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sábado, 23 de agosto de 2014

LOS TRATADOS DE PAZ

CONSECUENCIAS POLÍTICAS Y TERRITORIALES DE LA GUERRA

"Conocemos la fuerza del odio que aquí nos enfrenta. Se nos pide que nos reconozcamos responsables únicos de la guerra. Si saliera de mi boca tal reconocimiento, estaría mintiendo."

G. U. von Brockdorff-Rantzau, 
ministro de exteriores de Alemania 
en las "negociaciones" de paz de Versalles.


Lloyd George (G.B.), Orldando (It.), Clemenceau (Fr.) y Wilson (EE.UU.) en Versalles (1919)

A comienzos de 1919 la guerra había terminado pero la paz y la tranquilidad estaban lejos de llegar a Europa. El continente estaba devastado, las naciones estaban rotas y el caos se extendía desde el Atlántico a los Urales. Había llegado el momento de reconstruir un orden internacional completamente nuevo y muy diferente al de 1914. Pero la tarea no iba a ser fácil dadas las consecuencias y los enormes dramas que había provocado el conflicto. La Europa posterior a la Primera Guerra Mundial iba a ser muy distinta a la de comienzos del siglo XX.

El Imperio Ruso estaba destruido y el nuevo País de los Soviets era un protagonista incómodo en el panorama internacional. Aislada por todos los demás países, la Rusia Soviética no participó en los acuerdos de paz mientras en su interior se libraba una cruenta guerra civil entre bolcheviques y blancos. El Imperio Alemán y el Imperio Austro-Húngaro también habían saltado en mil pedazos. Alemania se había convertido en república y del viejo imperio de los Habsburgo había nacido múltiples nuevos y pequeños países.

Al mismo tiempo, en Francia, Gran Bretaña e Italia (los vencedores de la guerra) la situación no era mucho mejor. La agitación social y las ideas comunistas se extendieron imitando el ejemplo de la Rusia Soviética. Hubo huelgas y manifestaciones obreras en Francia e Italia mientras que en Gran Bretaña, el Partido Laborista (de ideología socialista) alcanzaba el 20% de los votos en las elecciones de 1918.

En medio de este contexto, los principales líderes europeos y el presidente norteamericano W. Wilson se reunieron en París para alcanzar unos acuerdos que trajeran una paz duradera a Europa. Los retos eran inmensos: había que acabar con el caos territorial generado por la guerra que en este y el centro de Europa, frenar la expansión del comunismo, satisfacer las demandas territoriales de los vencedores y asegurar que la guerra no se reanudase.

Las conversaciones se iniciaron en el Palacio de Versalles de París donde los líderes de las potencias vencedoras diseñaron los acuerdos de paz. Destacan el presidente norteamericano antes nombrado; el primer ministro de Gran Bretaña, D. Lloyd George; el primer ministro francés, G. Clemenceau; y (en menor medida) el primer ministro del Reino de Italia, V. E. Orlando. No participaron de momento los representantes de las potencias vencidas lo que acentuó el sentimiento de imposición de la paz y la humillación de los vencidos. No había nada que negociar porque todo estaba decidido. Así lo pensaban los aliados y así se hicieron los acuerdos de paz.

El primero y más importante fue el Tratado de Versalles, con Alemania, firmado el 28 de junio de 1919. Mientras EE.UU. pretendió reducir los duros artículos del acuerdo, Gran Bretaña pretendía mantener si hegemonía en los mares y Francia buscaba debilitar lo máximo posible a Alemania ante el temor a una nueva invasión.

En el artículo 231, denominado "delito de guerra", Alemania era reconocida como la única responsable de la guerra, algo que indignó a la delegación germana que acudió a firmar el tratado. Por ello, en principio se negaron a hacerlo, pero ante la amenaza de los aliados de reanudar la guerra, algo imposible para los ejércitos alemanes, se vieron obligados a asumir un tratado completamente humillante. Esta situación provocó una crisis de gobierno en Alemania porque ningún partido quiso asumir la humillación de firmar el Tratado.

Además, por el Tratado de Versalles Alemania perdía los territorios imperiales de Alsacia y Lorena, que eran devueltos a Francia; los franceses también obtuvieron el control de las ricas minas del Sarre durante quince años, con la promesa de que después de ese periodo, se celebraría un referéndum para determinar la vuelta de este territorio a Alemania o su independencia.

No fueron los únicos territorios que perdió Alemania: Eupen y Malmedy pasaron a Bélgica y Schelswig a Dinamarca; la Alta Silesia, Posnania y el pasillo de Danzing que formaba parte de la Prusia Oriental pasaron a Polonia, que era reconocida como país independiente. También fueron reconocidos como Estados Independientes todos los territorios segregados de Rusia en 1918 y que habían estado desde ese momento ocupados militarmente por los Imperios Centrales: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y la propia Polonia.

Se prohibió a Alemania su unión con la recién proclamada República de Austria, con la que compartía lengua, raza, cultura y un sentimiento nacional. Además, Alemania perdía todas sus colonias, que pasaron a ser administradas por las distintas potencias.

El ejército alemán fue reducido a sólo 100.000 soldados, se suprimía el servicio militar obligatorio y Renania era desmilitarizada. De esta forma, Francia trataba de crear un territorio que sirviese de colchón ante un nuevo ataque germano. Por último, en Versalles se estipuló la entrega de toda la flota teutona a los aliados aunque los marineros alemanes, antes que sufrir semejante humillación, la hundieron en Scapa Flow (en las Islas Orcadas, en Escocia).

Pero sin duda, uno de los artículos del Tratado que más daño harían en la moral alemana y que más repercusiones tendría en el futuro fue el 233 por el que se establecía la obligación de reparar los daños causados. Alemania debía pagar indemnizaciones de guerra para reparar los perjuicios causados en la contienda. La cantidad total no se fijó hasta la Conferencia de Londres de 1921 en la que se acordó que Alemania debía abonar 6.500 millones de libras más intereses. Esta cantidad era desorbitada y lastraba el crecimiento económico y la recuperación de la sociedad alemana. Alemania terminó de pagar estas indemnizaciones a los aliados en 2010.

El 10 de septiembre de 1919 se firmó el Tratado de Saint Germain entre los Aliados y Austria. El nuevo Estado perdía enormes extensiones de terreno y una parte no menos importante de población. El Viejo Imperio Austro-Húngaro fue desmantelado completamente. Algunos territorios de Austria pasaron a Italia como el Bajo Tiról, Trieste e Istria mientras que otros como Bohemia y Moravia configuraron la nueva república de Checoslovaquia. El ejército austriaco fue reducido a 30.000 soldados y se prohibió a la nueva república su unión con Alemania.

