran el interior de la iglesia destacan algunas reproducción de la Virgen de Vládimir. Este icono de orígenes bizantinos, el más venerado en Rusia, data del siglo XII. Fue trasladado por un príncipe ruso desde Constantinopla a Kiev y posteriormente a la ciudad de Vládimir, en el noroeste de Rusia. Por último, se llevó a la Catedral Ortodoxa de la Asunción, en el Kremlin de Moscú; y de allí, en época soviética, a la Galería Tretiakov de la capital rusa. Representa a la Virgen María con el Niño en brazos y es quizá la más célebre imagen de la Iglesia Ortodoxa.

Icono de la Virgen de Vládimir


martes, 14 de agosto de 2018

LA ISLA DE LOS FAISANES Y LA PAZ DE LOS PIRINEOS

ANOTACIONES SOBRE EL PAÍS VASCO FRANCÉS (I)


Hace unos días estuve pasando un fin de semana con mi familía en el País Vasco francés, después de un año extremadamente duro en lo personal y lo profesional. El caso es que buscando acerca de ese pequeño rinconcito de Francia encontré algunos datos que demuestran que la Historia está presente en todos los rincones, allí donde miremos.

Todo el mundo conoce la peculiaridad de esta región, mitad vasca mitad francesa, una región de frontera con unas características culturales y lingüísticas propias. Lo que no todo el mundo sabe es que ha tenido también una gran importancia histórica para Francia y para España. 

Para viajar desde la Península Ibérica hasta el País Vasco Francés, la forma más rápida es cruzar el río Bidasoa (frontera natural franco-española) por la AP-8, que se transforma, en suelo francés en la A63. Sin embargo, siguiendo esta ruta, perdemos de vista la Isla de los Faisanes, que es un magnifico punto de partida para la historia que quiero contaros. Por eso, es preferible entrar en Francia por el puente internacional que une el barrio de Behobia (Irún), con Hendaya.

Desde este puente puede divisarse perfectamente la Isla de los Faisanes. Bueno, decir isla es quizá pretencioso puesto que no es más que un islote en medio del Bidasoa al que sólo puede accederse en piragua. Sin embargo, la importancia del islote es evidente por lo cuidadas que están sus orillas y el monolito que se edificó hace décadas en el centro y que recuerda precisamente los acontecimientos históricos que se produjeron allí. Vamos, que al divisiar la isla se ve que es especial, que tiene algo que no tienen el resto de islas del Bidasoa. Y ese algo es Historia.

  La Isla de los Faisanes desde el Puente Internacional. A la izquierda, Irún (España); a la derecha, Hendaya (Francia)

La Isla de los Faisanes fue el escenario de la firma de la Paz de los Pirineos entre la Francia de Luis XIV y la España de Felipe IV en el año 1659. Esta paz suponía el fin de las hostilidades entre ambas potencias, certificaba la derrota definitiva de la Monarquía Española ante el francés y modificaba las fronteras entre ambos Estados. Precisamente a frontera entre Francia y España se fijó siguiendo las más altas cumbres de los Pirineos, cediéndose el Rosellón al monarca galo.

En aquel islote, un lugar elegido precisamente por encontrarse a medio camino entre Francia y España, se reunieron los plenipotenciarios reales de Luis XIV, Mazarino; y de Felipe IV, don Luis de Haro. Como he dicho puso fin no sólo a la guerra que enfrentaba a España y Francia desde 1635 sino también enterró la hegemonía española en Europa, muerta tras las debacles de los tercios en Rocroi y las Dunas.

Hoy la Isla de los Faisanes es el condominio más pequeño del mundo. Desde el 1 de febrero al 31 de julio pertenece a España y desde el 1 de agosto al 31 de enero, a Francia. 

Entre 1659 y 1660, numerosas personalidades francesas y españolas visitaron el islote, entre ellos Diego de Velázquez, por entonces pintor de cámara de Felipe IV. Por cierto, Velázque murió en 1660 después de regresar de este viaje. El propósito era preparar el encuentro entre los dos monarcas más importantes de Europa, el Rey Sol y el Rey Planeta. Esta reunión se celebró finalmente en 1660, también en la islita del Bidaosa.