Hungría, que se había separado definitivamente de Austria debió firmar un tratado con los aliados el 4 de junio de 1920 para alcanzar el reconocimiento internacional y la paz con las principales potencia europeas. Perdió dos terceras partes de su territorio: Transilvania pasó a Rumanía, Checoslovaquia recibió Eslovaquía y Rutenia y el nuevo Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia) obtuvo Croacia, Eslovenia, Dalmacia, Bosnia y otros territorios menores. Serbia había conseguido su objetivo al adquirir también Montenegro mientras que Italia no veía colmadas sus apetencia territoriales porque Albania se constituyó como Estado Independiente.

El 27 de noviembre de 1919 Bulgaria firmó el Tratado de Neuilly por el que perdía la Tracia Mediterránea que pasaba a Grecia aunque conservaba una salida al mar Negro. También se limitaba el número de soldados de su ejército que quedó en 20.000.

Finalmente, el 10 de agosto de 1920 se firmó el Tratado de Sèvres con Turquía. El viejo Imperio Otomano estaba en proceso de desintegración y los aliados buscaban repartirse sus territorios en Mesopotamia y Arabia. El Tratado de Sèvres estipulaba que sus posesiones pasaban a depender de la Sociedad de Naciones (SDN), que la costa este de Anatolia pasaba a ser controlada por Grecia, que se debía internacionalizar los Estrechos y que el Kurdistán adquiría autonomía y Armenia la independencia. Su ejército quedaba también reducido a 50.000 hombres. Sin embargo, la dureza del tratado provocó el levantamiento de los nacionalistas turcos, que destronaron al sultán Mohamed VI e iniciaron una guerra contra los aliados para recuperar los territorios perdidos en Anatolia que se extendió hasta 1923.

Los nacionalistas turcos, liderados por Mustafá Kemal, "Atatürk" (padre de los Turcos), recuperaron todos los territorios perdidos en Anatolia, expulsando a griegos, franceses e ingleses de Asia Menor. Esta situación obligó a modificar el Tratado de Sèvres que fue sustituido por el de Lausanne en 1923. Por este tratado, la nueva República de Turquía recuperaba toda Anatolia, Armenia, el Kurdistán y la Tracia Oriental. En contrapartida, Turquía renunciaba a los territorios de Arabia y Mesopotamia, que para entonces ya se encontraban en manos de franceses e ingleses.

El mapa de Europa en 1920 era completamente distinto al de diez años antes. Los tratados de paz habían desmembrado cuatro imperios y habían dado a luz un rosario de nuevas repúblicas. Pero lo más grave fue que los tratados no satisficieron a nadie y esto traería terribles consecuencias en el futuro.  


Cambios en el mapa de Europa (pincha en los mapas para verlos más en detalle):

En 1914

En 1920



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lunes, 18 de agosto de 2014

2,000 YEARS OF THE DEATH OF EMPEROR AUGUSTUS



Augustus, the first emperor of Rome


During the year 2014 Europe has celebrated several anniversaries of important historical events which took place in our continent. Everybody knows that the First World War began a hundred years ago because there have been many TV programmes and political events about that. Furthermore, 2014 is also the 75th anniversary of the beginning of the Second World War and the 25th anniversary of the fall of the Berlin Wall (it was happened in 1989). But, unfortunately, its unknown for most of the people the anniversary of the death of the first Roman emperor, Augustus, on 19th August 14 AD

Gaius Octavius was born in Rome in 63 BC and he was adopted by his great-uncle Julius Caesar who chose him as his heir in 45 BC. The following year, in 44 BC, Julius Caesar was assessinated by several senators. One of the Caesar's generals, Mark Antony, ordered the murders to leave Rome. However, Octavius, 19 years old, decided to recover his uncle's rights to rule the Republic of Rome and this fact caused problems with Mark Antony.

Octavius and Mark Antony were forced to come to an agreement when some of the murders of Caesar take control of the Eastern provinces of Rome. Both Octavius and Mark Antony, together with Marcus Lepidus formed the Second Triumvirate in 43 BC. They defeated the republicans (name to refer the murders of Caesar) and divided the territories ruled by Rome: Mark Antony received the Eastern provinces and the Gaul, Octavius take control of Italy and the Western provinces (after that, he also received the Gaul) and Lepidus was in charge of the African provinces.

In spite of this agreement, Octavius could take Roma under his control. In 33 BC, he was elected consul whereas Mark Antony fell in love with the queen of Egypt, Cleopatra. Octavius took advantage of this situation because his sister was the Mark Antony's wife so he used this excuse to declare war on Mark Antony's territories. He persuaded the Roman Senate of the bad intentions of Mark Antony who, according to Octavius, wanted to separte the Eastern provinces from the rest of the Roman Empire. Even Lepidus supported the Octavius' theory so everybody in Rome thought that the general wanted to destroy the Republic.

Octavius organised a navy steered by Agripa which defeated Mark Antony and Cleopatra in the Battle of Actium in 31 BC. Mark Antony and Cleopatra ran away but then, they comitted suicide. The following year, Octavius conquered Egypt and, after driving Lepidus into exile, he united all the Roman territories in his hands. Octavius ruled over the whole Empire but the Empire didn't exist yet because it was still a Republic!

Some years later, in 27 BC, the Senate elected Octavius as Augustus (which means venerable or majectic) and Princeps (the first citizen of Rome). Finally, he was elected Emperor of Rome. But, why?

Octavius had lived in a caotic Rome where several generals (such as Pompeius or his father Julius Caesar) had wanted to take the Republic under their control but this had caused cruel civil wars. He realised that it was necessary to take the power without destroying the rights of the Senate, the Army and the people of Rome. And Octavius did it: he brought peace to Rome and he respected the privileges of all different groups of Roman society.

Because of that, Augustus was considered the Emperor of Peace and the Saviour of Rome. He transformed the old Republic and adapted its institutions to new circumstances. He reorganized the Roman government, the provinces and the tax system. He also ordered Roman citizens to respect the old customs and the Roman religion. One of the main aims of the Augustus' government was to bring peace to all the provinces of Rome. He also conquered new territories which were annexed to the Empire, such as the Northern lands of Hispania. Peace brings progress, prosperity and wealth to Rome so this period is called "Pax Augusta".

Augustus respected the rights of the Army and increased the salary of the soldiers. He created a permanent Army of twenty eight legions and used the Caesar's system to distribute fields among veterans. Augustus also had good realtions with the Senate in spite of being firmly controlled by the Emperor because the aristocracy kept his privileges.

The time of Augustus was also brilliant in culture, literature and economy after the caos caused by the civil war. When he died, 2,000 years ago, on 19th August 14 AD, the Roman Empire (it was already a real Empire) was consolidated and the following two centuries were really brilliant. His stepson, Tiberius, inherited the Empire and he tried to keep on the way of government created by his father although it was not an easy work and he found some problems.

Nowadys, Octavius Augustus is thought to be the creator of the Roman Empire and this is the reason why Italy and Europe remember the anniversay of his death.   



Ruins of Imperial Rome
    

jueves, 7 de agosto de 2014

EL FINAL DE LA GUERRA

EL FRENTE OCCIDENTAL ENTRE AGOSTO Y NOVIEMBRE DE 1918

En las ofensivas que el ejército alemán había lanzado contra los aliados entre marzo y julio de 1918 habían perecido más de un millón de soldados germanos. El total de bajas alemanas desde 1914 ascendía a 4.500.000 y no había en el país hombres suficientes para sustituir las pérdidas. Divisiones enteras habían desaparecido y kilómetros de trincheras alemanas estaban abandonadas porque, simplemente, no había quien las defendiese. El esfuerzo económico, militar y sobre todo humano que había hecho el Reich era excesivo.

En el otro bando, las fuerzas aliadas no paraban de aumentar. A los franceses y británicos se sumaron los estadounidenses que cada mes enviaban a 200.000 ó 250.000 hombres a Europa. No obstante, las pérdidas de los aliados también eran enormes ya que entre marzo y noviembre de 1918 perecieron más de 1.500.000 soldados. Además, aunque los altos mandos franceses, británicos y americanos eran conscientes de que habían tomado la iniciativa en la guerra, pensaban que la situación de los ejércitos del Reich no era tan desesperada, dada la resistencia que oponían a su avance. A todo ello hay que añadir que las fuerzas estaban también diezmadas. Si los alemanes habían reducido el número de unidades, también lo hicieron por falta de hombres los franceses y los británicos.

La situación de los aliados era tan delicada que las autoridades francesas y británicas pidieron al presidente de EE.UU., W. Wilson, que enviase "urgentemente cuatro millones de soldados a Europa". La petición era descabellada para los EE.UU. pero no para los gobiernos europeos que veían cómo podían planificar ofensivas pero no había soldados que las llevasen a cabo. En cualquier caso, las ofensivas aliadas llevadas a cabo entre agosto y octubre de 1918 hicieron retroceder de forma imparable a los alemanes. A finales de octubre la mayor parte del territorio francés ocupado durante la guerra había sido liberado y ya se combatía en Bélgica.

Ofensivas aliadas entre agosto y noviembre de 1918

Por otra parte, Wilson había propuesto sus famosas "Catorce tesis" que llevaban a "una paz sin victoria". A primera vista era un plan brillante pero la realidad era muy distinta y ningún contendiente quería una paz sin vencedores ni vencidos:


  1. Convenios abiertos y no diplomacia secreta en el futuro.
  2. Libertad en los mares.
  3. Eliminación de barreras económicas.
  4. Reducción de los armamentos nacionales.
  5. Derecho de autodeterminación de los pueblos.
  6. Evacuación del territorio ruso.
  7. Restauración de la soberanía de Bélgica.
  8. Liberación del territorio francés y de los perjuicios causados en 1871 (Devolución de Alsacia y Lorena).
  9. Reajuste de las fronteras italianas.
  10. Derecho de autodeterminación para los pueblos del Imperio Austro-Húngaro.
  11. Evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro.
  12. Desarrollo de las nacionalidades del Imperio Otomano y apertura del estrecho de Dardanelos.
  13. Declaración de Polonia como Estado Independiente con salida al mar.
  14. Creación de una Sociedad de Naciones para solucionar conflictos por la vía diplomática.


Ante la dramática situación interna, las autoridades del Reich decidieron aceptar las tesis del presidente de EE.UU. para evitar una humillante derrota. En esta situación, el alto mando alemán decidió que su Gobierno pidiera un alto el fuego. Esta decisión supuso un gran alivio para la población alemana que había visto cómo los generales Hindemburg y Ludendorff se habían opuesto desde el verano a un cese de hostilidades, confiados en que aún era posible ganar la guerra. 

Era octubre de 1918 y la noticia se extendió por el Reich. Era la oportunidad que muchos esperaban para comenzar una revolución. El 29 de octubre se produce el primer motín naval en el puerto de Kiel. Es controlado y 600 marineros son encarcelados. Sin embargo, entre el 4 y el 9 de noviembre soldados y marineros se levantaron contra la guerra. Más de 100.000 amotinados en todo el Reich bloquearon buques, submarinos, ferrocarriles y camiones. 

Combates en Berlín entre revolucionarios y fuerzas gubernamentales. Noviembre de 1918


Al mismo tiempo, los revolucionarios proclamaron el Estado Bolchevique de Baviera y días después, entre el 8 y el 9 de noviembre, las tropas amotinadas controlaban las principales ciudades del Reich. Ese mismo día 9 de noviembre se proclamó la República de Weimar y el káiser, incapaz de controlar la situación, decidió abdicar y marchó al exilio en los Países Bajos. Era el final del Reich y el nuevo gobierno de la República se dispuso a solicitar la paz a los aliados.

La solicitud del alto el fuego pilló desprevenidos a los aliados. Ahora los alemanes deseaban detener la lucha y esto les permitía poner sobre la mesa todas sus demandas. Días después comenzaron los preparativos para detener la guerra.

El ocho de noviembre una delegación alemana llegó a la ciudad francesa de Compiègne, donde fue recibida en un vagón por el mariscal francés Foch en nombre de los aliados. La delegación alemana estaba liderada por Erzberger, un político que siempre se había opuesto al militarismo del Kaíser y que, con su exilio, se había convertido en uno de los hombres fuertes de la recién nacida República de Weimar.