La paz entre Francia y España quedó sellada por el matrimonio entre la infanta Maria Teresa de Habsburgo, hija de Felipe IV, y el rey francés Luis XIV. Felipe IV se comprometió entonces a entregar una cuantiosa dote al rey francés a cambio de la renuncia de éste a los derechos sobre el trono español. Por cierto, la dote nunca se pagó y el Rey Sol nunca renunció a los derechos borbónicos sobre el trono español. Un nieto de Luis XIV y de Maria Teresa sería proclamado rey de España algunas décadas después, en 1700.

Este cuadro que se conserva en Le Mans (Francia) ilustra el momento del matrimonio:
 

Luis XIV (izq.) saluda a Felipe IV (der.) en presencia de la infanta María Teresa, don Luis de Haro, Mazarino y Velázquez entre otros.

Si seguimos por la A63 hacia el norte llegamos con facilidad a San Juan de Luz. Este pueblecito vasco de antiguos marinos balleneros conserva vestigios del viaje que realizó Luis XIV al suroeste de sus dominios en 1660. Como es de imaginar, en el siglo XVII cuando un monarca viajaba lo hacía con un enorme cortejo y se acondicionaban edificios para que el rey se sintiese como en Versalles...

En el centro de San Juan de Luz podemos ver la llamada Maison de Luis XIV, un palacete construido en 1643 por un rico armador vasco de nombre Juan de Lohobiague. En mayo de 1660, el Rey Sol se hospedó en aquel lugar antes y después de su entrevista con el monarca español en la Isla de los Faisanes. La casa, que hoy es una residencia privada, pertenece desde el siglo XVII a la misma familia. Es curioso contemplarla desde fuera y también se puede acceder a algunas habitaciones donde pueden verse vestidos y vajilla de la época.


 Algunas vistas de la Casa de Luis XIV en San Juan de Luz

Junto al puerto, podemos ver también la Casa de la Infanta, es decir, la residencia donde se alojó Maria Teresa de Habsburgo con su cortejo tras cruzar el Bidasoa para convertirse en reina de Francia. Se trata de un bellísimo palacio rosado flanquado por dos torres de planta cuadrada y muy próximo a la Casa de Luis XIV.

 Casa de la Infanta de España junto al puerto

Pero esto no acaba aquí puesto que la boda se tuvo que celebrar en algún sitio. El lugar fue la modesta iglesia de San Juan Bautista, en pleno centro de la localidad, que fue completamente reformada para el enlace. Su aspecto externo es muy sobrio y muchos creen ver en él el caso invertido de un barco. El interior presenta una profusa decoración barroca con un retablo imponente. Como curiosidad es interesante mencionar los balcones interiores que presenta el templo, como si se tratase de un teatro, todo acorde con la pompa y la escenografía de la Corte de Luis XIV.

 Torre de la iglesia de San Juan Bautista, donde se realizó el enlace entre la española y el francés

La importancia que tuvo Luis XIV para San Juan de Luz, un pueblecito vasco de pescadores convertido por unos meses en la Corte del Rey Sol se refleja en la estatua en bronce que adorna la entrada al Ayuntamiento de la villa. El ayuntamiento, por cierto, se encuentra junto a la Casa de Luis XIV.  

 Estatua de Luis XIV a caballo en la entrada del Ayuntamiento de San Juan de Luz

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA NAVE DEL ESTADO

¡Tú también, sigue navegando, oh Nave del Estado!
¡Sigue navegando, oh Unión, fuerte y grande!
¡La humanidad, con todos sus temores,
con toda la esperanza en los años venideros,
está sin aliento, pendiente de tu destino!

Platón (s. V a.C.)

Estas fueron las palabras que el presidente Roosevelt envió en una carta a Winston Churchill el 20 de enero de 1941. Las acompañaba diciendo: "Me parece que este verso puede aplicarse tanto a su pueblo como a nosotros". La metáfora del Estado como un gran barco en el que cabe la nación, en el que el gobierno controla el timón y surca los océanos de la Historia es, sin duda, maravillosa.