Erzberger se dirigió a Foch y le dijo que le gustaría tener propuestas de paz de parte de los aliados. El mariscal francés le respondió que no tenía ninguna propuesta. Otro delegado alemán añadió: "Estamos esperando su respuesta de parte de los aliados". Se hizo el silencio. Seguidamente, Foch espetó: "¿Desean un alto el fuego? Si lo desean entonces les hablaré de nuestras demandas?". Seguidamente, pidió a un subordinado que leyera las demandas en francés. Fueron las que siguen:


  • Rendición incondicional de Alemania.
  • Desocupación inmediata de todo el territorio ocupado
  • Desocupación inmediata de la orilla occidental del Rin
  • Dejar libre una cabeza de puente hacia territorio alemán
  • Devolución de todos los prisioneros de guerra
  • Entrega inmediata de 5.000 cañones, 25.000 ametralladoras, 3.000 morteros, 1.700 aviones y todos los submarinos
  • Internamiento de toda la flota alemana
  • Pago del coste de un ejército aliado de ocupación en Alemania
  • Restauración de todo el daño causado en los territorios ocupados por los alemanes
  • Entrega de 5.000 locomotoras totalmente utilizables, 15.000 vagones y 5.000 camiones
  • El bloqueo económico a Alemania iba a continuar de momento
Ante semejantes condiciones, los alemanes quedaron sorprendidos e indignados pero el mariscal Foch les advirtió que no eran negociables. Debían aceptarlas o rechazarlas todas. Esta situación perjudicaba gravemente a Alemania que se veía humillada. No había posibilidad de negociación y recibiría el trato de enemigo vencido. Si Alemania rechazaba las condiciones, la ofensiva aliada continuaría y eso era algo que las autoridades germanas no podían permitirse.

Poco más podía hacer la delegación. Aunque pensaban que los "Catorce puntos de Wilson" habían sido aceptados por los aliados, la realidad era muy distinta. Sólo quedaba firmar el acuerdo de Armisticio que se hizo el 11 de noviembre de 1918. La guerra había terminado pero la paz completa no llegaría a Europa. Al menos de momento.


 
Luxemburgo es liberado por los aliados en noviembre de 1918. Mujeres luxemburguesas ondean las banderas de las naciones triunfadoras en la Primera Guerra Mundial.








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domingo, 3 de agosto de 2014

LA BATALLA DEL KÁISER: EL ÚLTIMO INTENTO

EL FRENTE OCCIDENTAL ENTRE MARZO Y AGOSTO DE 1918


De izquierda a derecha:
el general Hindemburg, el káiser Guillermo II y el general Ludendorff, durante la Primera Guerra Mundial


En marzo de 1918 la situación bélica era completamente distinta a la de unos años antes. EE.UU. había entrado en la guerra al lado de los aliados y en el este de Europa ya no había frente porque el Imperio Ruso había desaparecido tras la revolución comunista y se había retirado de la guerra. Sin embargo, el panorama estaba lejos de aclararse y el fin de la guerra se veía remoto. Las ofensivas aliadas de 1917 habían fracasado y los soldados franceses y británicos habían comenzado a amotinarse ante su terrible situación. En el otro bando, los soldados alemanes no atravesaban mejores momentos que sus enemigos pero el trasvase de tropas desde el desaparecido frente oriental hacia el occidental parecía que iba a decantar la guerra del lado de las potencias centrales.

A principios de 1918, el Estado Mayor del Reich vio que era el momento para asestar el golpe definitivo en el frente occidental. En ese preciso momento, se preveía que las tropas de EE.UU. aún no podrían entrar en combate porque necesitaban de preparación. Además, Alemania contaba con mayor número de soldados en el frente occidental que los aliados tras el traslado de un millón de hombres desde el frente ruso. La primavera de aquel año era pues, el momento idóneo para una gran ofensiva.

Sin embargo, esta superioridad militar de Alemania escondía un gran debilidad a nivel interno. Dentro del Reich cientos de miles de civiles morían de hambre cada día, el malestar se extendía por todas las capas de la sociedad y cada vez había más voces que reclamaban una revolución al estilo ruso y la salida de la guerra. Desde esta perspectiva, la ofensiva de 1918 era la última llave para dar un vuelco a la situación. Un fracaso de los ejércitos germanos supondría la asfixia total de Alemania y su derrota.

El ataque alemán fue planificado por el General Ludendorff. Se lanzaron cinco ofensivas consecutivas entre el 21 de marzo de 1918 y el verano de ese año. Los alemanes estaban en superioridad numérica y rompieron el frente por primera vez desde 1914. Además, sus estrategias estaban perfeccionadas y contaban con nuevo armamento:

  • La operación Michael fue la primera. Ludendorff pretendió conquistar la ciudad de Arras pero la resistencia de los aliados fue feroz y el cuatro de abril detuvo la operación. A pesar de esto, los alemanes ocuparon una enorme extensión de territorio cruzando el río Somme.

  • La operación George se inició el 7 de abril con el ataque a Armentières. Los alemanes destruyeron los ejércitos portugueses (Portugal había entrado en la guerra en 1917) pero la resistencia británica obligó a cancelar la ofensiva el 29 de abril. No obstante, los alemanes conquistaron la ciudad de Soissons y llegaron a la ribera del río Marne.

  • El Plan Hagen comenzó el 27 de mayo y el objetivo fueron una vez más las líneas británicas, que Ludendorff consideraba más débiles que las francesas. Al principio la operación fue un éxito. El 1 de junio los alemanes estaban a sólo 65 km de París, la capital estaba seriamente amenazada y entre los aliados cundía el pánico. En el bosque de Councy, al norte de Soissons, se instaló el conocido como "Cañón de París", una enorme pieza de artillería de 30 metros de largo que bombardeó la capital de Francia durante cinco meses causando grandes destrozos en la ciudad. Reims también estaba en peligro pero el avance alemán se detuvo por la falta de suministros en sus filas. Los soldados germanos estaban exhaustos y las autoridades del Reich eran incapaces de mandar más suministros para mantener la ofensiva. El 3 de junio, Ludendorff decidió suspenderla.

  • Seis días después, el 9 de junio, el XVIII Ejército alemán alcanzó el Oise y penetró en Rollot y Thiescourt. Fue la operación Gneisenau. Sin embargo la situación alimentaria de los soldados alemanes era crítica y los franceses mandaron refuerzos de forma que el 11 de junio se detuvo la ofensiva.

El Cañón de París atemorizó a los parisinos durante meses

  • El quinto y último intento fue la operación Marneschutz que se materializó en la Segunda Batalla del Marne. Ludendorff estaba convencido de que el fin de la guerra se encontraba cercano y de que era el momento de asestar el golpe definitivo a los aliados. El VII Ejército cruzó el Marne y los Ejércitos I y III atacaron el este de Reims. El general alemán no tuvo en cuenta la delicada situación de las tropas del Reich, que se encontraban cansadas y mal alimentadas, y pecó de optimista. El 15 de julio comenzó la ofensiva pero las tropas alemanas poco pudieron avanzar ante la resistencia de los franceses. Ludendorff veía cómo una vez más, los ejércitos del Reich fracasaban. 

Dos factores resultaron defensivos para el fracaso del último plan de Ludendorff. Por un lado, la adopción por parte de los aliados de técnicas defensivas perfeccionadas. Por otro lado, la utilización de fuerzas de EE.UU. En agosto, los alemanes estaban de nuevo detenidos y los aliados había recuperado fuerzas y tenían la moral alta.


Ofensivas Alemanas en 1918

El contraataque aliado se inició el 8 de agosto. Dos mil cañones aliados dispararon contra los alemanes en un frente de diez kilómetros, seguidos de 450 tanques y la infantería. Horas después, los británicos había penetrado 15 km en la línea alemana y cuerpos enteros del ejército del Reich se habían rendido sin combatir, algo inaudito durante la guerra. 16.000 soldados alemanes fueron hechos prisioneros por los británicos.

Los franceses tuvieron menos fortuna en el avance y los alemanes consiguieron detener la ofensiva aliada. A pesar de este éxito, las autoridades alemanes veían como su ejército se derrumbaba. Por primera vez se percibía la ausencia del deseo de ganar la guerra en las tropas y el ánimo de los soldados estaba por los suelos. Los soldados alemanes no obedecían a sus superiores y cientos de miles desertaron. Fue en ese momento cuando el general Ludendorff se dio cuenta de que Alemania había perdido la guerra: ya no había ejército y la situación en el interior del Reich era dramática.

Ese mismo día 8 de agosto, Ludendorff informó al káiser Guillermo II y a Hindenburg de la situación y les explicó que la victoria era imposible. Ludendorff admitió que se sentía defraudado por la actitud de las tropas, que a partir de entonces Alemania debía defender su posición y que se debía alcanzar la paz con los aliados cuanto antes.

Sin embargo, Ludendorff y Hindemburg aún eran optimistas. Creían que los aliados también buscaban la paz y que era posible mantener el territorio ocupado en Bélgica y en Francia. Esta situación no se correspondía con la realidad porque la situación de Alemania era entonces de clara inferioridad y los aliados estaban en disposición de alcanzar la victoria.

Pronto se vio la verdadera situación. Los aliados preparaban una enorme ofensiva en la que contaban con abundante ayuda americana mientras Alemania no tenía tropas para hacerles frente. Ludendorff y Hindemburg admitieron entonces que la situación era desesperada. Pidieron al gobierno que solicitase un alto el fuego a la mayor brevedad posible para evitar un desastre total. Alemania se disponía a capitular y la guerra estaba a punto de terminar. 








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domingo, 27 de julio de 2014

EL GIGANTE DORMIDO SE DESPIERTA

EE.UU. ENTRA EN LA GRAN GUERRA (6 de abril de 1917)


EE.UU. ve como Europa se destruye a sí misma.
Caricatura de 1914


En 1913 Woodrow Wilson volvió a llevar a los demócratas al poder tras un largo periodo de dominio republicano (1897 - 2013) en el que se había puesto en marcha una política imperialista que había provocado la intervención norteamericana en numerosos territorios del Caribe y el Pacífico. El nuevo presidente modificó y restringió esa política de expansión y centró su gobierno en los asuntos internos. Se volvía a recuperar el tradicional aislacionismo de EE.UU.

En este sentido, cuando en julio de 1914 comenzaron los combates en Europa, Wilson reaccionó con una declaración de neutralidad. Esta posición era muy popular en la sociedad americana que se oponía enérgicamente a la guerra porque veía los problemas de Europa como ajenos y apoyaba el aislacionismo de su país en política internacional. No obstante, la trayectoria neutral de EE.UU. pasó por periodos de gran polémica ya que no se podía ocultar la afinidad cultural e ideológica con los aliados. Todo el mundo sabía que bajo la máscara de neutralidad se encontraba una beligerancia encubierta ya que barcos americanos y británicos transportaban en secreto armamento desde EE.UU. a Gran Bretaña.

A pesar de la citada afinidad de la sociedad americana a los valores democráticos de Gran Bretaña y Francia, es interesante destacar que de los noventa y ocho millones de estadounidenses en 1914, más de cinco tenían orígenes alemanes. Los alemanes americanos, como el resto de la sociedad, se oponían a la intervención de EE.UU. en la guerra en contra del Reich y defendían su neutralidad. Otros grupos étnicos se oponían a que su país prestase ayuda a naciones que habían cometido crueles fechorías en América, África y Asia y el resto de la población también se decantaba al principio por no intervenir en una guerra que no les interesaba.

La opinión pública norteamericana recibió con agrado la decisión del gobierno de mantener la neutralidad. Esta postura, defendida férreamente por el presidente Wilson, y su promesa de no intervenir en la guerra le procuraron la reelección en 1916.

Sin embargo, desde los primeros meses de guerra, la opinión pública estadounidense empezó a cambiar. La presión a favor de la entrada en la guerra se hizo inevitable ante los acontecimientos que afectaban directamente a intereses americanos. En mayo de 1915, los alemanes torpedearon el trasatlántico Lusitania (ver entrada sobre guerra naval) en el que viajaban cientos de estadounidenses. Este incidente enfrió las relaciones entre Washington y el gobierno del Reich.

A pesar de este hecho y de otros similares, el presidente Wilson seguía manteniendo su posición. Bajo el lema "Paz sin victoria" apoyaba la idea de una paz equilibrada, sin vencedores ni vencidos. Esta postura distanciaba a EE.UU. de los aliados ya que Gran Bretaña y Francia perseguían la derrota total del Reich alemán.

En 1917, la guerra submarina se intensificó ya que Alemania puso en marcha una táctica de ataques indiscriminados contra todos los barcos que entrasen en la zona de bloqueo de Gran Bretaña, sin tener en cuenta su nacionalidad. Los buques estadounidenses se vieron seriamente afectados y muchos fueron hundidos por los submarinos germanos. Esta situación hizo que los republicanos empujasen al gobierno de Wilson a la declaración de guerra.