En estos días en los que nuestro Estado atraviesa sus horas más oscuras de, al menos, los últimos treinta y cinco años, se me vienen una y otra vez estas palabras a la cabeza. El historiador británico Norman Davies afirma que los Estados nacen, se desarrollan, envejecen y mueren. Como si se tratasen de un organismo vivo, pasan por horas de plenitud y declive. Algunos sobreviven más y otros menos. El Imperio Romano de Oriente vivió durante casi mil años hasta que sucumbió al avance de los turcos en 1453; la República de Rutenia, sin embargo, apenas sobrevivió un día, allá por 1939.

Es impensable que un organismo vivo no luche por su supervivencia. Nadie podría entender que la tripulación de un navío no tratase de llegar a puerto al descubrir que este se va a pique. ¿Quién puede dudar entonces de que cualquier Estado no intente defenderse de sí mismo?

Más aún cuando el mal que lo acecha, lo que trata de acabar con él, se encuentra dentro del propio Estado, de la propia nación. Cuando el mal es un cáncer que trata de destruir al Estado desde dentro, de devorarlo poco a poco hasta desmembrarlo. ¿No es lógico que el Estado trate de curarse, de reponerse?

Bien, pues esto es lo que el Estado Español trata de hacer desde hace semanas. Un sector de nuestro propio ser colectivo está intentado de forma reiterada destruirnos a nosotros mismos aprovechando, precisamente, los resortes y las instituciones que les brinda la estructura estatal. El independentismo se está aprovechando de las garantías del Estado de Derecho para acabar con él.

Pero no nos engañemos, el Estado, nuestro Estado, tienen todas las armas necesarias para detener el cáncer que lo come por dentro. Desde la legitimidad de la democracia hasta la fuerza bruta del ejército. Si la tripulación del navío se muestra decidido a no tolerar ultrajes como los cometidos en las últimas semanas por algunos individuos y organizaciones, la fuerza del Estado es imparable.

Si exceptuamos Portugal y, quizá, los Países Bajos, ninguna unidad territorial ha permanecido inalterable desde hace tanto tiempo como España. Desde comienzos del siglo XVIII no ha sufrido pérdidas o incorporaciones territoriales de relieve. Y si obviamos Gibraltar, esto no ocurre desde la Paz de los Pirineos de 1659. Ningún Estado ha sido tan fuerte como el español y ninguno, tampoco, ha sido tan débil como éste. Y, sin embargo, siempre ha sobrevivido. 

Pero es que, además, los argumentos de los rebeldes se desmoronan porque el Estado que pretenden destruir es perfectamente democrático; un Estado Social y de Derecho, garantista incluso con aquellos que quieren acabar con él. Sería legítimo, por ejemplo, luchar contra un régimen dictatorial, contra un Estado opresor o contra un Estado colonialista pero no contra un Estado como el español del siglo XXI.

¿Qué país del mundo toleraría que lo troceasen? ¿Qué país del mundo no protegería o trataría de proteger su integridad territorial? El caso del Reino Unido no es ejemplo válido puesto que el referéndum de independencia de Escocia en 2014 fue una apuesta personal del primer ministro británico D. Cameron para reforzar su posición dentro de su propio partido. Tampoco vale el ejemplo canadiense, donde el Acta Constitucional, permite este tipo de referéndums al tener en cuenta el engendro territorial que es el propio país, una agregado de territorios dispares colonizados sucesivamente por Francia e Inglaterra desde el siglo XVI.

¿Qué hizo EE.UU. cuando Texas y California pidieron referéndums de autodeterminación hace unos años? ¿Como respondió Alemania cuando Baviera hizo lo propio? ¿Qué hace Francia con los casos de Córcega y Bretaña? La respuesta a todas las preguntas es la misma: ignorar las peticiones. ¿Alguien se imagina al gobierno de Washington permitiendo la secesión de Texas o de California? ¿Y a Berlín dando carta blanca para la independencia de Baviera? Es impensable.

¿Y cómo evitarlo? Quizá el mal de nuestro Estado es no haber atajado el problema de raíz cuando se presentó a primera hora. Pero, en cualquier caso, tiene todas las herramientas disponibles a su disposición. Y la palabra "todas" tiene cualquier significado y connotación que se le quiera dar y que no merece mencionar aquí.