También en ese momento, los ingleses interceptaron un telegrama enviado por el Ministro de Asuntos Exteriores del Alemania, Arthur Zimmermann, a su embajador en Ciudad de México en el que le ordenaba proponer a México la entrada en la guerra. Este es sin duda uno de los episodios más curiosos de la Primera Guerra Mundial. El telegrama decía así:

17 de enero de 1917


Tenemos la intención de comenzar el uno de febrero una guerra submarina sin restricciones. A pesar de esto, intentaremos mantener a los Estados Unidos de América neutral. En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza en los siguientes términos: hacer la guerra juntos, hacer la paz juntos, apoyo financiero generoso y nuestro compromiso de que México reconquiste los territorios perdidos en Texas, Nuevo México y Arizona. El acuerdo final se lo dejamos a usted. Informe al presidente de México sobre todo lo expuesto secretamente tan pronto como sea cierto el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América, y añada la sugerencia de que él debería, de su propia iniciativa, invitar a Japón para que se adhiriera inmediatamente y al mismo tiempo mediar entre Japón y nosotros. Por favor, llama la atención del Presidente de México sobre el hecho de que el uso inflexible de nuestros submarinos ahora ofrece la posibilidad de forzar a Inglaterra a firmar la paz en pocos meses.

Firmado: Arthur Zimmermann


Territorios estadounidenses que Alemania prometía a México en el Telegrama Zimmermann

Es conocido como "Telegrama Zimmermann" y en él se observa la estrategia de Alemania en 1917. Ante la puesta en marcha de una guerra submarina sin restricciones, las autoridades germanas temen que EE.UU. les declare la guerra. Si estos sucediese, la intervención de México al lado de las Potencias Centrales y contra EE.UU. y el cambio de bando de Japón les permitiría compensar la situación. En recompensa, promete a México la recuperación de los Estados de Texas, Arizona y Nuevo México, perdidos (junto a otros territorios) en la guerra entre México y EE.UU. a mediados del siglo XIX.

Aunque México rechazó el ofrecimiento y Japón repudió la propuesta de cambiar de bando, la noticia provocó una gran agitación en la opinión pública de EE.UU. porque veía que en caso de guerra, el propio territorio norteamericano se vería seriamente afectado. La guerra submarina y el "Telegrama Zimmermann" inclinaron al gobierno de Washington a entrar en la guerra. El 6 de abril de 1917, el presidente Wilson declaró la guerra a Alemania. Contó con la aprobación del Congreso aunque importantes sectores sociales se seguían oponiendo a la guerra.

La entrada de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial fue más importante desde el punto de vista simbólico y propagandístico que desde el plano estrictamente militar. Los aliados contaron desde entonces con millones de soldados nuevos, bien preparados y con la moral alta. Además, la entrada de la potencia americana compensaba de alguna forma la retirada de Rusia tras el estallido de la Revolución Bolchevique. Para Alemania sin embargo, fue un duro golpe porque el panorama en la guerra se ponía muy complicado. Quizá esto decidió a las autoridades germanas a realizar las últimas ofensivas en el frente occidental en 1918.

En junio de 1917 desmbarcaron en Francia las primera tropas de Estados Unidos. En realidad, era un ejército regular muy pequeño en comparación con los ejércitos franceses, ingleses y alemanes que llevaban años combatiendo, y se preveía que pudiesen participar en las batallas a partir de 1919. Antes era necesario entrenarlos y prepararlos para la guerra en Europa.

Destaca, por el papel que jugó en la guerra, la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF, American Expeditionary Force), que entró rápidamente en combate y derrotó a los alemanes en algunas batallas del frente occidental en 1918. En total, EE.UU. envió a Europa a 4,7 millones de soldados y sufrieron baja 116.000 aproximadamente entre muertos y heridos.

Mientras tanto, la situación era tensa en el interior de EE.UU. porque creció la hostilidad hacia los alemanes y hacia las comunidades de eslavos y judíos de orígenes austro-húngaros. Todos ellos eran considerados enemigos en su propia casa. Esta desconfianza hizo que se crearan organizaciones para perseguir a los sospechosos de colaboración con el enemigo y se aprobaron leyes para prevenir el espionaje. Destacan la Ley sobre el Espionaje, aprobada en junio de 1917, y la Liga Protectora Estadounidense, que se encargaba de arrestar e interrogar a desertores y pacifistas.

El 8 de enero de 1918, Wilson propuso en un discurso sus catorce puntos, que, aunque con modificaciones significativas, serían la base de los posteriores tratados de paz. Por entonces, la guerra aún no estaba ganada y millones de soldados estadounidenses estaban combatiendo en una guerra que apenas tres años antes veían como ajena y alejada.

Viñeta satírica titulada "La Tentación" (1917).
El "diablo" alemán ofrece a México los Estados de Arizona, Nuevo México y Texas. Así se vio en EE.UU. el "Telegrama Zimmermann".





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viernes, 18 de julio de 2014

LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

LA VIDA EN EL INTERIOR DE LOS PAÍSES BELIGERANTES (III): RUSIA

Manifestación de obreros en Petrogrado, en julio de 1917.

La situación interna del Imperio Ruso era ya delicada antes del comienzo de la guerra. Como vimos, a principios del siglo XX Rusia contaba con unos ejércitos débiles, más aptos para la represión interior que para el enfrentamiento con otras potencias, como se había puesto de manifiesto en la guerra ruso-japonesa de 1905. Las autoridades políticas y militares rusas sabían que una nueva guerra, como la de 1914-1918, serviría para apuntalar el régimen del zar o destruirlo por completo.

La guerra no causó más que problemas a Rusia puesto que sus ejércitos no eran capaces de imponerse a los alemanes. El elevado número de muertos en la guerra (alrededor de dos millones), la escasez de suministros, la constante pérdida de territorios y la corrupción en los ejércitos durante la contienda provocaron en el pueblo ruso una indignación creciente con respecto a la autocracia zarista. La población, que ya vivía en una situación de miseria y pobreza antes de 1914, empezó a sufrir también los efectos de la guerra.

Los intelectuales y algunos políticos hicieron llamamientos a la paz y a la salida de Rusia de la guerra pues el país no podía seguir soportando aquella situación. El pacifismo se extendió incluso al ejército y muchos soldados rusos llegaron a confraternizar con los alemanes negándose a luchar contra ellos.

A todo ello se sumaba la delicada situación en las ciudades industriales. La rápida industrialización de algunas zonas había creado una masa de población proletaria, de orígenes rurales, que vivía en condiciones miserables y que enseguida abrazó las ideas socialistas y comunistas. Las huelgas y las protestas en ciudades como Petrogrado (nombre que recibió San Petersburgo entre 1914 y 1924) y Moscú se sumaban a la comprometida situación de Rusia en el frente, donde las derrotas se sucedían una tras otra.