Nuestro Estado sobrevivirá. Quizá embarranque y atravesemos por momentos duros pero a la integridad del Estado le asiste el Derecho y a nuestras leyes las ampara la Democracia; una democracia auténtica y verdadera. La razón está del lado de la justicia, de la tolerancia y de la solidaridad. Y a todo ello da cobijo el Estado Español actual. Por eso, a pesar de todo, nuestro barco seguirá navegando. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

RAMIRO II "EL MONJE" Y LA CORONA DE ARAGÓN

Ramiro II "el Monje"


Si uno fisgonea un poco en la Historia medieval se dará cuenta de que se trata de una prolongada serie de conflictos personales, rivalidades, alianzas y traiciones. El destino de los reinos se confunde con el de sus soberanos y las dinastías, las familias reinantes, se entrecruzan como ocurre en las telenovelas sudamericanas. Hoy quiero contaros la historia de un monje convertido en rey que hizo posible el surgimiento de uno de los Estados más importantes de la Europa Medieval: la Corona de Aragón.

A principios del siglo XI, la Península Ibérica era un mosaico de reinos cristianos que competían entre sí y contra los sucesivos poderes musulmanes asentados en Al-Ándalus. En el nordeste se encontraban el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona, cada uno con sus soberanos. En Aragón reinaba la estirpe de Ramiro I (1034 - 1063), primer monarca aragonés; mientras que en la zona catalana lo hacía la estirpe que en el siglo IX fundase Wifredo el Velloso tras romper los lazos con los francos del norte.

Desde 1104 reinó en Aragón Alfonso I, conocido como "el Batallador", que impulsó la expansión hacia el Valle del Ebro y reconquistó Zaragoza (1118). Se casó con la reina Urraca de Castilla; con la que tuvo un matrimonio algo complicadillo (por no decir que no se aguantaban). Como no tuvieron descendientes, a su muerte, en 1134, dejó dispuesto que sus dominios (Aragón) quedaran bajo el poder de las órdenes militares. Pero los nobles aragoneses no lo permitieron y ofrecieron la corona a su hermano Ramiro, que entonces era obispo de Roda.

Claro está, en cuanto Ramiro "el Monje" se enteró de que era el sucesor de la corona aragonesa se apresuró a abandonar su puesto eclesiástico y corrió a encontrar una esposa. La afortunada fue Inés de Poitou, elegida porque se la consideraba una mujer muy fértil. Lo que buscaba el monje era engendrar descendencia lo antes posible (que es el primer deber de todo buen monarca, por otra parte). El enlace tuvo lugar en la Catedral de Jaca en 1135.

A todo esto, Castilla y Navarra, con el beneplácito de la Iglesia, atacaron Aragón porque no admitían la sucesión. Ramiro II tuvo que huir hacia el este, es decir, hacia Cataluña. Allí, el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV (1113 - 1162) que, por entonces, tenía 22 años, ayudó a Ramiro II a recuperar el trono aragonés. Corría el año 1137

En agradecimiento, Ramiro II ofreció a su única hija Petronila como esposa al conde de Barcelona. La niña había nacido en 1136 con lo que contaba apenas un año de edad. Se firmaron en Barbastro las capitulaciones matrimoniales en las que se recogía la unificación del Reino de Aragón y el Condado de Barcelona aunque ambos territorios mantendrían sus propias instituciones, tradiciones y leyes. Petronila sería la reina de Aragón mientras que Ramón Berenguer IV quedaba como princeps.

El rey Ramiro II debío de pensar que no tenía que hacer nada más así que cedió el poder a su yerno y se retiró a un monasterio en Huesca recuperando su vida monacal. Su esposa, Inés de Poitou, cumplido el trámite de la descendencia, volvió a Francia (su país de origen). La niña Petronila quedó bajo custodia de su esposo y fue educada en Barcelona. 

El matrimonio entre Petronila y Ramón Berenguer IV se consumó catorce años después. En la práctica Ramón Berenguer IV gobernaba Cataluña y Aragón al tiempo que metía sus regias narices en Castilla y León, donde había mandado a su hermana Berenguela para casarse con el rey Alfonso VII. Como bien puede verse, nada tiene que olvidar esta historia al intrincado argumento de "Juego de Tronos", por ejemplo...

Del matrimonio entre Aragón y el Condado de Barcelona nació la llamada "Corona de Aragón", aunque nunca se empleó ese término en el Medievo. Del matrimonio entre Petronila y Ramón Berenguer nacieron nada menos que cuatro niños y una niña.

Ramón Berenguer murió en 1162 con cuarenta y nueve años; su esposa Petronila lo hizo en 1173 con tan sólo treinta y siete. Los sucedió su hijo Ramón Berenguer quien, al acceder al trono, cambió su nombre catalán por el de Alfonso, en memoria del hermano de su abuelo, Alfonso I el Batallador.

Alfonso II de Aragón y I de Barcelona fue el primer soberano de la Corona de Aragón. A partir de entonces una larga lista de monarcas se titularían doblemente "reyes de Aragón" y "condes de Barcelona", impulsando la influencia catalano-aragonesa o aragonesa-catalana por todo el Mediterráneo Occidental. Después se incluirían nuevos territorios como el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca.

Territorios bajo control de Ramón Berenguer IV en la Península Ibérica



Y todo este lío viene porque un día como hoy, 16 de agosto, pero del año 1157 murió aquel que hizo posible el surgimiento de la Corona de Aragón: Ramiro II "el Monje".



  

domingo, 13 de agosto de 2017

TENOCHITLÁN: 13 DE AGOSTO DE 1521



El 13 de agosto de 1521, la capital azteca de Tenochitlán se rindió a las tropas españolas de Hernán Cortés. Todo el imperio de los méxicas quedaba en manos de los conquistadores europeos y la monumental capital, arrasada por completo. Sobre sus cenizas, Hernán Cortés fundaría de inmediato la Ciudad de México, capital del nuevo Virreinato de Nueva España.

Este es, sin duda, uno de los grandes episodios de la Historia de España: el inicio de la conquista de la América Continental. Pero todas las grandes hazañas del pasado esconden una parte no tan épica. Una parte oscura, poco heroica, se presenta tras la evocadora (casi mítica) idea simplificada que se nos viene a la mente cada vez que recordamos, por ejemplo, la conquista de México por los españoles.

Hernán Cortés partió de Cuba el 10 de febrero de 1519 en dirección al continente con una armada compuesta por unos 550 soldados. Pero su expedición no había sido autorizada por el gobernador de la isla, Diego Velázquez. Poco importó este pequeño detalle al extremeño que, decidido, puso rumbo a la isla de Cozumel donde encontró a un español, llamado Jerónimo de Aguilar, que llevaba ocho años viviendo con los indígenas.

Después, la expedición recorrió la costa del Yucatán donde entabló contactos con los indígenas. Por cierto, por aquellas tierras, Hernán Cortés conoció a la que sería su amante, compañera y esposa, la Maliche, una indígena que sería bautizada como Marina poco después. Doña Marina ayudó a los españoles en la conquista de México  haciendo las funciones de traductora, como puedes leer aquí.

Por entonces, Diego Velázquez había declarado traidor y prófugo a Cortés desde Cuba. Además, Moctezuma, soberano del Imperio Azteca, ya sabía de la llegada de extraños a las cercanías de su imperio. Moctezuma envió más de una vez, emisarios a Cortés preguntándole, primero, cuáles eran sus intenciones y, después, ofreciéndole regalos para que se marchase..

Pero Cortés estaba decidido a hacer algo grande y siguió adelante a pesar del gobernador de Cuba y del soberano azteca. Fundó la ciudad de Veracruz y, para evitar que sus hombres retornasen a Cuba, ordenó estrellar los navíos contra los acantilados. Ya no había marcha atrás: la única opción era internarse en el continente.

¿Cómo es posible que 550 españoles, por muy bravos y fieros que fuesen, lograsen conquistar un imperio bien organizado de 25 millones de habitantes? La realidad el Imperio Azteca esta dominado por los méxicas y habitado por multitud de pueblos sometidos a su poder. Lo que hizo Cortés fue ganarse la confianza de todos esos pueblos que odiaban el yugo méxica.

El Imperio Azteca no era precisamente un paraíso de convivencia y paz sino el fruto del expansionismo de un pueblo que había sometido militarmente a otros. Estos pueblos debían pagar cuantioso tributos que, incluían, por supuesto, hombres para sacrificios humanos.