Desde comienzos de 1917 se sucedieron masivas manifestaciones en las principales ciudades del país que reclamaban cambios democráticos mientras los obreros se organizaban en soviets. Ante esta situación el zar decidió disolver la Duma pero un comité de parlamentarios se constituyó en gobierno provisional dirigido por el príncipe Lvov.

A partir de ese momento, el poder en Rusia fue compartido entre los soviets y el gobierno provisional. En marzo de ese año, el ejército se negó a reprimir una huelga de obreros y campesinos y muchos soldados se unieron a los huelguistas. El zar se dio cuenta entonces de que había perdido el control del país.

El 15 de marzo de 1917 (febrero en el calendario juliano), obreros, campesinos y militares descontentos obligaron a abdicar al zar Nicolás II en lo que se conoce como "Revolución de Febrero". La familia imperial y el zar fueron detenidos y deportados al este, a los Urales, mientras en Petrogrado se proclamaba una República democrática. El gobierno provisional proclamó el derecho a la libertad política, y recibió el apoyo de socialdemócratas (mencheviques) y burgueses.

Sin embargo, la situación estaba lejos de estabilizarse. En muchas ciudades los soviets alcanzaron gran poder y exigieron cambios sociales más profundos y la transformación de la "República burguesa" en una República socialista. Unos días después y tras un periplo por el norte de Europa, llegaba a Petrogrado el líder de los bolcheviques (revolucionarios comunistas), V. I. Ulianov, Lenin, que había estado exiliado en Suiza hasta entonces.

En las llamadas "Tesis de abril", Lenin exigía un acuerdo de paz inmediata con Alemania y el reparto de tierras entre los campesinos pobres. También defendía el fin del gobierno provisional y el poder exclusivo para los soviets. Famosa se hizo su consigna: "¡Todo el poder a los soviets!" y bajo su liderazgo, los bolcheviques prepararon un golpe de Estado para julio de 1917 pero fracasó.

A partir de ese momento, el enfrentamiento entre bolcheviques y el gobierno provisional se hizo cada vez más fuerte ya que éste, liderado ahora por Alejandro Kerenski, había decidido continuar la guerra y no atendía a las demandas de mejoras sociales que la población necesitaba. En la guerra la situación de Rusia era dramática porque, a la derrotas frente a los alemanes se unieron los motines de los soldados adeptos a los bolcheviques. Mientras tanto, éstos continuaron conspirando contra el gobierno provisional de corte liberal y burgués.

Finalmente, el 7 de noviembre de 1917 estalló la conocida como "Revolución de Octubre" (de acuerdo con el calendario juliano). la Guardia Roja bolchevique, dirigida por León Trotsky (una de las figuras más fascinantes de la Revolución) ocupó algunos puntos estratégicos de Petrogrado y una multitud de obreros y campesinos asaltó el Palacio de Invierno, sede del gobierno de Kerenski. La Revolución bolchevique estaba a punto de triunfar.

Kerenski y su gobierno fueron detenidos y Lenin formó el primer gobierno soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, integrado por personajes llamados a jugar un importante papel en el futuro como Trotsky, Stalin y Rykov. Un mes después, el 12 de noviembre de 1917 se celebraron elecciones a la Asamblea Constituyente y los bolcheviques obtuvieron el 25% de los votos, mientras los social-revolucionarios ganaron los comicios con el 60% de los sufragios. Ante esta derrota la decisión de Lenin fue radical: en enero la Asamblea Constituyente fue disuelta y los partidos políticos fueron prohibidos. Se comenzaba a instaurar la dictadura del proletariado.

Entre las prioridades de los bolcheviques estaba firmar la paz con Alemania y retirar a Rusia de una "guerra capitalista". Así se hizo, el 3 de marzo de 1918 los bolcheviques pusieron fin a la guerra contra los Imperios centrales por la paz de Brest-Litovsk.


Revolución Bolchevique y guerra civil rusa (1917 - 1923)

La paz no fue ni mucho menos una victoria para los soviéticos pero estos debieron aceptar los duros términos impuestos por el Reich alemán dada la situación de crisis interna que vivía Rusia. El antiguo imperio de los zares perdió las enormes extensiones de terreno ocupadas por Alemania y Austria-Hungría en el oeste. Esos territorios se constituyeron en nuevos países al final de la guerra: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia alcanzaron la independencia mientras otras regiones como la Rusia Blanca (Bielorrusia) y Ucrania también luchaban por constituirse como Estados.

Mientras tanto el gobierno de los soviets expropió sin ningún tipo de compensaciones a grandes propietarios, grandes empresarios y latifundistas. Los bancos fueron nacionalizados y las tierras colectivizadas.

Mientras aún se combatía en el oeste de Europa, en marzo de 1918, el gobierno soviético se trasladó de Petrogrado (la burguesa capital de los zares) al Kremlin en Moscú. Meses después, en julio, la familia imperial y el propio zar Nicolas II, que estaban presos en Yekaterimburgo (en los Urales) fueron brutalmente asesinados por las tropas bolcheviques. Nadie de la familia sobrevivió excepto la famosa Anastasia, que había conseguido huir a Inglaterra.

Pero la estabilidad del gobierno de Lenín no se consiguió tan fácilmente. Una alianza contrarrevolucionaria de monárquicos, mencheviques (socialdemócratas moderados) y fuerzas no socialistas formaron el "Ejército Blanco" que combatió al "Ejército Rojo" de los soviets en una sangrieta guerra civil que duró más de siete años (1917 - 1923). Las potencias occidentales se apresuraron a colaborar con el "Ejército Blanco" para evitar el triunfo del comunismo y la exportación de la revolución a otros países. Franceses, británicos, polacos y estadounidenses fueron enviados para luchar contra los revolucionarios. Pero la guerra se decantó a favor de los soviéticos cuyo ejército estaba bien preparado y con la moral alta.

Además, el "Ejército Rojo" consiguió conquistar algunos territorios que al principio habían intentado independizarse: Georgia, Ucrania, la Rusia Blanca, Armenia y Azerbaiyán. Hacia 1922 la Rusia Socialista había alcanzado casi la misma extensión que el antiguo Imperio de los zares. Sin embargo, la República Socialista debió enfrentarse a graves amenazas como la guerra ruso-polaca de 1920-1921 y la terrible hambruna que asoló Rusia en el invierno de 1921.

En 1922, la República Socialista Federal Soviética de Rusia se unió a otras repúblicas, creadas entonces, como Ucrania y Bielorrusia para formar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): fue el primer Estado comunista y un ejemplo para los socialistas de todo el mundo.


Lenin durante un discurso







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sábado, 12 de julio de 2014

HAMBRE Y PENURIAS

LA VIDA EN EL INTERIOR DE LOS PAÍSES BELIGERANTES (II): ALEMANIA Y AUSTRIA-HUNGRÍA


Manifestación de júbilo en Viena en el verano de 1914 ante el comienzo de la guerra. Observense los retratos del káiser alemán Guillermo II (izq.) y del emperador austriaco Francisco José I (derecha) 


Al comienzo de la guerra, en 1914, la sociedad alemana estaba experimentando profundos cambios. La unificación llevada a cabo apenas cincuenta años antes, unida al vertiginoso desarrollo económico que había experimentado el país, estaban transformando la vida de millones de alemanes entre los que empezaban a extenderse nuevas ideologías como el socialismo. El Reich no era un Estado democrático pero la vida cultural e intelectual era muy activa y en el Reichtag (Cámara Baja del Parlamento alemán) estaban representadas diversas tendencias políticas.

La decisión de entrar en la guerra fue tomada por el káiser, su gobierno y los altos mandos militares, sin tener en cuenta la opinión del Parlamento. Esto ocasionó las protestas de los miembros del Partido Socialista Alemán (SPD) que se oponían al desarrollo económico de Alemania, a su expansión colonial y a la entrada en la guerra. Destacan algunos de sus dirigentes como Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo.

Sin embargo, en 1914 la masa obrera alemana era proclive a la entrada en la guerra alentada por el orgullo nacional que invadía la sociedad alemana. Y el comienzo de la guerra fue apoyado por multitudinarias manifestaciones en las principales capitales del Reich, igual que estaba ocurriendo en el Imperio Austro-Húngaro. Todo ello a pesar de que la conciencia nacional alemana era muy débil, no había aún himno nacional y la bandera ondeaba en pocos lugares. Pero nada de esto frenó la explosión de patriotismo del verano de 1914 y desde ese momento, los líderes del SPD se mostraron fieles al gobierno y cesaron sus protestas.

Pero la sociedad alemana pronto empezaría a sufrir las consecuencias de la guerra. Si, como vimos anteriormente, las sociedades británica y francesa se transformaron terriblemente ante el esfuerzo bélico, las sociedades de las potencias centrales sufrirían los efectos de la contienda de un modo más duro y cruel. 

El bloqueo económico impuesto por Gran Bretaña a Alemania desde finales de 1914 causó estragos en la sociedad germana. Si los aliados sufrían escasez y racionamiento de alimentos, en Alemania la población llegó a morir de hambre. En una situación de guerra como la que se vivía, la imposibilidad de comerciar con países neutrales y de importar alimentos a causa del bloqueo, extendió la miseria y las penurias por el Reich.

Si durante los primeros meses el bloque marítimo no se notó, cuando se consumieron las reservas el hambre empezó a hacer mella en la moral de los alemanes que con tanto júbilo habían recibido el comienzo de la guerra unos años antes. No había alimentos para nadie, incluidos los soldados del frente, así que se recurrió a sustitutivos. Se fabricaron hasta 800 tipos de sucedáneos de salchichas compuestas con sólo un 5% de carne. El resto era agua, sal y verduras.

La desnutrición hizo que se extendiesen enfermedades de todo tipo que provocaron la muerte de cientos de miles de personas. Al final de la guerra, la tasa de mortalidad entre la población civil superaba el 40%, mucho más alta que al comienzo de la guerra. Y eso sucedía lejos de los frentes, en el corazón de Alemania.

Por otra parte, los gobiernos alemán y austro-húngaro se esforzaron en mantener alta la moral de sus ejércitos y de la población en la retaguardia. Igual que hacían los aliados, la censura se convirtió en un eficaz instrumento para impedir que se conociesen las penurias y las calamidades de la guerra. Además surgieron periódicos monográficos sobre la contienda que glorificaban a las tropas alemanas y maldecían a los aliados.

Pero la guerra se estaba alargando demasiado y desde 1917, en diversas ciudades alemanas se celebraron manifestaciones y huelgas obreras para protestar por la escasez de alimentos. Se exigía la paz y se hacían llamamientos a la revolución. Y es que entonces ya se conocían los sucesos que estaban teniendo lugar en Rusia y los socialistas alemanes habían abandonado el apoyo incondicional al gobierno.

En Alemania, numerosos sectores de la sociedad, entre los que se encontraban políticos e intelectuales, pedían en el fin de la guerra. El SPD se dividió y el nuevo Partido Social Democrático Independiente (USPD) llamaba decididamente a una revolución socialista. Los "espartaquistas" (que tomaron el nombre del esclavo que se sublevó contra el Imperio Romano) se unieron al USPD para pedir el fin de la guerra y la revolución. Destacaron de nuevo Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, líderes espartaquistas que encabezaron las protestas contra el emperador. Rosa Luxemburgo murió asesinada en 1919.

La tensión política y social provocó huelgas no sólo en la retaguardia sino también en el frente y en los puertos. Numerosos soldados y marineros, en protesta por las penurias que estaban soportando, se negaron a obedecer las órdenes de sus superiores. Al mismo tiempo, en Austria-Hungría, emergían de nuevo las tensiones étnicas y nacionalistas que acabarían destruyendo el Imperio.

En las ciudades de Bohemia, Moravia, Eslovaquia y Transilvania se protestaba por las destrucciones de la guerra que ya duraba demasiado y se reclamaba el fin de las hostilidades y la independencia. Incluso en Budapest, capital de Hungría, se empezó a plantear la conveniencia de romper el pacto con Austria y diseñar un futuro fuera del Imperio.

En los potencias centrales la población civil vivió duramente la guerra y sus consecuencias provocaron graves tensiones políticas y sociales en Alemania, a las que se sumaron los problemas nacionalistas en Austria-Hungría. El plan británico de "matar de hambre a Alemania" surtió efecto y fue en definitiva la axfisia económica la que quebró el II Reich y el Imperio de los Habsburgos. El hambre y las penurias marcaron el desenlace de la guerra en los Imperio Centrales.  


Tropas alemanas desfilando ante la Puerta de Brandemburgo, Berlín, en el verano de 1914.





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