El caso es que, poco a poco, Cortés engrosó sus tropas a base de indígenas y avanzó por en dirección a la capital imperial. Tenochitlán era una ciudad monumental situada en una zona pantanosa (el lago Texcoco). Se accedía a ella a través de cuatro largos puentes. El ocho de noviembre de 1519 entraron, por fin, en la capital y Moctezuma los recibió con una ceremonia espectacular.

El tlatoani (señor) azteca y, en general, todos los líderes méxicas no se enteraron muy bien de qué ocurría. De hecho, se pensaban que los españoles eran descendientes de Quetzalcoatl, una divinidad que había marchado hacia el este (justo de donde venían los españoles). El caso es que los conquistadores fueron recibidos con gran hospitalidad, se ordenó que no se les hiciese ningún daño y hasta se les mostró los dominios y las riquezas del país. Podemos imaginar las caras de los harapientos españoles cuando contemplaban los enormes templos del centro de Tenochitlán y las riquezas que se acumulaban en su interior.

Moctezuma sólo comprendió que los españoles buscaban la destrucción de su imperio con la insistencia de Cortés de que olvidase sus dioses y abrazase la fe cristiana. Hernán Cortés, consciente de la debilidad de su posición, ordenó el arresto de Moctezuma en su palacio pero, en ese momento, conoció la llegada de tropas a la costa con ordenes de detenerle. Diego Velázquez había movido ficha y no iba a permitir que Cortés se saliese con la suya.

Cortés marchó entonces a Veracruz dejando en Tenochitlán un grupo de hombres al mando de Alvarado. En la costa, tras una escaramuza, convenció a los recién llegados de la gran oportunidad que se presentaba ante ellos: la conquista de una tierra riquísima.

Cuando regresaron a Tenochitlán la situación había cambiado y los aztecas se mostraban hostiles hacia los españoles. ¡Qué diferencia con la primera vez que entraron en la ciudad! Una multitud se manifestaba delante del palacio de Axayácatl donde se atrincheraban los españoles y donde estaba preso Moctezuma. Los españoles decidieron que Moctezuma saliese a una terraza y pidiese a sus súbditos que se calmasen pero, cuando lo hizo, le abrieron la cabeza con una piedra. A los pocos días el tlatoani murió.

La situación de los españoles era insostenible y el 30 de junio de 1520 Cortés ordenó la evacuación de la ciudad. Este episodio es de todo menos honroso: los españoles huyeron de la ciudad aprovechando la noche y sabiendo que una batalla contra los méxicas supondría su aniquilación. En la huida cargaron con todo el oro que pudieron y que, por supuesto, fueron perdiendo por el camino cuando los indígenas les atacaron. Cientos de españoles y miles de indios aliados perecieron aquella noche, la Noche Trieste...

Los españoles huyeron a Tlaxcala, una región aliada, pero volvieron a encontrarse con sus perseguidores en Otumba, donde les derrotaron. Lejos de Tenochitlán, Herán Cortés planeó el retorno y la definitiva conquista.

En abril de 1521 los españoles sitiaron la capital azteca. La conquista fue posible gracias a las alianzas con otros pueblos indígenas, la disciplina de las tropas españolas y el uso de pequeños bergantines botados en el lago Texcoco. Has leído bien, los españoles construyeron barcos para sitiar Tenochitlán. 

La resistencia azteca fue heroica. El jefe militar de Tenochitlán, Cuautemoc fue decisiva y sólo rindió la ciudad cuando era absolutamente imposible la resistencia, que había sido llevada hasta el límite. En sus "Cartas de Relación", enviadas al emperador Carlos V, Hernán Cortés dice que "murieron más de cincuenta mil ánimas". La guerra cesó el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito:

"De manera que desde el día que se puso cerco a la ciudad... hasta que se ganó, pasaron setenta y cinco días, en los cuales vuestra majestad verá los trabajos, peligros y desventuras que éstos sus vasallos padecieron [los conquistadores españoles], en los cuales mostraron tanto sus personas, que las obran dan buen testimonio de ello"

Como puedes imaginar, Tenochitlán quedó completamente destruida pero Cortés inició de inmediato su reconstrucción. Se fundó así la Ciudad de México, capital de la Nueva España, el primer virreinato español en el Nuevo Mundo.